Durante mucho tiempo, Lluís Homar quiso ser Marlon Brando, una estrella a la que reverenciaba como a un dios pagano. Sin embargo, los años le enseñaron que era mucho más fascinante poblar el cuerpo y el alma de Lluís Homar. Este actor de larga trayectoria, a punto de cumplir 65 años, dirige la Compañía Nacional de Teatro Clásico, cuya sede se encuentra en Madrid.
Lluís Homar Toboso, nacido el 20 de abril de 1957 en Canet de Mar, Barcelona, es un conocido actor español. Terminó sus estudios de educación primaria en la escuela que su familia regentaba, la Escuela Homar. Más tarde, inició los estudios de Derecho en la Universidad de Barcelona, pero nunca llegó a terminarlos. Su carrera interpretativa comenzó en el Instituto de Teatro de la ciudad condal, donde se formó como actor.
Insigne miembro del Teatro Lliure, no ha perdido el pavor a quedarse en blanco delante del público. Se afana por conquistar la serenidad, en comunión con la naturaleza, un empeño que logra paseando por los jardines de Madrid. Místico con aires de hippie, vive a caballo entre Madrid y Barcelona y encuentra un secreto placer en desempeñar actividades que para otros resultan odiosas, como programar lavadoras y adecentar la casa.
Sus primeros pasos sobre los escenarios no fueron ante el público, sino detrás del telón, componiendo la escena de obras como 'Otelo', 'Terra Baixa' o 'Quiriquibú'. Durante los años 70, despegó su carrera de actor de teatro y se consagró como uno de los más destacados del panorama catalán. Entre las obras en las que participó, destacan 'Hamlet', 'Las tres hermanas', 'El héroe' o 'Los gigantes de la montaña', entre otras muchas creaciones que conforman su extensa carrera teatral.
En 1976 fundó la Sociedad Cooperativa del Teatre Lliure de Barcelona, una asociación de teatro independiente que significó una revolución en la escena teatral catalana y española, después de unos duros años de represión franquista. De 1992 a 1998 fue director artístico de la entidad, pero acabó siendo despedido.
Después de participar en algunas producciones para televisión, debutó en la gran pantalla en 1982 con la película 'La plaza de diamante', dirigida por Mercè Rodoreda y en la que compartió escena con Sílvia Munt. Sin embargo, no fue hasta finales de esta década cuando empezó a consolidarse su carrera cinematográfica, participando en 1989 en la película 'El niño de la luna', dirigida por Agustí Villaronga.
No obstante, fue a partir de los años 90 cuando su popularidad fue aumentando gracias a su interpretación en películas como 'Los Borgia', en la que interpretó a Rodrigo Borgia. Su fama internacional se vio aumentada al participar en las películas de Pedro Almodóvar 'La mala educación' en 2004 y 'Los abrazos rotos' en 2009. No obstante, en una ocasión afirmó haber tenido problemas con el director manchego y que rodar con él se llegó a convertir en un auténtico infierno.
También realizó algunos trabajos importantes para televisión, como interpretar al Rey Juan Carlos I en la miniserie '23-F: El día más difícil del Rey', al cónsul romano Servio Sulpicio Galba en 'Hispania, la leyenda' e 'Imperium'. Además, participó en 12 episodios de 'Gran Hotel'.
Su interpretación de un robot humanoide en 'Eva', película de 2011 dirigida por Kike Maíllo, le valió un Goya a mejor interpretación masculina de reparto y un Premio Gaudí en la misma categoría. En 2012 volvió a dirigir teatro con 'Luces de bohemia', y meses más tarde participó en el montaje de 'Hélade' junto a Concha Velasco y Maribel Verdú.
Pese a ello, Lluis define su carácter como el de un entusiasta cuya filosofía de vida es sobreponerse a las adversidades que esta plantea en el día a día. Este catalán de 58 años lleva más de medio siglo ligado al teatro, el género que -a juicio del entrevistador- más pasiones sigue levantando en él. De tantas como son las obras en las que ha participado de actor o director, es probable que Lluis ya haya perdido la cuenta, por eso no mira atrás, sino al futuro para saber qué sentido quiere dar a su carrera sobre un escenario: el de demostrar que el teatro de calidad puede ser para el gran público, para la gente.
En cine y televisión, Homar sigue participando en diferentes proyectos. En la pequeña pantalla, ha unido su destino en los últimos años a la productora Bambú con la que ha protagonizado 'Hispania', 'Imperium', 'Gran Hotel' y 'Bajo Sospecha', el thriller policiaco de Antena 3 que esta semana estrenó su segunda temporada reuniendo a 3,3 millones de espectadores.
Ganador algunos de los más importantes galardones en la carrera de un actor (Goya, Max, Gaudí, Iris), Lluis presume de seguir atesorando el premio más valioso que le ha dado la vida: el del entusiasmo por hacer lo que hace.
Lluís Homar en una de las imágenes promocionales de 'Bajo sospecha'.
Respecto a su papel en la segunda temporada de 'Bajo Sospecha', Homar comenta que su personaje, el comisario Casas, tiene un conflicto con los franceses, sobre todo con la comisaria. El gran reto de estos dos personajes -que se ven obligados a trabajar juntos- será hacer que esa colaboración franco-española vaya por buen camino. Comparten un objetivo: resolver el caso; pero son las maneras donde hay diferencias. Habrá momentos de un enfrentamiento importante.
Homar lamenta haber tenido que renunciar a la serie 'Sé quién eres' que Telecinco estrenará próximamente. Su sueño era compatibilizar ambos proyectos, trabajé mucho para que esto fuera así. Si las fechas, tanto en esa serie como esta, hubieran sido las que estaban previstas desde un principio, yo hubiera podido hacer las dos. Mala suerte.
En cuanto a la situación del teatro español, Homar expresa: "En este momento de mi vida puedo decidir qué quiero hacer, con quién y cuándo. En el teatro sí que mando yo. En el teatro yo sí decido sobre mi carrera, tengo la suerte de poder escoger".
Entrevista a Lluís Homar - Lo fingido verdadero (CNTC 2022)
Empezó a hacer teatro a los seis años. Ahora está haciendo un espectáculo que se llama 'Terra Baixa' donde está él solo en el escenario. Tiene muy claro lo que quiere hacer en el teatro: quiere hacer teatro popular, trabajar para el gran público. Quiere dar lo mejor de sí en el teatro y, afortunadamente, lo está pudiendo hacer.
En lo que le queda de recorrido profesional, quiere trabajar solo para eso. Lo que va a generar de aquí hasta que se tenga que bajar del escenario va a ir en esa dirección: buscar al gran público desde la máxima exigencia; y no solo suya, el teatro es una cuestión de equipo. Esto es lo que ahora le mueve a él y da sentido a su trabajo.
En su opinión, un actor se baja del escenario "cuando no pueda más, cuando el físico no me lo permita. Me bajaré del escenario cuando pierda el entusiasmo. Pero la suerte que tengo es que sigo absolutamente enamorado de mi trabajo".
Homar afirma que no se ha perdido su entusiasmo. Sigue siendo un entusiasta. Si de algo se enorgullece es de ser insaciable en aprender, en saber más, en conocerse más a sí mismo y poder dar más. En ese sentido, se siente pleno. Considera que es imposible ser actor sin entusiasmo.
Respecto a la política catalana, Homar opina: "Visto el punto al que hemos llegado, para mí la solución sería que se estableciera un referéndum legal para saber si la mayoría quiere eso o no lo quiere. No que se hiciera en toda España, sino un referéndum en Cataluña. Creo que eso sería la balanza para los que quieren ir ya demasiado rápido y para los que están demasiado atrás".
En cuanto al cine español, Homar valora: "Lo que queremos es que haya mucha oferta y diversificada. Lo que no haré es excluir a nada ni a nadie. Todo eso lo necesitamos. Lo que nos falta es ver qué añadimos a lo que hay".
Homar aboga por una protección y un reconocimiento a la cultura general y especialmente al cine. "Creo que dentro del mundo cultural, el cine -y el teatro- es un clarísimo ejemplo de cómo la Administración ha ido a por ello. España ha demostrado, sobradamente, su nivelazo (en actores, guionistas, directores, equipos técnicos) en cómo se pueden hacer las películas. Desatender eso ha sido una cosa realmente grave. Y hay responsables".
En relación a su etapa como director de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC), el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (Inaem) y Lluís Homar acordaron finalizar su contrato el 31 de diciembre de 2024. Según su versión, el organismo del Ministerio de Cultura le habría ofrecido un sueldo de 120.000 euros anuales: 70.000 fijos (en 2024 ya rozan los 80.000) y otros 50.000 por dirigir y/o protagonizar dos obras anuales. Administrativamente no está contemplado que el director de la CNTC pueda ejercer como actor, así que las codirecciones ficticias habrían de compensar los trabajos actorales que Homar no podía encargarse a sí mismo.
En la nota que anuncia su desvinculación en diferido, el Inaem alaba "la calidad del proyecto artístico encabezado por Lluís Homar y su equipo durante esta etapa" y trata con ambigüedad las acusaciones contra el actor y director, como si no les diera mucho crédito pero explicaran la extinción del contrato.
Lluís Homar protagoniza la obra teatral Memorias de Adriano, que después de una gira estas semanas por España, recalará en Barcelona en abril durante un mes y cerrará temporada en junio en Madrid. Paralelamente, tiene pendiente el estreno de una película en Netflix y otra en Prime. Y, por si todo ello fuera poco, gira también con su recital de poesía a duo con Xavier Albertí, Una llum constant.
El actor catalán es un animal de teatro, uno de los grandes. En una entrevista, Homar abre la puerta a su retirada y confiesa los nuevos proyectos que imagina, como trasladarse a su segunda residencia y abrirla a todo aquel que quiera compartir inquietudes culturales y espirituales.
Homar se siente en el mejor momento de la vida, a pesar de que evidentemente las circunstancias no son las mismas que cuando tenía veintipocos. El cuerpo no responde igual, pero a nivel de espíritu se siente mejor que nunca. Se siente más vulnerable que nunca, entendiendo que es la manera de estar en la vida.
Vivimos en un mundo que nos entrena para construir aquello que querríamos ser, pero no para aceptar aquello que somos realmente. En la vida prefiere sufrir que dejar de sentir. Siempre ha tenido una frase que sigue aquella que dice “pienso, luego existo”, y es “sufro, luego existo”.
Es meditador, forma parte de una red de meditadores y dedica mucho tiempo al peregrinaje hacia el ser, al viaje hacia la humanidad. En este viaje hacia ti mismo te das cuenta de todo lo que has construido para intentar no hacerlo, porque cuando lo haces quizá no todo lo que te encuentras sea agradable, pero con este viaje precisamente diferencias lo que querías ser y lo que eres.
No medita para estar bien, medita para saber cómo está. En el fondo lo que busca es, como dicen los místicos, el sosiego. Meditar es encontrarte contigo mismo a través del silencio, y en el momento en que buscas la quietud, lo primero que aparece es la inquietud.
Cuando se desvinculó del Teatre Lliure, lo vivió de una manera traumática. Se sentía huérfano y recuerda que fue a parar por casualidad al taichí, al tao, al zen… Hizo una inmersión oriental que le reconectó con un tipo de inquietud espiritual que había ido apuntando. Pero además influye su biografía personal. Venía de una familia numerosa de ocho hermanos y con un padre maestro, y sentía que él nunca fuera suficiente.
Su trabajo de actor le iba muy bien porque le daba la posibilidad de reinventarse. Quería ser Marlon Blando y no quería que nadie se lo regalara. Pero, poco a poco, la vida le fue demostrando que de lo que se trata es de que seas quien eres. ¡Y esto es muy difícil! Ser Lluís Homar es un trabajo que cree que con una vida no abasto, porque siempre te peleas con lo que querrías, no con lo que hay.
Está de acuerdo en que hoy en día, como sociedad, nos iría muy bien a todos meditar como lo hace él. Con dieciocho años vivió el movimiento hippie, el mayo del 68, los Beatles y el final de la dictadura… toda una serie de cosas que ya hemos abandonado como sociedad. Ahora imperan el poder del dinero y el materialismo: peor no podemos estar. Cuando construíamos entre todos la democracia, teníamos una gran dosis de entusiasmo en reserva, todo estaba por hacer. Pero ahora se ha instalado el desencanto, prolifera la extrema derecha y hemos hecho una vuelta atrás brutal.
Esta tendencia a buscar el fondo de la vida, el sentido de todo, le lleva a pensar en la muerte. Es bastante temeroso a nivel físico y el dolor le da miedo. La muerte en sí misma cada vez menos porque cada día tengo más claro que soy un alma que no muere y que estoy en una fase de encarnación en un cuerpo, pero que mi vida no se acabará el día que este cuerpo muera. Estaba presente cuando murió Fabià Puigserver, uno de los fundadores del Teatre Lliure, y durante un momento tuve la sensación que allí lo que quedaba era el envase, que el alma no moría. Tiene muy presentes las personas que se han ido: para él son almas que están conmigo, como mi padre, mi madre, mi abuelo, una prima, sus padrinos, algún amigo suyo... Son almas que le acompañan.
Físicamente, hace mucho entrenamiento físico, porque lee mucho La Vanguardia y los artículos sobre si es mejor andar o si hay que hacer diez mil pasos diarios e intenta salir a caminar una hora cada día. Estos últimos años, que estaba en Madrid, se iba a las siete de la mañana al Retiro, donde tenía su recorrido. Aunque estuviéramos a dos grados, ¡salía muy abrigado! Andaba unos cinco kilómetros cada día y también intentaba correr un poco. A veces no llega a todo, pero lo ideal es que, después de andar, cuando llega, pueda hacer sus veinte minutos de yoga, sobre todo la postura del gato-vaca, que es un ejercicio que se hace de cuatro patas en el suelo para mover la columna vertebral.
También está añadiendo a esta rutina los ayunos intermitentes. Los lunes hace ayunos de veinticuatro horas, ha hecho muchas veces el ayuno del sirope de savia y, en el cambio de estación, hace el ayuno de setenta y dos horas. Lo que le queda pendiente es como incorporar a su día a día los ejercicios de fuerza. Ha hablado con un entrenador que tuvo porque necesita encontrar una tabla de ejercicios adecuada a sus 68 años. Esto es lo que le haría feliz si pudiera hacerlo cada día, pero hace según puede.
Teóricamente y legalmente está jubilado, pero el 1 de abril del 2023 se cambió la legislación y en nuestro gremio podemos cobrar la jubilación y a la vez trabajar de actores o dirigir. Él está en esta situación. En estos momentos sabe que durante dos o tres años todavía tiene que mantener un nivel importante de actividad, pero la perspectiva con su mujer es ir a vivir a la casa que tienen desde hace tres años en Rocallaura, en el Vall del Corb, junto a Vallbona de les Monges. Ella es ceramista y quiere tener su estudio de cerámica cerca de casa, y él quiere bajar su intensidad de trabajo y dedicar mucho tiempo a todo aquel espacio. A la vez, la casa les permite que sus dos hijos y mis dos puedan venir cuando quieran y tener su habitación. En Rocallaura viven unas cuarenta personas y su idea es ir a vivir la quietud, el silencio. Este es su proyecto de vida.
Le gustaría que hubiera espacio para hacer actividades y que quienes quisieran pudieran venir. Con su mujer han hablado de poder acoger amigos, pero quizá un fin de semana al mes abrir nuestra casa a siete u ocho personas para compartir actividades, meditar, pasear por la naturaleza, escucharnos, hacer algo de cerámica con las manos, que es muy terapéutico… También me gustaría hacer pequeñas actuaciones, recitales y espectáculos.
Cuando ha hecho cursos siempre los ha enfocado a partir de su experiencia: él intentó construir su yo como actor poniendo la pausa a su yo como persona. Pensaba que el actor cambiaría la persona. Pero no tenemos que disimular quién somos. Nos tenemos que abrir a lo que somos y construir nuestro oficio a partir de quién somos. Si algo le gusta, ahora con 68 años, es aprender y todavía está dispuesto.
Con qué frase le gustaría ser recordada: "Siempre me sale de dentro una cosa, pero a veces me da miedo que pueda parecer pretencioso. Me gustaría que mi epitafio dijera “un gorrión más”. Esto viene de observar los gorriones, estas criaturas que son prácticamente todas iguales, encantadoras, sin ninguna pretensión y absolutamente anónimas. Me gustaría ser una más".
Pocos nombres de la escena española tienen el prestigio que atesora en sus anchas espaldas el intérprete barcelonés Lluís Homar (1957), Hijo de un tiempo ... en que todo parecía posible, ha ganado todos los grandes premios de su arte: el Goya, el Gaudí, el Max, el Premio Nacional de Teatro de Cataluña... Recién muerto el dictador, creó con un grupo de compañeros el Teatre Lliure, uno de los símbolos de cambio cultural en nuestro país. Y desde entonces, ha tenido la suerte -él lo dice- de trabajar de forma ininterrumpida durante cinco décadas. Su más reciente montaje, estrenado en el Festival de Mérida del pasado año, es 'Memorias de Adriano', una adaptación a las tablas de la obra de Marguerite Yourcenar que en España llegó a prohijar una editorial que se mantiene desde entonces, y donde el emperador nacido en Itálica abre su intelecto para mostrar los vericuetos de su complicada psique.
