Rafael Leónidas Trujillo, una figura que marcó la historia de la República Dominicana, nació en la ciudad de San Cristóbal el 24 de octubre de 1891. Fue el tercero de los once hijos del pequeño comerciante José Trujillo Valdez y su esposa Altagracia Julia Molina.
Rafael Leónidas Trujillo Molina
Primeros Años y Delincuencia
Hasta 1918, Trujillo no se le conoció otro oficio que el de delincuente. En su adolescencia, trabajó unos meses como telegrafista, pero pronto se unió a la Banda 42 de jóvenes delincuentes, liderada por su hermano José. Sus delitos eran variados: falsificaban cheques, cometían asaltos en negocios y casas particulares, e imitaban a los cuatreros robando ganado en las aldeas.
Ingreso al Ejército y Ascenso Político
Cuando salió de prisión, Trujillo se incorporó a la Guardia Nacional, creada por los norteamericanos durante la ocupación del país de 1916 a 1924. "Voy a entrar en el Ejército y no me detendré hasta ser su jefe", cuentan que había dicho, y la verdad es que lo cumplió. Fue entonces cuando irrumpió en la política como vía para encumbrarse.
Cuando finalizó la ocupación y los militares estadounidenses abandonaron el país, el nuevo presidente, Horacio Vázquez, le nombró jefe del Estado Mayor de la Guardia Nacional. En 1930, lideró una rebelión armada que obligó al presidente Vázquez a abandonar el país, mandó asesinar a su colaborador, Virgilio Martínez Reyna, y a su esposa embarazada.
Creación del Partido Dominicano
Apenas un año después, el 16 de agosto de 1931, Trujillo creó el Partido Dominicano (PD), de ideas y corte fascistas. El PD nació con una ideología anticomunista y, desde el principio, con actitudes de partido único. Sus miembros fueron dotados de un carné con una palma dibujada sin el cual nadie pasó a contar nada en la vida pública. Era popularmente conocido como “La Palmita”, que igual abría puertas para obtener privilegios como para entrar en prisión a quienes no lo podían mostrar.
El partido contaba con una emisora propia, la RLTM, las iniciales de los cuatro principios del régimen: rectitud, libertad, trabajo y moralidad, “casualmente” coincidentes con las iniciales del nombre completo del sátrapa que se estaba consolidando. “Casualmente” también, un día se incendió la sede del palacio de la Justicia, donde estaban archivados los informes policiales de las actividades del ya Generalísimo durante los años en que se ejercitó en la delincuencia. Ningún bombero acudió a sofocar el fuego.
La economía mejoró y la implantación de empresas norteamericanas aumentó. Comenzaban unos tiempos de prosperidad que ayudaron a consolidar la dictadura. El respaldo de Estados Unidos, unido a la proliferación de dictaduras en toda Latinoamérica, contribuyó a promocionar la imagen internacional del país, hasta entonces desprestigiada.
Trujillo junto al presidente de los Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower
La Matanza de Haitianos
La paz con Haití duró poco. Eran muchos los emigrantes haitianos que trabajaban en las comarcas fronterizas dominicanas, donde los salarios y el nivel de vida eran más altos. Su presencia, además de estimular el odio entre las dos comunidades, despertaba la animadversión de los obreros dominicanos, porque los haitianos aceptaban peores condiciones laborales. Lo anunció en octubre en el transcurso de un baile de sociedad en su honor. Y hacerlo con machetes y cuchillos, lo cual suponía ahorro de munición.
La Masacre del Perejil | Historia de la República Dominicana y Haití (1937)
Corría el año 1937. Los militares desplegados en las regiones fronterizas se pusieron manos a la obra de inmediato. Los asesinatos en la impunidad se multiplicaban. Algunas veces surgían confusiones y eran ejecutados en plena calle dominicanos. Los estrategas del genocidio se proveyeron de una fórmula sencilla para saber quién era haitiano.
La matanza duró cerca de un año. Los historiadores no coinciden en el número de víctimas, en su mayor parte cortadores de caña al servicio de las plantaciones norteamericanas: entre 15.000 y 35.000. La cifra que más se contempla es la de 25.000. Terminó gracias a la presión internacional. Trujillo lo justificó con argumentos nacionalistas, anticomunistas y de defensa de la patria.
El propio gobierno de Estados Unidos intervino. Obligó a detener una masacre con numerosos componentes racistas -los asesinos en su mayor parte eran blancos- y a entablar una nueva negociación con Haití bajo los auspicios del presidente norteamericano, Franklin D. Una vez más, Trujillo impuso su voluntad ante la debilidad del ejecutivo haitiano. Accedió a pagar una insignificante compensación de 750.000 dólares, el equivalente a treinta pesos por muerto. Pero en cuanto los norteamericanos se apartaron del acuerdo, Trujillo volvió a regatear y la cifra quedó reducida a 525.000 dólares, que nunca se supo quién recibió y administró.
Relaciones Internacionales y Dictaduras Contemporáneas
En las elecciones de 1942, Trujillo recuperó la presidencia como candidato único y permaneció en el cargo hasta 1952, cuando fue sustituido por su hermano Héctor, al que también ascendió a Generalísimo. Este ejerció la presidencia con los mismos métodos que su hermano, del que apenas era ejecutor de sus designios, durante ocho años.
Durante la Segunda Guerra Mundial, sus ideas y simpatías se identificaban con la Alemania nazi, pero, por la sumisión a los dictados de Washington, le mantuvieron al lado de los aliados. Cuidaba la relación con los dictadores contemporáneos, como el cubano Batista. Con Franco enseguida estableció relaciones de confraternidad. Le admiraba, compartía sus principios e imitaba la parafernalia del régimen español.
Visitó España, donde fue recibido con todos los honores en 1954. Los dos dictadores recorrieron el paseo madrileño de la Castellana en coche descubierto, aplaudidos por una multitud. Luego visitaron el Alcázar de Toledo y el Valle de los Caídos (entonces no imaginaban que acabarían como vecinos de tumba en el cementerio de Mingorrubio).
Oposición y Críticas Internacionales
Varios presidentes democráticos que coincidieron con su dictadura, como Juan José Arévalo, de Guatemala, José Figueres, de Costa Rica, Ramón Grau San Martín, de Cuba, y Elie Lescot, de Haití, reaccionaron con críticas hacia la represión en la República Dominicana. El más activo en este sentido fue el venezolano Rómulo Betancourt, que denunció sus crímenes en la Organización de Estados Americanos (OEA). A lo largo de su agitada vida política, Betancourt sufrió varios atentados.
Uno, ocurrido el 24 de junio de 1960, fue atribuido al SIM, la policía secreta con la que Trujillo sembraba el miedo entre los ciudadanos y ejercía la represión contra los que osaban criticar al régimen. Se calcula que en los treinta años que se prolongó la dictadura trujillista fueron asesinadas 50.000 personas, y muchas más torturadas, secuestradas, violadas, encarceladas o exiliadas.
Manifestación contra el régimen de Trujillo
El Final de la Dictadura
Tantos escándalos, algunos con la implicación de agentes de la CIA, fueron minando la relación de Trujillo con Estados Unidos. Había sido un socio muy útil, pero empezaba a resultar incómodo. Tras la entrada de Fidel Castro triunfante en La Habana en 1959, empezaron a sospechar que la dictadura dominicana, por sus abusos, podía generar una revolución similar.
Todo concluyó en la noche del 30 de mayo de 1961 en el kilómetro 9 de la carretera de San Cristóbal. Cuando se dirigía a visitar a su amante, fue víctima de una emboscada tendida por un grupo de once hombres dotados de armas proporcionadas por la CIA. Recibió sesenta balazos. Intentó escapar revólver en mano, pero fue rematado en tierra por el líder del grupo, Antonio Imbert Barrera, futuro presidente de la República.
Tras los funerales de Estado, celebrados con toda la pompa en la catedral, sus restos fueron sepultados en la cripta de la iglesia de San Rafael, que había mandado construir para él y su familia. Los colaboradores más fieles, encabezados por su hijo Ramfis, intentaron sin éxito controlar el poder. Aquella misma noche, Ramfis, su madre, hermanos y demás familiares embarcaron en el yate Angelita con los restos de Trujillo y 95 millones de dólares en lingotes de oro a bordo. Desde la isla vecina de Guadalupe continuaron viaje a París en avión.
El cadáver del dictador fue enterrado en el cementerio francés de Père Lachaise, donde permaneció hasta 1970, en que fue trasladado al mausoleo familiar preparado en Mingorrubio, en las afueras de Madrid.
