Llegó el invierno y con él, los temidos mocos. Para un adulto, un resfriado es una molestia; para un bebé que lacta, puede ser un impedimento real para alimentarse. Como fisioterapeuta, veo a diario cómo la congestión dificulta el sellado del pecho y provoca tomas interrumpidas y frustración.
Si tu bebé está pasando por un proceso respiratorio, una sesión de fisioterapia respiratoria puede evitar que el cuadro empeore. Si notas que «ronca» al mamar, que tiene muchos mocos o que su tos no le deja descansar, esto puede ser de gran ayuda. Los bebés son respiradores nasales exclusivos durante los primeros meses.
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¿Por qué es importante la lactancia materna?
El primer año de vida del recién nacido es clave en su desarrollo, siendo el periodo donde más vulnerable es su organismo. La leche materna es un tipo de alimentación natural que contiene abundantes propiedades nutricionales beneficiosas para su sistema inmune, mejorando el crecimiento y desarrollo del recién nacido.
Además de aumentar la inmunidad del bebé, la lactancia materna se asocia a una menor incidencia de asma, alergias y obesidad, así como a una mandíbula y unos dientes más fuertes. La leche materna es la fórmula natural ideal para que el bebé esté fuerte y sano en la infancia a medida que va creciendo.
La lactancia materna permite una rápida recuperación tras el parto, contribuyendo al bienestar físico y mental de la madre. Dar de mamar consume entre 300 y 500 calorías al día, lo que equivale a correr 8 kilómetros. Los beneficios a largo plazo de la lactancia para la madre incluyen un menor riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer, así como diabetes. También se ha demostrado que la lactancia materna reduce el riesgo de una depresión posparto al aumentar la autoestima en sí misma.
Los expertos afirman que aquellos recién nacidos que fueron amamantados presentan hasta 3,4 más en los indicadores cognitivos durante la edad adulta. En términos nutricionales, la leche materna posee unas superpropiedades. Gran cantidad de proteínas y anticuerpos.
Otro beneficio que no podemos olvidar es que refuerza el apego emocional entre la madre y su hijo a largo plazo. Según la Organización Mundial de la Salud, la lactancia incluso tiene una relación con los ingresos. Si observamos el impacto positivo en el medio ambiente, la sociedad también puede beneficiarse de la lactancia materna.
La leche materna presenta una composición altamente nutricional para el desarrollo y la inmunidad del bebé. La dieta de la madre tiene un impacto directo en la leche que produce. Tu familia y su salud, es lo más importante, por eso la cuidas en todo momento.
Durante el embarazo, la madre asiste inmunológicamente de anticuerpos al feto a través de la placenta. Estos anticuerpos serán también utilizados por el bebé en los primeros meses de vida ya que, cuando nace, su sistema inmune es inmaduro y no es capaz de fabricar sus propios anticuerpos. Precisamente, este periodo que existe de adaptación entre el ambiente que había dentro del útero materno y el ambiente exterior, hace más susceptibles a los infantes a padecer enfermedades infecciosas.
Después del nacimiento, el calostro y la lactancia materna seguirán suministrando al bebé los elementos protectores que necesita. La leche materna no solamente proporciona al recién nacido una nutrición adecuada sino que también es importante en la maduración de su sistema inmunológico. Después del parto, el bebé debe desarrollar sus propios mecanismos de defensa para poder enfrentarse por sí solo a las infecciones. También ha de desarrollar su propia flora intestinal, que le ayudará a regular la acción del sistema inmunológico. La lactancia materna puede proporcionarle las herramientas necesarias para todo ello.
Composición de la leche materna
La leche materna es un producto biológico natural y esencial que contiene numerosos componentes inmunológicos, tanto humorales como celulares, que protegen al lactante de las infecciones. Incluye factores que proveen inmunidad específica, como linfocitos T, linfocitos B y anticuerpos, entre los cuales destacamos la IgA que es la más importante en la inmunidad de las mucosas y la principal en la lactancia materna.
También encontramos en la leche materna, aunque en menor medida, anticuerpos de tipo IgG, que son de vital importancia en la respuesta inmune humoral y en la defensa tisular contra los microorganismos; anticuerpos de tipo IgM, primera inmunoglobulina que se produce luego de tener lugar una respuesta inmune; y de tipo IgE, de gran importancia en la defensa contra infecciones parasitarias.
La leche materna además contiene factores que brindan una inmunidad no específica, como la lactoferrina, que contribuye a la absorción del hierro en el intestino del niño y tiene un efecto bacteriostático mediante la privación del hierro que requieren las bacterias para su crecimiento; lisozimas, que actúan como antimicrobianos; y oligosacáridos, que impiden que las bacterias penetren en el interior de las células y lípidos.
Asimismo, está compuesta por factores prebióticos que favorecen el crecimiento de lactobacilos bífidos, es decir, de bacterias favorecedoras e inocuas que impiden el crecimiento de otros gérmenes dañinos y favorecen el desarrollo de la flora intestinal del niño.
Ventajas de la lactancia materna
La leche materna proporciona diversos elementos al recién nacido como por ejemplo:
- Lactosa: estimula la producción de péptidos antimicrobianos (AMP). Estas proteínas ayudan a luchar contra las infecciones gastrointestinales y a desarrollar la flora intestinal, lo que permite el desarrollo del sistema inmune.
- Inmunoglobulinas IgA: son anticuerpos que neutralizan los agentes infecciosos. Al pasar de la madre al recién nacido a través de la leche materna, estos anticuerpos confieren una protección adicional frente a infecciones.
- Células inmunes: están presentes en grandes cantidades en el calostro (aproximadamente 5×106 células/ml), especialmente macrófagos y neutrófilos. Los linfocitos T, B, así como las células NK representan el 10% de los leucocitos presentes en la leche materna, pero su número disminuye a medida que la leche madura. Estas células sobreviven al pasar a través del tracto gastrointestinal del bebé e influyen en su respuesta inmune a las infecciones.
- Oligosacáridos: son alimentos prebióticos, que promueven el desarrollo de bacterias intestinales imprescindibles para el organismo, tales como las bifidobacterias.
La leche materna también puede transmitir a los lactantes muchas otras sustancias, como el factor de crecimiento transformante beta (TGF-β), que favorece una respuesta apropiada y equilibrada del sistema inmune.
Un sistema inmunitario maduro es capaz de reconocer y atacar a los antígenos perjudiciales pero también de diferenciar a los antígenos propios o inocuos y no actuar sobre ellos. Esta tolerancia es imprescindible a largo plazo, ya que estos antígenos inocuos no causaran respuesta alérgica o inflamatoria, contribuyendo a la prevención de alergias y enfermedades autoinmunes.
Periodos de la lactancia
- Periodo de lactancia: comprende los 6 primeros meses de vida, durante los cuales su alimento debe ser de forma exclusiva la leche materna (según la OMS), y en su defecto, las fórmulas para lactantes.
- Periodo transicional: va desde los 6 meses hasta un año. En este periodo se inicia la diversificación alimentaria (DA), es decir, hay una introducción progresiva de alimentos distintos a la leche materna o fórmula.
- Periodo de adulto modificado: abarca desde el año hasta los 7-8 años de edad. En este periodo el niño va adoptando una alimentación progresivamente más parecida a la de los adultos, reduciendo progresivamente la ingesta de grasa.
Diferencias del modo de nacimiento
El feto humano se encuentra en un medio estéril mientras permanece en el útero, pero resulta rápidamente colonizado por bacterias durante su paso por el canal de parto o cuando nace por cesárea. Los primeros microorganismos que colonizan el tracto gastrointestinal modulan el sistema inmune por medio de relaciones beneficiosas que se establecen entre las bacterias y el organismo humano.
Los nacidos por el canal del parto tienen microbios derivados de la vía vaginal, como Lactobacilos, que contribuyen la producción de citoquinas especificas que promueven el desarrollo normal del sistema inmunológico, en cambio, los nacidos por cesárea tienen más microorganismos de la piel como Staphylococcus, lo que contribuye a un mayor riesgo de alergia, enfermedad celiaca, etc.
Además, contiene muchas sustancias que benefician su sistema inmunitario, incluyendo anticuerpos, factores inmunológicos, enzimas y glóbulos blancos. Estas sustancias protegen al bebé contra una amplia gama de enfermedades e infecciones, como las infecciones de oído, y no sólo en el período de lactancia materna sino en muchos casos mucho tiempo después de haber dejado de lactar.
Si la madre sufre de algún resfriado mientras está lactando, por ejemplo, es muy probable que transmita los gérmenes del resfriado al bebé, pero los anticuerpos que produce su cuerpo para combatir el resfriado también se transmitirán a través de la leche. Esta defensa contra enfermedades disminuye considerablemente la posibilidad de que el bebé padezca de infecciones del oído, otitis, vómitos, diarrea, neumonía, infección de las vías urinarias o determinados tipos de meningitis espinal.
Los bebés menores de un año de edad que habían sido exclusivamente amamantados al menos cuatro meses, tenían menos probabilidades de ser hospitalizados por una infección del tracto respiratorio inferior, tal como crup, bronquiolitis o neumonía, que los bebés alimentados con leche de fórmula.
Todos los humanos tenemos una gran cantidad de bacterias que viven en nuestros intestinos. Algunas bacterias tienen funciones normales y saludables y algunas pueden ocasionar síntomas tales como diarrea. La leche materna estimula el crecimiento de bacterias saludables en el tracto intestinal del bebé.
Dado que la leche materna estimula el crecimiento de estas cepas de bacterias «amigables», otras bacterias como el E. Coli, que con más frecuencia ocasionan enfermedades, son inhibidas del crecimiento, multiplicación y adherencia al recubrimiento del intestino, donde pueden provocar una infección.
En relación a la prevención de alergias, existe evidencia de que la lactancia materna protege a los bebés que nacen en familias con un historial de alergias, en comparación de los bebés que son alimentados con leche de fórmula estándar a base de leche de vaca o leche de fórmula de soja. Los componentes inmunes en la leche materna proporcionan protección contra estas enfermedades alérgicas.
Además, los estudios han demostrado una disminución del 36% (algunos estudios muestran una disminución del 50%) del riesgo del síndrome de la muerte súbita del lactante (SMSL) entre los bebés que han sido alimentados con leche materna en comparación con aquellos que no lactaron.
Investigaciones recientes incluso aportan datos que indican que los bebés que lactaron en los primeros meses de vida, son menos propensos a ser obesos en la adolescencia y adultez.
Como hemos señalado, la leche materna contiene anticuerpos que protegen al bebé contra las infecciones a nivel local en la mucosa del tubo digestivo.
La madre crea anticuerpos que sí pasan a la leche, los virus no se transmiten. Cuando una madre lactante enferma de gripe, contagia 24 horas antes de padecer los síntomas (fiebre, tos, dolor de garganta, mucosidad, dolor muscular y de cabeza), cuando todavía ni siquiera sabe que está enferma.
Por tanto, en este tiempo el bebé habrá estado expuesto al contagio. Destetarlo es un riesgo innecesario que hacemos correr al bebé, al no ser la leche materna el transmisor de la gripe. La gripe se contagia a través de pequeñas gotas del virus que se expulsan al estornudar, toser o hablar o por contacto directo o material contaminado (vasos, manos).
Cuando una madre lactante enferma, su organismo crea anticuerpos específicos para combatir la gripe y estos anticuerpos, sí pasarán a la leche. Dejando de amamantar privaríamos al bebé de estos anticuerpos, valiosas defensas que van a protegerlo frente al virus.
Así que en estos casos, no sólo la madre puede seguir lactando, sino que es fundamental que lo haga, para resguardar al bebé de la enfermedad o en el caso de contagio atenuar los síntomas.
No olvidar que la evidencia actual apoya que los bebés alimentados con leche materna enferman con menos frecuencia, y si lo hacen, los síntomas son más leves que los bebés alimentados con fórmula.
En este sentido, es aconsejable seguir amamantando para ayudar al lactante a enfrentarse a la gripe y a otras infecciones. Eso sí, manteniendo unas medidas para impedir la propagación del virus como por ejemplo ventilar la casa. Unos diez minutos pueden ser suficientes para renovar el aire y evitar que el virus se transmita.
Otra de las medidas para frenar su propagación es el uso de pañuelo de papel para taparse la boca al estornudar o toser, desechándolos después de cada uso; no toser tapándose la boca directamente con la palma de la mano y siempre lavarse las manos con agua y jabón inmediatamente después de sonarse, y sobre todo antes de dar el pecho.
Tampoco se deben compartir alimentos, vasos o cubiertos. Es importante extremar las precauciones. Incluso es recomendable usar mascarillas o pañuelos con los que taparse la boca y la nariz cuando se vaya a dar el pecho.
La mayoría de los medicamentos usados para aliviar los síntomas de la gripe (analgésicos, antitérmicos, o algunos descongestivos, antitusivos), no suponen riesgo alguno para la lactancia. Con la mayoría de enfermedades comunes (resfriado, gripe, gastroenteritis…) se puede seguir dando el pecho sin problemas, incluso se pueden tomar bastantes medicamentos sin que afecte a la leche materna; solo debes saber cuáles se pueden tomar y qué indicaciones debes seguir.
Cuídate mucho para poder recuperarte lo antes posible y cuidar de tu bebé. Extráete leche materna o usa la que ya tengas extraída para saltarte alguna toma y que se encargue de ella tu pareja con un biberón. Así podrás descansar más. Usa pañuelos desechables para estornudar y toser para evitar propagar los virus y lávate bien las manos después. No hay ningún problema con tomar analgésicos y antiinflamatorios como el paracetamol o el ibuprofeno, así como muchos antibióticos.
Además, algunos medicamentos usados para los virus respiratorios como la gripe p el resfriado contienen descongestionantes o expectorantes que pueden reducir tu suministro de leche. En cuanto a la medicación de larga duración para enfermedades crónicas, como diabetes, asma, epilepsia, depresión, etc. se puede dar el pecho con casi cualquier enfermedad.
La transmisión de la hepatitis C a través de la leche materna también es poco común. Según la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH), el riesgo de transmisión de la hepatitis C de madre a hijo durante la lactancia parece ser bajo. Por lo tanto, la lactancia materna generalmente se considera segura en el caso de la hepatitis C. El VIH o SIDA es una de las pocas enfermedades que pueden contraindicar la lactancia.
Ni las radiografías ni otras pruebas diagnósticas como las ecografías, mamografías, resonancias… están contraindicadas durante la lactancia.
La leche materna es mucho más que alimento: es la primera vacuna que recibe un bebé. Contiene una amplia gama de sustancias inmunológicas que protegen al recién nacido de infecciones, y preparan su cuerpo para crecer sano. El calostro, que se produce durante los primeros días tras el parto, es particularmente rico en anticuerpos, sobre todo en IgA secretora. Es espeso, amarillento y muy concentrado. Basta con unas pocas gotas para ofrecer al recién nacido una dosis potentísima de defensa inmunológica. Por eso es comúnmente conocido como “oro líquido”.
Conforme pasan los días y se establece la lactancia, la leche transicional y luego la leche madura siguen aportando defensas, aunque en proporciones diferentes.
Una de las dudas frecuentes que tienen muchas madres es si deben dejar de amamantar si están resfriadas, tienen gripe o alguna otra enfermedad infecciosa. La respuesta general es no. Hay excepciones, como ciertas infecciones graves o medicamentos contraindicados durante la lactancia, pero son casos poco frecuentes.
Una idea común, aunque errónea, es que la leche materna “pierde calidad” con el paso del tiempo. La leche materna durante la lactancia prolongada (más allá del primer año de vida) proporciona protección inmunológica del niño. Durante la segunda infancia, los niños cuando comienzan a socializar más y entran en escuelas infantiles se exponen a nuevos virus y bacterias, y su sistema inmune todavía está en proceso de maduración.
Apoya el equilibrio de la microbiota intestinal, que influye en la función inmunológica. Con la lactancia prolongada, es frecuente que la madre afronte un nuevo embarazo. Y de ahí surge la duda, ¿puedo continuar con la lactancia de mi hijo mayor durante la gestación? En situaciones donde la madre amamanta a dos hijos de distintas edades (o lactancia en tándem) el cuerpo materno demuestra una asombrosa capacidad de adaptación.
La leche se ajusta a las necesidades del recién nacido y prioriza la producción de calostro en los primeros días, incluso si el hermano mayor continúa mamando. De este modo, el bebé pequeño recibe todos los beneficios inmunológicos del calostro, mientras que el hijo mayor también accede a esta valiosa sustancia y recibe un refuerzo para su sistema inmunológico. Es importante tener en cuenta que la leche no se “gasta” y es posible amamantar a ambos, siempre dando prioridad en las tomas al recién nacido.
Los beneficios inmunológicos de la leche materna no se limitan a los primeros meses.
Los niños y los mocos
Los niños, sobre todo los menores de dos años, presentan una media de 5 a 8 infecciones respiratorias al año. Nuestro sistema respiratorio y digestivo está recubierto por moco que protege frente a agresiones. De modo que, cuando un niño tiene una infección respiratoria, se defiende produciendo más moco. Por lo tanto, los mocos son útiles para nuestro organismo porque protegen contra infecciones. Evitan que se multipliquen los gérmenes en las vías aéreas y los expulsan adheridos al moco.
Los niños y la leche
La leche es un alimento esencial de la dieta de los niños. Es una excelente fuente de calcio, potasio y vitamina D y ayuda en la formación de huesos sanos, especialmente en los niños y adolescentes. Además, la leche materna es el alimento natural de los bebés con todos los nutrientes necesarios, en las cantidades perfectas y es fácil de digerir. Más allá de los beneficios nutricionales, la leche materna ayuda a construir y fortalecer el sistema inmunitario de su bebé.
La leche y los mocos
Un 30% de la población cree que la leche aumenta la producción de moco en las vías respiratorias, sin una explicación clara del mecanismo que produciría esta asociación. Pero lo único que tienen en común la leche y los mocos es que coinciden en los niños pequeños. A esta edad toman mucha leche y son frecuentes los catarros. Es coincidencia en el tiempo, pero la leche no causa el moco.
¿Se puede retirar la leche de la dieta de los niños?
Es importante tener en cuenta la importancia de esta bebida, en lo que se refiere al calcio y las vitaminas que aporta al cuerpo humano. La retirada de la leche de la dieta en los niños puede tener consecuencias negativas, ya que la lactosa es un elemento fundamental para la adecuada absorción de calcio (entre otros nutrientes). Además, numerosos médicos alertan sobre el peligro de dejar de tomar lácteos, por la fuente de nutrientes que supone en nuestro organismo, sobre todo en el caso de los niños.
¿Se puede sustituir por otras “leches”?
No se recomienda sustituir la leche de vaca por otras “bebidas” (de soja, de arroz…), que además no son leche. Por supuesto, es aún más perjudicial retirar la leche materna, que además de su función nutritiva, protege al lactante.
Tabla resumen de los componentes y beneficios de la leche materna
A continuación, se presenta una tabla resumen con los componentes clave de la leche materna y sus respectivos beneficios:
| Componente | Beneficios |
|---|---|
| Anticuerpos (IgA, IgG, IgM, IgE) | Protección contra infecciones y enfermedades |
| Lactoferrina | Absorción de hierro y efecto bacteriostático |
| Lisozimas | Acción antimicrobiana |
| Oligosacáridos | Previenen la penetración de bacterias |
| Lactosa | Estimula la producción de péptidos antimicrobianos |
| Células inmunes (macrófagos, neutrófilos, linfocitos) | Influyen en la respuesta inmune a las infecciones |
| Factores prebióticos | Favorecen el crecimiento de bacterias beneficiosas |
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