Barón Rojo e "Hijos de Caín": Historia de una Leyenda del Rock Español

El mundo del rock español está lleno de historias fascinantes, y una de las más emblemáticas es la de Barón Rojo. Esta banda, originaria de Madrid, no solo conquistó el panorama musical nacional, sino que también dejó una huella imborrable en el ámbito internacional. Su música, letras y actitud rebelde resonaron con una generación que buscaba una identidad propia en una España en transición.

Barón Rojo en concierto

Los Inicios: Madrid como "Rompeolas del País"

La historia de Barón Rojo se gestó en el corazón de Madrid, una ciudad que, según los hermanos Carlos y Armando de Castro, era "el rompeolas del país". Lejos de provenir de las afueras, estos músicos se criaron en el centro histórico, aprendiendo a cantar en la iglesia y el colegio San Antón. Su formación, combinada con un trasfondo social particular, les confirió un aura de aventajados que no era común en el sector de la contracultura.

La Guerra Civil había dejado a la población española en ruinas en 1939 y muchas familias del sur del país tendrían que buscar su futuro en las industrias emergentes de las grandes ciudades. El dictador Francisco Franco había conseguido imponer el catolicismo pero ahora la población tenía que buscar la forma de alimentarse. Los primeros emigrantes empezaron a construir sus propias viviendas con barro y escombros en los alrededores de ciudades como Madrid. Gracias a eso ya en 1950 municipios como Villa de Vallecas habían crecido y empezaban a formar parte del ecosistema de la capital. En 1974 los inmigrantes habían prosperado y traían también sus costumbres, su cultura y la música de grupos como Chunguitos, Smash o Triana.

En este contexto, Juanjo Espartero construyó con sus propias manos el primer edificio de lo que luego sería la Sala Hebe en 1977. La sala tenía el nombre de la diosa de la juventud en la mitología griega y fue luego clave para el crecimiento económico del barrio. Fue también refugio de los propios músicos desheredados de las listas de éxito, pero también de una joven audiencia que observaba impotente los estragos de las drogas.

La Formación y Primeros Éxitos

Asfalto sacó su primer disco en 1978 y Leño en 1979 pero el primer disco de Barón Rojo no llegará hasta 1980. Los hermanos Carlos y Armando de Castro que luego definirán a Madrid como ′el rompeolas del país′, aprendieron a cantar realmente en la iglesia y el colegio San Antón al que asistían en el número 63 de la calle Hortaleza. El padre de los hermanos Carlos y Armando de Castro era médico y escritor; y no en vano la formación final de Barón Rojo con José Luís Campuzano se produce en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid.

A comienzos de los ochenta Barón Rojo ya habían grabado tres obras imprescindibles que son historia de la música. Con el primero clavaron las indicaciones que señalaban la dirección a todos lo que vinieron después para que supieran cuál era el camino a seguir para el hard rock y el heavy metal en España.

Fueron una de las primeras bandas españolas de rock duro en conseguir cierta proyección internacional. Llegando a compartir escenario con titanes del rock pesado como Bruce Dickinson o Michael Schenker, “el Baron” pasó de una época dulce en los ochenta a otras más turbulentas en las épocas posteriores.

"Hijos de Caín": Un Himno Intelectual y Rebelde

Entre sus canciones más emblemáticas destaca "Hijos de Caín" (1985), un himno que aborda temas bíblicos desde una perspectiva intelectual y rebelde. En esta canción, Caín se convierte en un héroe al asesinar a su hermano, desafiando la autoridad divina y rompiendo con el yugo de la esclavitud.

Sus letras además abordaban temas alrededor de Beethoven, Baudelaire o la Biblia desde un punto de vista particularmente intelectual. Era el caso de su célebre himno ′Hijos de Caín′ (1985) - donde por obra y gracia de su argumentación, Caín se convierte en un héroe al asesinar a su hermano:

La Biblia cuenta una historia,
que un Dios terrible dictó.
El drama de dos hermanos,
el justo y el traidor.
Abel mezquino y cobarde,
el siervo de su señor.
Caín que no entró en el juego
y que se reveló.
Te maldigo, truena la voz de su juez.
Padre nuestro, que nos privó del Edén.
Caín rompio con un gesto su yugo de esclavitud
Huyó del ojo implacable, llevó su propia cruz.
Perseguido por quebrantar una ley,
Que no entiende y que no cuenta con él.
Sufrirás, morirás, esta es su voluntad.
Pero aún hay aquí hijos de Caín.
La estirpe del fugitivo,
creció y se multiplicó.
El signo que los margina
ya nunca se borró
Te maldigo, claman los hijos de Abel.
A la diestra de su señor el poder.
Sufrirás, morirás, esta es su voluntad.
Pero aún hay aquí, hijos de Caín.
¡Oh!
Quizá los hombres seamos a un tiempo Abel y Caín.
Quizá un día destruya lo oscuro que hay en mi.
El destino no está marcado al nacer.
Yo he elegido ser lo que siempre seré, ¡hijo de Caín!
¡Hijos de Caín!
¡Hijos de Caín!
¡Hijos de Caín!
¡Hijos de Caín!

La legendaria canción de Barón Rojo 'Hijos de Caín' ha servido de inspiración a Abel Segura (voz y bajo) y Albert Arias Jr. (guitarra, bajo y coros), junto con Xavi Castelló (batería) y Toni Cuchilleros (guitarra rítmica y coros), para formar la banda del mismo nombre. En un principio se formó como banda tributo a Barón Rojo para después pasar a ser una banda con canciones propias, las cuales son las que componen su primer larga duración 'Mundo Sin Tiempo'.

Con este debut clásico de heavy metal esta banda se encuentra llamando a las puertas de los hogares rockeros y metaleros para ser escuchados e intentar hacerse con un merecido hueco dentro de las primeras posiciones del mercado nacional metalero cimentado en los sonidos de los ochenta pero con sonido actual.

Barón rojo - Hijos de Caín (letra)

"Días de Escuela" de Asfalto: Un Contrapunto Generacional

En contraste con la intelectualidad de "Hijos de Caín", otra canción icónica de la época, "Días de Escuela" de Asfalto (1978), ofrece una mirada más terrenal y nostálgica a la educación y la vida en las calles. Esta canción refleja la experiencia de una generación que creció entre la religión y la búsqueda de la libertad.

Asfalto - Días de Escuela

Bien abrigado llegaba al colegio.
1960, hace poco tiempo.
Formados frente a una cruz y a ciertos retratos.
Entre bostezo y bostezo, gloriosos himnos pesados.
Despertamos en pupitres de dos en dos.
Aún recuerdo el estrecho bigote de Don Ramón.
Y la estufa de carbón frente al profesor.
La dichosa estufa que no calienta ni a Dios.
Suena el timbre, al fin.
Bocadillo, recreo,¡qué pasión!
Una tortura más, antes del juego.
La leche en polvo y el queso americano.
Sales tú y el gordo después.
Te cambio los cromos, te juego al tacón.
Sabes tú, la ligo yo.
Apuremos el tiempo que ya nos meten dentro.
Dos horas de catecismo y en Mayo la comunión.
La letra con sangre entra, otro capón.
Tarea para mañana y puesto el abrigo.
Otra copla a los del cuadro y hasta mañana Don Ramón.
Y ahora tú, qué pensarás.
Si cuando más me oprimían, más amé la libertad.
Y es a ti a quién canto hoy.
Enseña a tu hijo, oh enseña a tu hijo, a amar la libertad.

Mariscal y las Alfombras de Zafiro Records

La grabación de este primer disco de Asfalto se planificó cuando los músicos volvían a Madrid desde un festival de rock en Campos de Criptana en el verano de 1975. Para refugiarse de la torrencial lluvia que había arruinado la programación, se habían metido en uno de sus gigantescos molinos de viento con otro emigrante. Se trataba de un joven procedente de Isla Cristina en Huelva y se llamaba Vicente Romero Marical. Mariscal se dedicaba ya entonces a difundir en Madrid esta forma de música con programas de radio, revistas impresas y un entonces reciente recopilatorio de bandas emergentes llamado ′¡Viva el Rollo!′.

La obra de teatro Jesucristo Superstar se iba a estrenar en España el 6 de noviembre de 1975 y Julio Castejón ya tenía en la cabeza una variación de ópera rock sobre un chico cualquiera que luego se materializa en canciones como ′Rocinante′. Durante el viaje en furgoneta de vuelta a Madrid el joven periodista aseguró a los músicos que conseguiría un contrato discográfico que necesitaban para esas canciones.

El destape o la posibilidad de enseñar carne parecía ser el mayor logro de la modernidad a partir de la muerte de Franco. Los sellos progresistas apenas mostraban interés a nada que no tuviera que ver con Julio Iglesias, José Luis Perales o Jeanette pero contra todo pronóstico Mariscal tuvo éxito cuando llamó a la puerta de una empresa de la religiosa orden Opus Dei. Zafiro Records era una discográfica de extrema derecha sí, pero tenía más vista para los negocios que las demás y le ofreció a él la dirección de la subdivisión Chapa Discos. Se lo ofreció, eso sí, con la condición de que ninguno de aquellos artistas manchase las alfombras de sus oficinas.

"Rocinante" de Asfalto: La Búsqueda de la Eternidad

Las fantasías de Asfalto eran especialmente evocadoras y ponían sobre la mesa realidades existenciales muy profundas. La mencionada canción de ′Rocinante′ por ejemplo aborda el tema de la eternidad desde el punto de vista del fracaso. Rocinante es el nombre que Miguel de Cervantes le dio al caballo de Don Quijote de la Mancha y en esta canción protagoniza una historia paralela - un final alternativo que lleva inevitablemente al oyente al deseo de algo más allá:

Atravesé, la eternidad.
Y descubrí, tras de una nube alguien.
Un caballo con alas viene hacia mí.
¿Quién eres tú? ¿Qué haces aquí?
Has de saber que yo soy Rocinante.
Vivo alejado, el coche me desplazó.
Don Quijote me abandonó.
Cambió su lanza por un tractor, harto ya.
Pobre Hidalgo, cómo luchó.
Quiso cambiar el mundo con sus sueños.
No comprendieron, se rieron de él.
Dulcinea le convenció.
Con Sancho Panza montaron un negocio.
Una tienda de accesorios para el tractor.
Don Quijote me abandonó.
Cambió su lanza por un tractor, harto ya.
Hiciste bien en quedarte aquí.
En este valle de paz.
Todas las cosas que allí ya no están, acompañan tu soledad.
Todo lo bello lo he visto aquí, no necesitas más.
Tal vez quieras venir conmigo.
En este viaje infinito.
Vayamos juntos, buen Rocinante a descubrir lo eterno.
Bate tus alas al viento, iré contigo.
Más allá.

Rosendo y los Músicos Majaras

Rosendo Mercado de Leño sigue negándose a que levanten en su honor una estatua en el madrileño barrio de Carabanchel. En realidad ha necesitado jubilarse para recibir una de las llamadas más extrañas de su vida. La Embajada de España en Australia, al otro lado del mundo literalmente, había contactado con su manager para saber si podían contar con él para un homenaje que planeaban hacerle a un tocayo suyo, alguien que desconocían llamado Rosendo Salvado.

Averiguaron después que Rosendo Salvado nació en Pontevedra el 1 de marzo de 1814 y había pasado a la historia como compositor, concertista y misionero benedictino entre la población indígena de Australia. Rosendo Salvado había tenido que huir ante una oleada de anticlericalismo que azotaba a España durante el gobierno de Juan Álvarez Mendizábal y gracias en parte a ello se convirtió en el viajero que conocemos hoy. Salvado se convierte entonces en un misionero que conseguirá gracias a sus conciertos recaudar suficiente dinero para comprar tierras, arreglar pozos, construir molinos y fundar escuelas que luego ponía a disposición de la población indígena. Su legado todavía se conserva con el nombre de New Norcia y ahora se publicita a sí mismo como el único pueblo monástico de Australia.

′Todo esto me parece tan surrealista que ¡te voy a decir que sí!′, le dijo Rosendo Mercado por teléfono a su manager, asegurando que no imaginaba ′que en aquel tiempo hubiera majaras a este nivel′. Puso como condición poder tocar allí y lo hizo de hecho junto a la tumba del músico misionero, añadiendo además mejoras en la forma de grabar dentro de la iglesia un video que puede disfrutarse ahora en Internet con el título ′De Rosendo a Rosendo′. El vídeo se abre con su sobrecogedora canción ′A la sombra de una mentira′ (1994):

Una sensación de merecer,
me persigue sin cesar.
Un exceso de valoración,
me pudiera confundir.
Dónde estás,
que tan poco se te ve.
Cómo admitir como deformidad,
lo que no es repetición.
Si la maldita elección,
la posibilidad,
es la sola solución.
Y todo lo que consigo
es que nadie entienda que,
a la sombra de una mentira
moriré.
Por fin la idea original
se funde con la piel.
Puesta en escena con tal precisión
que me llega a convencer.
Dónde estás
que tan poco se te ve.
Es una forma de mediocridad
que me niego a poseer.
No tengo nada que perder,
para mal o para bien.
Y todo lo que consigo
es que nadie entienda que,
a la sombra de una mentira
moriré.
Me puedo abandonar
y olvidar que estoy aquí.
Gesticular descomponer,
aunque no pueda dormir.
Todo lo que consigo
es que nadie entienda que
a la sombra de una mentira
moriré.

El Declive y las Controversias

En la discografía de Barón Rojo, después de En un lugar de la marcha (1985) parece empezar a extenderse una bruma espesa, densa, que impide que el sonido de la música que crearon a partir de entonces alcance limpiamente los oídos de sus receptores. Es difícil explicar las razones por las que ocurre un fenómeno, por otro lado bastante habitual: después de un tremendo éxito viene un terrible batacazo, en el peor de los casos. En otros lo que acontece es la difuminación progresiva de la relevancia de la banda para cuyos seguidores nunca volverá a alcanzar las cotas de excelencia que la hicieron popular.

Con su cuarto álbum consiguieron llegar a un público más amplio gracias a una balada que cantaban las madres de los adolescentes de la época, «Hijos de Caín» (sin saber muy bien qué significado tenía lo que estaban cantando). En aquel disco de ingeniosa portada y no menos ingenioso título -lo de «ingenioso» va con intención- estaban incluidos, entre sus ocho títulos -a propósito, éste pasaría a formar parte de esa subespecie de grandes álbumes que «sólo» tienen ocho canciones: Turn back de Toto o Taken by force de Scorpions, por nombrar dos-, temas como «Cuerdas de acero», la generacional «Chicos del rock» o el himno «Breakthoven».

El que había sido hasta ese momento el sonido característico de Barón Rojo ya había mutado -el cambio se aprecia incluso en la imagen de los músicos-, ahora más comercial podríamos decir, más cercano, inmediato y con menos carga de inconformismo ideológico y denuncia social, aunque mantenían el pulso rockero y heavy rock. Podríamos afirmar que, en conjunto, es un trabajo centrado mayormente en la celebración de la música rock, un disco metamusical.

El siguiente paso era delicado, pero los barones no se lo pensaron. Dos años después de ese éxito lanzaron Tierra de nadie, título que podría leerse suficientemente expresivo. El disco vuelve a tener ocho canciones, pero la recepción no fue la misma. ¿Eran ellos los mismos? Seguramente no. Pero ¿y nosotros? ¿Qué había cambiado en nosotros? ¿Fueron -fuimos- los seguidores de la banda más relevante que había dado el país injustos con ellos? ¿Fuimos infieles? ¿Lo fueron ellos a nosotros o a su propia música? Y la pregunta más importante: ¿era Tierra de nadie peor que su predecesor? Rotundamente no. Tierra de nadie es un gran disco, al menos tanto como lo era En un lugar de la marcha. O puede que mejor.

Sin embargo ya había caído la maldición del disco de éxito. La niebla del desaire, incluso del menosprecio, había empezado a extenderse, algo que ni la producción del álbum, más cristalina, más pulida, pudo disipar. Los barones salían de nuevo en televisión presentando sus nuevas canciones, pero cuando acababan parecía no haber quedado nada de lo que había sonado, no se percibía ningún entusiasmo en los receptores. En las letras había vuelto la mala leche de años atrás, el sarcasmo, el humor crítico y fatalista y el inconformismo social, pero envuelto en unas tonalidades musicales casi alegres y divertidas, desde luego menos agresivas. Aun así, o quizás por ello, estamos hablando de un álbum de una calidad apabullante.

Quizá la parte más inicua y menos veraz de todo es pretender reclamar la propiedad de algunas de las canciones más populares del grupo que todos tenemos en mente. Esas canciones son canciones de BARÓN ROJO y jamás hubiera él solo o con su mujer, sido capaz ni en sueños de hacer algo similar. Sino, ¿por qué no lo hizo antes? ¿O por qué no ha sido capaz después? ¿Por qué no dejó sus veleidades filosófico orientales con LOS MODULOS, versión TAO y se puso a hacer rock de esa categoría él solo? ¿Por qué nos necesitaba a nosotros para ello si todo el mérito era suyo? ¿Qué varita mágica hizo que todas esas canciones sonaran a rock? ¿Qué hada madrina se la proporcionó al nuevo rockero recién llegado? ¿Y por qué tantos de vosotros os habéis comido, asumido y apuntado a ese relato?

Legado y Reflexiones Finales

Más movimientos se codeaban, e incluso se cruzaban, en aquellas noches. En los barrios populares, de clase trabajadora, el rock y el punk era el medio de expresión contra las injusticias. Es dentro de ese margen cultural donde se gestó la leyenda de nuestros protagonistas, así como la de tantos grupos importantes del rock, punk o heavy / rock duro de la época.

Y para quienes no han conseguido adentrarse en su discografía y elaboradas letras, algo que los diferenciaba del resto de formaciones del mismo estilo, les pueda parecer una afirmación algo exagerada, en realidad refleja muy por encima la impronta que dejó la banda en sus años de mayor éxito, dentro y fuera de nuestras fronteras.

Todas las canciones que hemos recordado en este artículo tienen también muchas cosas en común y me parece a mi que destaca por encima de todas la necesidad de algo más que no tenemos a este lado del telón. Todas hacen bien en señalar que vivimos en un lado dominado por la mentira y la sed de algo más allá.

Barón Rojo, con su himno "Hijos de Caín", sigue siendo un referente del rock español y un símbolo de rebeldía y búsqueda de identidad. Su legado perdura en la memoria de quienes crecieron con su música y en la influencia que ejercieron sobre las generaciones posteriores.

Discografía de Barón Rojo
Año Título
1981 Larga vida al Rock and Roll
1982 Volumen Brutal
1985 En un lugar de la marcha
1987 Tierra de nadie

Publicaciones populares: