Los dinosaurios eran grandes y asombrosos animales que aparecieron hace más de 120 millones de años. Sin embargo, se extinguieron hace aproximadamente 65 millones de años debido a numerosos desastres ambientales. Por ello, el ser humano nunca ha podido llegar a conocerlos y la única información que se tiene hoy en día proviene del estudio de los fósiles encontrados y de numerosas investigaciones.
Dado que estos fósiles solo conservan las partes duras del animal, como son los huesos, es imposible conocer totalmente cómo era el modo de vida de los dinosaurios. Así pues, una de las grandes incógnitas es cómo se reproducían y nacían los dinosaurios.
Eran animales ovíparos, lo que significa que ponían huevos, los cuales incubaban y protegían normalmente. Sin embargo, algunas especies optaban por abandonarlos. Algunos grupos de dinosaurios, como los terópodos, eran carnívoros y se alimentaban de dinosaurios más pequeños u otras especies animales existentes. Otros dinosaurios, como los saurópsidos, eran herbívoros y se alimentaban de la flora que encontraban en la tierra. También existían especies de dinosaurios omnívoros, los cuales se alimentaban tanto de especies vegetales como de otros pequeños animales.
Según algunos estudios, podían alcanzar aproximadamente los 30 años de edad, siendo a los 19 años maduros sexualmente. Algunos ejemplares vivían en manadas y cuidaban de todas las crías en conjunto. Como método de defensa, empleaban sus grandes garras, sus dientes afilados y su robusto cuerpo con espesas y duras capas que impedían la mordedura de otros dinosaurios. Además, podían presentar estructuras intimidantes, como grandes colas y cuernos.
Puesto que los terópodos (grupo de dinosaurios) fueron el origen de las aves actuales, estos dos animales tienen algunas cosas en común, entre ellas, el modo de reproducción y el cuidado de sus bebés.
La reproducción de los dinosaurios: Un enigma paleontológico
Los dinosaurios eran animales ovíparos y presentaban fecundación interna, pero hoy en día no se conoce con exactitud cómo era la cópula entre el macho y la hembra. Esto se debe a la compleja morfología de estos animales y a la falta de información en los restos fósiles, pues no se ha podido observar partes blandas como órganos copuladores.
No obstante, existen varias teorías sobre la reproducción de los dinosaurios, entre ellas, la existencia de cloacas. Estas son cavidades, presentes en animales como reptiles y aves, por donde se micciona, se expulsa los desechos del animal y se produce la cópula. En la actualidad se sigue investigando cómo podría ser la reproducción de los dinosaurios, aunque todo apunta que puede deberse a la alineación de dichas cloacas y la existencia de un miembro retráctil en el macho capaz de introducir el esperma.
En cuanto al lugar, duración, períodos de gestación y otros factores, no se sabe con certeza cómo tenían lugar. Algunos expertos creen que la cópula se llevaba a cabo en medios acuáticos (pantanos), ya que los dinosaurios pesaban mucho y esto podía ocasionar un problema para realizar el coito en tierra. Los dinosaurios podían poner entre 20 y 40 huevos, los cuales medían entre 30 y 60 centímetros y los depositaban en nidos que excavaban en la tierra. Posteriormente, los enterraban con la ayuda de arena, hojas o cualquier otro elemento capaz de proteger a sus crías de otros dinosaurios que quisiera robarlos o comérselos. En ocasiones, estas excavaciones eran abiertas, por lo que los dinosaurios invertían energía para que la cáscara de los huevos fuera de colores y se pudieran camuflar en el entorno.
Se ha podido comprobar la existencia de numerosos nidos de dinosaurio en un mismo lugar, lo cual indica que los adultos llevaban a cabo medidas de cooperación para controlar al mismo tiempo a todos los huevos de la manada y protegerlos.
Tipos de huevos de dinosaurio
Dependiendo de la estructura y composición, se podían distinguir tres tipos de huevos:
- Huevos ornitoides: En la parte inferior del caparazón se podía apreciar una separación. En el resto del huevo se observaba una estructura esponjosa y cristalina. Estos huevos eran propios de los terópodos.
- Huevos esferulíticos: Sus caparazones presentaban una estructura cristalina en su totalidad en forma de esfera.
El nacimiento de las crías
Tras eclosionar los huevos, los dinosaurios medían menos de un metro normalmente, puesto que la mayoría no estaban totalmente desarrollados y capacitados para salir al mundo. Es por este motivo que sus madres eran las encargadas de salir a buscar el alimento y traerlo a los nidos, donde tenían escondidos a sus bebés. Esto suponía un peligro en numerosas ocasiones, puesto que, en ese momento, otros dinosaurios carnívoros aprovechaban para alimentarse de esas crías desamparadas si no había algún adulto a cargo de ellas. En muchas otras ocasiones, los bebés podían llegar a morir de hambre al morir su madre y no poder alimentarlos.
Un animal de 50, 100, 200 o 2.000 kilogramos de peso sobre uno o varios frágiles huevos. Esta imagen no puede si no hacernos preguntarnos cómo era posible que los dinosaurios incubaran sus huevos sin romperlos. Sin embargo, si los dinosaurios habitaron la Tierra y consiguieron reproducirse con éxito durante varios millones de años, sabiendo que se trataba de animales ovíparos, tuvieron que encontrar el modo de lograrlo.
Una de las posibles explicaciones sobre cómo lo hicieron se dio a conocer en el año 2018, en un artículo que bajo el título Incubation behaviours of oviraptorosaur dinosaurs in relation to body size se publicaba en la revista especializada Biology Letters. Según sus autores, algunos dinosaurios en lugar de situarse justo encima de los huevos tal y como lo hacen las aves hoy en día, se colocaron en un espacio abierto sobre el que descansaba la mayor parte del peso de su cuerpo y colocaban los huevos en forma de anillo a su alrededor, lo que evitaría aplastarlos a la vez que les proporcionaban calor.
Los huevos estudiados en esta ocasión pertenecieron varios ovirraptorosaurios, y aunque los autores desconocían la especies concretas, pudieron demostrar que a medida que los huevos aumentaban en tamaño, y por tanto las especies que los incubaron, el hueco central destinado al incubador era proporcionalmente más grande.
Otras teorías defienden que los dinosaurios, al igual que algunas especies de reptiles hoy en día, enterraron sus huevos bajo tierra, arena, barro u hojarasca para protegerlos tanto de su propio peso como de otros depredadores.
En el año 2021, también se produjo otro descubrimiento interesante al respecto, en este caso en un artículo que bajo el título An oviraptorid preserved atop an embryo-bearing egg clutch sheds light on the reproductive biology of non-avialan theropod dinosaurs se publicaba en la revista Science Bulletin. Lo que en este caso encontraron los investigadores fue un fósil de oviraptosaurio que revelaba como estos dinosaurios cuidaban de sus crías. Así, el espécimen fósil hallado se encontraba encima de su nidada de huevos, con la salvedad en esta ocasión de que los huevos se encontraban en diferentes etapas de gestación, lo que suscita a los científicos que los huevos eclosionarían en momentos diferentes y no de manera sincronizada, un fenómeno conocido como eclosión asincrónica. Esto habría permitido que las diferentes crías nacieran en momentos distintos, diversificando las posibilidades de supervivencia de cada una de ellas.
El estudio de los huevos de dinosaurio
Hablar de dinosaurios permite fantasear con historias de los enormes animales que dominaron la Tierra hasta hace 65 millones de años. Según nombramos a las distintas especies, en nuestra mente se forman escenas fantásticas que puede que ocurrieran en algún momento de la historia. En las praderas, por ejemplo, los poderosos triceratops pacerían tranquilamente junto a otros pequeños dinosaurios y, en los bosques, los enormes braquiosaurios emplearían sus largos cuellos para alimentarse de las tiernas hojas de las copas de los árboles. En nuestras hipotéticas escenas normalmente imaginamos a los individuos adultos por su impresionante tamaño. Pero para llegar a adultos tenían que vivir toda una vida que comenzaba al salir de una estructura que fue mucho antes que la gallina: el huevo.
Los dinosaurios de finales del Cretácico ponían huevos con una cáscara compuesta principalmente por cristales de carbonato cálcico, como siguen haciendo las aves actuales. Dependiendo el dinosaurio, estos huevos podían ser más esféricos u ovalados y medían desde pocos centímetros de diámetro hasta más de 30 cm en algunas especies. Las puestas se realizaban en nidos que o empollaban, como las aves, u ocultaban bajo tierra, de forma similar a los desoves que podemos observar hoy en día en las tortugas y cocodrilos. También existen evidencias de lugares de reunión en los que cientos, o miles de ejemplares desovaban y cuidaban los huevos en manada. En algunos casos, incluso, los cuidados de las crías se alargaban durante las primeras etapas de la vida.
Cómo fosilizar un huevo
Algunos huevos y nidos de dinosaurio han llegado hasta nuestros días gracias a que quedaron enterrados y protegidos de la erosión. Estos enterramientos pudieron producirse durante las propias puestas, en los que el dinosaurio bebé abandonó el huevo y los restos de este último quedaron enterrados; o debido a corrimientos de masas de tierra que sepultaron los nidos -ya vacíos o todavía en proceso de desarrollo- bajo toneladas de escombros. A pesar de la resistencia de los materiales que forman la cáscara del huevo, el evento catastrófico o el paso del tiempo normalmente provocan el colapso de la estructura y, por tanto, la fragmentación del huevo en cientos de trozos.
Tras millones de años enterrados y, si se dieron las condiciones de la fosilización, lo más habitual es que los paleontólogos encuentren únicamente fragmentos. El estudio de los fragmentos permite reconstruir la estructura del huevo, pero dificultan enormemente la identificación de la especie. Además, los movimientos del terreno pueden desplazar los fósiles del lugar original de la puesta, por lo que la información paleontológica que proporciona un fragmento de huevo es, generalmente, escasa. Empleando ácidos es posible disolver la envoltura del huevo y revelar el embrión, un trabajo que puede llevar meses a los paleontólogos. Empleando ciertas técnicas como la tomografía computarizada o la catodoluminiscencia también es posible observar el embrión conservado en el interior sin destruir el fósil, lo que aporta una información muy valiosa sobre las primeras etapas de la vida de los gigantes del pasado.
Análisis de la cáscara y membranas
Sin embargo, los huevos intactos son muy raros, por lo que la mayoría de estudios estructurales se han realizado en los fragmentos. Empleando microscopía óptica y electrónica es posible observar las diferencias entre los huevos de dinosaurio y las aves y reptiles actuales. Uno de los más notables es que la mayoría de fragmentos muestran patrones y texturas que adornan el huevo y cuya función es desconocida. Entre las hipótesis que se barajan, los paleontólogos creen que podrían aportar una mayor resistencia a la estructura o que facilitarían a la dispersión de los gases e impedirían la acumulación de CO₂ en los alrededores del huevo.
En la cáscara también se observan poros que permiten la circulación de aire entre el interior y el exterior del huevo para que el embrión respire. Dependiendo del lugar de nidificación, los canales tienen formas distintas que favorecen o limitan la entrada de aire. Así, si la especie de dinosaurio solía realizar las puesta en arena, los poros podían ser más pequeños, ya que habría suficiente aire disponible. Sin embargo, si los nidos se producían en lugares pantanosos, era necesario maximizar la cantidad de poros, así como adaptar su forma para evitar que el embrión se asfixiara dentro del huevo. De esta manera, investigando minuciosamente la cáscara de un huevo de dinosaurio es posible inferir el tipo de terreno que existía en el lugar hace millones de años.
En el interior de algunos fósiles también se han observado restos de las membranas que se pueden encontrar en huevos actuales y que ayudan al desarrollo del embrión. Estas capas son el corión, el alantoides, el saco vitelino y el amnios, y cada una tiene una función bien definida que va desde mantener la humedad correcta en el interior del huevo hasta nutrir el embrión. La disposición de las capas es similar a la que se observa en las aves actuales, y muestra cómo los huevos de los dinosaurios de finales del Cretácico serían razonablemente parecidos a los de las aves actuales. Ahora bien, según los paleontólogos retroceden en el tiempo, las diferencias en la forma y la composición de los huevos se van acentuando.
Reconstruyendo el huevo del primer dinosaurio
Investigadores del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología de China han hallado recientemente tres esqueletos de individuos adultos y cinco nidadas de huevos de un dinosaurio sauropodomorfo de principios del Jurásico en Guizhou. Han nombrado a la especie -Qianlong shouhu- que traducido libremente significaría el <
Tras examinar la microestructura de la cáscara de huevo de Qianlong, observaron numerosas similitudes con otros fósiles de huevos de dinosaurio del Cretácico, pero tenían una diferencia clave. La cáscara de carbonato cálcico de los huevos de Qianlong era más gruesa que la de la mayoría de los huevos de cáscara blanda, pero más fina que la de los huevos de cáscara dura. El hallazgo despertó la curiosidad de los científicos sobre la evolución de las estructuras de los huevos hasta los actuales. Recogiendo la información estructural de un total 210 especies actuales y extintas realizaron una reconstrucción de la evolución de los huevos a lo largo de la historia.
Científicos argetinos descubren un huevo de dinosaurio en la Patagonia
Yacimientos de huevos de dinosaurio en la Península Ibérica
La península Ibérica es un lugar privilegiado para conocer como nacían, crecían y se reproducían los dinosaurios. En esta charla haremos un recorrido los principales yacimientos de huevos de dinosaurio y otros vertebrados, desde el Jurásico Portugués, hasta el final del Cretácico Aragonés, con una parada especial en el yacimiento de huevos de dinosaurio de Loarre, descubierto el año pasado.
Los huevos de dinosaurios tienen un valor paleontológico muy importante debido a que son una gran fuente de estudio de estos animales. En el yacimiento de huevos del Coll de Nargó, que por tamaño es uno de los más importantes del mundo, lo saben bien.
Periodo de incubación de los huevos de dinosaurio
Recientemente se ha descubierto que el periodo de incubación de los huevos de los dinosaurios seguramente era más parecido al que tienen los reptiles actuales que al de las aves, como se creía. Los científicos escanearon las mandíbulas embrionarias para poder analizar la dentadura en formación. Se creía que el período de incubación de los dinosaurios estaría entre los 11 y 85 días, tal y como les ocurre a las aves, ya que se las considera descendientes de dinosaurios. Pero gracias al estudio se ha podido constatar que seguramente estaría entre los 3 y 6 meses.
Una nueva investigación sobre dientes de embriones de dinosaurios fosilizados indica que los huevos de los dinosaurios no avianos (los 'típicos') tardaban mucho tiempo en eclosionar: entre unos tres y seis meses. Sus autores han descubierto que, en contra de lo que se pensaba, el periodo de incubación de aquellos animales extintos era más similar a la de los típicos reptiles que al de las aves. Además, el trabajo apunta que una incubación larga podría haber afectado a la capacidad de los dinosaurios de competir con las poblaciones de aves, otros reptiles y mamíferos, que se multiplicaron más rápidamente después del evento de extinción masiva que ocurrió hace 65 millones de años.
"Sabemos muy poco sobre la embriología de los dinosaurios, aunque esa fase se relaciona con muchos aspectos de su desarrollo, historia vital y evolución", señala el coautor Mark Norell, paleontólogo del Museo Americano de Historia Natural; "pero con la ayuda de herramientas avanzadas como los escáneres de tomografía computerizada (TC) y la microscopia de alta resolución, estamos descubriendo avances que no podíamos ni imaginar hace 20 años".
Como las aves se consideran dinosaurios vivos, los científicos han asumido que el tiempo de incubación de aquellos animales extintos sería similar al de las aves, cuyos huevos tardan en eclosionar entre 11 y 85 días. El equipo puso a prueba esta teoría observando los dientes fosilizados de dos embriones de dinosaurio ornitisquios muy bien conservados en cada extremo del espectro de tamaños.
- Por una parte, un Protoceratops, un dinosaurio del tamaño de un cerdo encontrado por Norell y sus colegas en el desierto de Gobi (Mongolia), con huevos bastante pequeños, de unos 194 gramos.
- Por otra parte, un dinosaurio del género Hypacrosaurus encontrado en Alberta (Canadá), mucho más grande, con ‘pico de pato’ y un peso de los huevos superior a los 4 kilogramos.
Líneas de crecimiento en dientes como anillos en árboles
Los investigadores escanearon las mandíbulas embrionarias de los dos dinosaurios mediante la técnica TC para visualizar las denticiones en formación. Luego utilizaron un avanzado microscopio para analizar -por primera vez en dinosaurios- las llamadas líneas de von Ebner, unas líneas de crecimiento presentes en los dientes de todos los animales, incluidos los humanos.
"Estas líneas se establecen mientras se desarrollan los dientes", explica Gregory Erickson, el autor principal y profesor de la Universidad Estatal de Florida. Las líneas de crecimiento diario de los dientes, como estas de un embrión de Hypacrosaurus, han ayudado a los científicos a conocer la edad de los pequeños dinosaurios. Usando este método, los científicos determinaron que los embriones de Protoceratops tenían aproximadamente tres meses cuando murieron, y los de Hypacrosaurus unos seis meses de edad.
Esto sitúa a la incubación de los dinosaurios más en la línea de la de sus primos reptiles, cuyos huevos tardan en eclosionar el doble de tiempo que el de las aves, pudiendo alcanzar desde varias semanas a muchos meses.
El estudio sugiere que las aves probablemente desarrollaron tasas de incubación más rápidas después de que se separaran del resto de los dinosaurios. Aunque los autores reconocen que los resultados podrían ser muy diferentes si pudieran analizar un dinosaurio más parecido a un pájaro, como el Velociraptor. Desgraciadamente se han encontrado muy pocos embriones fosilizados de dinosaurio.
"Se sabe mucho sobre el crecimiento de los dinosaurios desde la etapa de juventud hasta la de adulto", dice la coautora Darla Zelenitsky, de la Universidad de Calgary, que añade: "El tiempo dentro del huevo es una parte crucial del desarrollo con importantes implicaciones biológicas, pero se entiende mal porque los embriones de dinosaurios son raros".
Según los investigadores, el estudio también tiene implicaciones relacionadas con la extinción de los dinosaurios. La incubación prolongada expuso a los huevos de dinosaurios y a los padres que los atendieran a los depredadores, al hambre y a las inclemencias ambientales,como las inundaciones.
El fósil de un reptil del Triásico medio, que conserva una cría en su interior, supone la primera evidencia de un arcosauromorfo -al que pertenecen dinosaurios, aves y cocodrilos- que daba luz a crías vivas en lugar de poner huevos. El nuevo e inusual fósil de un reptil de cuello largo llamado Dinocephalosaurus, un arcosauromorfos del mismo grupo que los dinosaurios, las aves y los cocodrilos, aporta la primera prueba de un nacimiento en vivo sin huevo. Previamente se pensaba que este grupo ponía exclusivamente huevos. La Universidad de Hefei, en China, lideró el estudio que analizó los restos del animal, que se publica en Nature Communications.
