La lactancia materna es una etapa crucial en la vida de un bebé, y la leche materna es considerada el alimento ideal para su desarrollo. Uno de los componentes esenciales de la leche materna es la lactosa, un tipo de azúcar que desempeña un papel fundamental en el crecimiento y bienestar del bebé.
¿Qué es la Lactosa?
La lactosa es un carbohidrato natural presente en la leche de todos los mamíferos, incluida la humana. Es un disacárido, lo que significa que está compuesto por dos moléculas de azúcar simples: glucosa y galactosa. Cuando un bebé consume leche materna, la lactosa viaja a través del tracto digestivo hasta llegar al intestino delgado, donde es descompuesta por una enzima llamada lactasa. Esta enzima divide la lactosa en glucosa y galactosa, permitiendo que estas sean absorbidas por el organismo y utilizadas como fuente de energía y para otras funciones biológicas.
Importancia de la Lactosa en la Leche Materna
La lactosa es uno de los componentes más importantes de la leche materna, representando aproximadamente el 40% del contenido calórico total. Esta proporción de lactosa es esencial no solo porque proporciona una fuente significativa de energía, sino también porque cumple varias funciones clave en el desarrollo del bebé.
- La glucosa resultante de la descomposición de la lactosa es fundamental para el funcionamiento de los músculos y el cerebro.
- La galactosa es crucial para el desarrollo del sistema nervioso y del cerebro, siendo indispensable para un crecimiento neurológico óptimo.
- La lactosa facilita la absorción de minerales como el calcio, el magnesio y el fósforo, que son vitales para la formación de huesos y dientes fuertes.
- Promueve el crecimiento de bacterias beneficiosas en el intestino del bebé, lo cual es esencial para la salud digestiva y la protección contra infecciones.
La Enzima Lactasa y su Función en la Digestión
La lactasa es la enzima encargada de descomponer la lactosa en glucosa y galactosa. Esta enzima es producida en grandes cantidades durante los primeros meses de vida del bebé, coincidiendo con el período en el que la leche materna es la principal o única fuente de alimento. La alta actividad de la lactasa en esta etapa es crucial para asegurar que el bebé pueda digerir la leche materna de manera eficiente.
Con el tiempo, la producción de lactasa tiende a disminuir en muchas personas, lo que puede dar lugar a una condición conocida como intolerancia a la lactosa. Esta disminución en la producción de lactasa varía considerablemente entre diferentes poblaciones y es menos común en los lactantes, ya que sus cuerpos están biológicamente preparados para digerir la lactosa presente en la leche materna.
¿Qué es la intolerancia a la lactosa en un bebé?
Intolerancia a la Lactosa: Mitos y Realidades
La intolerancia a la lactosa ocurre cuando el cuerpo no produce suficiente lactasa para descomponer toda la lactosa ingerida, lo que puede provocar síntomas como gases, hinchazón, diarrea y dolor abdominal. Es importante destacar que la intolerancia a la lactosa es diferente de una alergia a la leche, que es una reacción del sistema inmunológico a las proteínas presentes en la leche.
En los bebés, la intolerancia a la lactosa es rara y generalmente temporal. Suele presentarse en casos donde el intestino ha sido dañado por infecciones o antibióticos, lo que reduce temporalmente la capacidad del cuerpo para producir lactasa. Esta condición, conocida como intolerancia secundaria a la lactosa, es reversible, y una vez que el intestino se recupera, el bebé suele ser capaz de digerir la leche materna normalmente.
La Lactosa en la Leche Materna y las Alergias
Una de las confusiones más comunes es la creencia de que un bebé puede ser alérgico a la lactosa. En realidad, la alergia a la lactosa no existe. La lactosa, siendo un azúcar, no puede desencadenar una reacción alérgica, ya que las alergias son respuestas inmunológicas a proteínas específicas.
En algunos casos, los bebés pueden ser alérgicos a proteínas específicas presentes en la leche materna, como las proteínas de la leche de vaca que la madre consume y que pasan a la leche materna. Sin embargo, esta condición es diferente de la intolerancia a la lactosa y requiere un enfoque diferente para su manejo.
Cuando un bebé tiene una reacción alérgica a un componente de la leche materna, el tratamiento más común es que la madre elimine ese alimento específico de su dieta. Esto es conocido como una dieta de exclusión, y puede ayudar a reducir o eliminar los síntomas alérgicos en el bebé, permitiéndole seguir beneficiándose de la lactancia materna sin riesgos.
Preguntas Frecuentes sobre el Consumo de Leche Materna en Bebés
¿Qué es la lactosa y por qué es importante en la leche materna?
La lactosa es un tipo de azúcar presente en la leche materna, compuesto por glucosa y galactosa. Representa el 40% de las calorías totales en la leche materna, lo que la convierte en una fuente de energía vital para el bebé. La glucosa proporciona energía necesaria para el funcionamiento diario, mientras que la galactosa es crucial para el desarrollo del sistema nervioso y cerebral. Además, la lactosa facilita la absorción de minerales esenciales como el calcio, lo que contribuye al crecimiento óseo saludable del bebé.
¿Cómo se digiere la lactosa en el cuerpo del bebé?
La digestión de la lactosa se lleva a cabo en el intestino delgado del bebé, donde una enzima llamada lactasa descompone la lactosa en glucosa y galactosa. Esta descomposición es esencial para que estos azúcares simples sean absorbidos y utilizados por el cuerpo. La producción de lactasa es alta en los primeros meses de vida, lo que permite a los bebés digerir eficientemente la leche materna. A medida que el bebé crece, la producción de lactasa puede disminuir, pero durante la lactancia es generalmente suficiente para asegurar una digestión adecuada.
¿Qué diferencia existe entre la intolerancia a la lactosa y la alergia a la leche?
La intolerancia a la lactosa ocurre cuando el cuerpo del bebé no produce suficiente lactasa, lo que provoca dificultades para digerir la lactosa. Esto puede causar síntomas como diarrea, gases y dolor abdominal. Es importante señalar que la intolerancia a la lactosa no es una reacción del sistema inmunológico.
Por otro lado, la alergia a la leche es una respuesta inmunológica a las proteínas de la leche, no a la lactosa. Las alergias pueden provocar síntomas graves como dificultad para respirar y erupciones cutáneas, y requieren un enfoque completamente diferente para su manejo.
¿Es necesario suspender la lactancia materna si el bebé muestra signos de intolerancia a la lactosa?
No, en la mayoría de los casos, no es necesario suspender la lactancia materna. La intolerancia a la lactosa en bebés es rara y, cuando ocurre, suele ser transitoria y relacionada con factores como infecciones gastrointestinales. La leche materna ofrece muchos otros beneficios, incluyendo bacterias beneficiosas que ayudan a la recuperación del intestino. Por lo tanto, continuar con la lactancia materna es generalmente lo mejor para el bebé, incluso en casos de intolerancia leve.
¿Qué condiciones médicas requieren evitar la lactosa en la alimentación del bebé?
Una de las pocas condiciones que requieren evitar la lactosa es la galactosemia, una enfermedad genética rara en la que el bebé no puede metabolizar la galactosa. Esta condición es grave y se diagnostica poco después del nacimiento. Los bebés con galactosemia no pueden consumir leche materna ni ningún producto que contenga lactosa, y deben ser alimentados con fórmulas especiales sin lactosa para evitar complicaciones serias de salud.
Intolerancia a la lactosa: ¿enfermedad o condición normal?
La lactosa es un tipo de azúcar que sólo se encuentra en la leche de los mamíferos. Sólo puede digerirse con una enzima especial, la lactasa, presente en el intestino de las crías de mamífero. Normalmente, los adultos no son capaces de digerirla, y su consumo les causa molestias. Se cree que es un truco de la naturaleza para proteger a los bebés. Si los adultos pudieran tomar leche, ¿qué impediría a un adulto pegarle un empujón a la cría y ponerse a mamar?
Hace unos miles de años, algunas poblaciones humanas, sobre todo de raza blanca (especialmente los nórdicos) y algunas tribus de raza negra tradicionalmente ganaderas, tuvieron una mutación que permite a los adultos seguir consumiendo leche toda la vida. Así pues, la intolerancia a la lactosa no es una enfermedad. Es lo normal. Nosotros, los adultos que toleramos la leche, somos los mutantes.
En Escandinavia, casi la totalidad de la población puede tolerar la lactosa. A medida que vamos hacia el sur, la intolerancia a la lactosa es cada vez más frecuente. En España, con nuestra mezcla de razas, desde visigodos hasta árabes, más del 15% de los adultos tienen intolerancia a la lactosa. Las poblaciones amerindias son casi totalmente intolerantes (en América no había ganado productor de leche), por lo que Latinoamérica puede haber un 60% o más de adultos con intolerancia en algunas zonas.
Este tipo de intolerancia primaria o del adulto se suele empezar a manifestar a partir de los tres años, y a veces no aparece hasta los doce (lo que da una pista de cuál sería la duración normal de la lactancia en nuestra especie). El grado de tolerancia es distinto para cada persona, y los síntomas dependen de la dosis y de otros factores.
Por ejemplo, el yogur no sólo tiene algo menos de lactosa que la leche (pues los lactobacilos la han digerido), sino que su consistencia pastosa hace que se desplace más lentamente por el intestino, dando más tiempo a las pocas enzimas que pueda haber para digerirlo.
Para ser tolerante a la lactosa hay que tener los genes adecuados… y consumir lactosa regularmente. Si deja de consumir durante una larga temporada, dejará de producir lactasa y la leche le sentará mal de verdad.
- La intolerancia secundaria a la lactosa es un problema autolimitado y leve. No tiene nada que ver con la alergia a la leche.
- No existe una cosa llamada “alergia a la lactosa”; es imposible tener alergia a la lactosa. La alergia a la leche es alergia a las proteínas de la leche. Es un problema inmunológico.
- La alergia (incluyendo la intolerancia a las proteínas) no depende de la cantidad ingerida. Con menos de una gota de leche se pueden provocar síntomas graves, como hemorragias intestinales, o incluso problemas respiratorios.
Cuando un niño tiene alergia a la leche, hay que tener sumo cuidado en evitar completamente cualquier ingesta de leche, incluyendo las pequeñas cantidades que pueda haber en pasteles, embutidos o alimentos cocinados. En cambio, la intolerancia a la lactosa depende de la cantidad ingerida. Las pequeñas cantidades de leche que pueda haber en una magdalena o en un embutido no harán daño a nadie.
Muchas personas con intolerancia podrán tomar incluso algo de yogur, queso o helado, o un chorrito de leche en el café, sin tener ninguna molestia, o sólo molestias muy leves. Hay que tomar una importante cantidad de leche para tener molestias serias, diarrea o dolor importante. Y en todo caso no son problemas graves.
Un niño con alergia que tome leche por error tal vez tenga que ir al hospital; un niño con intolerancia a la lactosa que toma leche por error sólo tendrá que ir al baño.
¿Cómo se diagnostica la intolerancia secundaria a la lactosa en un bebé?
Habitualmente no se hacen pruebas diagnósticas.
- Si está tomando pecho, continuar con el pecho normalmente, sin ninguna interrupción, a demanda, cuanto más mejor.
- Si la diarrea es “de verdad” (deposiciones frecuentes y abundantes), dar además una solución de rehidratación oral. Si la diarrea es muy grave, con fiebre o malestar general, acudir al médico, pero hay que irle dando la rehidratación oral por el camino. No importa que vomite: nunca vomitará todo lo que toma, siempre quedará algo dentro.
- Si está tomando lactancia artificial, seguir dándole la misma leche, preparada de la misma manera (sin diluir, sin agua de arroz).
- Si está comiendo ya sólidos, seguir ofreciéndole la comida habitual, sobre todo la que más le guste (los niños enfermos pierden el apetito). No hay que hacer una dieta especial (en España, la dieta “astringente” que se solía dar a los niños con diarrea era hipocalórica, pobre en grasas, y de mal sabor; la falta de nutrición alargaba la diarrea y podía causar complicaciones). No importa si el niño tiene intolerancia a la lactosa o no: raramente la intolerancia es total, se solucionará sola en unos días, se solucionará antes si el niño sigue tomando lactosa.
Solamente en casos graves, bebés de pocas semanas con diarrea muy grave o que ya estuvieran previamente desnutridos, o que no mejoran tras un par de semanas, puede ser necesario, si tomaban el biberón, cambiar la leche habitual por una leche sin lactosa.
Tras una o dos semanas se reintroduce poco a poco la leche habitual, mezclándola con la leche sin lactosa y aumentando la proporción en unos días. La lactancia materna NO se ha de suprimir.
A veces, cuando un niño no mama bien (por una mala posición, o porque tiene frenillo lingual, o por una combinación de ambas cosas), puede tomar un exceso de lactosa. Al no mamar bien, no consigue extraer la leche del final, rica en grasas, sino que toma grandes cantidades de leche del principio.
Toma un exceso relativo de lactosa, no consigue digerirla toda, y puede tener algunos signos de intolerancia: gases, cacas líquidas y verdosas, distensión abdominal, llanto… Normalmente habrá también otros problemas más importantes, como escaso aumento de peso y dolor en los pezones.
Cuando sólo existen esas molestias digestivas, pero el bebé engorda bien y a la madre no le duele nada… bueno, pues tampoco es tanto problema. Desde luego, no es motivo para suprimir la lactancia materna. A veces es posible mejorar la posición del bebé al pecho.
En niños mayores con síntomas de intolerancia a la lactosa, como diarrea crónica o dolor abdominal, sí que se hacen pruebas diagnósticas, como la medición de hidrógeno en aire espirado.
Porque aquí no estaríamos hablando ya de una intolerancia transitoria, en que no necesitamos un diagnóstico exacto porque de todos modos se va a curar en un par de semanas; sino de una intolerancia primaria, de tipo adulto, que a veces empieza hacia los tres años.
Diez consejos para afrontar la intolerancia a la lactosa
- Evita el autodiagnóstico y no dejes de consumir lácteos sin consultarlo con tu médico. Ante la sospecha de intolerancia, consulta a tu médico para que descarte otros problemas digestivos y te ayude a tomar las medidas adecuadas a tu caso.
- Conoce qué alimentos incorporan lactosa. Además de en la leche, este azúcar también está presente en algunos productos industriales elaborados. En consecuencia, se puede encontrar lactosa en alimentos tan dispares como salchichas, patés, margarinas, helados, salsas, algunos fiambres y embutidos, cereales enriquecidos, sopas instantáneas y comidas preparadas.
- Aprende a leer las etiquetas de los envasados. Nos servirán de guía para comprobar si un alimento lleva o no lactosa, ya que la legislación vigente obliga a los fabricantes a incluir en ellas de forma clara la información sobre alérgenos. En concreto, deben tomarse precauciones con los que contengan azúcares y grasas de la leche, lactitol (E966), cuajo, suero lácteo o en polvo. Advertencias como “puede contener trazas de leche” también deben tenerse en cuenta.
- Los lácteos sin lactosa, tus grandes aliados. Un amplio número de marcas de leche comercializan gamas de productos sin lactosa que pueden hacer más llevadera la necesidad de excluir parcial o completamente los lácteos de tu dieta.
- Complementa tu dieta con otros alimentos ricos en calcio, vitamina D, riboflavina y proteínas. La falta de leche en la dieta puede producir falta de calcio, vitamina D, riboflavina y proteínas, por lo que puede acompañarse de malnutrición, osteoporosis y pérdida de peso. Por eso, es recomendable ingerir otras fuentes de esos nutrientes: verduras como las espinacas, la acelga o el brócoli; legumbres como las judías blancas, las lentejas y los garbanzos; la yema de huevo; pescados como la sardina, el salmón y el lenguado; las gambas y todos los frutos secos -excepto la castaña-.
- Experimenta en la cocina. Existe toda una variedad de recetas libres de lactosa que podemos preparar nosotros mismos en casa. También podemos acudir a restaurantes que ofrecen menús libres de lactosa.
- Consulta a tu farmacéutico sobre complementos nutricionales de lactasa o probióticos. El farmacéutico puede asesorarte acerca de soluciones nutricionales con lactasa en comprimidos para facilitar la digestión de las personas intolerantes a la lactosa. Su uso permite, en algunos casos, una ingesta de productos con lactosa prácticamente sin restricción. Si nuestro médico o farmacéutico nos los recomiendan, podemos recurrir a estos suplementos en situaciones en las que probablemente se van a ingerir alimentos con lactosa como comidas fuera de casa, celebraciones, etc. También puedes complementar su toma con distintos probióticos, que pueden aliviar algunos síntomas, como la flatulencia y el dolor abdominal.
- Presta atención a los medicamentos. Alrededor del 20% de los medicamentos con receta y gran parte de los fármacos de venta libre contienen lactosa como excipiente, por lo que también deberás tener en cuenta su composición cuando los necesites.
Alergia a las proteínas de la leche de vaca
La alergia a las proteínas de la leche es una enfermedad caracterizada por una respuesta exagerada del sistema inmunitario (defensas) a las proteínas de la leche, principalmente a la betalactoglobulina y caseína, la primera no se encuentra en la leche materna. Estas proteínas son reconocidas como extrañas en el organismo y se inicia la producción de anticuerpos, entre ellos la Inmunoglobulina E y se segregan sustancias químicas como la histamina causantes de los síntomas. Su causa es genética.
Suele aparecer desde el nacimiento por el paso de las proteínas de la leche de vaca ingeridas por la madre a través de la lactancia materna o al sustituir la lactancia materna por una fórmula artificial. Los niños pierden la alergia a lo largo de los tres primeros años de vida en el 85% de los casos, en los adultos es muy excepcional. Es una de las alergias más frecuentes en la infancia. La intolerancia a la lactosa afecta tanto a niños como adultos
¿Qué síntomas produce?
Los síntomas más frecuentes son los cutáneos (prurito, rash, eritema peri bucal, urticaria, edema de labios y párpados), seguidos de digestivos (picor en lengua, garganta y paladar, diarrea, sangrado en las heces, cólico abdominal, náuseas, vómitos, regurgitación, rechazo al alimento), respiratorios (rinoconjuntivitis, asma, pitidos al respirar) y los casos más graves e infrecuentes anafilaxia (schok). Estos síntomas aparecen en menos de 60 minutos de la toma o de entrar en contacto con la leche. La intolerancia a la lactosa desencadena síntomas principalmente digestivos, no afecta a tantos órganos del cuerpo como la alergia a la proteína de la leche de vaca.
¿Cómo se diagnóstica?
Los métodos diagnósticos son las pruebas cutáneas como el prick test, niveles de inmunoglubulinas E (anticuerpo) en la sangre contra las proteínas de la leche y prueba de exposición o provocación con leche, administrando pequeñas dosis de la misma, siempre monitorizado por un personal sanitario.
¿Qué tratamiento puede utilizarse?
El tratamiento es la suspensión estricta de la leche de vaca de la dieta y de sustitución por fórmulas especiales como: fórmulas extensamente hidrolizada sin lactosa (proteínas partidas y con menos potencial de alergia), fórmulas a base de soja para mayores de 6 meses.
Se debe realizar seguimiento por alergología para determinar si aumenta la tolerancia a las proteínas mediante ingesta de pequeñas cantidades de leche y según mejoría de los síntomas reintroducir progresivamente la leche de vaca a la dieta.
Diferencias entre intolerancia a la lactosa y alergia a las proteínas de la leche de vaca
La intolerancia a la lactosa y la alergia a las proteínas leche son dos trastornos distintos pero a menudo tienden a confundirse. La alergia a las proteínas de la leche es una enfermedad caracterizada por una respuesta exagerada del sistema inmunitario (defensas) a las proteínas de la leche, principalmente a la betalactoglobulina y caseína, la primera no se encuentra en la leche materna. Mientras que la intolerancia a la lactosa aparece cuando no se puede digerir adecuadamente la lactosa por déficit de lactasa.
Es importante destacar que ni la intolerancia a la lactosa ni la alergia a las proteínas de la leche de vaca predisponen a enfermedades malignas.
| Intolerancia a la Lactosa | Alergia a las Proteínas de la Leche de Vaca | |
|---|---|---|
| Intolerancia/Alergia | Lactosa (azúcar de la leche) | Proteínas de la leche |
| Población afectada | Principalmente en adultos | Primeros 3 años de vida. Excepcional en adultos |
| Causas | 1.- Genéticas 2.- Secundarias (infecciones, quimioterapia, cirugías, antibióticos, enfermedad celíaca o enfermedad inflamatoria intestinal). Reversible | Genética (mayor transmisión si existen antecedentes de alergia en la familia) |
| Trastorno | Aparato digestivo: déficit de lactasa (enzima digestiva) | Sistema inmunológico: respuesta aumentada contra las proteínas de la leche |
| Síntomas | Dolor abdominal, gases, retortijones, enrojecimiento perianal, hinchazón, acidez, diarrea, defecación explosiva, náuseas. | Cutáneos: rash, urticaria, eritema labios y párpados Digestivos: picor lengua, pladar y garganta, diarrea, sangrado en las heces, cólico abdominal, rechazo al alimento Respiratorios: rinoconjuntivis, asma, sibilancias Anafilaxia |
| Método diagnóstico | Test de hidrógeno espirado Test sanguíneo, genético y/o biopsia intestinal Test de Gaxilosa | Prick test Inmunoglubulina E en sangre Prueba de exposición o provocación con leche |
| Tratamiento | Supresión de alimentos con lactosa Causas secundarias: tratar enfermedad de base que lo condiciona | Supresión de los lácteos Sustituir la leche por fórmulas especiales: fórmulas extensamente hidrolizadas sin lactosa (proteínas partidas), fórmulas a base de soja. |
| Recomendaciones dietéticas y medidas generales | Ingerir alimentos ricos en calcio como sardinas, salmón gambas, espinacas, tofu, judías, brócoli. | |
