La fosfatasa alcalina (FA) es una enzima presente en varios tejidos del organismo, incluyendo huesos, hígado, placenta, riñones e intestinos. Su función principal es catalizar la hidrólisis de los grupos fosfato de diferentes sustratos, lo que significa que ayuda a romper ciertas moléculas liberando grupos fosfato. Durante el embarazo, es común que los niveles de fosfatasa alcalina se eleven, pero es crucial entender las causas y posibles implicaciones de esta elevación.
En este artículo, exploraremos las causas más comunes de la fosfatasa alcalina alta durante el embarazo, así como las enfermedades hepáticas específicas relacionadas con la gestación y su manejo. Además, abordaremos cómo diagnosticar y tratar estas condiciones para garantizar la salud tanto de la madre como del feto.
Valores Normales de la Fosfatasa Alcalina
Los valores normales de fosfatasa alcalina en adultos son de 44 a 147 unidades internacionales por litro (UI/L). Sin embargo, estos valores pueden variar dependiendo del laboratorio. Durante el embarazo, los niveles pueden aumentar significativamente, llegando a ser entre tres o cuatro veces mayores de lo normal, especialmente durante el tercer trimestre. Este aumento se debe principalmente a la isoenzima producida por la placenta.
Es importante destacar que los niveles de fosfatasa alcalina también pueden variar según la edad, el sexo y el tipo sanguíneo.
Causas Comunes de Fosfatasa Alcalina Alta Durante el Embarazo
La fosfatasa alcalina es una enzima que juega un papel esencial en el funcionamiento de nuestro organismo. Su presencia y actividad en el cuerpo humano pueden proporcionar información valiosa sobre la salud de diversos sistemas y órganos.
Las más habituales son:
- Embarazo: Principalmente durante el tercer trimestre. En este caso la isoenzima responsable del aumento tiene su origen en la placenta.
- Niños en periodo de crecimiento: Durante esta etapa los niños pueden sufrir elevaciones de Fosfatasa Alcalina que deben considerarse normales, hasta 3 o 4 veces por encima del valor de referencia.
- Personas mayores de 60 años: Que sufren una reducción de hasta el 30% de masa ósea.
- Toma de algunos medicamentos: Como antibióticos, narcóticos, antiinflamatorios no esteroideos (AINES) o tranquilizantes.
- Ingesta de alcohol y tabaco.
Los niveles anormales de fosfatasa alcalina pueden indicar enfermedad tanto en exceso como en déficit.
- Hepatitis (niveles altos): la hepatitis es una inflamación del hígado.
- Osteomalacia (niveles altos): esta patología se caracteriza por un marcado ablandamiento de los huesos.
- Deficiencia de Zinc : La deficiencia de zinc puede disminuir los niveles de fosfatasa alcalina.
- Hipotiroidismo : Algunos estudios han encontrado que los niveles bajos de fosfatasa alcalina pueden estar relacionados con hipotiroidismo no tratado.
Enfermedades Hepáticas Específicas del Embarazo
Se estima una incidencia aproximada de 1 hepatopatía por cada 500-5.000 embarazos. En el 75% de los casos son hepatitis virales o colestasis intrahepáticas gestacionales.
La mujer gestante puede presentar cualquier tipo de enfermedad hepática (hepatitis vírica aguda, toxicidad hepática por fármacos, cálculos biliares...). Sin embargo, existen una serie de enfermedades hepáticas propias del embarazo que aparecen con la gestación y desaparecen tras el parto.
Las enfermedades hepáticas propias del embarazo cursan con aumento de las enzimas hepáticas: transaminasas, bilirrubina y fosfatasa alcalina (FA). En la mayoría de los casos pueden coexistir las tres alteraciones analíticas. La edad gestacional es el dato que más ayuda en el diagnóstico diferencial de estas enfermedades.
Colestasis Intrahepática del Embarazo (CIE)
La colestasis intrahepática del embarazo es una de las causas más comunes de fosfatasa alcalina alta durante la gestación. La incidencia es de 10-100 casos/10.000 embarazos (4% en Chile, 1% en los países escandinavos y 0,7% en zonas multiétnicas). Se cree que se debe a las altas concentraciones de hormonas circulantes (estrógenos y progesterona) en el último trimestre del embarazo, combinadas con un defecto subclínico preexistente en el sistema de transporte activo biliar.
Síntomas:
- Prurito severo en las palmas y las plantas, que se generaliza y se intensifica durante la noche.
- Ictericia (en un 10% de los casos).
Diagnóstico:
- Sospecha clínica basada en el prurito.
- Elevación de los ácidos biliares.
- Incremento de las transaminasas (en un 20-60% de los casos).
- Aumento de la bilirrubina (en un 10-20% de los casos).
- Elevación de la fosfatasa alcalina (hasta 7-10 veces respecto a los valores normales).
Tratamiento:
- Ácido ursodesoxicólico (10-16 mg/kg peso/día) para disminuir los ácidos biliares en sangre.
- Suplemento de vitamina K para prevenir hemorragias.
- Finalización electiva de la gestación entre la semana 36-38.
COLESTASIS EN EL EMBARAZO, POR GINECOLOGA DIANA ALVAREZ
Hígado Graso Agudo del Embarazo
El hígado graso agudo del embarazo aparece en el tercer trimestre y se asocia a infiltración grasa microvascular del hígado, fallo hepático y encefalopatía. Es una alteración infrecuente, apareciendo en 1 de cada 7.000 a 16.000 gestaciones, y es más frecuente en gestaciones múltiples.
Síntomas:
- Náuseas y vómitos.
- Dolor epigástrico.
- Ictericia.
Diagnóstico:
- Aumento de las enzimas hepáticas, la bilirrubina, la urea y la creatinina.
- Hipoglucemia.
- Alteraciones en las pruebas de coagulación.
Tratamiento:
- Finalización de la gestación.
- Medidas de soporte en una UCI.
- Transplante hepático (en algunos casos).
Enfermedad Hepática en la Preeclampsia y Síndrome HELLP
Las lesiones hepáticas se pueden observar con frecuencia en la preeclampsia, especialmente en los casos que se acompañan de trombopenia. Estas lesiones incluyen el síndrome HELLP, el hematoma y el infarto hepático. La necrosis periportal es la anomalía más común.
Síntomas del Síndrome HELLP:
- Dolor en el epigastrio o en el hipocondrio derecho.
- Náuseas y vómitos.
- Ictericia.
- Hemorragia gastrointestinal.
Datos de laboratorio:
- Hemólisis microangiopática.
- Trombocitopenia.
- Elevación de las enzimas hepáticas.
Tratamiento:
- Control de la tensión arterial.
- Finalización del embarazo.
- Soporte en la UCI si es necesario.
Efectos del Embarazo en Enfermedades Hepáticas Agudas o Crónicas No Relacionadas
El embarazo puede influir en la evolución de enfermedades hepáticas preexistentes o agudas. A continuación, se describen algunas de las más relevantes:
Hepatitis Viral Aguda
Los virus hepatotropos más frecuentes son los tipos A, B y C.
Hepatitis A
En la hepatitis tipo A, la gestación no influye en la evolución de la enfermedad. El riesgo fetal sólo debe considerarse cuando la infección aparece en el tercer trimestre, por el riesgo de parto pretérmino. No existe un aumento del riesgo de malformaciones ni de transmisión materno-fetal y el manejo clínico no difiere del que se realiza fuera del embarazo. La lactancia no está contraindicada.
Hepatitis B
La hepatitis B afecta a 1-2 embarazos de cada 1.000 y 5-15 embarazos de 1.000 están afectados por hepatitis B crónica. El número de mujeres portadoras de la hepatitis B en países europeos varía entre el 0,05-20%, si bien esta prevalencia está disminuyendo desde la generalización de la vacuna contra la hepatitis B.
Es una enfermedad de transmisión perinatal y la transmisión puede acontecer durante el embarazo, el parto o el puerperio. El riesgo de transmisión vertical varía desde menos del 10% hasta el 65%, según el momento de la gestación y el estado serológico.
La determinación del antígeno de superficie del virus de la hepatitis B (HbsAg) se debe realizar durante la gestación, de acuerdo con el protocolo específico de control del embarazo.
Todo recién nacido hijo de madre portadora de HbsAg tendrá que recibir inmunización activa por vacunación contra la hepatitis B y una inmunización pasiva con inmunoglobulinas en las primeras horas de vida.
Hepatitis C
La hepatitis C presenta unas características epidemiológicas semejantes a las de la hepatitis B. En los países desarrollados, el virus de la hepatitis C es la causa del 20% de las hepatitis agudas. De ellas, un 90% evolucionará a hepatitis crónica, cuyas secuelas pueden ser muy graves (cirrosis, carcinoma hepático, etc.).
La tasa de transmisión vertical oscila entre un 4-12%. Una carga viral elevada y la infección contraída en el tercer trimestre aumentan la tasa de transmisión.
El riesgo asociado a la lactancia materna no se ha demostrado. No se desaconseja la lactancia materna, a excepción de mujeres con una hepatitis C aguda al final del embarazo.
Otras Causas No Hepáticas de Fosfatasa Alcalina Elevada
Además de las enfermedades hepáticas, existen otras condiciones que pueden elevar los niveles de fosfatasa alcalina durante el embarazo:
- Neoplasia hepática: Los hemangiomas son las neoplasias benignas más frecuentes del hígado.
- Colelitiasis: El aumento de las hormonas esteroideas durante la gestación, principalmente de progesterona, disminuye la movilidad de la vesícula biliar, facilitando la formación de cálculos intravesiculares.
- Enfermedades óseas: Algunas enfermedades óseas pueden causar aumento de los niveles de fosfatasa alcalina.
¿Qué Hacer Si Salen Alterados los Niveles de Fosfatasa Alcalina?
Si en un análisis rutinario nos solicitan FA y salen alterados los niveles se debe acudir al médico para que interprete si es una situación que precisa de más estudios o es una situación normal en relación con algún proceso determinado.
No hay un tratamiento para la fosfatasa alcalina alta o bien para disminuir el nivel de FA. En caso de alteración será un médico el que solicite estudios que considere oportuno para determinar la causa de esa y será ésta la que deba tratarse.
El consumo de alcohol, bebidas gasificadas y café influye significativamente en la fosfatasa alcalina elevándola, por lo que una dieta exenta de estos productos puede ayudar a disminuir los niveles. Hay alimentos que ayudan a reducir los niveles de FA alta como son los ricos en vitamina D (tomar un poco de sol al día es la mejor manera de conseguir vitamina D), los frutos secos, cereales, cacao, aguacate, legumbres, etc.
Conclusión
La fosfatasa alcalina alta durante el embarazo puede ser un indicador de diversas condiciones, desde adaptaciones fisiológicas normales hasta enfermedades hepáticas graves. Es fundamental que cualquier elevación de los niveles de FA sea evaluada por un médico para determinar la causa subyacente y establecer un plan de manejo adecuado. La detección temprana y el tratamiento oportuno pueden mejorar significativamente los resultados tanto para la madre como para el feto.
