Madres que Maltratan a sus Hijos: Causas y Consecuencias

La idea de la maternidad como el mayor signo de abnegación y altruismo se ha ido desmoronando en las últimas décadas. Se supone que las madres son el paradigma de los seres abnegados y desinteresados, capaces de dar la vida por sus hijos y protegiéndolos de todo tipo de riesgos.

Sin embargo, la realidad a veces dista mucho de este ideal. En este artículo, exploraremos las causas y consecuencias del maltrato infantil, con un enfoque especial en la violencia filio-parental (VFP) y las madres que ejercen maltrato psicológico.

En un contexto marcado por el aumento de las tensiones familiares, la violencia filial emerge como un fenómeno alarmante, caracterizado por acciones violentas -sean físicas, psicológicas o económicas- cometidas por los hijos e hijas hacia una o varias de sus figuras parentales. La aparición de este tipo de conductas se explica por una combinación de factores personales, familiares, educativos, sociales e incluso comunitarios.

Fuente: Wikimedia Commons

¿Qué es la Violencia Filio-Parental?

La violencia filio-parental (VFP) ha sido objeto de alarma debido a su aumento y a su frecuencia en los últimos años. Los medios de comunicación han tratado este tema a través de la emisión de varios programas televisivos dirigidos a mostrar y dar luz a esta realidad, así como a servir de ejemplo para intentar lograr una mejora en la situación.

La violencia filio-parental es una variante de la violencia intrafamiliar. Mientras que la violencia intrafamiliar puede ser ejercida por cualquiera de los integrantes de un núcleo familiar hacia otro, la violencia filio-parental es aquella a través de la cual un hijo exhibe conductas de maltrato contra sus progenitores (o contra aquellos que ejerzan de progenitores), de forma consciente e intencionada, a lo largo de un tiempo y en repetidas ocasiones que viene a causar daño y sufrimiento en los mismos (aunque este daño no llegue a producirse y el menor no consiga lo que pretende, no puede negarse la existencia del mismo).

La víctima, en muchos casos, no se siente amenazada, ni tiene consecuencias diagnosticables, sin embargo, el daño o perjuicio, sigue existiendo. La violencia ejercida puede ser psico-emocional, física o económica y consigue causar en los padres una pérdida de autoridad, autoestima y una frustración en sus aspiraciones educacionales. Los hijos suelen llevar a cabo estas acciones con el fin de conseguir control, dominio y poder sobre sus progenitores para conseguir lo que desean.

La VFP aumenta de forma progresiva: habitualmente se inicia a través de insultos y/o descalificaciones, después pasa a amenazas y/o ruptura de objetos, y finaliza con agresiones físicas cada vez más severas. Existen diferentes formas de ejercer malos tratos.

Causas de la Violencia Filio-Parental

Ahora bien, ¿qué causa la aparición de esta violencia en menores, adolescentes, etc.? Diversos estudios concluyen que, la mayoría de los hijos menores que ejercen violencia contra sus padres han vivido también situaciones de violencia familiar. Es decir, cuando el menor observa o sufre situaciones de malos tratos o agresiones (tanto físicos como psicológicos), es más propenso a ejercerlas él mismo en el futuro.

Otro de los factores determinantes para la aparición de esta violencia es la falta de límites, supervisión y control y la pérdida de autoridad parental.

Muchos padres cargan con una historia de emociones negativas intensas que nunca llegan a resolverse. Una “maleta llena de piedras” que pueden pasar a sus hijos inconscientemente, señala el psicólogo y profesor en la Universidad Pontificia de Comillas Carlos Pitillas. La mayoría de estas heridas están, a su vez, relacionadas con algún tema transgeneracional, un hecho traumático no procesado que puede remontarse generaciones atrás.

Aspectos psicosociales de la Violencia Filio Parental

El Ciclo de la Violencia

Estas situaciones suelen seguir siempre un modelo cíclico, parecido al de otros tipos de violencia, que se caracteriza por seguir las siguientes fases:

  • Fase de acumulación de tensión: En ella, el hijo acumula tensión debido a la existencia de enfrentamientos con sus padres. Esta tensión es cada vez mayor porque no existen factores que la desactiven.
  • Fase de explosión: En esta fase es cuando se produce la situación de violencia descontrolada.
  • Fase de arrepentimiento: Como resultado de la descarga de violencia, se produce en el hijo un falso arrepentimiento que, en muchas ocasiones, no es más que el comienzo de una nueva fase de acumulación de tensión que culminará en otro episodio violento.

Otro punto importante es conocer cuál es la actitud que presenta cada una de las partes en cada uno de estos episodios:

  • Los progenitores, en la primera fase, muestran una actitud suave y conciliadora. Son conscientes de que hay una situación tensa e intentan reducir el estrés familiar.
  • El hijo, por su parte, interpreta esta actitud como una rendición y sumisión y comienza a exigir de forma agresiva y desmedida su pretensión, dejando sin autoridad a sus progenitores quienes, ante ello, cambian su actitud a una más hostil y severa (que conlleva nuevamente estrés familiar y lleva a la acumulación de tensión).

Comienza entonces la segunda fase, en la que el hijo lleva a cabo ataques más intensos (y violentos) y con más frecuencia. Como consecuencia se produce la paralización de los padres, que aceptan la pérdida de autoridad y, reafirman inconscientemente la situación de supremacía y triunfo de su hijo, que vuelve a repetir el ciclo.

El Narcisismo Materno y sus Víctimas

Existe un patrón de relación en estas familias y hay razones por las cuales ese maltrato se lleva a cabo hacia hijas, más que hacia hijos varones.

En el caso de las hijas de madres narcisistas, el tratamiento debe ser diferente, debido a que es su propia madre la que produce el daño. Y lo hace de una manera sutil, cambiando de criterio, dando y quitando. No estamos hablando de madres delincuentes, psicopáticas, crueles o perversas. Este otro tipo de víctimas deberán ser tratadas de manera individual, puesto que su experiencia traumática no es fácil a verse compartida, ni hay un patrón definido, como en el caso del narcisismo materno.

Para quien es hija de una madre tóxica, el pensar que las madres de otras niñas no se comportan como la suya produce un dolor inmenso, casi intolerable. Sin embargo, como la mayor parte de las víctimas de cualquier otro suceso impactante, deben adaptarse a la situación de la mejor manera posible. Esta adaptación, no obstante, no siempre es exitosa, y a veces deja en la vida psíquica de las hijas una vulnerabilidad emocional importante, y una tolerancia mayor hacia el maltrato de otras personas.

¿Cómo se siente la hija de una mujer narcisista?

Las mujeres víctimas acuden a consulta por distintos motivos: tristeza, miedo, ansiedad e insomnio, así como por cuadros de dependencia emocional. Casi todas sienten una gran ambivalencia hacia sus madres.

A pesar de crecer en un hogar diferente al de las demás niñas, no se hacen demasiadas preguntas sobre por qué sus madres las tratan de manera diferente. Sin embargo, hay una pregunta que sí se hacen con demasiada frecuencia: ¿Por qué no me quieres, mamá?

Consecuencias del Maltrato Infantil

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el maltrato infantil como las negligencias y la desatención de las que son objeto los menores de 18 años, e incluye lesiones físicas o psicológicas, abuso sexual y explotación comercial o de otro tipo que puedan provocar un daño a la salud, desarrollo o dignidad del niño o poner en peligro su supervivencia, en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder.

España registra más de 15.000 notificaciones por sospecha de maltrato infantil cada año. Desde la Asociación Nacional de Psicólogos Clínicos y Residentes (ANPIR) advierten de sus consecuencias en la edad adulta, ya que los traumas durante la infancia están relacionados con una mayor probabilidad de sufrir trastornos de salud mental.

Las secuelas del maltrato en esta etapa son muy amplias. También se estima que el 35 % de los trastornos mentales que se diagnostican en la edad adulta tienen que ver con experiencias de maltrato en la infancia. Además, la literatura científica asegura que las víctimas podrían tener el doble de riesgo de intentos de suicidio.

Es más, los efectos negativos de los malos tratos contribuyen a un incremento de la mortalidad y morbilidad en la etapa adulta. Tiene repercusiones en la salud física, como problemas cardiovasculares, obesidad, tabaquismo, consumo de sustancias o comportamientos sexuales de riesgo. Se trata sin duda de un problema de salud pública, pero está muy invisibilizado.

Soluciones y Prevención

Una de las formas más efectivas de terminar con la violencia es la prevención. Antes de que la situación se produzca, los progenitores pueden orientar la educación del hijo hacia ambientes de no violencia, confianza, diálogo y comprensión, de forma que nunca se llegue a la fase de acumulación por parte de éste.

Afecto, comunicación y disciplina son tres referentes educativos que deben ser equilibrados y aplicados por los progenitores. Si la prevención no es efectiva y se acaba entrando en el ciclo de violencia, lo importante es intentar modificar las actitudes que hemos estado viendo. Es decir, es necesario romper con la dinámica coercitiva, quebrar el ciclo.

Otro punto importante es saber reconocer la situación y buscar ayuda externa antes de que empeore.

Claves para combatir esta lacra

  • Reflexionar sobre nuestro modelo de comportamiento. Madres y padres somos modelos de referencia y nuestra forma de manejar los conflictos va a ser aprendida y muy probablemente repetida.
  • Hablar sobre su estado emocional. En la infancia y la adolescencia, la tristeza en ocasiones se manifiesta en forma de ira, por lo que va a ser muy importante que nos interesemos por sus sentimientos y emociones.
  • Adoptar una actitud de amor incondicional.
  • Establecer pequeñas metas de cambio fácilmente alcanzables en un primer momento, e ir aumentando el nivel de exigencia de forma progresiva.
  • Hablar sobre ello con alguien de confianza. Los casos de violencia filio-parental son a menudo un “secreto familiar”.

¿Cómo actuar ante el maltrato infantil?

Para tratar el maltrato infantil y atenuar sus consecuencias, como el estrés postraumático, existen terapias especializadas. Eso sí, los expertos insisten en que una vez que este confirme o cuente lo que le está ocurriendo, las premisas son claras: creerle siempre, no restar importancia a lo que está diciendo y no mirar para otro lado.

Así, la ley de protección a la infancia que entró en vigor en junio de 2021 establece que todos los ciudadanos tienen la obligación de comunicar cualquier sospecha de maltrato.

Fuente: Wikimedia Commons

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