¿Dónde Nace el Racionalismo?

Con Descartes, en el siglo XVII, comienza la filosofía moderna. El racionalismo es la primera corriente filosófica de la Modernidad (siglo XVII) y surge como una respuesta al escepticismo. El racionalismo reivindica la primacía de la razón para alcanzar la verdad.

René Descartes, figura clave del racionalismo.

Esta corriente filosófica impregnará toda la filosofía moderna y contemporánea desde la aspiración por comprender el mundo a través de un conjunto de leyes. El origen del racionalismo se halla en la revolución científica del siglo XVII, que situó el problema del conocimiento en el centro del debate filosófico al preguntarse tanto por el origen y fundamento del conocimiento verdadero como por el método más adecuado para alcanzar la verdad desde las ciencias.

Descartes: El Fundador del Racionalismo Moderno

Asociado a la figura de Descartes, el «fundador» de la filosofía moderna, el racionalismo es el movimiento filosófico que se inicia en la Europa continental en el siglo XVII reivindicando la primacía de la razón para alcanzar la verdad. El principal exponente del racionalismo es René Descartes, quien decidió estudiar en «el gran libro del mundo» en busca de un saber universal. Frente al escepticismo, la corriente de pensamiento que afirma la imposibilidad de alcanzar el conocimiento verdadero por la propia incapacidad de la razón, Descartes defiende exactamente lo contrario, convencido de la fortaleza de la razón humana y de su potencial para lograr la verdad universal.

Para ello se propone construir un sistema de conocimientos en el que nada sea aceptado como verdadero si no es indudable, lo que va a suponer renovar completamente la filosofía y encontrar el método adecuado. El racionalismo no solo pondrá en primera línea el tema del conocimiento, sino que temas tan importantes como la relación entre cuerpo y alma, las pasiones o la libertad alcanzarán una relevancia llamada a permanecer para siempre en la diana de los asuntos filosóficos. Al defender la autosuficiencia de la razón para explicar la realidad de modo deductivo y valorar al sujeto frente al objeto, su influencia se extenderá por toda la filosofía occidental hasta principios del siglo XX.

El mundo digital, tan lleno de algoritmos, o la pregunta por la realidad y la apariencia actualizan de una forma increíble el pensamiento racionalista y más concretamente a Descartes, quien asoma en películas como Matrix, cuyo argumento remite a la hipótesis del genio maligno.

René Descartes: Vida y Obra

René Descartes nació en La Haye, una pequeña aldea de la región de Turena al norte de Francia el 31 de marzo de 1596 y murió en Estocolmo el 11 de febrero de 1650 debido a una afección pulmonar. Su padre era consejero en el Parlamento de Rennes. La educación infantil y sus primeros años juveniles transcurrieron en uno de los colegios de élite de la época, el colegio de jesuitas de La Flèche (Anjou). De esta institución recibió las primeras nociones de literatura, arte, ciencia, filosofía y los rudimentos lingüísticos de la cultura clásica. Posteriormente criticará esta educación un tanto rancia y escolástica.

En 1612 abandona el colegio de La Flèche con el vago, pero firme propósito de buscar en sí mismo lo que en el estudio no había podido encontrar. Esta búsqueda “en sí mismo”, que recuerda la vieja aspiración socrática, constituye el rasgo renacentista tan peculiar en su pensar. Tras pasar unos años en París, se alista en el ejército del príncipe Mauricio de Nassau que, aliado con Francia, combate en la Guerra de los Treinta Años del bando protestante, guerreando en Alemania y Holanda. Más tarde sirve en el ejército del católico Maximiliano de Baviera, y posteriormente recorre los Países Bajos, Dinamarca y Suecia.

Pero fue durante la campaña con el duque de Baviera, el 10 de noviembre de 1619, en una pequeña aldea alemana cerca de Ulm, donde tuvo el célebre sueño del que surge el dictado y la encomienda de reformar la filosofía. El dictado del sueño lo interpretó de manera fulminante: Desde ese momento se propone renovar los fundamentos y el método de todo conocimiento humano. La vía a seguir será la indagación de una Ciencia Universal. Será entonces cuando haga el voto, que cumplirá más tarde, de ir en romería en acción de gracias a Nuestra Señora de Loreto.

Poco antes había conocido al matemático Isaac Beeckman, quien le habría introducido en las cuestiones científicas y a él le dedicará su Compendio de matemática. En estos estudios matemáticos propugna la unidad de método y trasforma los conceptos de tiempo y espacio en variables operativas matemáticas, (coordenadas cartesianas), hasta entonces nociones metafísicas. Después se trasladará a Holanda, en donde desarrollará por vez primera la idea del Método en su opúsculo Regulae ad directionem ingenii (Reglas para la dirección del espíritu, 1628), escrito que no verá la luz hasta 1710, bastantes años después de su muerte. Este proyecto se concretará en un lema: unidad de la ciencia. Unidad frente a la idea escolástica de que a cada ciencia debe corresponder un procedimiento.

En 1633, cuando está a punto de dar a la imprenta el Traité du monde (Tratado sobre el mundo en el que defiende el heliocentrismo), se entera de la condena que la Inquisición ha impuesto a Galileo. La Tierra no puede moverse, la suposición del soberbio Galileo es una falsedad, pues dicha afirmación contradice las Sagradas Escrituras. Por su parte, estando de acuerdo con la tesis copernicana del movimiento terrestre y habiéndola reflejado en su Tratado, decide retirar éste de la imprenta.

Pocos años después, en 1637, se darán a conocer al público algunas partes fundamentales de su Tratado del mundo: sobre Dióptrica (sobre la refracción de la luz), meteoros y geometría, con las que prologa su Discurso del método. En realidad es la respuesta que Descartes da a la condena de la obra científica de Galileo por la Iglesia. De este núcleo temático (incluido en el Tratado del mundo) retirado de la imprenta surgirán más tarde las Meditationes de prima philosophia (Meditaciones metafísicas, 1641) en donde expone el conjunto de sus ideas sobre metafísica.

Antes de su publicación las remite al P. Mersenne para que las envíe a los doctos (precaución para no aparecer en el Index), y añade al texto las objeciones de éstos y sus propias respuestas. Entre tanto mantiene una correspondencia muy interesante con Isabel de Bohemia, hija de su antiguo enemigo, Federico V, elector del Palatinado. En sus cartas con la princesa debatirá con ella sobre la relación alma cuerpo, es decir, sobre las pasiones. De ahí saldrá su tratado sobre Las pasiones del alma. Ante la oposición que su doctrina encuentra en los ambientes académicos holandeses piensa en regresar a Francia; pero, convencido por su amigo Chanut, cambia de propósito y marcha a Suecia, donde la reina Cristina le brinda mecenazgo, pues ésta ha quedado profundamente impresionada por su filosofía. Antes de partir deja en prensa para su publicación el tratado citado: Les passions de l'âme (Las pasiones del alma, 1649).

En Suecia fue recibido con los mayores honores, hasta el punto de tomar por costumbre la corte entera reunirse de madrugada en la Biblioteca a oírle hablar sobre temas filosóficos, físicos o de matemáticas. Pero, por desgracia, Descartes no pudo disfrutar durante mucho tiempo de esta brillante y tranquila situación, pues en 1650, el 11 de febrero, cuando hacía un año de su llegada al país nórdico muere en Estocolmo a causa de una afección pulmonar. Tenía entonces cincuenta y tres años.

En 1667 sus restos fueron trasladados a París y enterrados en la Iglesia de Sainte Geneviève du Mont. Comenzó entonces una fuerte persecución contra el cartesianismo. El mismo día del entierro, cuando el padre Lallemand, canciller de la Universidad, se disponía a pronunciar el elogio fúnebre del filósofo, llegó una orden superior prohibiéndole que dijese una sola palabra. Los libros de Descartes fueron incluidos en el Índex (lista de publicaciones prohibidas), si bien con la reserva de “donec corrigantur” (hasta que sea corregido). Los jesuitas excitaron a la Sorbona contra Descartes y pidieron al Parlamento la proscripción de su filosofía. Algunos conocidos clérigos hubieron de sufrir no poco por su adhesión a las ideas cartesianas.

Contexto Histórico del Racionalismo

La época en la que Descartes desarrolló su pensamiento estuvo caracterizada por la contradicción entre el anterior avance renacentista de las ciencias y el arte, y el repliegue tortuoso de la mentalidad barroca. En Francia, el dominio total del Estado, ejercido a través del derecho sobre la nobleza y la burguesía y el triunfo exterior sobre los Austrias con la Paz de Westfalia, permitió a Luis XIV (quien tomará directamente las riendas del poder en 1661) establecer la monarquía absoluta con todas sus consecuencias. Convencionalmente se ha establecido que la Edad Moderna comienza en el siglo XVII. En el orden del pensamiento esta modernidad se manifiesta en dos grandes corrientes; una, el racionalismo, que dominará el continente europeo; y la otra, el empirismo, que se desarrollará en Inglaterra. Ambas estarán marcadas por su estrecha relación con el surgimiento de la ciencia moderna.

Pero, contradictoriamente, los caminos de esa ciencia, del arte y de la cultura encontrarán en ese siglo su mayor obstáculo en las llamadas guerras de religión. Guerras, en realidad, movidas por intereses económicos y de dominio, que tomaban como instrumento político la poderosa fuerza emotiva de la religión. Las consecuencias de estas guerras se tradujeron en el ámbito cultural en una tenaza represiva que cayó aplastante sobre cualquier expresión libre del espíritu. El rasgo más acusado de la cultura en esta época es su carácter contradictorio.

La inquisición, el index, la censura y la autocensura mortificaron y dejaron su huella en cristianos y protestantes, pero también nunca fue más intenso el deseo de liberarse de creencias y prejuicios. La virulencia de la guerra, la peste, las hambrunas desolaron Europa, pero el florecimiento económico, que se desplazó hacia Inglaterra y los Países Bajos, nunca había sido tan vertiginoso. Todas estas contradicciones dejaron su sello en la expresión artística (el barroco/ el clasicismo), en la literatura (conceptismo/ culteranismo) y también en el desarrollo contradictorio y plagado de obstáculos de la investigación científica que los nuevos intereses de la sociedad reclamaban.

Mapa de Europa en 1648, tras la Paz de Westfalia.

Galileo fue, tal vez, el máximo exponente de esta corriente científica. Cuando la Iglesia condenó su teoría y lo procesó, lo hizo defendiendo la ortodoxia.

Principales Representantes del Racionalismo

Junto a Descartes, otros grandes exponentes del racionalismo son Espinosa y Malebranche.

Baruch Spinoza (1632-1677)

Baruch Spinoza nació en Ámsterdam en 1632. Spinoza se educó en las tradiciones judías tradicionales, y en la filosofía de Descartes. Vivió modestamente como pulidor de vidrios para lentes.

Para Spinoza, solo existe una sustancia, que existe por sí mismo y es conocido por sí mismo. Esta sustancia es Dios o Naturaleza. No hay pluralidad de sustancias ni diversas sustancias creadas; las partes no son autosuficientes; lo es el todo.

Spinoza identifica tres atributos de la única sustancia: el pensamiento, la extensión y Dios. Naturaleza es equivalente a Dios. Producción y naturaleza, son entonces idénticos.

Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716)

Gottfried Wilhelm Leibniz nació en Leipzig (1646) y murió en 1716. Leibniz tuvo una gran dedicación a la política y la carrera diplomática. Es reconocido por la creación del cálculo infinitesimal en 1676. Una de sus obras más destacadas es el Discurso de Metafísica.

Leibniz considera sustancias autónomas e independientes. Leibniz distingue entre las percepciones naturales y las partes inferior o superior del alma. Uno u otra explican todas nuestras acciones. Leibniz defiende la libertad natural y en la aceptación racional de sus procesos.

Características del Racionalismo

El racionalismo se caracteriza por:

  1. La razón como fuente principal del conocimiento, no de toda experiencia sensible.
  2. El sistema debe fundamentarse sobre una verdad absolutamente cierta.
  3. La importancia del método, como método seguro que conduce hacia un conocimiento perfecto.
  4. El uso de la duda metódica.
  5. La defensa de la existencia de ideas innatas.

El racionalismo busca una filosofía propia e independiente de la teología filosofante. Para los racionalistas, el origen del conocimiento no proviene de los sentidos, sino de la razón, de nuestro entendimiento. El racionalismo exalta el valor al saber histórico o libresco en general. Considera que el método debe ser único y universal, de modo tal que puduiera excluir cualquier posibilidad de duda.

El Método Cartesiano

Descartes propone un método que responde a la dinámica de la razón única. Este método se basa en cuatro reglas fundamentales:

  1. No aceptar jamás como verdadero cosa alguna que no se presentase ante mi espíritu de modo tal que pudiese excluir cualquier posibilidad de duda.
  2. Dividir cada una de las dificultades que examinase, en tantas partes como fuese posible y necesario para resolverlas mejor.
  3. Conducir ordenadamente mis pensamientos, comenzando por los objetos más simples y fáciles de conocer, para ascender poco a poco, como por grados, hasta el conocimiento de los más complejos.
  4. Hacer en todo enumeraciones tan completas y revisiones tan generales, que estuviese seguro de no omitir nada.

Para Descartes, el sistema debe fundamentarse sobre una verdad absolutamente cierta. Para ello, propone dudar de todo:

  1. De la información procedente de los sentidos.
  2. De la geometría o la aritmética.
  3. Hasta llegar a una primera certeza absoluta: Yo soy.

De esta duda metódica surge la famosa frase «Pienso, luego existo».

Las Sustancias Cartesianas

Descartes distingue tres tipos de sustancias:

  1. Sustancia infinita: su atributo es la perfección (Dios).
  2. Sustancia pensante: Su atributo es el pensamiento (alma).
  3. Sustancia extensa: Su atributo es la extensión (cuerpo).

Para Spinoza, en cambio, propiamente dicha solo sería la sustancia divina, pues es la única que necesita ninguna otra cosa para existir.

FILOSOFÍA MODERNA (Racionalismo y Empirismo): Antecedentes/Características/Representantes

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