¿Dios creó al hombre o el hombre creó a Dios? ¿Ha muerto este, como supuestamente claudicó Nietzsche? (otros apuntan a Dostoievski o Hegel). Dejando a un lado espiritualidad o falta de ella, es curioso que todos los seres humanos hayan coincidido en eso de atribuir a unas deidades superiores todas las explicaciones a fenómenos difíciles de entender.
¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos? En esas tres preguntas, realizadas por Paul Gauguin en su paso por Tahití, se esconde toda la importancia de nuestro mundo. Las primeras civilizaciones ya adoraron dioses, y su influencia ha llegado hasta las religiones actuales, como veremos a continuación.
Escuchamos palabras como mitos, héroes, dioses, ninfas, etc. y muchas veces no sabemos con certeza de qué estamos hablando y mezclamos los conceptos. Para ayudarnos a diferenciarlos, os ofrecemos algunas informaciones básicas.
Un mito no es sino la palabra griega para decir lo que para nosotros es un relato. Y la mitología es la ciencia que estudia el papel cultural, social y político de estos relatos en las civilizaciones y culturas de la Antigüedad. Para ello, la mitología se ocupa de las relaciones de todos estos relatos entre sí, de las diferentes versiones provenientes de todos los territorios donde estaban presentes las culturas clásicas, y de cómo se relacionaban los protagonistas de los relatos míticos, así como el efecto que tenían sobre los habitantes de aquellos pueblos.
✅ La historia de la ANTIGUA GRECIA en 9 minutos | Resumen corto y divertido
“La cultura occidental no se entiende sin conocer sus orígenes y mitos“La cultura occidental no se entiende sin conocer sus orígenes y mitos. Por ello, la serie Mitos y leyendas ayuda a conocer las aventuras de los dioses (como Zeus, Poseidón, Atenea o Apolo) y de los héroes (como Aquiles, Héctor o Ulises), que han influido tanto en todas las épocas de nuestra historia occidental y siguen presentes en la actualidad.
Clases de Dioses y Héroes en la Mitología Griega
Los pueblos griegos de la Antigüedad -y la Roma clásica- dividían sus dioses en tres clases: los grandes dioses, los dioses inferiores y los héroes o semidioses.
Grandes Dioses
Los grandes dioses o dioses superiores eran veintidós, de los cuales doce formaban la corte celestial. Eran los doce grandes dioses olímpicos, cuyos nombres, según la tradición griega, eran: Zeus, Hera, Poseidón, Deméter, Hestia, Atenea, Apolo, Artemisa, Hermes, Ares, Afrodita y Hefesto. Los romanos llamaron a esos mismos dioses con otros nombres en lengua latina. Así el dios griego Zeus es en latín Júpiter; a Poseidón le asignan el nombre de Neptuno; Hades equivale a Plutón; Dioniso es Baco; Atenea recibe el nombre de Minerva; Afrodita es Venus. El único dios que conserva su nombre en ambas lenguas es Apolo. Los otros diez compartían con las divinidades mayores el privilegio de poder ser esculpidos en oro, plata y bronce.
Dioses de Segundo Orden
Los dioses de segundo orden podían ser dioses campestres, dioses del mar, dioses domésticos -del hogar, de la familia, de la casa- y dioses alegóricos.
Héroes y Semidioses
Por fin, los nacidos de un dios y una mujer mortal, o de un hombre mortal y una diosa se les llamaban semidioses o héroes. “los nacidos de un dios y una mujer mortal, o de un hombre mortal y una diosa se les llamaban semidioses o héroes“Este nombre también se asignaba, más adelante, a aquellos hombres que merecieron ese honor por sus acciones relevantes (es decir, heroicas).
Entre estos se encuentran los grandes héroes de La Ilíada, como Aquiles y Ulises. Los héroes eran modelos de comportamiento para los niños y los jóvenes (también los adultos) de aquel tiempo.
Aquiles, uno de los héroes más famosos de la Ilíada.
6. En la mitología antigua, hombre nacido de un dios o una diosa y de un ser humano, por lo cual era considerado más que hombre y menos que dios.
En primer lugar -according to the «diccionario of the RAE»-, el héroe es una persona que realiza una acción muy abnegada en beneficio de una causa noble; persona ilustre y famosa por sus hazañas o virtudes. De hecho, es el protagonista en algunas obras de ficción. En la mitología antigua, el héroe es un hombre nacido de un dios o una diosa y de un ser humano, con cualidades tanto humanas como divinas (Hércules, Aquiles, Eneas…). En definitiva, se trata de personajes, reales o ficticios, que hacen cosas extraordinarias.
Asimismo, consideremos al genio: quizá escasos en cantidad, pero no así mediocres en calidad. Son personas dotadas de capacidad mental extraordinaria para crear o inventar cosas nuevas y admirables. Pueden aparecer también en relatos literarios (véase el Genio de Aladín…). En cierto sentido, tienen una faceta creativa: son magos, inventores, artistas. Tenemos, por tanto, que los genios son personajes, reales o ficticios, que piensan cosas extraordinarias.
Finalmente, tenemos al santo, que, a mi juicio -y probablemente también el de Dios-, combina lo mejor del héroe con lo mejor del genio. El santo es aquel con la sabiduría y amor suficientes como para ser humano en plenitud. Los santos son sabios porque intentan hacer la voluntad divina a diario (rezar y trabajar por el fin de la pandemia), en el ejercicio del amor a Dios y a los demás, especialmente a los más necesitados: las víctimas y sus familias. En cierto modo, todos los santos son «héroes» y «genios», pero no todos los héroes y genios son «santos», por muy admirables que asimismo puedan resultarnos…
Hace falta mucha valentía para tratar de pasar desapercibido, a pesar de unas capacidades de inteligencia o voluntad fuera de lo común: el enfermero santo es el que pone todo su empeño no por la recompensa externa (prestigio, éxito mediático o económico…), sino por la mera satisfacción vocacional de ayudar sin esperar nada a cambio.
Paralelismos y Comparaciones en la Mitología
A lo largo de la historia, diversas culturas han desarrollado mitos y leyendas que, aunque distintas en sus detalles, comparten sorprendentes similitudes. Estos paralelismos nos invitan a reflexionar sobre la universalidad de ciertos temas y arquetipos presentes en la psique humana.
Osiris y Jesucristo
Varios autores de mitología comparada, como Gerard Massey, han querido ver semejanzas entre el dios Horus y Jesucristo, aunque algunas están plagadas de errores. Por ejemplo, aseguraba que el 25 de diciembre como fecha establecida para el nacimiento de Jesucristo está basada en el nacimiento de Horus, pero en realidad en la Biblia no viene ninguna referencia al respecto de ese día.
Lo que sí parece una semejanza clara es todo el tema de la resurrección: Osiris muere, y al tercer día aparece con el grito jubiloso de 'Osiris ha sido encontrado' (después, su hermana y esposa Isis será encargada de reunir los pedazos y embalsamarlos). Los egipcios tenían rituales específicos de la cosecha que relacionaban la crecida y retirada de las aguas del río Nilo y el ciclo agrícola con la muerte y resurrección de Osiris. Sea como fuere, la comparación con la muerte de Cristo y su resurrección al tercer día es bastante lógica.
Osiris e Isis
Pero no solo ellos, el dios que muere es bastante frecuente en la mitología y tenemos otros ejemplos como el dios de la fertilidad mesopotámico, Tanmuz, o Dionisio.
Eva y Pandora
Tradicionalmente asociadas la una a la otra como 'femme fatales'. Pandora es obra de Zeus, no de los titanes, lo que marca un punto de inflexión en su propia figura. Con ella se desata el caos: los hombres viven en un mundo de ensueño, hasta que ella desata el caos por su propia curiosidad, abriendo la caja.
Eva, aunque surge a partir de una costilla de Adán y, por tanto, no es creada del mismo modo que Pandora, también desata el caos en un mundo perfecto por esa curiosidad de rebelarse contra las normas y comer del fruto prohibido. También está muy relacionada con un mito anterior, el de Lilith.
La Creación del Hombre a Partir del Barro
Y también hay algo más, sin duda interesante: la creación de los hombres a partir del barro. En la mitología sumeria, Enkidu (rival y posterior amigo de Gilgamesh) es creado a partir del barro. En la mitología griega, Prometeo crea a los hombres a partir de los dioses con arcilla y agua de Panopeo. Adán surge del mismo modo.
Akenatón y Moisés
Dios le dijo: "No te acerques; quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es". Freud se atrevió a hacer la comparativa, y después los investigadores Roger y Messod Sabbah llegaron a una conclusión parecida (aunque ellos mencionaron a Abraham), tras estudiar a la figura mítica de la Biblia que supuso el éxodo judío, y al faraón más fascinante de Egipto (y el único monoteísta), que podían tener más en común de lo que a simple vista parece. Tutankamón fue hijo de Akenatón, el faraón hereje.
Akenatón, el faraón hereje.
Según los investigadores, no tenía sentido que Abraham, Moisés y el pueblo hebreo en general no dejaran rastro alguno en el Antiguo Egipto. Llegaron así a la conclusión de que el supuesto éxodo egipcio no habría sido otra cosa que la expulsión de Egipto de los habitantes monoteístas que siguieron al faraón hereje.
El Poder Divino Femenino: María, Isis y Otras
Pero las mujeres no solo representan el mal en las religiones y la mitología, sino todos los símbolos relacionados y asociados con ellas: la feminidad, la pureza o la maternidad. Cibeles es la Gran Madre, Gran Diosa, Diosa Madre o incluso Madre de los dioses. Ištar era la diosa babilónica del amor y la belleza, de la vida y de la fertilidad, y la encargada de amamantar a Tammuz (nacido en el Solsticio de Invierno, entre el 21 y el 25 de diciembre, según el calendario babilónico). Isis (madre de Horus) y la Virgen María incluso tienen efigies sorprendentemente parecidas.
Las Batallas Divinas
Ahí donde hay dioses, también hay batallas. En la mitología comparada se suele hablar de la llamada Titanomaquia: la conquista de los nuevos dioses, que derrocan a los más antiguos que representan en cierto modo las fuerzas del caos. Los dioses olímpicos derrotaron a los titanes, los devas en la mitología hindú pelearon contra los asuras y los dioses celtas de la vida y la luz lucharon los Fomori.
Los dioses olímpicos derrotaron a los titanes, que eran más antiguos y primitivos, pero también los devas en la mitología hindú pelearon contra los asuras y los dioses celtas de la vida y la luz lucharon contra los antiguos dioses de la muerte y oscuridad, los Fomori. Un poco diferente, pero en cierto sentido similar, es la batalla del cielo con los ángeles caídos. Aunque, en esta ocasión, son los ángeles que se rebelan y pierden la batalla los que terminan perdiendo.
La Llegada al Otro Mundo
Los egipcios fueron los primeros en democratizar eso de la llegada al otro mundo (antes solo los faraones podían optar al juicio con Osiris). De manera muy similar, y también llevados por una barca, los griegos viajaban cruzando el río Aqueronte (la barca la conducía Caronte, que cobraba una pequeña moneda que debía ser colocada bajo la lengua o los párpados de los muertos). Los pobres debían correr eternamente la pradera de Asfódelos porque no tenían medios para cruzar el río. Incluso en la muerte hay clases sociales.
La otra orilla estaba vigilada por el Can Cerbero, perro de tres cabezas que vigilaba que ninguna persona viva entrara en el Hades. Y no solo ellos, las valquirias también conducían a los héroes más valerosos hacia el Valhalla.
El Diluvio Universal
En otra ocasión lo comentamos: la historia del Diluvio Universal no es exclusiva de la Biblia. Un precedente sumerio es muy similar y es mencionado en el Poema de Gilgamesh: Enil decide destruir la humanidad, que le resulta molesta y ruidosa. El héroe Utanapistim (el Noé del Poema de Gilgamesh) es advertido de que debe construir un barco que llenará de animales y semillas. Cuando llega el día del diluvio y toda la humanidad perece, Utanapistim y sus acompañantes se salvan, y entonces decide hacer una ofrenda a los dioses para que se queden satisfechos por el sacrificio.
En la india, Visnú se reencarnó en forma de gigantesco pez para alertar al rey llamado Svayambhuva Manu del mismo problema. Según las fuentes mitológicas, los chinos tampoco se salvaron: la Gran Inundación de Gun-Yu cuenta que se produjo una gran inundación que duró generaciones y la gente abandonó sus hogares para vivir en lo alto de las montañas. Para los mapuches, el diluvio se produjo cuando lucharon las serpientes Tren tren vilu y Caicai Vilu. Incluso Zeus se enfadó con Prometeo por robar el fuego del Monte Olimpo y decidió inundar el planeta como castigo.
Axis Mundi
Axis Mundi es el eje del mundo, un símbolo en muchas culturas: un lugar situado en el centro del mundo que actúa como punto de contacto entre diferentes niveles del universo. Yggdrasil es un fresno perenne: el árbol de la vida, o fresno del universo, en la mitología nórdica. Sus raíces y ramas mantienen unidos los diferentes mundos. El Monte Meru (supuestamente localizado en el Tíbet) es una montaña mítica, que es considerada sagrada en varias culturas, igual que lo es el Monte Olimpo. Y, por supuesto, a nosotros nos es más famoso el Paraíso Perdido o Jardín del Edén.
Los Dioses Griegos y sus Características
Los antiguos griegos tenían muchos montes sagrados: el Helicón, el Parnaso, el Ida, el Pelión... Pero el más destacado de todos era sin duda el Olimpo. La mitología antigua imaginó que en esta montaña de casi 3.000 metros de altitud, entre Tesalia y Macedonia, se encontraba la morada de los «dioses olímpicos».
Todos ellos formaban una familia divina bajo el mando de Zeus, quien con el título de «padre de dioses y hombres» reinaba como soberano indiscutible desde su trono celeste. Supremo garante del orden cósmico, Zeus se había repartido los dominios del mundo con sus dos hermanos: Poseidón, que obtuvo el gobierno del mar y de las aguas, y Hades, que recibió el oscuro mundo de los muertos.Junto a Zeus estaban en el Olimpo sus hermanas: Hera, su esposa, que por ello era también soberana; Deméter, a la que se asignó el cuidado de los campos y los frutos, y Hestia, que silenciosamente quedó con la función de guardiana del hogar celeste.
A éstos se añadieron luego los hijos que Zeus tuvo con diferentes diosas -Hefesto, Ares, Apolo, Ártemis, Hermes- o incluso con una bella mortal, como Dioniso, hijo de la princesa tebana Sémele, así como dos diosas de extraño nacimiento y amplio poderío: Afrodita, hija de Urano y el mar y diosa del amor y del trato sexual, y la virginal Atenea, diosa de la inteligencia y protectora de grandes héroes, nacida de la cabeza de Zeus.
Con la excepción de Hades, morador perpetuo del ámbito infernal que lleva su mismo nombre, casado con Perséfone, la única hija de Deméter, todos ellos tenían magníficas moradas en el Olimpo. En una religión politeísta, con muchas figuras divinas, como la griega, importa mucho que cada divinidad tenga bien definido su papel y su dominio de actuación para evitar recelos y conflictos. Así ocurre también con los dioses de segunda generación: Hefesto era el dios del fuego y del arte de la fragua; Ares, el dios de la guerra; Apolo, el del saber profético; Ártemis era diosa de la virginidad y la caza; Hermes, del comercio; Dioniso, de la fiesta y el entusiasmo.
Los griegos imaginaron y representaron a sus dioses siempre con forma humana. Ese «antropomorfismo» (de morphé, forma, y ánthropos, ser humano) es un rasgo esencial de la religión y el arte griegos. Los dioses tienen apariencia humana: cuerpos hermosos y rostros nobles y serenos. Pero su semejanza con los hombres va más allá de la mera forma física; también son semejantes sus pasiones, gestos y palabras. El mundo del Olimpo parece reflejar el esplendor de una corte regia, con sus banquetes y sus reuniones de familia. Es como si la sociedad de dioses se hubiera forjado a imagen y semejanza de las de los reyes y nobles épicos.
El banquete de los dioses. Fresco de Rafael que decora el techo de una de las estancias de la Villa Farnesina, en Roma.
Ese antropomorfismo fue ya criticado por el poeta Jenófanes (siglo VI a.C): «Piensan los mortales que los dioses tuvieron nacimiento, / y que, como ellos, tienen vestidos y voz y figura». Y añadía: «Si tuvieran manos los bueyes, los caballos y los leones, / también pintarían figuras de dioses y harían sus cuerpos / los caballos en forma de caballos y los bueyes de bueyes, / imaginándolos tales como cada animal su figura tuviera».
Aún más, advertía sobre la conducta inmoral de algunos dioses: «A los dioses han atribuido Homero y Hesíodo todo / cuanto entre humanos es causa de vergüenza y reproche: / robar, cometer adulterios y el engañarse mutuamente». Pero las críticas aguzadas de este pensador, que prefería creer en un dios único y omnipresente, incorpóreo y abstracto, frente a los dioses tradicionales, demasiado humanos, no lograron alterar el fervor religioso ni reducir el culto tradicional de los dioses olímpicos. Los dioses que Homero y Hesíodo habían celebrado en sus poemas pervivieron mil años en templos, estatuas y fiestas en toda Grecia, sin esfumarse bajo las críticas de los filósofos y algunos refinados sofistas.
Por otra parte, puestos a admitir una pluralidad de seres divinos que mantienen el orden cósmico, ¿qué imágenes de divinidades, qué figuras podría uno venerar más bellas y atractivas que esas, tan humanizadas, surgidas de los mitos griegos?
Amores Divinos
Los dioses griegos perviven en los mitos, relatos de tradición y prestigio popular que se transmitieron de generación en generación, y no tanto por los ritos y los sacerdotes como a través de las obras de los poetas, que los reavivaron en la memoria colectiva. En el Valle de los Templos, en la localidad siciliana de Agrigento, se alza el magnífico templo de la Concordia del siglo V a.C., de estilo dórico.
Zeus, «el amontonador de nubes», fue en su origen el gran dios indoeuropeo de los cielos y las tormentas, y luego el soberano del Olimpo, armado con el rayo, que gobierna el mundo. Tiene junto a él a la severa Justicia (Díke), vela por la rectitud de los juramentos, protege a los reyes y castiga a quienes maltratan a los suplicantes. Una vez asentado en el trono y casado con Hera, su hermana, diosa celosa y protectora del matrimonio, tuvo múltiples uniones con diosas y bellas mortales, de las que surgieron sus muchos hijos, tanto dioses como héroes.
Zeus es un buen ejemplo de esos adúlteros divinos a los que aludía Jenófanes, pero no es el único, pues también Poseidón engendró numerosos vástagos de diversas madres, como otros dioses. De las diosas sólo Afrodita, casada con Hefesto, tuvo lances eróticos fuera del matrimonio: con el dios guerrero Ares, con el bello Adonis o con el héroe troyano Anquises. Como patrona del amor y el impulso sexual, bien merecía indulgencia en esos encuentros. Y no en vano los poetas griegos recordaban el poder de Eros, el dios alado del amor y la pasión amorosa, sutil y dominante, que lanzaba sus flechas fogosas no sólo sobre los humanos, sino también entre los dioses.
El Tramposo y el Bebedor
No puede decirse que Zeus y el resto de los dioses recurrieran a engaños y mentiras, salvo por algunos disimulos para evitar escenas de celos. Sin embargo, había un dios excelente en el arte de las trampas y trucos de magia: Hermes. Hijo de Zeus y de Maya, una diosa o ninfa de Arcadia, ya desde muy niño descollaba como hábil ladronzuelo de vacas -robando el rebaño de Apolo- y a la vez como un mentiroso genial.
El Himno homérico a Hermes cuenta cómo a poco de nacer salió de su cuna, escapó de su cueva, robó las vacas de Apolo, inventó el sacrificio y la lira -que hizo con el caparazón de una tortuga-, y luego, entre sonrisas, se ganó la amistad de aquel. Era su recadero, atendía a los héroes en trances apurados, acompañaba las almas al Hades (en su calidad de psicopompo), y además era el dios de los mercados, los ladrones y la buena suerte, guía en las encrucijadas, un dios simpático, desenfadado y popular.
En este óleo de Tiziano del 1559 se recrea el mito de Acteón, el joven cazador convertido en ciervo y atacado por sus propios perros como castigo por sorprender a Ártemis desnuda.
Notable antepasado del astuto Ulises, Hermes iba y venía sin cesar, viajando con sus sandalias aladas, con un sombrero de alas anchas y una varita mágica en la mano, el célebre caduceo con serpientes cruzadas, bastón de mago y peregrino.
Pero el más singular de los dioses griegos es sin duda Dioniso, el último en entrar en el Olimpo.
La diosa Atenea nace de la cabeza de Zeus. Escena de un píxide ático. Siglo VI a.C.
En sus epifanías es Baco, el bebedor alegre, el bramador, que insufla frenesí y entusiasmo, que impulsa a las ménades a las danzas en los bosques nocturnos; dios sonriente de la embriaguez y del vino que disipa las penas, extraño y fascinante, dios de las máscaras y del teatro. Y ese contraste entre Apolo y Dioniso, como el que se da entre otros dioses, refleja bien la diversidad de las figuras olímpicas.
