Pablo Barrios, el talentoso centrocampista del Atlético de Madrid, ha alcanzado la gloria olímpica al llevar a la selección española a la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de París 2024. Su compromiso político comienza en torno a las movilizaciones del 15M.
Aunque nació en Madrid el 15 de junio de 2003, Barrios tiene una profunda conexión con Maranchón, un pequeño pueblo en el Ducado donde sus abuelos compraron una casa y donde él pasó muchos veranos de su infancia.
Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Maranchón
Un Triunfo Personal y Colectivo
La victoria en los Juegos Olímpicos no solo es un triunfo personal para Barrios, sino también una celebración para Maranchón. El pueblo vivió la final con gran entusiasmo, siguiendo cada jugada del joven talento que ha demostrado ser una pieza clave en el éxito de España. La presencia de Barrios en el once titular y su contribución decisiva en el torneo reflejan el esfuerzo y la dedicación que ha puesto en su carrera desde sus inicios.
El oro olímpico de Barrios no solo eleva su estatus en el fútbol internacional, sino que también enorgullece a sus amigos de este municipio, que ha seguido su trayectoria con admiración.
El Ascenso de Barrios en el Atlético de Madrid
Simeone ha entregado a Barrios el centro del campo rojiblanco mientras Koke se queda en el banquillo. Después de superar una lesión muscular en el comienzo de la temporada, Simeone entregó a Barrios el mando del equipo.
En realidad, ya lo había hecho desde el comienzo de curso, pero entonces siempre lo acompañaba Koke. Ahora Barrios vuela solo en el centro del campo rojiblanco, sin la tutoría del capitán, pero acompañado por De Paul. Y así ha llegado a su primera convocatoria con la selección el pasado mes de noviembre.
Sólo las lesiones le han impedido tener más continuidad en el equipo. Barrios ha jugado en las diez últimas victorias del equipo rojiblanco -sólo se perdió la primera de la racha, contra el Vic, porque aún estaba saliendo de su última lesión-, y de su importancia en el equipo hablan más sus suplencias que las titularidades.
Barrios jugó desde el comienzo en nueve de esos diez partidos y sólo comenzó en el banquillo en el partido de Copa contra el Cacereño. Era una buena oportunidad para que Simeone diera descanso a jugadores clave, pero el partido nació torcido y Barrios entró en el descanso junto a Julián Álvarez para enderezarlo.
«A mí me da igual en qué posición jugar, siempre con la idea de ayudar al equipo, de 5 o de 8. Me encuentro cómodo en las dos posiciones y siempre intentando ayudar al equipo y hacerlo bien», decía Barrios después de jugar contra Las Palmas.
Ha dejado de ser interior para convertirse en medio centro y ha arrinconado a Koke en el banquillo, pero no deja de admirar al capitán. «Koke es mi referente tanto dentro como fuera del campo. Es un privilegio poder compartir vestuario con él. Me fijo mucho en él para poder mejorar y ojalá pueda jugar muchos partidos con él», añadía.
Barrios, que cumplió los 21 años en junio, llamó la atención cuando aún era juvenil después de marcar dos goles en la Youth League en Valdebebas contra el Real Madrid, pero ahora es el gol lo único que Simeone echa de menos en su juego.
«Es importantísimo para nosotros, tiene un ritmo diferente.
Pablo Barrios durante un partido en 2023
El canterano se mostró feliz por haber dado un paso adelante en una faceta que no suele ser su fuerte, la goleadora. “Siempre me lo dice, cuando juego con él (Koke), eso significa que suelo jugar un poco más adelantado. Siempre me dice que me vaya para arriba, para atacar. Todos sabemos que tengo que mejorar eso, intento hacerlo día a día.
El Atlético se refuerza...
Tenemos que ir más a los detalles, mejorar. Cuando perdemos la pelota, las transiciones, ellos nos generaron peligro. Tenemos que estar más tranquilos con la pelota para evitar que nos generen ocasiones. El centrocampista de 21 años se consolida como pieza clave en el esquema de Simeone.
Sin embargo, antes de llegar a donde se encuentra hoy, el número 8 rojiblanco empezó su carrera futbolística en la Escuela Deportiva de Moratalaz (2008-2011).
Estadísticas de Pablo Barrios
Llegó como titular al Atlético de Madrid de Primera División en la temporada 23/24, y en su debut en la Liga de Campeones de la UEFA, logró marcar gol llevando el partido al empate. En la reciente temporada (La Liga EA Sports), ha disputado un total de 31/38 partidos en los cuales ha sido 28 veces titular. Ha marcado un solo gol que dio la victoria al equipo y ha ofrecido 4 asistencias. Ha recibido 27 faltas de las cuales 4 son tarjetas amarillas y 1 es tarjeta roja. Además, ha cometido 28 faltas. En la Champions League, jugo 6/10 partidos en los cuales fue titular de los 6 partidos que disputó. Actualmente, con las competiciones ya acabadas, juega representando a España en la UEFA Nations League.
Pablo Barrios tiene 22 años, nació el 15 junio 2003, en Madrid, España. Pablo Barrios juega en la posición de Centrocampista.
Información Personal:
- Nombre: Pablo Barrios Rivas
- Fecha de Nacimiento: 2003-06-15 (22 años)
- Lugar de Nacimiento: Madrid, España
- Posición: Centrocampista (Mediocentro)
- Pie: Derecho
- Altura: 181 cm
- Peso: 74 kg
- Club actual: Atlético de Madrid
- Contrato hasta: 2030/06
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Pablo Barrios celebrando un gol con el Atlético de Madrid
Tras la jornada 20 de LaLiga 2025/26, el FC Barcelona sigue al frente de la tabla, aunque su invicto se cortó tras perder 2-1 como visitante ante la Real Sociedad.
A pesar de ser licenciado en Ciencias Empresariales, se dio cuenta al poco tiempo que el mundo de la empresa, ni en pensamiento ni en carácter, no era para él, ha trabajado como profesor. En la universidad aprendió los conceptos más básicos de la Economía. Tras finalizar la carrera, estudió euskera.
Gran lector desde pequeño, siempre ha tenido la tentación de escribir, "de modo inconstante y sin llegar a realizarlo", dice, "tras cumplir cuarenta años me dije a mí mismo: ahora o nunca. Y me puse a ello". Ganó el premio Toribio Altzaga en 2003 con la obra teatral Ama, hor al zaude?. Desde entonces, disfruta escribiendo teatro.
Al amparo de la oscuridad nocturna, un grupo de gente autóctona intenta agujerear el oleoducto con la intención de “robar” el petróleo que se produce en sus tierras y se exporta fuera de allí. Sin embargo un accidente ocurre, una terrible explosión. Se producen muertos, y también heridos. Entre los heridos hay una mujer, quien tiene una quemadura en el muslo. La obra comienza cuando vuelve con un bidón lleno de petróleo.
Se da el primer aviso para que se desconecten los teléfonos móviles. Al poco, estando apunto de levantarse el telón, se da el mismo aviso por segunda vez.
Estamos en el bajo Shara en África. Seguramente en un barrio pobre de los que se crean a las afueras de una de esas grandes ciudades. Allí se agolpan gentes de todo tipo atraídas por la ciudad, venidas en busca de una vida mejor a la que han dejado atrás. La mayoría, en cambio, viven en chabolas miserables que no son mejores que las que han dejado atrás. Precisamente, estamos en una de esas cabañas. Acaba de amanecer. La chabola todavía está en la penumbra. En una esquina se adivina una litera. Allí está tumbada una muchacha enferma. Casi no podemos verla pero parece nerviosa, intranquila, temblorosa. Si viéramos a la muchacha de pie, la veríamos vistiendo una de esas camisetas de vivos colores que suelen llevar los motoristas de los rally; eso sí, una camiseta de vivos colores muy envejecida. Entre los rasgones, distinguiríamos anagramas de todo tipo, Repsol, BBVA, Telefónica, Novartis... también veríamos de la empresa EXPAL quizás escondida entre algún doblez...
Con mucho cuidado para no hacer ruido, una mujer que trae un bidón grande entra en la chabola. No podemos adivinar qué trae en el bidón, pero, sea cual sea el contenido, parece estar lleno. No podemos decir que la mujer sea joven pero de ningún modo que sea vieja. Parece coja, al menos su caminar es extraño, como si le doliera. Respira con fatiga, y tiene el vestido roto y sucio. Siempre de forma que la muchacha no lo vea, deja el bidón en un rincón y se cambia de vestido.
HIJA: Mamá, ¿estás ahí?
MADRE: Sí, mi niña, soy yo. (Se acerca donde la muchacha). ¿Qué te ocurre pues, para tener esos ojos tan bonitos abiertos de par en par?... Parecen, cariño mío, cuando parpadeas tus ojos parecen los ojos de una hermosa mariposa.
HIJA: (Con voz inquieta) Tengo miedo, mamá. Cógeme en brazos.
MADRE: ¿De qué tienes miedo, cariño mío?
HIJA: Todo me da miedo, mamá. No sé, que tú no estés a mi lado... las sombras de esta chabola... o estos escalofríos que me dejan temblando... Sí, sobre toso estos escalofríos. ¿Sabes? Como si tuviera saltamontes dentro de mí... que saltan y saltan sin parar. Se acerca a la litera de la muchacha y le pone la mano en la frente.
MADRE: (Tratando de tranquilizarla) Es fiebre, mi niña, tan solo una mala fiebre. Te contaré un bonito cuento para ahuyentar a esos malditos saltamontes, ya verás lo rápido que se te cura esa fiebre.
HIJA: (Casi sin escuchar lo que dice su madre) No, mamá... Yo, no soy más que una niña pero... pero tengo miedo de que esta sea la última vez que hablo contigo.
MADRE: No digas eso, cariño, no digas eso. (Alejándose de la litera, coge un jarro que está detrás del fuego) Duerme un poco ahora, cariño mío, mientras yo voy al pozo. Que tengo que traer agua para las dos.
HIJA: No, mamá, no voy a dormir. Prefiero tener los ojos abiertos... Quién sabe si bajo el disfraz de un sueñecito no se esconde el sueño eterno...
Llevando el jarro en la cabeza, la mujer sale. Antes de salir, coge un trapo viejo y se limpia las gotas de sangre que resbalan por su pierna.
