El libro "El vacío de la maternidad" de Victoria Sau, financiado por el Instituto de la Mujer y publicado en 1995, ofrece una reflexión sobre la figura de la madre en el contexto del patriarcado. A lo largo de su obra, Sau argumenta que la Madre ha sido absorbida por el Padre, quien actúa como una "madre-función" dentro de este sistema.
Maternidad de Joaquín Sorolla, reflejo de la idealización de la figura materna.
Uno de los puntos clave del análisis de Sau es la constatación de que todo ser humano es hijo o hija, independientemente de si se convierte en madre o padre. Por lo tanto, la maternidad y todo lo que la rodea nos afectan profundamente a todos.
La Reconciliación con la Madre Patriarcal
En el capítulo final, titulado "Reconciliación", Sau insta a las hijas a perdonar y comprender a las madres de generaciones pasadas, quienes sufrieron bajo el patriarcado y no pudieron actuar de otra manera. Según Sau, "Poder amar a la madre es tener libertad para poder amar a todas las mujeres". Es importante tener en cuenta que Sau se refiere específicamente a las madres de su generación, aquellas dedicadas por completo a las tareas domésticas y económicamente dependientes de sus maridos.
Contradicciones en el Discurso de Sau
El discurso de Sau presenta ciertas contradicciones. Si se busca liberar a la Madre, ¿no debería también perdonarse y liberarse al Padre? ¿Acaso él no es también víctima de una "madre función del Padre" y de otro Padre? ¿Por qué aplicar una doble vara de medir?
Por otro lado, si se responsabiliza al Padre, también debería hacerse lo propio con la Madre y dejar de considerarla una víctima sin más. La emancipación es una tarea individual que requiere un trabajo propio, y la hija feminista no puede liberar a su madre. Al intentar replicar el modelo de éxito social masculino, la hija feminista no liberó a la abuela, sino que "encarceló" a sus propios hijos, quienes siguieron sin Madre.
Infografía sobre el proceso y los cambios asociados a la maternidad.
La Agresividad Intragrupo y la Falta de Amor
Sau cita un refrán catalán: "Qui té amigues té fatigues" (Quien tiene amigas tiene fatigas), un ejemplo de cómo se educa a las jóvenes en la desconfianza hacia su propio sexo. Según F. Collin (1977), "la resurrección de la mujer es la derrota de la pmère". Liberar a la mujer implica liberar a la madre, el mayor acto de amor posible. La liberación de la mujer indica que la madre-función-del-Padre no ganó la partida, y quien ganó en parte fue la huérfana que había en ella, la mujer sin más.
Pg 111: “En todo grupo oprimido, cuando no se le ve salida a la opresión, la agresividad intragrupo aumenta porque la mayoría se identifican con el opresor y buscan en cambio en sus iguales los defectos que aquel les atribuye. Un grupo oprimido, si no ve escapatoria a su situación, cae en estado de indefensión y ve reducida su capacidad de razonamiento. Culpar a la persona más inmediata y acusarla además de presentar los rasgos que el opresor ha previamente atribuido y más tarde reforzado en los oprimidos, hasta moldearlos como él quiere, es poco inteligente y es carencia de amor. Es quedarse en la pura inmediatez de las cosas. Porque inteligencia y amor se refuerzan mutuamente y no al contrario, como quiere engañosamente hacer creer el discurso patriarcal. Son la agresividad y el odio las que bloquean las facultades intelectuales.
La Maternidad y el Psicoanálisis
La relación entre el feminismo y el psicoanálisis ha sido históricamente polémica. Sin embargo, existe la posibilidad de un encuentro entre ambos campos, especialmente en lo que respecta a la emancipación. El feminismo pone lo subjetivo en el centro de la arena pública, lo personal es político porque la política está atravesada por los asuntos del deseo, el amor y la sexualidad. Si pensar es poner los hilos en relación, se trata de desentrañar el enredo para ir trenzando un cierto recorrido.
El psicoanálisis lacaniano plantea que ni el cuerpo ni la sexuación son datos naturales o construidos socialmente. La diferencia sexual existe, pero ser mujer o ser hombre no constituyen realidades ontológicas, sino que pertenecen al imaginario social y cultural. Que exista la diferencia sexual no significa que sepamos de ella, ser mujer o ser hombre no constituyen realidades ontológicas, lo femenino y masculino pertenecen al imaginario social y cultural.
Actualmente la función paterna se ha transformado, deslizado e incluso evaporizado según propone el psicoanálisis lacaniano. Des de que Victoria Sau escribió El vacío de la maternidad han pasado 30 años. ¿Sería entonces un tiempo donde como consecuencia la función materna también se ha visto enormemente afectada? Ahora el término parentalidad sustituye al de madre o padre. “Nos hemos embarazado” es el enunciado que borra todas las diferencias incluso desmiente al cuerpo. ¿Será que ante la impotencia del Padre hoy todo el mundo quiere ser Madre? ¿Sigue siendo hoy la maternidad una elección forzada?
La Maternidad como Construcción Social: Esther Vivas
Esther Vivas, periodista, socióloga y escritora catalana, aborda la maternidad desde una perspectiva feminista y ecologista. Vivas plantea que la maternidad se ha convertido en un destino ineludible para las mujeres, quienes desaparecen tras la figura de la madre en una sociedad que identifica feminidad con maternidad, siguiendo los dictados de una sociedad patriarcal.
En su libro "Mamá desobediente", Vivas realiza un recorrido histórico por la evolución de la figura, concepto y experiencia de la maternidad. Desde la antigua Roma, donde la mujer era un mero recipiente para el bebé, hasta la veneración de María en el cristianismo, Vivas analiza cómo la maternidad se ha construido socialmente.
Interesante reflexión hace Vivas sobre la figura de las comadronas. Los partos en la historia siempre fueron atendidos por comadronas; sin embargo, con la caza de brujas en el siglo XV, éstas comenzaron a ser acusadas de magia y brujería, cuando en realidad lo que hacían eran actos médicos para atender partos, realizar abortos, suministrar anticonceptivos. Lo que se perseguía, pues, era el saber de las mujeres sanadoras. Nos dice Vivas que la caza de brujas permitió acabar con la autonomía sexual y reproductiva femenina y con la sororidad/solidaridad de género que se creaba entre madres y comadronas, caza de brujas que, además, allanó el camino a la profesión médica para una condición natural - no una enfermedad, cual es la maternidad-, que se erigió sobre la destrucción de las redes de apoyo con las que contaban las mujeres. Y a hoy sigue sucediendo: las comadronas han sido desplazadas por ginecobstetras -usualmente hombres- y la atención del parto desplazada del hogar al hospital, en contraindicación inclusive de indicaciones de la OMS en relación con partos de bajo riesgo, perdiéndose una de las formas más antiguas de solidaridad femenina y patologizando una condición natural.
A finales del siglo XVIII va desapareciendo la lactancia mercenaria y la maternidad se convirtió en el eje central de la identidad femenina, con base en argumentos religiosos y naturalistas que buscaban convencer a las mujeres para que dieran prioridad a la crianza frente a otros aspectos de su vida, pues tenían una función social primordial, sujeta al control masculino: no alumbrar criaturas sino ciudadanos y patriotas. Así fue el proceso de ‘maternalización de la mujer’: la condición de madre pasó a ser la única identidad posible, exclusiva y excluyente, relegándola a la esfera privada apartándola del ámbito público.
Nos recuerda que, desde finales del siglo XIX, nació lo que se ha denominado una ‘maternidad científica’ según la cual la buena madre era aquella que seguía al pie de la letra los consejos de los especialistas. Y nos recuerda que la segunda ola del feminismo, en los años sesenta y setenta, al calor de los movimientos sociales y políticos de la época, debió rebelarse contra la glorificación de la maternidad y la consagración de un modelo de familia nuclear, en el marco de una sociedad con una moral sexual conservadora, fruto de la postguerra. Sin embargo, esa segunda ola asumió una ideología antireproductiva, de la mano de De Beauvoir, en donde señalaba a la mujer como prisionera de un cuerpo que menstrúa, procrea, se embaraza y pare; un cuerpo que, en definitiva, la condiciona, a diferencia del hombre.
La reflexión que hace Vivas de la violencia obstétrica, como violencia consentida y oculta de género, amerita una columna aparte - que no duden que escribiré-. ¿De dónde el título del libro? Lo dice la autora: “Para mí, una mamá feminista es una mamá desobediente, insumisa, rebelde, una mamá que no es objeto pasivo, sino sujeto activo, que se rebela tanto contra la maternidad patriarcal como contra la maternidad neoliberal, pero no renuncia a vivir la experiencia materna. Y grandes problemas, merecen grandes soluciones (y Vivas plantea varias, a continuación).
En palabras de la autora “La economía capitalista funciona como un iceberg, donde solo vemos la punta del témpano de hielo, una pequeña parte, la de la economía productiva, el trabajo asalariado. Sin embargo, la mayor parte del bloque, si seguimos con la imagen, permanece escondida bajo el agua.
En fin, como Esther -y espero estar interpretándola adecuadamente-, pienso que no basta con que cambie la lectura de la maternidad en clave feminista. Lo que definitivamente deben cambiar son las estructuras sociales, culturales y políticas.
El estudio de las violencias ejercidas por las mujeres es tarea pendiente si queremos entender los ciclos de abusos. Quizás incluso nos dé respuestas para luchar contra la violencia que algunos hombres ejercen contra algunas mujeres.
De este libro de Victoria Sau, financiado con “ayuda del Instituto de la Mujer”, siempre me sorprendió e indignó esta clasificación tan “rigurosa” (¿basada en…?), especialmente la de “el hijo que venera a su madre” en la que podemos encontrar, según ella, “algunos sacerdotes, algunos homosexuales, algunos solterones, y un buen número de hombres sin especial calificación”… En el mundo hay tres tipos de hombres: los que aborrecen a la madre, los que la veneran y los ambiguos… Y en este último grupo mete Sau a Freud y su complejo de Edipo, que es una invención de este último y que no tiene en cuenta que fue amamantado dos años por su nodriza, Resi Wittek. No lo tuvo en cuenta Freud y tampoco le interesó a Sau.
Un enredo es un nudo o maraña que resulta de trabarse entre sí desordenadamente los hilos u otras cosas flexibles. Este seminario se articula alrededor de dos hebras u hilos entrelazados-enredados entre sí. Dichos enredos tocan también algo del devaneo histórico entre práctica y pensamiento feminista.
A partir de la historia de lucha del colectivo LGTBIQ+ en Catalunya, se piensa la presión política para incluir estos delitos como crímenes de odio que reconozcan el peligro social que hay en ser leído como disidencia. Pensar la política desde la lógica y la razón, poniendo lo consciente y la voluntad en el centro del argumentario nos presenta un sujeto contrariado por sus obligaciones y condiciones materiales.
¿Por qué es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo? Problematizar el concepto del consentimiento que se presenta hoy día jurídica y socialmente como la solución a la violencia sexual es necesario si consideramos que los sujetos no actuamos por pura voluntad. La sospecha que despierta al presentarse este término como transparente y evidente es suficiente para abrir interrogantes y abordar el debate de fondo que subyace. ¿Qué consecuencias políticas tiene la sustitución del “no es no” por el “solo sí es si”? ¿desde qué postulados feministas se enuncia y qué efectos puede tener?
Entre las posturas de la posible elección libre del sexo y las que afirman que se nace con uno determinado, el psicoanálisis lacaniano plantea que ni la una ni la otra, más bien se trata de una elección forzada por el goce. Ni el cuerpo, ni la sexuación son datos naturales, tampoco construidos socialmente.
Es necesario atravesar ese punto para encontrar horizontes comunes en el recorrido hacia una emancipación, que desde sus inicios ha sido el objetivo y la razón de ser del feminismo. Silvia L.
