Explicar la muerte a niños y adolescentes no es una tarea sencilla. La forma en que se ofrece esta información influye directamente en cómo comprenden lo ocurrido y en cómo afrontan su proceso de duelo. La idea de la muerte va cambiando con el paso de los años y los mensajes no tienen el mismo significado para un niño pequeño que para un adolescente.
Para hablar de la muerte a niños de entre 3 y 6 años es fundamental usar un lenguaje claro y directo. A esta edad, su pensamiento es muy imaginativo, por lo que las metáforas o las frases ambiguas pueden crearles confusión. Los niños necesitan respuestas sinceras y concretas que les ayuden a entender lo que ocurre.
Tal y como se menciona en el libro Hablemos de duelo, publicado por la FMLC (Fundación Mario Losantos del Campo) en colaboración con Parcesa, existen una serie de pautas que ayudan a acompañar a los niños en este proceso de forma adecuada.
Preparación y Comunicación
En este punto, es importante analizar las distintas variables en las que se va a producir la comunicación con el niño o niña, planificando muy bien, de antemano, cómo explicar la muerte a un niño. La persona que preferiblemente deberá comunicar la noticia será el padre/madre o la persona más significativa para el niño/a. Es importante que se lo comunique en un lugar tranquilo y seguro, en un espacio que el niño/a conozca perfectamente.
Respecto al cómo comunicarlo, resulta imprescindible tener en cuenta tanto lo que conviene hacer como lo que es importante evitar. En ocasiones incluso los adultos tenemos dudas importantes sobre cómo explicar la muerte a un niño.
Qué Hacer:
- Emplea palabras sencillas y sinceras. Utiliza la palabra muerte o la frase “ha muerto”.
- Explica qué significa morirse.
- Expresa tus propias emociones, no las inhibas. Las muertes de personas significativas son tristes y generan dolor. Comparte las emociones con tu niño/a y da pie a la expresión de sus emociones. Se dará cuenta de tu tristeza, pero también de que puedes recobrar el control y seguir adelante.
- Responde a sus preguntas. Pregúntale si tiene alguna duda. Esto es muy importante. Escúchale con atención y préstale toda la atención que necesita.
Qué Evitar:
- Evita el uso de metáforas o frases ambiguas que pueden confundir al niño/a como, por ejemplo: “se ha ido a otro mundo”, “nos ha dejado”, “ha emprendido un largo viaje” o “estaba enfermo y se ha quedado dormido para siempre”. Con este tipo de frases los niños se sienten confundidos, no conocen la verdad y no pueden elaborar el duelo.
- Sé cauteloso/a con las frases religiosas, si el niño/a en cuestión es muy pequeño/a.
- No culpes a nadie. Resulta imprescindible cerciorarse de que el niño/a no echa la culpa a nadie, ni a sí mismo/a. No es culpa de Dios, ni del fallecido. Déjale claro que la muerte de esa persona o mascota querida no ha sido por culpa suya, nada de lo que ha hecho, dicho o pensado le ha causado la muerte a ese ser vivo.
- No invalides sus emociones. Cuando te plantees cómo explicar la muerte a un niño, evita decirle frases como “no llores”, “no estés triste” o “no te preocupes”, en definitiva, no invalides la tristeza que siente.
- No utilices frases como “a él/ella (fallecido/a), no le gustaría verte así” o “si no lo superas pronto, no le vas a dejar descansar”.
- No des demasiada información. Hay que darle la información justa y precisa que pueda entender. Si les damos mucha, se agobiarán con detalles y preguntas que probablemente no sepamos responder.
Puedes pensar, por intuición, que sería mejor explicar la muerte a un niño con este tipo de analogías, pero esto está basado en el malestar que nos produce, por nuestra propia historia de aprendizaje, la palabra muerte como significado directo. Te animamos a reflexionar sobre ello y pensar que para un niño será la primera vez.
Es importante responder a esta cuestión. Puedes explicarle que la muerte forma parte de la vida, que todos los seres mueren a lo largo de su vida y es algo que no podemos controlar. También es importante que le comuniques la idea del no retorno, es decir, es imprescindible que entiendan que la persona o mascota que ha fallecido no va a volver.
Diálogos en confianza (Familia y cuidados) - Cómo hablar de la muerte con los niños (28/10/2025)
El Proceso de Duelo en Niños
No es cierto que “los niños no se dan cuenta de lo que sucede”. Los niños son perfectamente conscientes de lo que ocurre a su alrededor. No es cierto que “es mejor disimular y no mostrar nuestro dolor por la pérdida”. Como hemos comentado anteriormente, es importante ser sinceros con la pérdida que se ha producido, cuando se les excluye, estamos evitando que desarrollen las habilidades necesarias para enfrentarse a este tipo de situaciones que de forma natural se van a presentar en sus vidas. No es cierto que “los niños no tienen un proceso de duelo y no deben asistir bajo ninguna circunstancia a rituales funerarios para no traumatizarlos”. Los niños, al igual que los adultos, elaboran el duelo. Sin embargo, su forma de manifestarse es sustancialmente diferente.
Cuando hablamos de duelo, nos referimos a todo proceso psicológico que ocurre tras una pérdida. Por ejemplo, el duelo puede estar producido por la pérdida de la relación con un ser querido, por abandono, por fallecimiento, por divorcio, por ruptura sentimental… Pero también puede producirse un duelo por el cambio de residencia, de colegio, de trabajo, etc.
Reacciones Comunes en Niños de 3 a 6 Años
- Hay que tener en cuenta que los niños no entienden el concepto de irreversibilidad de la muerte, es decir, no entienden que es definitiva, sino que la viven como un viaje, algo temporal.
- El periodo entre los 3 y los 6 años se caracteriza porque las reglas de la realidad pasan muy desapercibidas.
- Lo primero que hay que recordar es que los niños de esa edad son bastante literales.
Errores Comunes al Explicar la Muerte
Como habéis visto, es fácil equivocarse con explicaciones que creemos que van a tranquilizar a los niños y, lejos de eso, les generan confusión, reinterpretación y miedo.
- “Está en un lugar mejor/Está en el cielo.” Lo que el niño entiende de esa frase es su significado literal: que el fallecido está en un lugar mejor. El menor interpretará cual es el lugar mejor, ya sea un sitio de vacaciones, un parque de atracciones… Del mismo modo, los niños de esa edad interpretan la expresión “Está en el cielo” como que la persona está en el cielo -concretamente en lo azul que está separado de la tierra por la línea del horizonte-, así que el niño preguntará cómo es el sitio en el que está, querrá detalles de cómo ha llegado, qué hay, qué se come, si hay colegio, televisión… También imaginará que, si va en avión o globo, podrá ver al fallecido que vive en el cielo.
- “Ha subido al cielo.” Esta expresión es muy común y, aunque se parece a las anteriores tiene algunos matices diferentes. Los niños creen literalmente que la persona fallecida ha subido al cielo.
- Hacer cualquier comentario que equipare la muerte a un viaje. Dejar que el niño piense que la persona fallecida está de viaje. Preguntarán cuándo va a volver y harán hincapié en temas relacionados con la vuelta y celebraciones (¿Va a venir a mi cumpleaños?).
- No ser claros en las respuestas/No decirle al niño toda la verdad. Cuando se produce una muerte, y en especial si es de forma súbita o inesperada, a menudo se piensa que, suavizando la información, el niño lo va a asimilar mejor, pero nos equivocamos. Mientras nosotros protegemos al niño de la información, normalmente su entorno la maneja y se lo comunica. Es frecuente que otros niños de la clase sepan lo que le ha pasado y lo verbalicen en el patio. (“Tu mamá se ha muerto… No, que está de viaje muy largo y va a tardar en volver”; “Tu mamá se ha muerto… No, que está en el cielo y aún no baja”).
- Bloquear las emociones para no asustar al niño/Ocultar nuestras muestras de debilidad. Es común pensar que los niños pequeños van a asustarse si nos ven llorar, o que aumentará su vulnerabilidad si nos ven preocupados o tristes. A menudo les lanzamos mensajes como: «Hay que ser fuertes”, “No ha pasado nada”, “Llorar es de débiles». Sin embargo, el efecto que tienen es el contrario al que pretendemos.
- Dar al niño mucha información. Hay que darle la información justa y precisa que pueda entender. Si les damos mucha, se agobiarán con detalles y preguntas que probablemente no sepamos responder.
- Decirle al niño que la persona fallecida le observa en todo momento y mezclarlo con sus sentimientos. Frases como: “Papá se habría sentido muy orgulloso de tus notas” o “No hagas eso, que entristece al abuelo». Cuando decimos esta clase de cosas, el niño no entiende que es imaginario. Cree de verdad que el fallecido lo ve y tiene sentimientos hacia él. Piensa que esa reacción es real y busca la manera de comprobarla.
El Duelo como Transformación: Un Ejemplo Inspirador
Un ejemplo inspirador lo vivieron Cecilia y su hija Lucía tras la muerte de Alberto, esposo y padre respectivamente. Mientras Lucía, de apenas tres años, construía su primer castillo de arena bajo la guía de su madre y de Merche -una amiga maestra de preescolar-, experimentaron un momento revelador. La niña dedicó tiempo, energía y creatividad a levantar un castillo con torres, túneles y un foso. Pero, como suele ocurrir en la vida, una gran ola llegó sin aviso y destruyó el castillo en segundos.
La reacción de Lucía fue de enfado, tristeza y frustración. Lloró desconsolada, jurando no volver a construir otro. “Parte de la alegría de construir un castillo de arena es que, al final, podemos darle un regalo al océano. Así funciona este juego: construimos, disfrutamos y luego compartimos. La idea de que la destrucción podía verse como un acto de generosidad transformó la perspectiva de Lucía. Este gesto simbólico ayudó a madre e hija a comprender que la pérdida también podía contener un significado.
El duelo no se supera olvidando, sino transformando. Cecilia entendió que, aunque nunca podría cambiar lo ocurrido, sí podía reconstruir su vida con los recuerdos de Alberto como base. Para los niños, esta metáfora resulta muy poderosa. La vida está en constante cambio. Los niños aprenden que es natural sentir tristeza, rabia o miedo, pero también descubren que es posible seguir adelante, crear nuevos vínculos y reconstruir el sentido de la vida.
Recomendaciones Adicionales
Es preferible centrarse en los hechos y en cómo afrontar la situación, mostrando las emociones con naturalidad. Por ejemplo, aclarando que lloramos porque estamos tristes o echamos de menos a la persona que ha fallecido. Para que comprendan que la muerte es definitiva, se les puede decir que todas las personas acabarán falleciendo, habitualmente cuando sean muy mayores, y que lo normal es que ellos crezcan y puedan vivir muchos años antes de que eso ocurra.
Es esencial también crear un espacio donde las emociones estén permitidas y mostrarles que los adultos también sienten tristeza.
En todos los casos, la clave es acompañar, escuchar y validar sus emociones. El duelo no se trata de olvidar, sino de integrar la pérdida en la historia personal. El castillo de arena destruido por las olas se convirtió en una metáfora de resiliencia.
Recomendamos apoyarse en la lectura de la novela corta Niño de nubes, de Francisco Tessainer (2024, Editorial de novela psicológica, Libros de Medianoche), para profundizar y reflexionar sobre el aprendizaje del duelo y el concepto de la muerte en la vida infantil, desde una perspectiva adulta.
