La expresión "Aleluya, ha nacido el Salvador" resuena con fuerza en la liturgia cristiana, especialmente durante la época navideña. Esta frase, cargada de significado, nos invita a reflexionar sobre el nacimiento de Jesucristo y su impacto en la humanidad. Exploremos el trasfondo histórico y espiritual de esta poderosa declaración de fe.
El Significado de la Navidad
La tradición de celebrar la Navidad el 25 de diciembre tiene un significado especial para los cristianos. En la antigüedad, este día se correspondía con la fiesta del Sol Invictus en Roma y con el solsticio de invierno en otras culturas como la céltica. La conmemoración y celebración del nacimiento de Cristo el 25 de diciembre se instauró en Roma y pasó enseguida a Milán a través de San Ambrosio y poco a poco extendiéndose al resto del orbe cristiano.
La Celebración del Nacimiento de Jesús
El Niño Jesús llenó de luz la iglesia en la Misa de Gallo, que se celebró en el altar preparado meticulosamente para la ocasión. Cipreses que subían al cielo con decoración navideña, un belén con espectaculares figuras… El Niño Jesús presidiendo en su pesebre y todo supervisado por el patrón vestido con capa pluvial de brocado amarillo.
La expresión "Aleluya, ha nacido el Salvador" es mucho más que una simple frase. Es una proclama que nos otorga el sentido universal de la Buena Noticia y que incluye a los seres humanos y la creación. Luego, toda la tierra sin excepción, está invitada a cantar himnos de acción de gracias.
Podemos repetir: “Toda la tierra ha visto la salvación de nuestro Dios”. Esta noticia y regocijo no tienen límites y se expande hasta los confines de la tierra.
El Anuncio del Ángel a los Pastores
En aquellos días el emperador Augusto promulgó un decreto ordenando que se hiciera el censo de habitantes del imperio. Este censo fue el primero que se hizo durante el mandato de Quirino cuando gobernaba Siria. De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz.
Ellos sintieron un gran temor, pero el Ángel les dijo: -No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Y junto con el Ángel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: -¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres y mujeres que gozan de su amor!
El Significado del Anuncio a los Pastores
Los pastores en Israel no gozaban de prestigio alguno, eran considerados impuros y se les temía porque formaban parte de aquellos que asaltaban caminos, eran considerados ladrones. La marginación genera violencia. ¿Qué importa atentar contra los que no te reconocen ciudadano? El texto está colocado en el nacimiento con toda una estructura teofánica, la estructura de las clásicas apariciones veterotestamentarias, con solemnidad…
No es ingenuo, por parte de Lucas, colocar ese relato de los pastores en el nacimiento, los primeros en la visita: el anuncio de la buena noticia tiene unos destinatarios especiales, Dios tiene una preferencia especial por los empobrecidos de la tierra. A Dios le duele el dolor y el sufrimiento humano.
No solo se anuncia a los pobres la buena noticia, Dios se hace pobre y se convierte, la propia encarnación, en referente de cualquier lucha por la justicia, se convierte en referente de cualquier forma de salvación. Ya decía San Irineo: «Solo se salva lo que se asume»… asumió tanto, amó tanto la humanidad que se hizo de los nuestros, se hizo humanidad, y así es nuestra salvación.
Interpretaciones Teológicas y Reflexiones
El texto de Lucas está lleno de guiños, de imágenes que presentan al hijo de María como Mesías y Señor. Es un relato enmarcado históricamente, seguramente de forma simbólica, en un tiempo y en un acontecimiento importante: «un censo universal».
Dios se hace historia en un momento concreto y en un lugar concreto, nada importante y del que no se esperaba nada que fuera bueno: «¿puede de salir algo bueno?» (Jn 1, 46). Pero su presencia es salvadora para toda la humanidad.
Otro de los componentes importantes de este relato de Lucas es la elección de Dios de la pobreza y la marginalidad para manifestarse; es el Dios que entra en nuestra historia, siendo de los descartados, de los olvidados, de los no tenidos en cuenta… Lucas, constantemente se empeña, en hacer aparecer a Dios donde no es esperado, desde lo humilde y sencillo. Lucas revela a un Dios encarnado en un lugar último y siendo el mismo de los más empobrecidos de la tierra. «¿No había lugar para ellos en el albergue?».
El papa Francisco nos dice en la Evangelii gaudium: «Para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica. Dios les otorga “su primera misericordia”». Y el Documento Final del sínodo, casi al comienzo, cuando habla del corazón de la sinodalidad, nos dice: «La opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica[1]» (19), por lo tanto, hablar de Jesús, el Señor, sin nombrar a las personas empobrecidas, es un fraude.
Esa preferencia de Dios es un reto para los cristianos, mucho más, es un elemento de credibilidad de la Iglesia[2]. Y el papa Francisco nos dice en la VI jornada mundial de las personas empobrecidas: «Frente a los pobres no se hace retórica, sino que se pone manos a la obra y se practica la fe involucrándose directamente, sin delegar en nadie. A veces, en cambio, puede prevalecer una forma de relajación, lo que conduce a comportamientos incoherentes, como la indiferencia hacia los pobres». «Nadie -dice- puede sentirse exceptuado de la preocupación por los pobres y por la justicia social». «La pobreza que mata es la miseria, hija de la injusticia, la explotación, la violencia y la injusta distribución de los recursos».
No es un texto ingenuo, el del relato del nacimiento de Jesús, es toda una revelación de la opción de Dios que después se va verificando en la vida de Jesús.
Hodie Christus Natus Est: Un Canto de Alegría
Hodie Christus natus est es la antífona del Magnificat, que se canta en la Misa del día anterior a Navidad.
Letra Original:
Hodie Christus natus est, hodie salvator apparuit. Hodie in terra canunt angeli, laetantur Archángeli. Hodie exsultant justi dicentes. Gloria in excelis Deo, alleluia.
Traducción:
Hoy, Cristo ha nacido; hoy, el Salvador ha aparecido; hoy, en la tierra, cantan los ángeles; hoy, se alegran los arcángeles; hoy se alegran los justos diciendo: Gloria a Dios en las alturas, Aleluya.
El Significado en el Presente
Hoy, día de Navidad, expresión máxima de la ternura de Dios, de un Dios enamorado de la humanidad, podemos gritar, cantar: «Gloria a Dios en el cielo…», pero lo pueden cantar los empobrecidos de la tierra, porque hay esperanza, porque formamos parte de la esperanza de todo un Dios que nos hace cómplices de sus opciones que son nuestras. Un Dios que nace sin poder, vulnerable porque confía en nuestra capacidad de cuidarle. Si es así, otra vez merece la pena que haya Navidad.
En Navidad Dios nace en la humildad. Nace un niño que se presenta como signo de luz y paz en medio de la oscuridad de la violencia y de la guerra. Este niño nacido pobre en Belén traerá la paz. Jesús es nuestra paz y la fuente de nuestra alegría.
Podemos comenzar con unos minutos de silencio o cantando un villancico apropiado. El Salvador, el Mesías, el Señor, se ha hecho niño por nosotros. ¿Dónde descubro hoy el nacimiento de Jesús?
Quienes se han encontrado con Jesús no pueden callar la buena noticia, tienen que contarla, como los pastores. El pasaje que vamos a leer es una de las obras maestras del evangelio de Lucas. En él Zaqueo se convierte de «buscador» en «buscado».
Una de las creencias cristianas más arraigadas entre nuestro pueblo es la de María como Madre de Jesús y Madre nuestra. Durante el tiempo navideño, además de estas celebraciones, que muestran su sentido esencial, tienen lugar otras que están íntimamente relacionadas con el misterio de la manifestación del Señor: el martirio de los Santos Inocentes (28 de diciembre), cuya sangre fue derramada a causa del odio a Jesús y del rechazo de su reino por parte de Herodes; la memoria del Nombre de Jesús (3 de enero);la fiesta de la Sagrada Familia (domingo dentro de la octava.
La Navidad y su Llamado a la Familia
La Sagrada Familia es modelo de virtudes domésticas y de unión en el amor. Con ella comenzó a existir la familia como Iglesia doméstica, en la que se evangeliza y se practica la vida cristiana. La primera lectura nos recuerda que hay que honrar a los padres.
Las primeras comunidades estaban en las casas familiares que se ensanchaban acogiendo a otras familias: amor y autoridad son los dos pilares de la fraternidad cristiana. Jesús vivió bajo la autoridad de José y María, y esto nos muestra que la familia está dentro del plan de Dios desde la creación; porque Dios nos ha creado así: capaces de amar.
San Pablo nos habla del envío de parte de Dios de su Hijo, nacido de una mujer, para que pudiéramos llamar a Dios «Padre». María trata de comprender todo lo que está sucediendo, lo que ella misma ha vivido y lo que cuentan los pastores, ella ya sabe con su propia carne que Dios hace cosas grandes con medios pequeños y con gente humilde.
La vida de familia en el Señor. Honrar desde el amor a los padres es un mandamiento de Dios que está escrito en nuestro corazón, pues la providencia divina se manifiesta en la familia.
Y es que, el Nacimiento del Niño Dios no es una idea, como tampoco una invención humana, sino algo que ha sucedido en la historia universal. De ahí, que el Evangelio encuadre este hecho en un tiempo y espacio.
A lo largo de la historia humana y fruto del pecado, son irrepetibles las tentativas del hombre por hacerse dios mediante el poder y la autosuficiencia. Estos conatos llegan hasta el presente donde se está dispuesto a asaltar el cielo para suplantar a Dios. Pero como es sabido, uno tras otro, cada uno de los imperios acaban sucumbiendo. Es un ensueño y llamémosle una utopía, desear hacerse dios o creerse el salvador del mundo. Todas estas intentonas se sostienen en el poder y el dominio sobre la persona y la sustracción de la dignidad. Fundamentándose en indagar los intereses personales para auparse en lo más alto y obviamente acarrean la esclavitud.
En esta noche santa estamos llamados a acercarnos a la gruta de Belén y mirar fijamente a ese Niño humilde, descubriendo y adorando el misterio para que por medio de lo visible alcancemos lo invisible en la intimidad y el corazón.
¿Acaso existe algo más grande para observar, corresponder y vivir con inmensa esperanza? La Navidad es misterio de luz, la luz que alumbra el caminar y la oscuridad que en ocasiones nos precede. Es misterio de vida, la vida misma de Dios de la que nos hace partícipes ahora. El Niño-Dios es un don gratuito de Dios. Todo nos es concedido en el Hijo de Dios que nace en Belén. Así, la vida es un don de Dios que hemos de cuidar amorosamente, tanto la propia como la ajena.
Veamos el don que Dios hizo a la humanidad en ese Niño que nace en Belén, para que no tengamos miedo de acogerlo y dejemos un pequeño resquicio para que Él nazca en el corazón. De manera, que no tengamos que decir que vino a su casa y los suyos no lo recibieron. Acojámosle para que crezca en nosotros lo que ya somos: hijos de Dios en su Hijo.
En ese Niño, valga la redundancia, verdadero Dios y verdadero hombre, porque asume la naturaleza humana, Dios se ha unido para siempre. En ese misterio está significada la razón, el fundamento y la raíz de la dignidad de cualquier persona humana, desde su concepción hasta su muerte natural. Por eso la vida, la dignidad de toda persona humana es inviolable.
En contraste con la palaba humana que no es más que la resonancia de un sonido o concepto, ‘el Verbo’, ‘la Palabra de Dios’, es el mismo Dios, revelado, manifestado y puesto a nuestro alcance en este Niño. Porque la Palabra de Dios se ha hecho carne. Jesús no es una ficción retórica, sino un hombre de carne y hueso y de nuestra propia naturaleza que no es un mito o una leyenda piadosa.
Abracemos a Cristo que viene a salvarnos, adentrémonos decididamente en la Iglesia que es nuestra Madre y en la que Cristo continúa vivo, alimentemos el espíritu con la Palabra de Dios hecha carne, acojamos la gracia del Señor en los sacramentos y marchemos hacia la santidad.
Si llevamos a Dios en el corazón, nada ni nadie podrá despojarnos de la alegría de vivir en el Señor. Celebrar el Nacimiento de Cristo es exaltar nuestra liberación.
Posiblemente, muchos podrán ser los argumentos y razonamientos para no estar gozosos en este día y vivirlo como una jornada cualquiera. Si bien, la reflexión de saber que Jesús ha nacido para nuestro bien, es suficiente motivo para estar radiantes de alegría. Hagamos un espacio en el corazón para que este Niño, el ‘Dios con nosotros’, ponga su morada entre nosotros.
En este día confirmamos la confianza y pedimos crecer en ella. Verdaderamente ha despuntado un día santo y una luz espléndida ha descendido sobre la tierra.
«En este Niño y por este Niño, Dios mismo sale al encuentro del hombre y Dios viene a nuestro encuentro. En Jesús y por Jesús, Dios deja de ser inaccesible y se convierte en Dios con nosotros»
La Navidad nos recuerda que Dios se ha unido para siempre a la humanidad y la creación, permaneciendo fiel a ella hasta conducirla hacia su plenitud. Estamos en el camino e indudablemente contemplamos los signos de la fatiga, del pecado y la muerte que nos interrogan para que pueda ser purificada nuestra fe.
“Distingamos entre tanto ruido y agitación el arcano de la Navidad y hagamos silencio dentro de lo recóndito con la oración”
