El Dadaísmo, un movimiento cultural que desafió las convenciones artísticas y sociales, emergió en un contexto histórico muy específico. Para comprender sus orígenes, es crucial examinar el ambiente de la época y las circunstancias que llevaron a su creación.
El Contexto Histórico del Nacimiento del Dadaísmo
Dadá nació en Zúrich en 1916. Para entender las causas de esta irrupción, es importante considerar lo que Tristán Tzara declaró en una entrevista para la radio francesa en 1950: "Para comprender cómo nació Dadá es necesario imaginarse, de una parte, el estado de ánimo de un grupo de jóvenes en aquella especie de prisión que era Suiza en tiempos de la Primera Guerra Mundial, y de otra, el nivel intelectual del arte y la literatura de aquella época".
La Primera Guerra Mundial fue un catalizador fundamental. Hacia 1916-1917, la guerra parecía interminable, generando disgusto y rebelión. Los dadaístas se oponían a la guerra, buscando extirpar sus raíces en lugar de caer en el pacifismo utópico.
En esa época, Zúrich era un refugio para personajes “irregulares”: desertores, emigrados políticos, objetores de conciencia, agentes secretos, hombres de negocios y artistas. Ellos fueron quienes impulsaron el Cabaret Voltaire, en el número 1 de la Spielgasse. Curiosamente, ese mismo año vivía en aquella calle Lenin, un desconocido para los dadaístas. Según Lacôte, Tzara había llegado a jugar con él al ajedrez en el café Terasse.
Cabaret Voltaire en Zúrich, lugar de nacimiento del Dadaísmo.
Inicialmente, la política no interesaba demasiado a estos artistas asentados en Zúrich; solo un año más tarde, cuando ya el ruso, en su vagón precintado, se encontraba en su país a la cabeza de la revolución, Tzara y sus amigos saludaron aquel octubre como algo que daría un rudo golpe a la guerra.
Dadá saltó pronto a Alemania y sus seguidores se unieron a la Liga Espartaquista, tomando parte, bastantes de ellos, en luchas callejeras en Colonia y Berlín.
El Nombre "Dadá": Origen y Significado
El origen del nombre Dadá lo explicó Hans Arp en 1921: "Declaro que Tristán Tzara encontró la palabra Dadá el 8 de febrero de 1916 a las seis de la tarde. Yo estaba presente con mis doce hijos cuando Tzara pronunció por primera vez esta palabra, que despertó en todos nosotros un entusiasmo legítimo. Ello ocurrió en el Café Terasse de Zúrich, mientras me llevaba un bollo a la fosa nasal izquierda. Estoy convencido de que esta palabra no tiene ninguna importancia y que solo los imbéciles o los profesores españoles pueden interesarse por los datos".
Otra leyenda sobre el origen del nombre dice que Tristan Tzara abrió un diccionario y encontró esa palabra al azar. Y ese sea quizás lo más importante del dadaísmo: el caos, el azar…
Dadá no significa nada. Y ese sea quizás lo más importante del dadaísmo: el caos, el azar… y tirando hacia lo gamberro, hacia lo escandaloso. Nada hacía más feliz a un dadaísta que escandalizar a un burgués.
Características del Dadaísmo
El dadaísmo de Zúrich se mantuvo en el ámbito de una violenta negación intelectual, pero definiendo más claramente su actitud. Protestaban, como los expresionistas, contra los falsos mitos de la razón positivista, pero fueron más allá, porque cayeron en la negación absoluta de la razón.
Si el expresionismo aún creía en el arte, el dadaísmo rechaza esta noción y su negación actúa no solo contra la sociedad, que también fue blanco del expresionismo, sino contra todo lo vinculado a las tradiciones y las costumbres de la misma. Resumiendo, Dadá es antiartístico, antiliterario y antipoético.
Su blanco es el mismo que el del expresionismo, pero sus medios fueron bastante más radicales: se situaron contra la belleza eterna, la eternidad de los principios, las leyes de la lógica, la inmovilidad del pensamiento, la pureza de los conceptos abstractos y lo universal en general. Se oponían fervorosamente a cualquier esclavitud, también la de Dadá sobre Dadá, por eso suele considerarse el dadaísmo como el acto extremo del antidogmatismo.
Les interesaba más el gesto que la obra con tal de que ese gesto fuese una provocación contra el buen sentido, las reglas y la ley y el escándalo era su instrumento preferido de expresión.
Dadá es anti-todo. Anti-arte, anti-literatura, anti-dadá incluso… Dadá es destrucción. Una destrucción creativa si se quiere, pero destrucción. Quizás por ello no duró demasiado como movimiento.
El arte dadaísta no es algo definido ni claramente explicado, sino una miscelánea de ingredientes que otros movimientos ya apuntaban, y sin embargo aportaron algo distinto, nacido de una poética diferente. A estos objetos va unido un gusto polémico, la arbitrariedad, la irreverencia, un carácter provisional, la nula intención de configurarse en ejemplo estético, que sí subyacía en cubistas, futuristas y abstractos.
Este es el punto extremo de la rebelión dadaísta; en esta poética se expresaba la aspiración de los ligados a este movimiento a una verdad no sujeta a reglas establecidas por una sociedad desagradable y enemiga del hombre: normas políticas, morales y artísticas.
Muchas obras dadaístas fueron fabricadas con el método de la poesía en el sombrero: recogiendo los elementos más disparatados y poniéndolos juntos según la casualidad de sus formas, colores o materia. Basta pensar en Schwitters y sus Merz: trozos de madera, hierro, recortes de lata, sobres, tapones, plumas…
No usaba estos elementos como los cubistas o futuristas, que solo parcialmente introducían alguno de ellos en los cuadros, siendo absorbidos por el color y la composición: las piezas del de Hannover solo se componían de este material heterogéneo y mostrenco; Grosz lo llamaría pintura de la inmundicia.
Si pudiéramos hablar del dadaísmo en un plano teórico, los textos fundamentales los encontraríamos en la producción de Tzara, desde La primera aventura celestial de Mr. Antipyrine (1916) a los manifiestos de 1918 y 1920. Su estilo, lenguaje y léxico fueron muy novedosos, insolentes y llenos de sorpresa; había en ellos sátira, filosofía, lirismo y tensión intelectual.
Cuando nació Dadá ya se habían afirmado las principales tendencias artísticas modernas, de ahí que el dadaísmo terminara siendo anticubista, antifuturista y antiabstraccionista.
El Legado del Dadaísmo
Sin embargo, este mensaje se expande, y poco a poco va repercutiendo en todos los campos artísticos. El caos, el azar, lo imperfecto… eso es la belleza. Después de todo, ¿no es así la vida real?.
Los ecos del dadá retumban fuertes aún hoy en día y su influencia se percibe claramente en corrientes culturales posteriores: el surrealismo (una especie de dadaísmo con consistencia teórica), los situacionistas de los 50 (vandalismo, graffitti, slogans…), el Arte Pop, los Hippies, el Punk (nihilisimo, provocación, molestar a los padres, tipografías…), el Street Art, lo posmoderno… Todos deudores del sinsentido dadaísta.
En resumen, el Dadaísmo fue un movimiento de protesta y renovación que, aunque breve, dejó una huella imborrable en la historia del arte y la cultura.
