Ha llegado la hora de hacer cuentas con el pasado más cercano: mi vida en un piso habitado por cinco chinos de Pekín que se pasan todo el día hablando mandarín. Rima, ¿verdad? Antes de nada, los chinos son maravillosos. Los chinos me adoptaron y, a golpe de programa (aunque lo siguiente sea un poco bíblico, Mao pasaba de Dios, por lo que debieron de tirar de otro manual), dieron de comer al hambriento, de beber al sediento, de dormir al somnoliento y de vestir al harapiento.
Así, cualquiera, y los chinos terminaron ganándome por los fogones. Sobra decir que no tuve vergüenza, valor ni ánimo para seguir con la encuesta (nadie juega con la mano que te da de comer).
El tratamiento de choque ante una ingesta masiva de chinitos pasa por coger el coche y esconderse en cualquier pliegue del mapa de carreteras británico. Una vez en su coche, ejerciendo de copiloto imposible (¡Matthew, arráncalo, por Dios!) y acompañado, en la parte de atrás, por Oliver, el cantante de The Koreans, partimos hacia nuestro dorado marítimo, Southend-on-Sea, allí donde termina el sur y comienza el mar.
Para mí, las ciudades inglesas, británicas y hasta las irlandesas son como los chinos. A priori, parecen todas iguales pero, como ellos, sus facciones siempre deparan alguna sorpresa. No pasaría nada si la realidad superase mi imaginación, tal y como sucedió cuando advertí que la sempiterna calle peatonal que rendía culto al consumismo conducía a una línea de ¿playa? sembrada de Amusements (en mi pueblo, aka salas de máquinas), parques temáticos (e.m.p., aka barracas), minicampos de minigolf (e.m.p., aka Golpe Pitch & Putt), fish and chips (e.m.p, aka pulpo á feira) y public houses (e.m.p, aka tabernas).
En este contexto, surge la figura de Lin, una joven china que añade una capa más a esta experiencia multicultural. Lin, más que una muñeca de porcelana amarilla, es una barbie rasgada y jardinera. Las comisuras de sus ojos esconden un mapamundi de sensualidad, pero ella, quizás para despistar, se dejó en Little China su brújula de agujas de carne. Los taconcillos afilados de Lin se hunden en la madera humedecida de un tejado de Camden Town.
Ella mira los agujeros de juguete que deja a su paso, a sus pasitos, y se ríe como una florecilla. Si Lin fuese de Getafe, muy probablemente me parecería tonta y cursi, pero ella, Mao mediante, nació china y barbie. (Perdona por la cacofonía, Lin, porque yo sólo quería dejar claro que se puede ser a un tiempo republicana, popular, socialista, china, barbie y jardinera.
Lin, encaramada en su jardín urbano del norte de Londres, luce, fija y da esplendor con su lengua de clorofila. Puede que no haya quedado claro que Lin es una china de provincias. Pero todo es una cuestión de perspectiva: si superponemos Beijing a Madrid, ella sería, a ojo rasgado, de un lander alemán o de un cantón suizo. Lin me cuenta esto mientras aplica la eutanasia a algunos lirios para que la eugenesia se encargue del resto.
Yo, sentado a una distancia prudente, saco mis cuernos al sol, dejándome llevar por la banda sonora tan original de sus pasitos, mientras observo como se agacha para dar de beber a sus criaturas.
Hoy me he calado la capucha antes de subir al jardín aéreo de Camden Town, donde la ausencia de Lin hacía juego con el cielo y su paleta de grises. A los chinos es mejor no hacerles muchas preguntas, no vaya a ser que me vaya a quedar sin respuestas. Jiang Xi me suena a chino, tesoro. A ver si me sitúo: ¿Cómo se llama tu ciudad?
Si mi ecobarbie favorita todavía no retiene líquidos, está claro que ya contiene sus palabras. ¿Racionará el uso del DRAE con todos o sólo conmigo? «Lin parece que rumia las letras. Apenas le he escuchado una docena de lindezas en toda una semana: me, gustan, las, flores, en, la, tierra, no, en, la, botella; las, traje, de, mi, casa; jiang, xi; nanchang; muchas».
Por ejemplo, esta mañana le he vuelto a preguntar cuántos años tiene y me respondió con otra cereza: ya, te, lo, dije. Oh, Lin, comprende que, conforme está el cielo, es normal que se me haya nublado la memoria. Además, yo sólo quería contar tus palabras. Tienes, veinte, y, tres, le dije. La verdad es que tuve que obviar el reglamento y forzar un poco la numeración, pero al final empatamos a cuatro.
Cuando era un crío, tuve un profesor de Geografía e Historia que se llamaba Don Fernando. Tenía barba, era buen profesor y todavía mejor persona. «A pesar de que pedí notificación por escrito, Lin, víctima del cuentapalabras instalado en su boquita asilvestradamente afrutada, escribió el nombre de su provincia separado. Escríbase, a partir de ahora, Jianxi. Se encuentra en la China meridional (vamos, que Lin es republicana, popular, socialista, china, barbie, jardinera y sureña), por lo que deduzco que los pekineses dirán Me bajo a Jianxi y los jianxineses* ¿Subimos de finde a Beijing?.
Para mi sorpresa (y la de Don Fernando, si me leyese), el citado Yantsé baña la zona (no creo que ellos puedan hacer lo propio, pues a la media brazada tropezarían contra un pantano). Pero lo que me deja estupefacto es que Jianxi es conocida como la capital china de la porcelana. No me equivocaba yo cuando decía que Lin es como una muñequita (se sobreentendía que de porcelana) amarilla.
Antes de que me trastoque mis preguntas, ya le tengo preparada a Lin alguna respuesta: Jianxi ocupa un territorio de 1.669.000 kilómetros cuadrados (tres veces largas más que nuestro Estado), en el que viven unos 40 millones de chinos, que se cuentan pronto O sea, los mismos no me refiero a los chinos, sino a los habitantes que en España. A todo esto, ¿cuántos habitantes tendrá Jaén?
La cosa se complica: la población de su ciudad es de 1,57 millones de personas (afortunadas) y la población urbana, de 4,07 millones. Esto no se come ni con palillos. He decidido que mañana le pediré a mi ecobarbie favorita que me explique, en pocas palabras (y no va con recochineo), el misterio que la envuelve a ella y a su ciudad.
Los chinos andan más salidos que un cerdo agridulce. ¿El problema? En Maoland nacen 119 chinitos por cada 100 chinitas. La solución pasa ahora por la prohibición de las pruebas ultrasónicas para detectar el sexo del feto. Pero yo me pregunto: ¿realmente se ve el palillito? ¿La venganza está servida? Incautos turistas, ojo con las Chinese Riot Girls.
He llegado tarde a la cena con mis chinitos, pero no es el momento para disculpas y, de perdidos, al Yantsé. Por circunstancias que no vienen al caso, me planto en un sarao organizado por la comunidad española en Londres: la presentación del libro equis zeta. La primera advertencia, nada más llegar, procedió de una pava desplumada de la añada del 92 (del siglo pasado), que me destripó, de abajo arriba, con su mirada.
No supe entonces si atrapar el canapé de salmón de granja o recoger mis vísceras, pero al final, ante la escrutadora mirada del personal, que sumaba cuatro calendarios cristianos, decidí subir aguas arriba. Una española cincuentona (que ayudó a bajar considerablemente la media de edad) y, como pude extraerle posteriormente, con tres hijos, varones (qué ejpañol), me dijo que aquello era muy interesante, dado que el restaurante, de inspiración valenciana, era de postín.
Entre el drum y el drama, los minutos pasaron entre alopécicos y panzudos machous y abuelitas con alma de drag queen. Me salvó su alzheimer galopante, que me proporcionó un camarón a la trenca en vez del ininteligible nudo inglés.
Fernando Sánchez Dragó dice que quiere montar una comuna para ponerse hasta arriba con Escohotado y Cía. y cobrar a los incautos que se dejen caer por su pueblecito de Soria, que no es suyo, pero casi (viven 20 y el tío ya ha comprado varios inmuebles: pretende montar una casa rural para mantener el tinglado y organizar cursos de verano a la escoriala). Allí vive con una japonesa de 30 años. La casa está decorada en plan islote, a la japonesa, porque Fernando, como sabéis, es un ¿nipófilo?, ¿japonófilo?, ¿solnacientófilo?
A ver, si los estudiosos de la cultura china son sinólogos, ¿cómo carallo se llaman los que se saben de memoria todos los hits de Humor Amarillo, Candy Candy o Beat Takeshi?
A veces es como si me muriera un poquito. Otras, quiero una metralleta a mano. Tampoco me importaría agenciarme una fumigadora: no con bidón sino con hélices. Me da por pensar, aunque no quiero, en cómo funcionan los resortes del otro (el otro, claro está, es chino; el otro también me lleva, no sé porque, aunque la rasgadura es obvia, a aquellos japoneses perdidos en una isla del Pacífico que, años después del alto el fuego, todavía creían que estaban en guerra, la segunda, y mundial: es un romanticismo aceitunero y kamikaze, menos es nada).
Porque el otro también piensa, susurra, vive aquí al lado y es tu enemigo (bueno, mi enemigo: pared con pared). ¿Lo entendería? Porque esta gente y esto no es resentimiento estudia en la London School of Economics y lo que tú quieras, pero ¿sabrá hacerse la O con un canutO?; si viese uno, ¿se interesaría por él?, ¿percibiría un olor distinto?, ¿distinto a qué?, ¿pediría una calada? o y respeto todas las diferencias culturales que puedan pensar porque, entre otras cosas, yo soy tan diferente como él, ¿o no? se metería corriendo en su cuarto pillándose la cola al cerrar la puerta.
La noche del pasado miércoles, sin embargo, fue protagonizada por una artista mundialmente conocida por su viudez. Entrevistar a Yoko Ono para que nos hable del «fantasmagórico pasaje a través del tiempo» es misión imposible. Su visita es fugaz y nos quedamos sin su interpretación de unas instalaciones con alma neoyorquina: piezas gigantes rebozadas en sangre (platos rotos, zapatos, cubos de basura rebosantes de culos, pantorrillas y puños), crudas fotografías de gran formato (crímenes urbanos, niños famélicos, edificios bombardeados) y trampas donde el poco tentador cebo para humanos es un amasijo de libros.
Lin no se ha subido esta mañana al jardín aéreo de Camden Town. Allí arriba, el cielo vestía un traje gris marengo y algunas florecillas hincaban sus rodillas en l...
En definitiva, la experiencia de convivir con chinos en Londres es un viaje lleno de contrastes, sorpresas y reflexiones sobre la identidad y la globalización. Es una oportunidad para cuestionar nuestros propios prejuicios y abrirnos a nuevas perspectivas culturales.
INCREÍBLES DIFERENCIAS entre ORIENTALES y OCCIDENTALES 😮 ¿Por qué PIENSAN DISTINTO?
| Concepto | Valor |
|---|---|
| Territorio | 1.669.000 km² |
| Población | 40 millones |
| Población urbana de Nanchang | 4.07 millones |
