¿Sabes cuándo surge el Imperio Bizantino? El Imperio Bizantino comienza en el año 324 d.C., cuando el emperador Constantino se hace con el control del Imperio Romano, reunificando los territorios orientales y occidentales. Antes de hablar propiamente del Imperio Bizantino, es necesario comprender el contexto histórico del que surge y el significado profundo de su capital, Constantinopla.
El llamado Imperio Bizantino no aparece como una creación nueva ni como una ruptura con el mundo romano, sino como una continuidad transformada del Imperio romano en su mitad oriental. El llamado Imperio Bizantino fue la prolongación histórica del Imperio romano en su mitad oriental tras la desaparición del poder imperial en Occidente. Los habitantes de este Imperio nunca se consideraron “bizantinos”: para ellos eran romanos, herederos legítimos de la autoridad imperial fundada siglos antes en Roma.
✅ El IMPERIO BIZANTINO en 11 minutos | La historia del Imperio Romano de Oriente
La Fundación de Constantinopla y la División del Imperio
Las luchas internas por el poder en el Imperio Romano acabaron entronizando a Constantino I en el 324, tras derrotar a Licinio en Bizancio. Entonces decidió fundar allí una nueva urbe que fuera la capital de su imperio, Constantinopla, cuya inauguración oficial fue en el 330. La nueva Roma se fundó como una ciudad cristiana. Para convertirse en la superpotencia que deseaba Constantino, necesitaba atraer a la gente de la zona occidental para que viviera allí.
Con la separación del Imperio Romano con Teodosio I en el 395, Constantinopla pasó a ser la capital del Imperio Romano de Oriente hasta 1453. Situada estratégicamente entre Europa y Asia, dominando las rutas comerciales y protegida por el mar y por sólidas defensas, la nueva ciudad estaba llamada a convertirse en el corazón político, económico y cultural del Imperio. La elección no fue casual.
Mapa del Imperio Bizantino en su apogeo.
Infraestructura y Defensa de Constantinopla
Para conseguirlo debía superar un importante escollo: traer agua potable a la metrópoli. El agua llegó a Constantinopla bajo el mandato del emperador Valente. Junto al problema del agua, los bizantinos tenían que construir un sistema para protegerse de los ataques invasores, especialmente de los hunos, que ya habían arrasado buena parte del antiguo Imperio Romano. Para ello levantaron un sofisticado sistema de murallas, construidas a partir de mortero de caliza y ladrillo. Las paredes tenían una altura de nueve metros y un grosor de cinco metros.
Sin embargo, la muralla sucumbió en el año 447 debido a una serie de terremotos de alta intensidad (Estambul está situada sobre una falla). En pocas semanas, y antes de que los hunos accedieran a la ciudad, consiguieron restaurar la fortificación. Al igual que las ciudades romanas, Constantinopla y las grandes urbes bizantinas tenían una organización urbana y una relevancia fundamental dentro del Imperio. En ellas se concentraban las sedes de los obispados y de las instituciones políticas y militares.
Justiniano I y la Edad de Oro del Imperio Bizantino
Es bajo el emperador Justiniano I (527-565 d.C.) cuando el imperio alcanza su máximo esplendor. La situación política de Constantinopla sufrió un importante cambio con la llegada al poder del emperador Justiniano, en el año 527. Justiniano fue un líder visionario que tenía el objetivo de restaurar la grandeza del antiguo Imperio romano y logró recuperar grandes extensiones de territorio, como Italia, el norte de África y parte de España. En el año 532, miles de hombres, desconformes con la política de Justiniano, comenzaron con una serie de protestas que acabarían arrasando buena parte de la ciudad.
Mosaico del emperador Justiniano I en la Basílica de San Vitale, Rávena.
Con el objetivo de recuperar el esplendor de la antigua Roma, lanzó varias ofensivas para retomar territorios en occidente, así como una campaña urbanística para revitalizar la nueva capital y convertirla en una ciudad formidable. Las políticas y las elecciones de Justiniano, y en especial su opción de utilizar consejeros eficientes aunque impopulares, por poco le cuestan el trono a comienzos de su reinado. Revuelta de Nika el 18 de enero de 532. Mientras que las multitudes provocaban revueltas en las calles, Justiniano llegó incluso a valorar la posibilidad de escapar de la ciudad, pero permaneció en ella alentado por las palabras de su esposa Teodora. A lo largo de los siguientes dos días, ordenó una brutal supresión de las revueltas por sus generales Belisario y Mundus.
La destrucción que se propagó por la ciudad de Constantinopla durante las revueltas fue muy elevada. Justiniano y Teodora después de la revuelta de Nika el 18 de enero de 532. Justiniano heredó de su tío una serie de hostilidades en curso entre el Imperio Bizantino y el Imperio Sasánida. En 530, el Imperio Bizantino logró derrotar a un ejército persa en la batalla de Dara (530), batalla de Satala (530), aunque al año siguiente las fuerzas romanas comandadas por Balisario fueron derrotadas pirricamente en la batalla de Calinico (531). A la muerte del rey Kavad I en septiembre de 531, Justiniano concluyó un tratado de paz de duración indefinida conocido como la Paz Eterna con su sucesor, Cosroes I (532).
En mayo de 530, el monarca probizantino Hilderico fue depuesto por su primo Gelimer aduciendo que su falta de personalidad habían llevado a los vándalos a ser derrotados por las tribus moras. Las protestas de Justiniano para que Hilderico pudiera regresar a Constantinopla no fueron escuchadas, por lo que preparó con cuidado una campaña que debía combinar eficacia militar y sobriedad de costes. Juan de Capadocia, responsable de las finanzas del Imperio y opuesto a la guerra, accedió al final a llevar los gastos de la campaña de una forma rígida. La flota bizantina salió de los puertos de Constantinopla a mediados de junio de 533 vía Sicilia. Alcanzó las costas africanas al cabo de tres meses, desembarcando en la ciudad de Caput Vada, en la actual Túnez, con un ejército de unos 15.000 hombres, más un número indeterminado de tropas auxiliares bárbaras bajo el mando del general Belisario.
En su avance hacia Cartago encontraron escasa resistencia, y venció a los vándalos, que habían sido tomados completamente por sorpresa, en la batalla de Ad Decimum, el 14 de septiembre de 533. Más tarde volvería a derrotarles en la batalla de Tricamerón en diciembre, tras la cual Belisario tomó la ciudad de Cartago. Gelimer, temeroso de que entronizaran al depuesto rey, mandó ejecutar a Hilderico antes de la caída de Cartago y huyó a los rebordes montañosos en el monte Pappua, en Numidia. Finalmente, optó por entregarse a finales de marzo de 534. Belisario lo condujo hasta Constantinopla, donde el general fue recibido con grandes honores y hasta con la celebración de un triunfo romano, ceremonia que durante siglos había estado reservada al emperador. La provincia fue anexionada al Imperio.
Desafíos y Declive del Imperio Bizantino
A pesar de su esplendor, el Imperio bizantino se enfrentó en sus mil años de historia a numerosos desafíos que le llevaron a su declive. A partir del siglo VII, las invasiones árabes, búlgaras y eslavas comenzaron a debilitar el imperio. En 1204, la Cuarta Cruzada significó un evento devastador para el imperio. Fue una época de declive debido a las guerras, las cruzadas y las divisiones internas. En 1204, Constantinopla fue saqueada por los cruzados, lo que debilitó gravemente al imperio.
Las fronteras del Imperio variaron considerablemente a lo largo de su historia. En su apogeo bajo Justiniano, abarcaron parte de los Balcanes, Asia Menor, Oriente Medio, Egipto, el norte de África e incluso parte de Italia y España. Por otro lado, la posición estratégica de Constantinopla, situada entre Europa y Asia, fue clave para el imperio.
La Caída de Constantinopla y el Fin del Imperio Bizantino
El 29 de mayo de 1453, el Imperio Otomano tomó la ciudad, dejando al mundo conocido consternado pues desaparecía una potencia de la historia de casi 1.500 años, desde su creación en el 27 a. C. Finalmente, el golpe definitivo llegó en 1453 cuando los turcos otomanos, liderados por el sultán Mehmed II, conquistan Constantinopla. El imperio bizantino cae definitivamente en 1453, debido a la invasión otomana.
"La entrada de Mehmed II en Constantinopla" por Fausto Zonaro.
El Legado Cultural del Imperio Bizantino
El legado cultural del Imperio bizantino es inmenso y ha perdurado en el tiempo mucho más allá de su desaparición. Fue un centro de arte, arquitectura y conocimiento. El Imperio bizantino mantuvo viva la herencia romana en Oriente durante más de mil años. Además, el arte bizantino es conocido por sus impresionantes mosaicos y su arquitectura religiosa, como la famosa iglesia de Santa Sofía en Constantinopla. La basílica es el ejemplo arquitectónico más importante de la época bizantina. Uno de sus elementos característicos es la enorme cúpula central, de 30 metros de diámetro. El cristianismo ortodoxo también es una parte fundamental de su legado.
Herederos de la antigua Roma, los bizantinos recuperaron el esplendor del Imperio y lo trasladaron a Oriente. La obra arquitectónica de la época bizantina es extensa. Sin embargo, gran parte de su obra cultural se destruyó en la antigüedad, debido a la época iconoclasta. En el siglo VIII el emperador León III mandó eliminar todos los elementos icónicos que hacían referencia a la religión, debido a la influencia de las culturas anicónicas que rodeaban a Constantinopla, especialmente las procedentes de Asia y el mundo islámico.
Tabla Cronológica del Imperio Bizantino
| Período | Acontecimientos Clave |
|---|---|
| 324 d.C. | Constantino I toma el control del Imperio Romano. |
| 330 d.C. | Fundación de Constantinopla como la nueva capital. |
| 395 d.C. | División del Imperio Romano; Constantinopla capital del Imperio Romano de Oriente. |
| 527-565 d.C. | Reinado de Justiniano I, apogeo del Imperio Bizantino. |
| Siglo VII | Comienzo de las invasiones árabes, búlgaras y eslavas. |
| 1204 | Saqueo de Constantinopla durante la Cuarta Cruzada. |
| 1453 | Caída de Constantinopla ante los turcos otomanos. |
