Crisis de los 3 Años en Niños: Características y Cómo Afrontarla

A lo largo de su vida, el ser humano atraviesa momentos especiales que van marcando un cambio, una nueva forma de relacionarse con el mundo. Los primeros tres años de la vida de un niño no están exentos de estas “crisis de desarrollo”, que indican la adquisición de nuevas habilidades, pero también el surgimiento de nuevas necesidades. Estas “crisis” responden a cambios. En la primera de ellas el bebé pasa a ser un niño.

Conocidos como crisis madurativas, los cambios fisiológicos y psicológicos más significativos que experimenta un niño hasta la madurez coinciden con comportamientos conflictivos que desconciertan a muchos padres. Para saber cómo actuar durante estos momentos críticos es importante conocer qué le está pasando a nuestro hijo, de manera que podamos apoyarle y fomentar así la culminación exitosa de cada etapa.

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Es un clásico que los padres, sobre todo los primerizos, nos agobiemos pensando en si lo estamos haciendo bien, si le estimulamos lo suficiente, si tiene el peso y la talla correctos, pero sobre todo, si está teniendo un desarrollo infantil adecuado. No obstante, no toda la preocupación que sentimos está justificada. No todos los niños tienen un mismo ritmo, ni desarrollan sus habilidades en un momento específico. Por ejemplo, algunos bebés comienzan a decir sus primeras palabras a los 9 meses, mientras que otros no lo hacen hasta los 18. En ambos casos, los bebés están dentro del rango de lo que se considera normal.

¿Qué es la Crisis de los 3 Años?

La temida y odiada crisis de los 3 años. En algunos niños casi ni se nota. Son personas tranquilas, pacientes, de carácter suave,… pero hay otras personitas que necesitan hacerse ver, que requieren, para afianzar su personalidad, imponer su criterio o sus caprichos, o su voluntad, o todo ello a la vez. La buena noticia es que estas crisis pasan, como todas las crisis.

Comienza alrededor de los 18 meses, habitualmente cuando empieza a utilizar la palabra «no» y termina cuando empieza a utilizar la palabra «Yo». Cuando dice «no» está intentando reafirmar su opinión, dejar claro que ya no es un bebé que necesita que tomemos todas las decisiones, sino que es capaz de decidir sobre ciertas cosas.

Características Comunes

  • Reafirmación de la personalidad: Necesidad de imponer su criterio y voluntad.
  • Uso frecuente del "no": Intento de expresar su opinión y tomar decisiones.
  • Cambios emocionales: Dificultad para gestionar y canalizar emociones.
  • Conductas exploratorias: Mayor curiosidad y deseo de independencia.

¿Por Qué Ocurre?

La causa viene porque es su forma de mostrar sus sentimientos y comunicarse. Los niños/as a esa edad todavía no saben cómo gestionar y canalizar ciertas emociones. En estos casos, los padres tienen que tener paciencia y enseñarles poco a poco cómo gestionar esas emociones; cómo enseñarles a identificar y gestionar esas emociones.

Cómo Manejar la Crisis de los 3 Años

Es importante que los padres y madres cuando un niño les pega o muerde sepan cómo reconducir esa conducta. Mantener la calma y tener paciencia. Es lo más importante y lo primero que tenemos que hacer cuando presenciamos un manotazo de nuestro hijo/a. Ponte en su lugar. Los niños a esa edad todavía no controlan sus emociones y cómo expresarlas. Hazle saber que está haciendo algo mal.

Mantener una postura seria y firme diciéndole que «no se muerde, que duele». No tengas una respuesta negativa. Nunca, bajo ningún concepto, utilices la violencia para enseñarle que no se tiene que pegar. No tengas malas palabras hacia el menor. Recuerda que los niños/as a esa edad no son conscientes de lo que hacen. Evitar decirles «ya no te quiero» o «qué malo eres».

Consejos para Padres

  • Mantén la calma: La paciencia es clave para manejar las emociones del niño.
  • Sé firme y claro: Hazle saber que ciertas conductas son inaceptables.
  • Fomenta la independencia: Permítele tomar pequeñas decisiones.
  • Enseña a gestionar emociones: Ayúdale a identificar y expresar sus sentimientos.
  • Evita la violencia: Nunca uses castigos físicos o emocionales.

Otro punto a tener muy en cuenta es seleccionar lo importante de lo que no lo es. En esta etapa el niño está reafirmándose y hay que dejar que madure, que tome algunas decisiones y que vaya aprendiendo las consecuencias de sus actos. Sin embargo, hay muchas cosas innegociables y tienen que existir normas de obligado cumplimiento. No caigáis en la tentación de consentírselo todo por sistema, precisamente ese es uno de los peores caminos que se pueden escoger.

Etapas de Desarrollo Infantil (0-5 Años)

La psicóloga clínica Consuelo Escudero Álvaro, en una colaboración para la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria, describe la trayectoria que sigue el desarrollo infantil dividiéndolo en las siguientes fases:

Desde el nacimiento hasta los 15 o 18 meses

Durante este periodo, la dependencia de la madre es total. Cualquier estímulo, tanto interno como externo, será manifestado a través protestas en forma de lloros o pataletas, reclamando su consuelo. Poco a poco, el bebé irá diferenciando entre él mismo y la figura materna, de la que seguirá dependiendo bastante tiempo.

Entre los 2 y los 3 años

En esta etapa tienen lugar dos hechos fundamentales en la autonomía del niño: la aparición del lenguaje y la deambulación. Ahora ya puede pedir las cosas e incluso acceder a las mismas sin la ayuda de un adulto y comienza a mostrar una conducta exploratoria que es recomendable incentivar para promover su curiosidad y conocimiento y evitar posibles temores irracionales.

A lo largo de estos años se suele producir el control de esfínteres, algo logrado de manera espontánea cuando nuestros hijos son maduros neurológicamente. Forzarles y presionarles para que lo consigan solo puede complicar las cosas. El éxito de este aspecto concreto va ligado al ejercitamiento de la motricidad fina y gruesa, algo a lo que podemos contribuir a partir de conductas pacientes y constantes.

Por otro lado, aparecen el juego simbólico y la adquisición de normas. Aunque es necesario establecer ciertas prohibiciones, también lo es fomentar la independencia del niño, evitando ser demasiado restrictivos. Si caemos en este error, le situaremos en una postura pasiva de obediencia a la que, tarde o temprano, se acabará resistiendo.

Entre los 4 y los 5 años

Esta etapa viene caracterizada por el paso de la relación dual a la triangular. Nuestros hijos empiezan a asimilar la relación existente entre nosotros, estableciendo un nexo duradero con ambos. Las crisis madurativas asociadas a esta etapa pueden venir motivadas por tal descubrimiento, causando en ocasiones una sensación de fragilidad al comprobar que no es el único objeto de amor de sus referentes paternos. La mejor manera de ayudarles es ponerles en contacto con el entorno extrafamiliar, en el que podrán encontrar nuevas satisfacciones.

A estas alturas también suelen surgir ciertos trastornos transitorios en forma de impulsividad, descontrol de impulsos, fabulaciones y mentiras o adjudicación a otros de las propias acciones, entre otros. También es frecuente detectar cambios negativos en el tono afectivo, dando lugar a cuadros de ansiedad, irritabilidad, euforia, tristeza o ira que, sin embargo, solo deberían preocuparnos si son de carácter permanente.

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