Los muertos no se tocan, nene (2011) es una película dirigida por José Luis García Sánchez, basada en la novela homónima de Rafael Azcona. Esta cinta representa la última entrega de una trilogía iniciada con El pisito y El cochecito, obras maestras del cine español. La película, que pudo estrenarse tras la muerte de Azcona como un homenaje a su figura, ofrece una mirada grotesca y cómica a la España de 1959.
La película acoge a un amplio rango de actores veteranos y jóvenes, como Tina Saiz, Fernando Chinarro, Blanca Romero y Airas Bispo. Esta comedia negra, con interpretaciones teatrales y grabada en blanco y negro para recuperar la esencia del cine de los años 50 que encumbró a Azcona, desarrolla su acción en Logroño.
La acción tiene lugar en Logroño, a finales de los años 50. Fabianito, un adolescente de 14 años, descubre el amor durante el velatorio de su bisabuelo, un ilustre riojano. Su biznieto (Airas Brispo) será testigo de situaciones esperpénticas.
Un Vistazo a la Trama
En el Logroño de 1959, Fabianito, adolescente y aprendiz de poeta, asiste perplejo a la grotesca organización del velatorio de su bisabuelo, don Fabián, ex-funcionario y taurino de pro, que ha gastado los ahorros de una vida en comprarse una televisión. Fabianito descubrirá el amor en estas circunstancias, mientras la familia aguarda impaciente la llegada del alcalde con la intención de que nombre a don Fabián "hijo ilustre". Los acontecimientos y las visitas desbordarán a la familia del finado, ya complicada de por sí, generando situaciones cómicas y macabras.
Llena de escenas cotidianas, grotescas, todo comienza en el velatorio del bisabuelo de Fabianito. Allí un adolescente en plena revolución hormonal, empieza a cuestionar las costumbres católicas, mientras se busca saciar su curiosidad sexual. Una inquietud que sacia a través de la rama más rebelde de su familia: su tía Clara y su primo Marianín.
Alrededor de la acción principal, se suceden largos planos-secuencia en los que se entremezclan multitud de historias paralelas, a cual más disparatada y en la que el estilo berlanguiano impera en el alma fílmico.
La película dirigida por José Luis García Sánchez rinde homenaje no solo a un universo creativo que admira de antiguo, sino también a un amigo: a ese Rafael Azcona que lo ha dejado, a él y a tantos, huérfano de conversaciones, tragos y trabajos conjuntos. Y lo que se debe decir, ante todo, es que resulta casi inconcebible que nadie se haya atrevido hasta ahora con una de las mejores novelas de Azcona, una suerte de compendio de su mundo, hecho a partes iguales de humor negro, poesía cotidiana, observación del habla de las clases populares, ironía y sarcasmo hacia los poderosos... Todo eso está aquí, en una película que comienza mientras se espera la muerte de un anciano y que acaba con los deudos abandonando un cementerio...
La trama se desarrolla en un ambiente donde una familia intenta sacar provecho de la muerte del bisabuelo aún estando de cuerpo presente. También se presenta una pareja de novios en el que él está dispuesto a casarse con su anciana patrona para quedarse con piso donde viven.
En definitiva, estamos ante una gran comedia del cine español que, al renunciar a muchas comodidades del actual, ha salido reforzada. Una propuesta atrevida y descarada en estos tiempos de grandes producciones y ciencia ficción pero que seguro la historia del cine apreciará.
A través de un guión clásico y humorístico, se ofrece un fresco nostálgico de la sociedad española de finales de los 50, poco antes de las transformaciones que iba a experimentar en los 60 y siguientes como consecuencia del desarrollo económico.
'Los muertos no se tocan, nene' - Tráiler español
Rafael Azcona: El Alma Detrás de la Historia
Rafael Azcona nació en Logroño en 1926. Inició su carrera como colaborador en La Codorniz y fue en el cine donde debutó como guionista con la película El pisito, donde alcanzó el máximo prestigio.
Cuando Rafael Azcona murió en 2008, dejó tras de sí la estela del mejor guionista del cine español y varias obras que se quedaron en el papel, sin adaptación a la gran pantalla. Una de ellas fue el guion con el que Azcona había imaginado el punto final de la trilogía que comenzó junto a Marco Ferreri en 1959 con El pisito.
La idea de plasmar en pantalla esta historia, rondaba la cabeza de Azcona desde los años 60, cuando se estreno la segunda parte de su trilogía, El cochecito. Pero la falta de financiación y la llegada de nuevos proyectos a sus manos hizo que el guionista lo pospusiera año tras año. Hasta que su muerte lo paralizó todo.
Dispuestos a rendirle el homenaje que merece, el cineasta David Trueba, junto con Bernardo y García Sánchez se lanzaron a adaptar la única obra de la trilogía que quedaba por plasmar en imágenes.
El Humor Ácido y los Personajes Esperpénticos
Humor ácido, amargo para retratar una sociedad de que empieza a salir del subdesarrollo pero en la que todavía hay miseria, hipocresía, desencanto y mediocridad. Situaciones disparatadas, personajes extravagantes, estrafalarios pero también reales, verdaderos.
Esperpentos
Don Manolito y Don Estrafalario, personajes valleinclanescos (o barojianos, o unamunianos), pasan los últimos años de la dictadura de Primo de Rivera siguiendo las pistas de las piezas teatrales escritas por su admirado Ramón del Valle Inclán y prohibidas por orden gubernativa... Un día encuentran una lectura de "Las galas del difunto", retrato de los desquiciados soldaditos que volvían de perder la Colonia.
Elenco
- Silvia Marsó
- Carlos Iglesias
- Álex Angulo
- Carlos Larrañaga
Ficha Técnica
| Director | José Luis García Sánchez |
|---|---|
| Guión | David Trueba, José Luis García Sánchez, Bernardo Sánchez |
| Fotografía | Federico Ribes |
| Música | Antonio Meliveo |
| Año | 2011 |
| Duración | 90 minutos |
En Azcona, la enmienda es a la mayor: el valor de las palabras que hacemos circular entre grupos de a dos -como mínimo- es el de un metal de aleación dudosa. Sobre todo si, como parece inevitable estadísticamente, median en su uso y abuso asuntos como el convivio amoroso, la lex, el negotium y la societas.
El fracaso verbal está más que asegurado (y comprobado), pues por arriba conspira el orden político y por abajo el orden particular, el egoísmo: dos órdenes cerrados, imposibles de desportillar por el ilusionismo léxico. Muy al contrario, el discurso -empedrado, como el infierno, de buenas, educadas y hasta divinas palabras- alimenta (y camufla) la trama: es la trama, y la trampa para pájaros donde sucumbimos. Eso es: el infierno son los verbos.
Algunas veces, volviendo a este hombre azconiano «básico»11, veo en Fernando Tobajas a un epígono del Miguel de Los Europeos12.
Por cierto que Enmanuel Burdeau, en una reseña póstuma de Y'a bon les blancs, describe la película como una comedia musical: «... en pos de bajarse al moro. El último cuadro de la representación los muestra abrazados, ajenos al lío, sin mando, sin historias, bajo una manta y humo de chocolate del moro entregados a la pasión oficiosa.
Los cineastas han contado con la colaboración del Gobierno de La Rioja, el Ayuntamiento de Logroño y el Principado de Asturias.
Lo mejor: el tratamiento de film de los años 50.
Lo peor: algún exceso perfectamente obviable.
Felizmente repuesto de su anterior astracanada donmendista, José Luis García Sánchez rinde homenaje no solo a un universo creativo que admira de antiguo, sino también a un amigo: a ese Rafael Azcona que lo ha dejado, a él y a tantos, huérfano de conversaciones, tragos y trabajos conjuntos.
