Para entender a José Mercé, primero hay que entender Jerez de la Frontera. Y no cualquier parte de Jerez, sino el barrio de Santiago, la meca del cante gitano, un lugar donde el compás es el pulso de la calle.
Allí, en el seno de una de las dinastías más importantes del flamenco -los Sordera-, nació José Soto Soto (José Mercé), en 1955.
Bisnieto de Paco Luz y sobrino de Manuel Soto "Sordera", patriarca del flamenco jerezano. Tras cantar de niño en la Escolanía de la Basílica de La Merced de su ciudad (de ahí le viene el nombre artístico), sus primeros pasos artísticos los dio en los Jueves Flamencos de Jerez y en el tablao gaditano La Cueva del Pájaro Azul.
Su nombre artístico le viene de cuando, de pequeño, cantó en la escolanía de la basílica de la Merced de Jerez, de donde Antonio Gallardo, compositor, poeta y fotógrafo reconocido, le da su nombre artístico. Desde ese momento, aquel joven con enigmáticos ojos azules empieza a ser conocido como José Mercé.
José Mercé en sus inicios.
Inicios y Trayectoria Profesional
Con doce años debutó en su tierra natal, actuando en los festivales Jueves Flamencos, organizados por el guitarrista Manuel Morao.
En 1970 es contratado para el tablao La Cueva del Pájaro Azul, de Cádiz, junto a Rancapino, Juanito Villar y Pepa de Utrera.
A los 13 años llegó a Madrid (“Cobraba 500 pesetas al día cantando en Torres Bermejas”, dice) para grabar su primer disco producido por Manuel Ríos Ruiz.
Al año siguiente se traslada a Madrid y realiza sus primeras grabaciones, ilustra una conferencia de Domingo Manfredi, en el Ateneo de Madrid, y entra a formar parte del Tablao Torres Bermejas, para pasar seguidamente a cantarle al Trío Madrid, formado por Mario Maya, El Güito y Carmen Mora, en sus actuaciones por diversos teatros de Madrid y provincia.
Desde 1973 a 1983, pertenece a la compañía de Antonio Gades, con quien hace la película Bodas de Sangre y recorre, en varias ocasiones los escenarios de Europa y América.
José Mercé con Antonio Gades.
Tras algunas actuaciones con el Ballet Nacional, empiezan sus recitales en centros culturales, peñas flamencas y festivales, participando en los Cursos Internacionales de Arte Flamenco de la Cátedra de Flamencología y Estudios Folclóricos Andaluces, entidad que le otorga la Copa Jerez.
En 1985 realiza una excelente campaña en los festivales andaluces y en 1986 obtiene en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba los premios La Serneta y Niña de los Peines, lo que supone su consagración y su presencia en los principales acontecimientos flamencos, entre ellos, su selección para el II Concurso El Giraldillo del Cante, de la IV Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla, clasificándose en segundo lugar.
Desde 1986 es figura del tabalo Café de Chinitas.
Manuel Ríos Ruiz asegura que «estamos, por una parte, ante un artista que desde sus inicios vislumbraba su destino, y que pese a su juventud ha tenido ya una proyección brillante a la vez que difícil, a través de la cual fue forjándose profesionalmente para cuajar en un interprete con amplio y profundo conocimiento de su arte».
Éxito y Reconocimiento
José Mercé debutó 1968 con el álbum Cultura jonda Bandera de Andalucía. Años más tarde llegaron trabajos importantes como Verde junco (1983) junto a Tomatito y Enrique de Melchor, Caminos reales del cante (1987), Hondas raíces (1991) y Desnudando el alma (1994).
En 1998 comenzó su salto a la popularidad con el álbum Del amanecer, producido por el guitarrista Vicente Amigo, alcanzando un éxito sin precedentes en el flamenco que continuó con Aire (2000) que alcanzó el Doble Platino y Lío (2002), que el propio Mercé define como “un disco hecho con el corazón”.
Más tarde llegaron Confí de fuá (2004), Lo que no se da (2006), un Grandes éxitos (2007) , Ruido (2010), Mi única llave (2012) y Doy la cara (2016), y De Verdad (2018) junto a Tomatito.
jose merce en el teatro real de madrid
En el año 2000 recibió el Premio Ondas a la Obra flamenca más notoria y en febrero de 2010, Mercé recibió la Medalla de Andalucía, distinción honorífica que reconoce los méritos del cantaor, el Taranto de Oro o el Compás del Cante otorgado por la Fundación Cruzcampo (2016) a los máximos exponentes del flamenco.
En 2020 recibe el «Premio Odeón» como mejor artista de flamenco.
Ya ha recibido el disco de diamante por haber vendido más de 1.000.000 discos durante su carrera, y es que el cantaor jerezano es un artista que ha sabido transmitir como pocos que el flamenco es para todos, llevándolo a la máxima popularidad sin perder esencia ni profundidad.
Durante años fue una figura de culto para los aficionados, pero en 1998, todo cambió. De la mano del guitarrista Vicente Amigo, grabó el disco «Del Amanecer». Fue una explosión.
José Mercé en concierto.
Mercé tomó la esencia del cante más puro y la vistió con arreglos contemporáneos, creando un sonido que, sin perder un gramo de autenticidad, conectó con el gran público de una forma arrolladora.
A partir de ahí, se convirtió en un fenómeno. Su voz llevó el flamenco a las radiofórmulas, a los estadios y a los hogares de toda España. Se atrevió a versionar a Manu Chao («Clandestino»), a Luis Eduardo Aute («Al Alba») o a Pablo Milanés, demostrando que un quejío de verdad puede habitar cualquier canción.
Rompió las barreras entre el flamenco y el pop, convirtiéndose en el cantaor más popular y querido del país sin renunciar jamás a su raíz.
Su figura trasciende el arte para convertirse en parte del imaginario colectivo de un país. Es la voz inconfundible que suena en las celebraciones y que acompaña en las penas.
El Oripandó
“El Oripandó” de José Mercé es el resultado de un largo e intenso trabajo de conceptualización, composición y producción junto a Antonio Orozco.
El músico barcelonés ha destilado en él dos años y medio de conversaciones y confidencias con el cantaor gaditano y su familia. Es una obra de marcado carácter biográfico que traslada ese diálogo íntimo a quien escucha.
La vida misma, con lo bueno y con lo malo, encapsulada en ocho temas de inequívoco sustrato flamenco que desbordan marcos formales, genéricos y sónicos.
En “El Oripandó” hay atrevimiento, pero también mucha jondura, mano con el rap, patrones electrónicos aproximándose al rock y quejidos existenciales envueltos en orquesta sinfónica.
Todo cabe en esta obra audaz y emotiva, tachonado de colaboraciones rutilantes. Guitarra eléctrica, piano y teclados, que junto a coristas versátiles, interpretarán el trabajo de principio a fin; y todo ello aderezado con proyecciones que ayudarán a que el espectador se sumerja en esta historia cautivadora.
“Oripandó” es otra demostración de actitud por parte de José Mercé. Un músico inquieto que, en lugar de aferrarse a su indiscutible cátedra, prefiere seguir aprendiendo.
Vida Personal
José Mercé puede presumir de tener una exitosa carrera dentro del flamenco, pero de igual forma puede sentirse orgulloso de la familia que ha logrado construir junto a su mujer, Mercedes García.
En 1968 decidió mudarse a Madrid con tan solo 13 años, y en la capital cambiaría su vida para siempre. No solo en el terreno musical, puesto que en ese momento conoce a la que sería su gran amor, Mercedes García.
Mercedes tenía por aquel entonces 19 años y, sin embargo, pese a la diferencia de edad, esto no impidió que José se enamorara perdidamente de ella. “Allí estaba yo con lo mío, viendo el Real Madrid en una televisión, y llegó mi mujer con su sobrina en brazos. A partir de allí ya empezamos, hasta el día de hoy”, contaba el artista en una entrevista en TVE.
José siempre ha tenido bonitas palabras a la hora de hablar de la mujer de su vida y de lo que esta ha supuesto a lo largo de todos estos años. No solo en su vida personal, sino que Mercé la considera igual de importante en la faceta profesional, ya que, tal y como ha manifestado en más de una ocasión, Mercedes "es un faro que me guía e ilumina siempre".
Se ha mantenido muy discreta en un segundo plano y ha participado en la obra de su marido como palmera. Tanto la admira que, a pesar de llevar juntos desde que el artista tenía 13 años, a día de hoy sigue igual de enamorado de ella. "Es muy buena compañera, muy buena persona, me ha aguantado mucho", dijo de Mercedes en el programa presentado por Dani Rovira, 'La hora D'.
José Mercé y su esposa, Mercedes García.
Juntos han pasado por momentos muy bonitos y de gran éxito en todas sus facetas, pero también por momentos en los que la vida les puso a prueba como pareja y como padres.
Fruto del matrimonio de Mercedes y José, nacieron tres hijos: Curro, Desirée y O'Hara. Sin embargo, uno de los episodios más difíciles en la vida de la familia fue el hacer frente y superar la dolorosa pérdida de su hijo Curro, cuando tenía 14 años.
Curro había nacido con una dolencia cardiovascular congénita y fue precisamente esta enfermedad la que terminó con su vida. Un terrible episodio en el que la familia se mantuvo más unida que nunca para poder superar el duelo por su pérdida.
De hecho, Curro siempre está muy presente en la vida de sus padres y hermanos, ya que, como tributo, uno de sus sobrinos ha tomado su nombre y su padre le dedicó una preciosa canción titulada 'Jamás desaparece lo que nunca parte'.
Antonio Orozco, que sabe lo que es sufrir la pérdida de dos mujeres a causa del cáncer, fue el encargado de llevar a cabo este tema junto a Mercé, publicado en el disco del de Jerez 'El Oripandó'.
Con estas palabras, Orozco publicaba la canción dedicada al hijo de José, pero en parte también a la pérdida de esas dos personas tan importantes para el artista y coach de 'La Voz'. "Una vez más, cambiando el orden establecido nos deja la historia de amor más hermosa que existe, porque jamás desaparece lo que jamás se olvida", decía Antonio Orozco en Instagram.
Sus dos hijas, Desirée y O'Hara, forman parte de la vida del matrimonio y están muy unidas a sus padres. El matrimonio vive en su casa de Madrid con la mayor parte de su familia, su hija Desirée y sus nietos mellizos, Curro y Adonaya.
Por su parte, la pequeña de la familia, O'Hara, es profesora de la Universidad Francisco Vitoria, pero comparte el mismo gusto por el flamenco que sus padres. De hecho, ha participado en la grabación del tema 'Toda una vida'. Una canción en la que, a pesar de ser muy tímida, se arrancó para acompañar a su padre al micrófono.
En resumen, José Mercé es un monumento al flamenco, un artista que ha sabido llevar su arte a lo más alto sin perder sus raíces. Su voz, su carisma y su trayectoria lo convierten en una figura imprescindible de la cultura española.
