Hijo de hombre es una novela que narra el conflicto social entre la clase alta y la baja, entre los opresores y oprimidos. Además, queda contextualizada durante la guerra del Chaco, que enfrentó a Paraguay con Bolivia.
Lo primero que tienes que saber es que Hijo de hombre es la primera novela de una trilogía. Lo segundo, es que esta es una obra que toma como referencia la realidad política de Paraguay, por lo que la crítica social, el cuestionamiento y la denuncia son tres pilares fundamentales.
La novela presenta, a través de múltiples voces y fragmentos narrativos, la historia del pueblo paraguayo marcado por la opresión, la miseria y la violencia, a lo largo de varias décadas. El relato no sigue un orden lineal, sino que se construye desde distintas perspectivas, lo que le da un carácter coral y polifónico.
Uno de los hilos centrales es el del Cristo leproso de Itapé, símbolo del sufrimiento colectivo. El manuscrito de Miguel Vera sirve como documento clave que recopila parte de la historia reciente del pueblo, incluyendo testimonios, recuerdos de guerra y reflexiones personales.
A través de estas historias entrelazadas, Roa Bastos retrata la historia de un país atravesado por el sacrificio, la injusticia y el dolor. La novela denuncia el olvido de los humildes y eleva al pueblo como verdadero protagonista de la historia, igual que lo hizo Fernando Fernán Gómez en Las bicicletas son para el verano. Así muestra cómo, pese al sufrimiento, persiste la lucha por la dignidad y la redención.
La Guerra del Chaco (1932-1935) ocupa un lugar destacado. Se narran las miserias de los soldados, como el viaje heroico de Cristóbal Jara con su camión de agua en medio del desierto y el fuego enemigo, hasta su trágica muerte. También se muestra el abandono de los excombatientes, como el sargento Crisanto Villalba, que regresa al pueblo mentalmente destruido y acaba lanzando granadas a su propia casa en un brote de locura.
En paralelo, se desarrolla la historia de los hermanos Goiburú, que ajustician a Melitón Isasi en venganza por la muerte de su hermana Felicita, mostrando cómo la violencia se perpetúa también tras la guerra.
Hijo de hombre es una novela corta de apenas 200 páginas y que está dividida en solo diez partes o capítulos.
Mapa de la Guerra del Chaco.
Resumen por Capítulos
Capítulo 1
Este primer capítulo es más bien un cuento. La historia se desarrolla en un pueblo que antes fue la villa de Itapé. Allí, los habitantes habían experimentado una apertura gracias a la construcción de la nueva estación, aunque esta también había supuesto la muerte de varias personas. Contaban también con una nueva iglesia, que se había diseñado para acoger las fiestas en honor a Santa Clara, patrona del lugar. El autor describe con mucho detalle otra fiesta, la de Viernes Santo. En ella, las gentes del pueblo subían al cerro del Cristo. Allí, soltaban con violencia al Cristo de su cruz y lo bajaban al pueblo, donde iniciaban un paseo litúrgico que llegaba hasta la Iglesia.
Sin embargo, el Cristo nunca llegaba a entrar, sino que se quedaba a las puertas para luego ser, de nuevo, subido al cerro. En lugar de parecer un Dios, el Cristo parecía un hombre más que había muerto inútilmente y sin redimirlos, pues todo seguía mal en el mundo. Hay quien piensa que este Cristo en realidad era visto como un reflejo de Gaspar Mora, un hombre leproso, viejo y desnutrido, que se creía que era hijo de uno de los esclavos del Dr. Francia. Gaspar era objeto de burlas de parte de los jóvenes, pero otros lo seguían para escuchar todas las historias y leyendas que guardaba en su memoria y que constituían la herencia cultural del pueblo.
Conocemos así a Macario, uno de los jóvenes que sí escuchaba y apreciaba a Gaspar, que era su sobrino. Francia (también llamado Karaí Guazú) para comprobar que no estaba envenenada. Un día que el Dictador enfermó, Macario acompañó a su padre a Santa Ana, una isla donde estaba encarcelado un médico que podía darles una medicina para Karaí Guazú.
Una vez recuperado, el Dictador salió a dar un paseo. Macario se quedó solo en la casa y no pudo evitar la tentación de coger una moneda que allí vio. Cuando la cogió, esta empezó a quemarle en la mano, dejándole una marca. Cuando el Dictador volvió, le pidió que le enseñase la palma de la mano y, cuando comprobó la marca, ordenó a Pilar que apalease a su hijo.
A Pilar golpear a su hijo le dio tanta rabia que, sin pensarlo, dio una patada al perro favorito del Dictador. Enfadado, este mandó que ahora el apaleado fuese Pilar. Tras recibir cien golpes, el padre de Macario enloqueció y, tras varios altercados, el Dictador ordenó ejecutarlo. Macario y sus hermanos fueron enviados a diferentes puntos para ser acogidos por algunos familiares. Macario, en concreto, llegó a Itapé, a casa de su hermana mayor, María Candé, madre de Gaspar. Al poco tiempo, María enfermó y Macario tuvo la idea de ir a buscar al médico de Santa Ana. Sin embargo, este ya había muerto, así que Macario no pudo hacer nada más.
Llegó entonces la guerra grande (la Guerra del Chaco), en la que Macario tuvo que luchar. Cuando regresó, Macario contaba a quien quisiese escucharlo sus historias de la guerra, aunque pocos le creían. De él se burlaban, igual que de su sobrino Gaspar, los mellizos Goiburú, a los que su padre había educado en la falta de respeto y educación. Por suerte, otros defendían a Gaspar y no permitían que los mellizos lo insultaran.
Un día, un hachero escuchó una música que venía del monte. Intrigado, subió para ver quién la tocaba y se encontró a Gaspar con una guitarra. Este le pidió al hachero que nunca dijese que se escondía allí. Sin embargo, la gente del pueblo terminó enterándose y subía al monte a escuchar la música, aunque Gaspar no permitía que nadie le viese.
Cuando, tras mucho tiempo, Gaspar murió, fue enterrado allí. Sin embargo, el cura, apoyado por el padre Goiburú, se negó a que la escultura entrase al templo, pues creían que tenía lepra. Para no crear conflicto entre los locales, pues había algunos que sí querían al Cristo en la Iglesia, prometió consultar qué hacer a la curia y, si era necesario, pedir permiso. No obstante, lo que en realidad hizo fue ordenarle al campanero que quemase la talla de madera.
Por suerte, Macario se enteró del plan del cura y del campanero, y decidió que, en ese caso, era mejor que el Cristo leproso permaneciese en el monte. Así pues, empezó la tradición de, cada Viernes Santo, subir al monte y bajar con el Cristo en procesión, sin llegar a meterlo a la Iglesia.
Capítulo 2
Este capítulo sirve como introducción y descripción de Sapucai, el pueblo de Roa Bastos. De él nos dice que se fundó el mismo año del cometa Halley, que dejó miles de muertos, por lo que su destino siempre estuvo trágicamente marcado. Es un pueblo triste, donde hasta los niños tienen que trabajar para intentar salir adelante.
Uno de los personajes que el autor nos presenta es al doctor, un hombre que gozó de la admiración y el respeto de la gente, pero que ahora solo cuenta con el amor de su perro. La tarea principal del doctor, día tras día, era dar un paseo por el pueblo, desde su casa, cerca de donde el propio doctor creó el leprocomio, hasta el almacén de don Matías Sosa. De ese trayecto era testigo una vecina, María Regalada, que tan acostumbrada estaba a la presencia del doctor y su perro, que ya casi ni era consciente de ella. Sin embargo, un día el doctor desapareció. Ahora, era el perro solo el que daba el paseo mientras los pueblerinos, con tono de burla, le saludaban diciendo “hola, doctor”. Ella era una mujer amable y diligente, que siempre realizaba las tareas que ella misma se había impuesto, como cocinar para los leprosos o trabajar en la chacra.
El narrador nos cuenta entonces cómo llegó el doctor a Sapucai. Lo hizo de una manera extraña, pues mucha gente decía que había intentado robar a un niño en un tren. Así, al poco de llegar lo llevaron al calabozo, aunque tuvieron que terminar liberándolo. Todo el mundo pensaba que, después de esto, se iría como había venido, pero el doctor se quedó en el pueblo, donde alquiló una habitación en casa de Ña Solé Chamorro. Nunca se relacionó con nadie, ni siquiera con su casera. Solo salía de la habitación para ir a donde Don Matías a tomarse algo, aunque manteniendo su silencio. Al doctor terminó acabándosele el dinero, por lo que tuvo que abandonar su rutina de ir al almacén y también dejó la habitación. Se puso a dormir bajo los árboles o en la iglesia, donde el párroco paí Benítez lo protegió a cambio de que el doctor compusiese una canción.
El estado de salud del doctor cada vez era peor. Estaba muy delgado y sus ropas harapientas ya no le abrigaban ni un poco. Algunos en el pueblo se preocuparon de investigar quién era. Así, descubrieron que era un inmigrante ruso, de nombre Alexis Dubrosky, y que había tenido que huir de su país por acusaciones y juicios pendientes. Conocer la historia del doctor y sus posibles enfrentamientos con los zares, hizo que los pueblerinos recordasen su propio pasado revolucionario. En marzo de 1912 los leales se habían levantado contra las ligas agrarias, por lo que el comando Paraguarí mandó una locomotora cargada de dinamita para masacrar al tren rebelde. El resultado fue el de cientos de muertos. Los que sobrevivieron, y sus familias, fueron perseguidos.
La visión que la gente de Sapucai tenía sobre el ruso cambió el día en que lo vieron salvar la vida de María Regalada. Cuando el doctor, como cada día, pasaba por delante de su casa durante su paseo, vio que la mujer se retorcía de dolor, y acudió en su ayuda. La cogió y la tumbó sobre la mesa del sepulturero, padre de María. Luego, el doctor calentó agua, afiló un cuchillo y, ante la sorpresa del sepulturero, abrió a María para practicarle una cesárea. La hazaña del ruso corrió como la pólvora y, a partir de entonces, se convirtió en algo así como el médico del pueblo. Sus vecinos acudían a él para que los sanase. Quien estaba agradecida era María, que siempre le llevaba una olla de comida para él y para el perro. Un día, María pasó por delante del rancho del doctor y lo vio arrodillado, recogiendo monedas de oro que se le habían caído al suelo. A sus pies estaba también la imagen de San Ignacio, rota en pedazos. Aunque María no contó nada, desde ese día el doctor se recluyó en su casa y no volvió a dejar entrar a nadie, trasladando su consulta a un pequeño cuarto al fondo del rancho.
Dejó también de aceptar dinero a cambio de sus servicios, aunque exigía que le diesen tallas e imágenes religiosas, las más antiguas que cada cual tuviese. La explicación en el pueblo es que el doctor se había vuelto creyente y místico, y hasta empezaron a encontrarlo un parecido con San Roque. El doctor comenzó a ir de nuevo al almacén, donde se emborrachaba. Un día María Regalada, que se encargaba de limpiarle la casa del doctor, llegó y se encontró todos los santos que el doctor tenía degollados. Todos menos San Ignacio. María no quiso saber qué había pasado, y aceptó que nunca entendería qué podía haber ocurrido.
Capítulo 3
En primera persona, Miguel Vera es el narrador de este capítulo. Nos cuenta cómo se marchó del pueblo para ir a la capital, donde iba a comenzar sus estudios militares. A la estación lo acompañaron sus hermanos, sus padres y Rufina, la criada de la familia. A Miguel le atraía convertirse en militar, a pesar de las dudas y la preocupación de su madre. Su padre, en cambio, apoyaba su decisión, ya que veía ser militar como el futuro.
En la estación se encontraron con Damiana Dávalos y su hijo, con María Rosa y su hija y con los mellizos Goiburú, que se burlaban de los viejos zapatos de Miguel. Cuando el tren llegó, Miguel subió con Damiana, a la que su madre pidió que le cuidase. El narrador protagonista se despidió de su familia con una fuerte tristeza en el pecho, pero sabiendo que necesitaba buscar su propio camino.
Por las ventanas del vagón, Miguel vio pasar aquellos paisajes tan familiares, entre ellos el cerro del Cristo leproso. Un pasajero, al lado suyo, contaba a otros la historia del Cristo, y también hablaba sobre la revolución, el daño causado y los desertores.
Había también un gringo como pasajero, que miraba a Miguel con una curiosidad que el protagonista no entendía. Damiana iba en el vagón, amamantando y cuidando a su hijo, que estaba en enfermo. Una vieja que estaba a su lado le preguntó que le pasaba al niño. Damiana le contó que precisamente viajaban a Asunción para visitar a un médico y obtener un diagnóstico. También, añadió, iban para visitar a su marido, que estaba preso.
El tren pasó por Sapucai, que algunos pasajeros señalaron como la cuna de la revolución. En ese momento, Damiana empezó a gritar: su hijo había desaparecido, se lo habían robado. Al poco, el gringo apareció con el niño en brazos, por lo que varios pasajeros se abalanzaron sobre él, le quitaron al bebé y lo lanzaron al andén de la estación de Sapucai, expulsándolo. El tren paró en Sapucai, donde el protagonista y el resto de los pasajeros pasaron la noche. A la mañana siguiente, con prisas, pues casi lo pierden, Miguel, Damiana y su hijo volvieron a subir al vagón y continuaron el viaje hasta Asunción.
En la capital, el caos era total. Damiana se agarraba al brazo de Miguel mientras este intentaba hacerse hueco entre la estación atestada de gente. Lograron salir a la calle y fueron a una plaza donde había unas fuentes de las que pudieron beber agua.
Capítulo 4
Durante la época previa a la revolución, el presidente Rivarola había promulgado una ley que decía que cualquier peón que abandonase su trabajo sin premiso de su patrón o capataz iría preso y debería asumir los gastos ocasionados. En zonas como Tacurú Pucú, en el Alto Paraná, esta ley se cumplía sin excepción, por lo que ningún trabajador se arriesgaba a faltar al trabajo. En esa zona, quizá como único modo de protesta, se componían canciones y versos sobre los mensú, hombres, mujeres y niños enterrados vivos en las catacumbas de los yerbales.
Se nos presenta así a dos personajes: una pareja de Sapucai recién casada formada por Casiano Jara y Natividad. Ambos estaban en la estación, Casiano a punto de subir a un convoy rebelde que iba a la capital, y Natividad allí para despedirlo. Sin embargo, estando allí se enteraron de que en Tacurú Pucú buscaban trabajadores para los yerbales y decidieron acudir a pesar de las advertencias del resto. Por apuntarse, recibieron algo de dinero por adelantado y se compraron ropa y perfumes. Pudieron incluso darse el capricho...
Análisis de Personajes
En Hijo de hombre, los personajes no están necesariamente instaurados como personas humanas. Sus características no son las de los personajes humanos.
Existen héroes protagonistas y personajes-masa que recorren el texto. También encontramos personajes que, cumplidas sus misiones, desaparecerán naturalmente.
La novela presenta una categoría de personajes francamente hostiles al Supremo, así como personajes más notables de la novela.
Gaspar Mora es un personaje clave de la primera parte de la novela, de dudosa ortodoxia católica, réproba que no puede entrar en la iglesia.
Miguel Vera es un anti-héroe teniente.
Análisis de Temas
La novela aborda temas como la opresión social, la injusticia, la lucha por la dignidad y la redención. También explora la mitología guaraní y su influencia en la cultura paraguaya.
Plantación de Yerba Mate en Paraguay.
Influencia de la Mitología Guaraní
Las impregnaciones indígenas y las alusiones a la mitología guaraní están patentes a lo largo del relato. La religiosidad guaraní influye en el culto católico, creando una cultura mestiza.
Análisis del Lenguaje
El lenguaje de la novela es bilingüe, con una castellanización del guaraní y viceversa. Las palabras tratan de cumplir varias funciones en el texto, contribuyendo a la riqueza polifónica de su escritura.
Roa Bastos consigue transmitir los «Ecos de otros ecos. reflejos. encantamiento».
Tabla Resumen de Personajes Principales
| Personaje | Descripción |
|---|---|
| Gaspar Mora | Hombre leproso, visto como un reflejo del Cristo sufriente. |
| Macario | Joven que aprecia las historias de Gaspar y lucha por el Cristo leproso. |
| El Doctor | Inmigrante ruso que se convierte en médico del pueblo. |
| Miguel Vera | Joven que se une al ejército y narra parte de la historia. |
| Casiano Jara y Natividad | Pareja que busca trabajo en los yerbales. |
