Hijos del Éxtasis: Origen y Características de los Seguidores de Dioniso

Dioniso es considerado el dios de la fertilidad, el vino y el éxtasis. Suele ser nombrado como «el Libertador», pues liberaba a uno de su ser serio, a través de la locura o el éxtasis producido al consumir vino (u otras sustancias).

Dioniso, escultura en mármol, siglo II a. C.

Se creía que a través de sus ritos uno llegaba a conocer a esa parte más animal de uno mismo, dejándose llevar por los sentidos y placeres. Esto también lo unirá a los ritos que se celebraban en honor a la diosa Afrodita, pues se vinculaban con facilidad estas dos divinidades que, según la versión, eran bisnieto y bisabuela.

El Origen de Dioniso

Se trata de uno de los dioses más jóvenes, pues siempre se ha considerado que fue uno de los últimos que se incorporaron al panteón olímpico. Los primeros investigadores creyeron que entró en Grecia desde Tracia, después de originarse en Asia Menor. Esto se refleja especialmente en los mitos donde se cuenta cómo tiene que superar cierta resistencia en varios lugares de Grecia, que no quieren aceptarlo como divinidad ni seguir sus doctrinas.

Sin embargo, actualmente se han encontrado evidencia arqueológicas que sugieren que el nombre y el culto de Dioniso podrían tener origen micénico. Se encuentra su nombre en unas tablillas y también se cree que fue venerado en un santuario de Ceo, una isla al sudeste de Ática. Se da a suponer que las fiestas dionisiacas eran muy anteriores a esta migración que trajo supuestamente al dios, por lo que se cree que su culto era más antiguo.

El origen del nombre de Dioniso es ambiguo, aunque la mayoría de investigadores coinciden en que la primera sílaba hacia referencia al dios del cielo (Zeus, cuyo genitivo es Dios), pero el significado del resto no está claro.

El Nacimiento de Dioniso

Sémele es la madre de Dioniso y se trata de una divinidad tracio-frigia de la tierra, que llega a Grecia convertida en mortal, en lugar de diosa, e hija de Cadmo, el rey de Tebas. Hera, enterada de la infidelidad, se vengará de la mortal. Se disfrazará de su nodriza (Béroe) y la engañará para que le pida a Zeus que se muestre ante ella en su forma divina.

Depende de la versión, empleará diferentes argumentos: para sentir la totalidad del placer al yacer con un Dios o para revindicar su condición de consorte del Dios y que se presentara ante ella igual que lo hacía con su esposa. Le sonsacará a Zeus una promesa (o aprovechará una que le haya hecho anteriormente) para concederle este deseo. El rey de los dioses se presentará ante ella en un carruaje acompañado de truenos y relámpagos, pero el cuerpo de Sémele, al ser humano y mortal, no pudo resistir su cercanía y acaba muriendo abrasada por su contacto.

A Zeus le da tiempo de salvar a la criatura que llevaba en su vientre y cosérselo al muslo, lugar por donde fue dado a luz cuando se cumplieron los nueve meses de embarazo. Según el imaginario, algunos autores afirman que el niño se deificó por el contacto con el fuego divino.

La historia de Sémele no quedará aquí, pues su hijo bajará hasta los Infiernos para sacarla de ahí y llevarla al lugar que le corresponde: al Olimpo, convertida en la diosa Tione.

Variantes del Nacimiento

Como sucede con la mayoría de nacimiento divinos, no se tiene clara la ubicación de los hechos, pues muchas ciudades reclaman este honor: Tebas, Naxos o junto al río Alfeo, del Pelopenoso. En lo que sí se suele coincidir es en que Dioniso, al carecer de madre, y teniendo de esconderse de Hera, necesitó de una o varias nodrizas.

Una de ellas, recogida en el Himno homérico a Dioniso, cuenta como Zeus confió su hijo a las ninfas de Nisa. Ellos lo criaron en una cueva de dulce olor en la montaña. En algunas versiones, es Hermes el encargado de llevar a Dioniso a sus nodrizas. Estas ninfas lo cuidaron muy fielmente y se convirtieron en sus acompañantes y seguidoras. Ovidio nos cuenta que Dioniso les recompensó su amabilidad rejuveneciéndolas cuando envejecieron.

Otra nodriza de Dioniso fue Ino, hermana de Sémele y esposa del gobernante Atamante. Se suele conciliar ambos mitos diciendo que primero lo criaron unos y después las otras. Según la versión de Apolodoro, Hermes entregó al recién nacido a su tía Ino y los convenció para que lo criaran como una niña, para despistar a Hera, que lo andaba buscando. Cuando esta dio con él, enloqueció a la pareja y tuvo que intervenir Zeus, que lo puso a salvo junto con las ninfas de Nisa.

Sin embargo, la pareja mortal salió muy perjudicada de su ayuda a Dioniso.

Existe otra historia del nacimiento de Dioniso, que contaban en el pueblo de Prasias. En esta versión local, Sémele sobrevive al encuentro de la versión divina de Zeus y da a luz de forma natural a Dioniso, pero al enterarse su padre de lo sucedido los lanzará a ambos al mar en un cofre. De esta forma, aunque la madre morirá en la travesía, Dioniso acabará en las costas de Prasias, donde lo encontrará su tía Ino y se hará cargo de sus cuidados.

La Ira de Dioniso: Castigos y Venganzas

Homero nos cuenta la historia de Licurgo, hijo de Driante. Este, al descubrir el emplazamiento del dios y sus nodrizas, perseguirá a estas por el monte golpeándolas con una aguijada de conducir bueyes. Dioniso, temiendo al hombre, se esconderá en el fondo del mar.

En otras versiones de esta misma historia, se retrata a Dioniso más autónomo y no tan temeroso. Según Apolodoro, Dioniso se refugia en el mar cuando Licurgo trata de expulsarlo, y las bacantes y sátiros son capturados, pero gracias a su intervención divina serán soltados y Licurgo enloquecido. Esta locura le hará matar a su hijo cuando cree que está podando una viña y su propio pueblo lo matará siguiendo las órdenes del oráculo, para sobrevivir de una gran hambruna.

El más famoso de estos relatos de venganza es el que enfrenta a Dioniso, dios del vino griego, y a Penteo, rey de Tebas. Dioniso viaja hasta esta ciudad, furioso porque las tres hermanas de su madre niegan que este fuera hijo de Zeus, defendiendo la idea de que su hermana se inventó esta relación para esconder a su amante mortal de la ira de su padre. De hecho, ellas afirmaban que el propio Zeus la había fulminado con un rayo por semejante mentira. Para demostrar su origen divino, Dioniso enloquecerá a las tres hermanas junto a otras mujeres de la ciudad, haciendo que anden errantes por el monte Citerón como bacantes.

En ese momento, el regente era Penteo, hijo de una de las hermanas de Sémele. Es decir, un primo de Dioniso. Impresionado por lo que ha sido capaz de hacer, Penteo se deja convencer para que Dioniso le muestre los ritos que llevan a cabo sus bacantes. Se disfrazará de mujer y seguirá el dios hasta el monte donde están las bacantes. Cuando está espiando a las mujeres en lo alto de un pino, incita a las mujeres a atacarlo. Estas, encabezadas por Ágave, madre de Penteo, lo descuartizan. Cuando se calma su locura, vuelve a palacio, cargando lo que cree que es la cabeza de un león de la montaña, pero que en realidad es la de su propio hijo.

Las Miníades son las tres hijas de Minias, rey de Orcómeno (Leucipe, Alcítoe y Arsipe) y recibieron un gran castigo por oponerse a los ritos de Dioniso. Dioniso se personó ante ellas, disfrazado de muchacha, y les aconseja no desdeñar al dios y aceptar sus misterios. Pero ellas le ignoran. Irritado, el dios demuestra su poder transformándose sucesivamente en toro, león y leopardo. Acto seguido, hace que de sus telares rezume miel y néctar. Asustadas por lo que han presenciado, las muchachas echan a suerte quien de ellas debe hacer un sacrificio al dios. Pierde Leucipe y las tres hermanas descuartizan al hijo menor de ella (Hípaso) para ofrecérselo al dios. Correrán justo después hasta la montaña, para unirse a los ritos, pero Hermes las tocará con su vara y las transformará en un murciélago y dos especies de búho.

Como con la mayoría de ritos, existen versiones que alteran algunos detalles. En una versión, Dioniso no les da un consejo directo, sino que envuelve sus telares con hiedra y enredadera, llena sus cestos de lana de serpientes y hace gotear vino del techo. En esta versión, el dios las enloquece y provoca que descuarticen al hijo de Leucipe pensando que se trata de un cervatillo. Cuando se unen al resto de mujeres, estas las rechazan al estar contaminadas por la traición al dios y son entonces transformadas en un cuervo, un murciélago y un búho.

Los Seguidores de Dioniso: Éxtasis y Devoción

Lo que puede verse en las diferentes historias que te he contado es que Dioniso tiende a enloquecer a los humanos hasta llegar a hace cosas horribles, como provocar que un grupo de mujeres descuarticen a un ser querido.

Era muy habitual imaginarse al dios vagando sin rumbo seguido de una pandilla de juerguistas, algunos semidivinos y otros humanos. Entre estos, podrían encontrarse sátiros, silenos y ninfas; así como sus devotas mujeres, denominadas ménades (literalmente, mujeres locas), bacantes o Thyiades (mujeres poseídas o inspiradas).

Ménade bailando.

Este séquito realizaba regularmente milagros curiosos, uno de los más habituales es hacer surgir fuentes de leche o vino del suelo. Estas mujeres enloquecidas (o liberadas) son increiblemente fuertes, capaces de despedazar cabras, toros y humanos con sus manos; el fuego no las quema ni las armas las hieren. A pesar de esta violencia, mantienen una honda simpatía con estos animales, pues el dios Dioniso también es entendido como un dios de la tierra, vinculado a los espíritus naturales.

Todo esto, aunque parezca una salvajada, es la idealización del ritual entusiasta del dios. Sus seguidores pretendían, a través de la danza extática y el vino llegar a esta poseídos por su dios. Se han encontrado también relatos en los que abren y devoran a un animal (o humano). Esto sigue siendo fruto del deseo de asimilarse a su dios, pues en algunos casos era entendido como humano en forma, pero otras como bestia, siendo sus manifestaciones más comunes el toro y la cabra, aunque a menudo también como serpiente.

De hecho, era un dios de la fertilidad de la naturaleza, no estando constreñido en exclusiva a ser el del vino y el éxtasis. Aunque es muy posible que sus ritos encontraran una oposición real allá donde se daban, no se deben entender estos mitos con un sentido histórico.

El rito a Dioniso parte de forma intrínseca de subvertir las normas de la moralidad cotidiana y la sociedad cívica.

Dionisio: El Dios del vino y las fiestas - Historia Completa

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