Dolor de Cabeza, Cólicos y Diarrea: Causas Comunes y Posibles Soluciones

El dolor de cabeza, cólicos y diarrea son síntomas que pueden presentarse juntos debido a diversas causas. Estas pueden variar desde infecciones gastrointestinales hasta trastornos crónicos como el síndrome del intestino irritable (SII) o el sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado (SIBO). A continuación, exploraremos estas causas en detalle.

Síndrome del Intestino Irritable (SII)

El síndrome del intestino irritable (SII), también conocido como colon irritable, es un trastorno funcional digestivo caracterizado por dolor o molestia abdominal asociado a cambios en la frecuencia y/o consistencia de las deposiciones. La incidencia de este trastorno gastrointestinal se estima entre el 10 y el 15% de la población, siendo más prevalente en mujeres. Aun así, es una patología infradiagnosticada. Esta patología es más común entre personas menores de 45 años, empezando a padecerla entre los 25 y los 30 años.

Las personas que sufran este cuadro pueden padecer otros trastornos como la depresión o la ansiedad, pero no se trata de una patología psicosomática sino una consecuencia de la mala calidad de vida que puede estar asociada a padecer este síndrome.

Causas del SII

  • Anomalías motoras gastrointestinales: Mayor actividad intestinal.
  • Hipersensibilidad visceral: Alteración en las vías aferentes del dolor a nivel intestinal. El dolor presente tras las comidas se relaciona con la entrada del bolo alimenticio en el ciego.
  • Trastornos de la regulación del sistema nervioso central: El denominado eje cerebro-intestino explicaría la asociación de trastornos emocionales y la exacerbación de los síntomas.
  • Posible cuadro postinfeccioso: Aparición tras una gastroenteritis.
  • Inflamación de la mucosa: Inflamación mínima, no visible endoscópicamente, que podría ser responsable de una secreción anormal y la hipersensibilidad visceral.
  • Alteración de la flora intestinal.

Síntomas del SII

La clínica es la de un dolor abdominal recurrente con alteración del ritmo de deposiciones, alternando periodos de diarrea con estreñimiento, hinchazón y distensión abdominal, presencia de gases o flatulencias. A estos síntomas se pueden asociar otros tanto a nivel digestivo, como la sensación de ardor, náuseas o vómitos, así como síntomas extradigestivos tales como mareo, dolor de cabeza, palpitaciones, cansancio y malestar general. Los síntomas pueden agravarse con la ingesta de ciertos alimentos o con temporadas de estrés elevado.

No hay una patología orgánica que justifique el cuadro, además presenta pruebas de laboratorio, imagen y colonoscopia normales. Clásicamente, su diagnóstico ha sido de exclusión, descartándose otras patologías que podrían cursar con síntomas parecidos. No obstante, en la actualidad se tiende a realizar un diagnóstico positivo basado en criterios clínicos, para lo cual se utilizan los criterios de Roma. Estos criterios conocidos desde la década de los 90, han sido recientemente actualizados por cuarta vez en los denominados criterios de Roma IV. Éstos deben existir desde menos 6 meses antes del diagnóstico y estar presentes de forma recurrente durante los últimos tres meses.

Tratamiento del SII

El tratamiento del SII es complejo, ya que se trata de una enfermedad crónica que no tiene cura y por lo tanto ha de individualizarse lo máximo posible para paliar los síntomas. Desde luego, todo comienza con una buena relación médico-paciente para evitar las consultas excesivas y asegurar que el diagnóstico sea lo más certero posible. Los tratamientos farmacológicos son una herramienta útil en el manejo del paciente con SII, si bien hay que tener en cuenta que estos no funcionan por igual con todos los pacientes.

Los medicamentos deben ser prescritos por especialistas, pues su consumo puede ser contraproducente y dañino si no están controlados. Los espasmolíticos (anticolinérgicos) sirven para frenar el dolor abdominal y los retortijones relacionados con los espasmos intestinales. Se recomienda administrarlos unos 30 min antes de la comida para reducir el dolor. La fibra o los laxantes osmóticos combatirán el estreñimiento al aumentar el volumen de los excrementos. La fibra vegetal puede reducir el tránsito de los alimentos en pacientes con tendencia a la diarrea. Los antidiarreicos se utilizarán en los casos de diarrea no controlable. No hay que superar la dosis recomendada porque pueden causar cólicos al incrementar las contracciones del colon. Antidepresivos tricíclicos como la amitriptilina se utilizarán para disminuir la sensibilidad visceral.

Además, dados los síntomas más frecuentes (estreñimiento y diarrea), los pacientes pueden requerir tratamiento para las hemorroides que pueden aparecer a consecuencia de la excesiva o anormal actividad fisiológica.

La alimentación es un aspecto fundamental que deberá adecuarse al ritmo intestinal en cada momento. Si el síntoma predominante es el estreñimiento, se aconseja una dieta rica en fibra y líquidos. En cambio, si hay hinchazón y diarrea, buscaremos reducir la fibra no digerible de la dieta y el consumo de alimentos astringentes. Es importante no empezar a excluir alimentos (como la lactosa o el gluten) sin el consejo del facultativo, puesto que cada paciente puede responder de manera distinta a alimentos distintos (no existe una dieta única para el colon irritable). En general sí que se recomienda evitar los alimentos ricos cafeína, grasas o picantes (por considerarse que son alimentos que pueden irritar el colon). Además, respetar los horarios de las comidas y tratar de alimentarse cinco veces al día puede ayudar a mejorar los síntomas. Las comidas además deberán realizarse con calma y tomándose un cierto tiempo para ingerirlas.

También se han de tener en cuenta las capacidades de algunos alimentos funcionales como los probióticos o prebióticos, dada su capacidad de influir en las funciones fisiológicas, mejorándolas en el caso de enfermos de síndrome del intestino irritable, enfermedad inflamatoria intestinal o cáncer de colon. Los probióticos restauran nuestra flora intestinal, y los prebióticos estimulan la acción de las bacterias que trabajan en nuestros intestinos.

  • Prebióticos: cebollas, achicoria, ajos, alcachofas, espárragos y puerros.
  • Probióticos: yogures, kéfir, chocolate negro, chufas, sopa miso, pepinos encurtidos.

En cualquier caso, se valorará su utilización por parte del facultativo, no solo por su idoneidad sino también en qué dosis y durante cuánto tiempo. El estilo de vida también influye y es importante mantenerse hidratado, evitar el alcohol y el tabaco puede mejorar la salud de los afectados por el síndrome del colon irritable, así como realizar ejercicio físico adaptado a su condición con regularidad (puesto que puede mejorar la motilidad del aparato digestivo). También hay que procurar evitar o minimizar el impacto de situaciones estresantes.

Efectos de la ansiedad, depresión y estrés en el aparato digestivo

Infecciones Gastrointestinales

Así como existe un virus que causa la gripe que infecta las vías respiratorias existen virus entéricos, es decir que tienen preferencia por las células del intestino. La gastroenteritis aguda es una inflamación del aparato gastrointestinal debido a una infección o intoxicación por alimentos. La gastroenteritis aguda (GEA) se caracteriza por la presencia de diarrea, dolor abdominal tipo cólico (retortijones) y, en ocasiones, por la presencia de fiebre y vómitos.

La mayoría de las gastroenteritis son producidas por bacterias (salmonella, shigella, etc.), virus (rotavirus) o toxinas procedentes de bacterias (intoxicación alimentaria). Las gastroenteritis por toxinas no suelen producir fiebre mientras que las gastroenteritis por gérmenes que atacan la pared intestinal sí acostumbran a hacerlo.

Dependiendo del tipo de gastroenteritis que se tenga, Horcajada destaca que la provocada por virus “genera diarreas más acuosas, con o sin fiebre, dolor abdominal y malestar general. Este tipo de enfermedad no genera en las heces sangre o pus”. Con respecto a las diarreas generadas por bacterias, el experto relata que las que son invasivas “generan sangre, pus o moco abundante en las heces, debido a que la bacteria está invadiendo el instestino por dentro.

A continuación, se presentan algunas de las infecciones gastrointestinales más comunes:

  1. Helicobacter pylori: Bacteria que puede causar inflamación del epitelio digestivo, úlceras e incluso cáncer gástrico.
  2. Norovirus: Causa global más usual de la gastroenteritis aguda. La infección suele cursar con diarrea líquida, náuseas, vómitos, calambres abdominales, febrícula, sensación de indisposición general y dolores musculares.
  3. Rotavirus: Causa más prevalente de deshidratación severa por diarrea en niños menores de 5 años.
  4. Salmonelosis: Infección causada por bacterias del género Salmonella, cursa con diarrea, cólicos estomacales, vómitos, dolor de cabeza, náuseas y, en casos más severos, aparición de sangre en las heces.
  5. Campilobacteriosis: Enfermedad gastrointestinal provocada por bacterias del género Campylobacter, causa diarrea a menudo sanguinolenta, dolor abdominal, fiebre alta, náuseas y vómitos.
  6. Shigella: Bacteria altamente contagiosa que causa shigellosis, mucho más común en regiones de bajo ingreso, el signo clínico principal de esta infección es la diarrea con sangre o mucosidad. También puede cursar con dolor de estómago, fiebre, náuseas y vómitos.
  7. Infección por E. coli: La infección por Escherichia coli O157:H7, es capaz de causar diarrea con sangre, vómitos y cólicos abdominales intensos.
  8. Amebiasis: Provocada por Entamoeba histolytica, un protozoo que causa cólicos abdominales, diarrea, fatiga, flatulencias excesivas, tenesmo y más.
  9. Ascariasis: Parasitosis causada por Ascaris lumbricoides, un nemátodo que se instaura en el intestino delgado del ser humano durante 1-2 años.
  10. Giardiasis: Infección intestinal provocada por un microorganismo parásito, Giardia lamblia.

Tratamiento de la Gastroenteritis Aguda

La mayoría de las gastroenteritis agudas no precisan ningún estudio concreto y desaparecen en pocos días con tratamiento sintomático. Sin embargo, en determinadas situaciones requieren valoración médica y ocasionalmente ingreso hospitalario. En todos estos casos, además de realizar análisis de sangre para conocer si hay deshidratación o daño de la función del riñón, debe solicitarse un cultivo de las heces, si existe sospecha, búsqueda de parásitos, virus o toxinas bacterianas.

El tratamiento de la gastroenteritis aguda consiste en una serie de medidas generales y de tratamiento específico si fuera necesario. Para el especialista, el tratamiento más importante es la hidratación: “El peligro más importante de la gastroenteritis es que una persona se quede deshidratada, En caso que la persona esté vomitando y no pueda beber agua, la principal solución es el ingreso y poner sueros”.

En una gastroenteritis aguda lo más importante es reponer el líquido y los electrolitos (sales, potasio, etc.) que se están perdiendo con la diarrea. Esta reposición se realiza bebiendo líquidos. Sin embargo, en ocasiones puede ser necesario reponer los líquidos que se están perdiendo por vena (poner sueros). Se precisa poner sueros cuando la diarrea aparece en un niño muy pequeño, en un anciano que no puede beber adecuadamente o que no puede beber al mismo ritmo que pierde líquidos, o cuando la diarrea se acompaña de vómitos que hacen que todo lo que se toma por boca se eche inmediatamente. En las demás circunstancias suele valer la hidratación por boca.

Para reponer líquido y electrolitos puede prepararse agua de limón (limonada alcalina: 1 litro de agua mineral o hervida + el zumo de 2 o 3 limones + una cucharadita de sal + una cucharadita de bicarbonato si hay + endulzar al gusto con azúcar), dar sobres ya preparados para mezclar con agua o tomar bebidas isotónicas. En general se recomienda que todas estas bebidas se tomen a temperatura ambiente dado que si están muy frías pueden aumentar los retortijones. Además, para evitar los vómitos, deben tomarse poco a poco, idealmente a pequeños sorbitos o a cucharadas.

En los inicios de la diarrea, cuando esta es intensa, se debe mantener al paciente a dieta -absoluta, salvo la administración de los líquidos comentados. La mayoría de adultos pueden estar a dieta durante 24 o 48 horas si no tienen enfermedades asociadas.

Las medicinas para la diarrea (astringentes) como la loperamida pueden ser útiles en casos de diarrea leve, donde no haya fiebre ni sangre en las heces. Si la diarrea se acompaña de fiebre debe administrarse una medicina para bajarla, por ejemplo paracetamol. Si hay dolor abdominal puede precisarse un analgésico.

Sobrecrecimiento Bacteriano en el Intestino Delgado (SIBO)

Cuando nuestro sistema digestivo funciona adecuadamente nos permite disfrutar de una vida plena y saludable. Sin embargo, ¿qué ocurre si se ve afectado por el SIBO (sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado)? En este caso, puede desencadenar una serie de síntomas que van más allá de la incomodidad ocasional: hinchazón y gases con mal olor son algunos de los síntomas del SIBO más frecuentes y molestos.

El SIBO es un trastorno gastrointestinal que se caracteriza por la presencia excesiva de bacterias en el intestino delgado. Cuando se produce este sobrecrecimiento bacteriano, el equilibrio se ve alterado, y puede ocasionar diversos síntomas digestivos como gases, mal aliento o dolor abdominal, pero también muchos otros síntomas extradigestivos como cansancio, debilidad, ansiedad o dolores crónicos.

Síntomas del SIBO

  • Hinchazón y distensión abdominal.
  • Gases.
  • Mal aliento.
  • Dolor abdominal.
  • Cansancio.
  • Debilidad.
  • Ansiedad.
  • Dolores crónicos.

Relación entre el SIBO y el dolor abdominal

El dolor abdominal es uno de los síntomas más comunes asociados al SIBO. El dolor abdominal tiende a intensificarse después de las comidas, ya que la ingesta de alimentos puede desencadenar la fermentación bacteriana y la producción de gases. A diferencia de otros trastornos intestinales, el dolor abdominal asociado al SIBO a menudo se localiza en la parte superior del abdomen, cerca del área del ombligo.

¿Cómo los gases producidos en exceso contribuyen a la inflamación?

El sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado lleva a una fermentación excesiva de los alimentos no digeridos, generando gases, principalmente hidrógeno y metano. Además, estas bacterias también consumen carbohidratos no absorbidos, produciendo gases como resultado. Los gases contribuyen a la inflamación ejerciendo presión en las paredes del intestino, irritando el revestimiento del intestino delgado y desencadenando una respuesta inflamatoria como mecanismo de defensa.

Síntomas Extradigestivos Relacionados con el SIBO

  • Fatiga crónica: La mala absorción de nutrientes y la respuesta inflamatoria sistémica asociada al SIBO pueden contribuir a la fatiga crónica.
  • Mal aliento persistente: La fermentación bacteriana en el intestino delgado puede generar compuestos sulfurosos, contribuyendo al mal aliento persistente.
  • Dolor muscular y articular: La inflamación generalizada puede afectar a músculos y articulaciones, dando lugar a dolor y molestias.
  • Dolor de cabeza y migrañas: Desencadenados por la inflamación y la respuesta inmunológica.

Consejos prácticos para aliviar la hinchazón y reducir la producción de gases

  • Dieta baja en FODMAPs: Reducir la ingesta de alimentos ricos en fermentables puede aliviar la producción de gases.
  • Suplementos digestivos: Pueden ayudar a descomponer los alimentos de manera más eficiente, reduciendo la producción de gases y mejorando la digestión.
  • Evitar comer en exceso: Comer en exceso puede aumentar la carga de trabajo del sistema digestivo y contribuir a la producción de gases. Optar por cantidades menores en las comidas puede ayudar a reducir la fermentación.
  • Hidratación adecuada: Mantenerse bien hidratado es esencial para facilitar el movimiento de los alimentos a través del sistema digestivo. Además, es importante evitar beber excesiva agua durante las comidas. Lo más adecuado es no beber demasiado de golpe y repartirlo durante el día.
  • Evitar alimentos gaseosos: Algunos alimentos son conocidos por causar gases y evitarlos puede reducir la producción de gases.
  • Gestión del estrés: El estrés puede afectar la función gastrointestinal.
Alimentos Bajos en FODMAPs
FrutasVerdurasGranosOtros
Uvas, fresas, papaya, arándanos, frambuesasAcelgas, espinacas, zanahoria, calabacín, patataArroz, avena, trigo sarraceno, mijo, quinoaNueces, almendras, avellanas, carne, pescado, marisco, huevo

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