Cristina García Rodero: Biografía de una Fotógrafa Pionera

Cristina García Rodero, nacida en Puertollano (Ciudad Real) el 14 de octubre de 1949 en una familia numerosa, es uno de los máximos exponentes del documentalismo español y Premio Nacional de Fotografía en 1992. Desde pequeña, destacó en danza, pintura y dibujo, aunque no era buena en matemáticas. A los 16 años se compró su primera cámara de fotos en Ceuta.

Su obra manifiesta un hondo interés por el comportamiento humano y las dualidades y contradicciones de la existencia: religioso-pagano, natural-sobrenatural, vida-muerte, placer-dolor, guerra-paz. Su mirada indaga sobre las tradiciones y ritos que han sobrevivido durante siglos y las nuevas creencias y manifestaciones, fruto de los cambios económicos y políticos, de las necesidades actuales y los conflictos sociales.

Para el profesor Antonio Molina Cardenal, «representa la cumbre del reportaje español» de las décadas de los 80 y 90 y «el pedigrí de las fiestas populares sin aditivos, ni colorantes». Además, para Molina, otro elemento a tener en cuenta «es el humor y la ironía, lo cual es poco habitual en otros fotógrafos obsesionados con la España negra y profunda».

Rodero es además la primera fotógrafa española miembro de la prestigiosa agencia Magnum. Es la cuarta fotógrafa del mundo en conseguirlo -las otras tres son Martine Franck, Lise Sarfati y Susan Meiselas-.

«Aquello me interesaba. Recuerdo mi primer reportaje, en Puertollano. Se llamaba ‘El día del voto’», recuerda.

«Yo creo que empecé a fijarme en la fotografía por aquellas revistas de moda francesas, como Marie Claire, Elle… que llegaban al Puertollano de los años 50, donde no había nada. Me llamaba mucho la atención la hermosura de aquellas imágenes».

A los 19 años (1968) empezó a estudiar Bellas Artes en la Universidad Complutense. El famoso pintor Antonio López fue su primer profesor. A los 20 años se compró una réflex y descubrió el laboratorio. Todo se debió a la influencia de un compañero del colegio mayor que le animaba tanto a ella como a su hermana (también pintora y fotógrafa) a presentarse a concursos.

Y a los 23 años (1973) consiguió una beca: la que ofrecía la Fundación March, para reflejar en fotos las fiestas de los pueblos de España. Lo logró gracias a la insistencia de su novio de juventud y de una amiga, que le animaron para que se presentara, pues ella no se creía lo suficientemente buena. «Ya me presentaré el año que viene», les decía.

Ganar aquella beca supuso empezar a trabajar en su gran proyecto que le ha dado fama internacional: ‘España Oculta’, que se convertiría en un libro 15 años después.

Ocho Años en Autobús y Siete Más en Simca

Con aquel dinero de la beca empezó a recorrer España, de pueblo en pueblo. Los primeros ocho años en autobús, pues no tenía carné de conducir. Y a partir de 1981 con su propio coche, lo que le facilitó mucho la labor logística…

«En 1981, con una beca del Ministerio de Cultura, me pude comprar medio coche, un Simca 1200 blanco. Me compré ese modelo porque podía abatir el asiento y poner un colchón de gomaespuma para dormir en él. No es fácil encontrar en zonas muy pobres hotel o pensión para dormir. Con él, pude llegar a hacer 113 reportajes en un año, antes hacía 50 por año. Tenía el sueño de hacer mi libro. No era un libro de encargo. Era la obra que yo tenía que tener, igual que un pintor tiene que tener su obra, o un escritor, libros. Estaba con una beca, sola y no en muy buenas condiciones. Quería dar una visión de España, luego esa visión se concentró en las fiestas. Para el libro he llegado a tener 130.000 fotogramas (no fotos) en blanco y negro y algo más de 100.000 diapositivas en color. Tenía que elegir una foto entre mil. Decir sí a una y no a 999 fotografías, era tremendo. Me acordaba de la gente, de la situación tan bonita en que se había producido tal o cual fotografía y me dolía el corazón. Tenían que quedar 86 fotos; al final, en el libro van 126. ¡Era mi libro!».

En algunos pueblos era la primera fotógrafa en llegar. Eso, unido a que era mujer y menuda, le ayudó a que los fotografiados confiaran en ella y se dejaran fotografiar.

Pero no todo fue fácil. «He viajado en todo tipo de medios. Trenes, autocares o el frío que pasas, el tiempo que pierdes. Cuando sales de viaje, te puedes encontrar con mucho fracaso. A veces, vas a una romería que te han dicho que es muy buena y vas llena de ilusión pero luego se puede convertir en una jornada frustrante porque el mayordomo está de luto y ese año no la celebran o no han tenido dinero para hacerla o ha sido una romería muy interesante en el pasado, pero no lo es en la actualidad. Mil cosas».

Era una época en la que, por supuesto, no había Internet. Obtenía la información a cuentagotas. Llamando a los párrocos de las iglesias, a las tabernas… y como última opción a los cuarteles de la Guardia Civil de las localidades que se disponía a visitar, para saber las fechas, horas y lugares exactos en los que se debía acudir cámara en mano. Y allí que se presentaba como forastera, en los pueblos de una España en la que que una mujer llegara a un bar de un pueblo preguntando por las fiestas suponía ser tachada de chica fácil, como nos contaba. Se las ingeniaba para dormir en casas de vecinos, pues en muchos pueblos no había siquiera hostales. "Es la buena relación que se crea con la gente lo que me posibilita hacer las fotografías.

Dos años después de lograr la beca, en 1974, empezó a dar clases de dibujo en la Escuela de Artes y oficios de Madrid, en sustitución de su profesor. Mientras, estudiaba fotografía por las noches, pero esto no le permitía acceder a las ampliadoras. Cuenta ella misma que cuando tomó aquella foto, tenía el objetivo roto… Ella no lo sabía. Pero tardaba mucho en revelar… En su pequeño lavabo.

La foto está sobreexpuesta, el negativo muy denso y tiene mucho grano, era difícil positivarla… Por ello, pediría ayuda al fotógrafo Rafa Trobat, antiguo alumno suyo, que se encargaría del revelado de sus fotos. «Cristina me propuso empezar a trabajar con ella para hacerle ese trabajo invisible. Y empezó una relación que se prolongó durante más de 15 años», explica el propio Trobat.

«Es muy perfeccionista y exigente», dice de ella, que quiere se parezca en lo máximo posible a la luz natural, aunque en el caso de la foto de la niña del cementerio (‘El alma dormida’), decidió oscurecer el cielo para llevar la imagen a la hora bruja. Y del positivado se encargaría el fotógrafo Castro Prieto.

En aquella primera época como fotógrafa se centró en las tradiciones y en los rituales, porque ahí “está recogida la historia de cada pueblo y las necesidades de las personas”.

Seguía recorriendo los pueblos con las costumbres que más le llamaban la atención. En 1989, a sus 40 años, publicó su libro más famoso, en el que llevaba 15 años trabajando: ‘España Oculta’, por el cual obtuvo numerosos premios. En 2001 publicó el libro en el que llevaba cuatro años trabajando: ‘Rituales en Haití’, homenaje al cuerpo y al espíritu.

«Me cuesta llegar a los sitios, aún más dejarlos.

Fruto de sus numerosos viajes a la montaña Sorte, en el noroeste de Venezuela, donde se realiza el misterioso culto de María Lionza, retrató durante tres años este mágico movimiento sincrético y profundamente religioso que combina la posesión espiritual, la magia negra, los ritos esotéricos y los rituales católicos.

Maria Lionza es la figura central de uno de los cultos más grandes de Venezuela. Su culto es una mezcla de creencias africanas, indígenas y católicas similar a la santería caribeña. Ella es reverenciada como una diosa de la naturaleza, el amor, la paz y la armonía. El culto a este mítico personaje venezolano se remonta al siglo XV y así es como se sigue haciendo desde 1998-2008.

Las fotografías de Cristina García Rodero sobre el culto de María Lionza muestran a hombres con el torso desnudo, rodeados de humo de incienso y velas, que cubren el suelo. Sus fotos suenan a chillidos. Otras fotos muestran a mujeres, con los ojos cerrados, la cara tensa, chupan profundamente cigarros.

En el año 2009, cuatro años después de comenzar el proceso, entró en Magnum por mayoría secreta. Nunca antes un español lo había logrado.

En marzo de 2012 le hizo la fotografía de la polémica al expresidente del congreso Manuel Marín, que causó un gran revuelo por costar 24.780 euros.

Como todos los anteriores expresidentes que eligieron al artista que les pintó, Marín eligió a García Rodero para que le hiciera el retrato que figuraría en el pasillo de la Asamblea, donde figuran todos los expresidentes.

Era la primera vez desde 1810 que no se dibujaba a un expresidente, sino que se le fotografiaba. Y, pese a ser éste un precio muy inferior al que se paga por los cuadros (el siguiente cuadro, el de José Bonó, costó 85.000 euros), la polémica no cesó.

La idea se tomó en 2011, pero dado que venían elecciones en noviembre, hubo que esperar a que éstas pasaran y la foto se hizo en 2012, tras la luz verde de la nueva cámara, en la que el PP tenía mayoría absoluta.

El año en que le hizo la foto a Manuel Marín, también fotografió a la Familia Real. Era 2012, ella tenía 63 años, y recibió el encargo de la Casa Real, con motivo del 40º aniversario de la Reina Letizia. No ha trascendido el importe del reportaje, como sí pasó con la foto de Manuel Marín.

“No sé por qué los Príncipes, los hoy Reyes, se fijaron en mí. Intenté que fueran fotos de una familia normal. Las niñas son un encanto y ellos muy disciplinados. Pero ya los tenía preparados y el príncipe Felipe no dejaba de hablar y hablar. Yo no sabía cómo dirigirme a él por mis nervios y al final le grité: ‘¡Niño!’.

En 2013, con 64 años, fue elegida como la cuarta mujer académica de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en la que se formó de joven. Fue propuesta por el fotógrafo vitoriano Alberto Schommer.

El nombramiento fue de ‘Académica de Número para la Sección de Nuevas Artes de la Imagen’, ocupando la Medalla vacante que poseyera Luis García Berlanga.

Dos meses después, en noviembre de 2013, presentó en Madrid una serie sobre Georgia (1995-2013)

En 2014, con 65 años, viajó a la India a fotografiar la labor de la Fundación San Vicente Ferrer, que se expuso en Madrid en Caixa Forum en primavera de 2017.

Desde hace ya bastantes años, está trabajando en un amplio monográfico titulado ‘Entre el cielo y la tierra’, basado en el registro de festivales, de música, de sexo y de erotismo. Es una mujer entrañable.

En septiembre de 2018 se inauguró en su localidad natal (Puertollano, Ciudad Real) un museo municipal que lleva su nombre, el único de todo el mundo dedicado a la artista.

El Museo Municipal ‘Cristina García Rodero’ se inauguró con la exposición ‘Rituales en Haití’. Tiene una sala con su obra permanente y acoge exposiciones temporales con los diferentes trabajos desarrollados por la fotógrafa en las últimas cuatro décadas.

Exposición | Cristina García Rodero. España Oculta

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