Las serpientes son reptiles fascinantes que han desarrollado diversas adaptaciones para sobrevivir y prosperar en una amplia gama de entornos. Una de las adaptaciones más notables es su dentición, que varía significativamente entre las diferentes especies y juega un papel crucial en su capacidad para cazar y alimentarse.
Las serpientes pertenecen a la clase Reptilia y al orden Squamata, que también incluye a los lagartos. Actualmente, existen más de 3.000 especies de serpientes en el mundo, presentes en todos los países excepto en la Antártida, Islandia, Irlanda y Nueva Zelanda.
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La piel de las serpientes está formada por escamas, como en los lagartos, y al ser rígidas, deben cambiarlas al crecer. Tienen la característica única de que tragan a sus presas enteras, sin masticar, por lo que pueden abrir su boca mucho más que nosotros. Esto lo hacen porque los huesos de su cráneo y mandíbulas no están encajados y sujetos, como sucede con nosotros. Sea como fuere, todos los miembros de esta especie son animales carnívoros.
Muchos tipos de serpientes tienen dientes sólidos, curvados hacia atrás o ligeramente curvados. Estos dientes, los cuales son delgados y finamente puntiagudos nunca son usados para la masticación o para desmembrar a la presa, su función es capturar, sujetar y ayudar en el tragado, la cual siempre es ingerida completa (Klauber, 1997).
De acuerdo a su capacidad de liberar o no veneno, las serpientes han desarrollado dientes (también llamados colmillos) agrandados sobre la maxila, de tal manera que pueden ser reconocidas en cuatro grupos distintos.
Tipos de dentición en serpientes
Tipos de Dentición en Serpientes
Existen cuatro tipos principales de dentición en serpientes, cada uno con características y funciones específicas:
1. Aglifa (Sin Colmillos Inoculadores)
Estas formas no poseen la capacidad de liberar veneno o saliva de propiedades tóxicas. Tienen cuatro hileras de dientes en la parte superior: dos corresponden a los maxilares y dos a los huesos palatinos, además tienen las mandíbulas provistas de sus dientes normales, lo que hace un total de seis hileras de dientes agudos y ligeramente curvados hacia atrás.
En la Península Ibérica, la mayoría de las culebras son inofensivas por tener un tipo de dentición aglifa, sin colmillos para inocular veneno.
2. Opistoglifa
Su aparato venenoso consta de dos o tres dientes ligeramente acanalados y agrandados, insertados en la parte posterior del maxilar a cada lado. Cerca de estos dientes desembocan los conductillos que transportan el veneno secretado por dos glándulas, llamadas glándulas de Duvernoy, situadas en la región temporal y el veneno escurre dentro de la herida por capilaridad, facilitada por una ranura que se halla a lo largo de los dientes o por la sola curvatura de estos.
En general, el veneno de las opistoglifas está poco estudiado, debido principalmente a su poca importancia, desde el punto de vista de su toxicidad, aunque se tienen reportes de colúbridos que han llegado a ocasionar accidentes, que si bien no es nada comparado con la mordedura de una cascabel o nauyaca sí causan algún tipo de parálisis o molestias en el hombre. Ejemplos son: la falsa nauyaca, Trimorphodon biscutatus, las bejuquillas, Oxybelis fulgidus, O.
En la península Ibérica, sólo la culebra bastarda (Malpolon monspessulanus) y la de cogulla occidental (Macroprotodon brevis) tienen colmillos aunque ubicados en la parte trasera de la boca (dentición opistoglifa), por lo que también son inofensivas para el ser humano.
3. Proteroglifa
Su aparato venenoso consta de un diente acanalado a cada lado de la parte anterior de la maxila y dos glándulas productoras de veneno. Dichos dientes son profundamente acanalados y por medio de un conducto se comunican con las glándulas, que son grandes y están colocadas en la región temporal, una a cada lado de la cabeza. Los dientes inyectores de las serpientes proteroglifas son fijos y relativamente cortos, pero esto se encuentra compensado por un activo veneno neurotóxico.
Por otra parte, el veneno es característico por los dolores intensos que produce, con muy pocos o nulos efectos locales. Los dientes de estas serpientes son poco visibles y en ocasiones se requiere el uso de una lente de aumento para observarlos con claridad. Como los dientes de los elápidos son relativamente cortos, los reportes de accidentes asociados a su mordedura son poco frecuentes, aunque definitivamente los hay.
4. Solenoglifa
El último grupo en la eficiencia del mecanismo de mordedura alcanza su mayor grado en las víboras. Estas poseen un aparato venenoso muy perfeccionado, con el que inyectan su veneno a bastante profundidad en el interior del tejido. Su mecanismo inyector consiste en un diente a cada lado, articulado en la parte anterior de la maxila y de una glándula productora de veneno en la región temporal (también una por lado), grande y poco comprimida que le da esa característica forma triangular a la cabeza.
Los dientes son huecos en toda su longitud como una aguja hipodérmica y por medio de un ducto están en unión directa con las glándulas venenosas. Los dientes inyectores se encuentran dentro de unas vainas membranosas y normalmente se encuentran plegadas contra el paladar; su erección ocurre cuando la serpiente abre la boca para morder, reacomodar sus mandíbulas o cuando bosteza.
Detrás de los grandes dientes se encuentra una serie de pequeños colmillos en formación que sirven para reemplazar a los primeros, por este motivo resulta falsa la afirmación de que se les puede volver inofensivas al ser privadas de ellos, pues el animal puede recuperarlos en pocos días. En estas serpientes viperinas, el hueso maxilar, al cual los dientes están adheridos, ha sido reducido y es capaz de ser rotado de tal forma que los dientes, cuando no están desplegados en su típica posición de ataque, pueden ser plegados hacia atrás en contra del techo de la boca. Los dientes son tan largos que de no ser por este mecanismo atravesarían la boca más allá de la mandíbula inferior al ser cerrada.
En la península Ibérica, las víboras tienen dentición solenoglifa, con grandes colmillos móviles en la parte delantera de la boca que se pliegan contra el paladar cuando la cierran y se despliegan hacia delante para morder. Es importante saber diferenciarlas de las culebras porque su sistema de inoculación de veneno es más eficaz.
Colmillos de víbora
Veneno de Serpientes
Algunas serpientes realizan mordeduras venenosas, como las cobras y las víboras, para matar a sus presas y posteriormente ingerirlas.
Dentición en Vertebrados
La mayor parte de los vertebrados tienden a presentar denticiones compuestas por muchos dientes iguales (dentición homodonta) que se reponen de forma continua (peces óseos, cocodrilos, Figura 1 A, B). Su función básica es retener la presa antes de engullirla entera. Hay variaciones, sin embargo, como en el caso de tiburones y rayas capaces de presentar denticiones modificadas para trocear (dientes afilados o aserrados) o triturar (placas dentarias) a sus presas (Figura 1 D, E).
Dentición en peces óseos, cocodrilos, serpientes, tiburones y rayas
Aves y tortugas sustituyen la dentición por los picos (estructuras corneas de origen epidérmico). En los mamíferos, sin embargo, la dentición se reduce y especializa para triturar el alimento y favorecer su digestión (dentición heterodonta). Los herbívoros, sin embargo, tienden a presentar series molares separadas de los incisivos por diastemas (antílopes). Los molariformes son todos iguales, presentan coronas planas especializadas en la trituración de las fibras vegetales (frecuentemente duras y mineralizadas) y tienden a presentar crecimiento continuo. Los delfines y cachalotes, especializados en el consumo de peces y cefalópodos, presentan de nuevo una dentición homodonta útil en la captura de estas presas escurridizas.
