La eterna pregunta sobre si el estilo es algo con lo que se nace o se puede aprender ha sido objeto de debate durante mucho tiempo. ¿Es un don natural o una habilidad que se puede adquirir con el tiempo y la experiencia? Este artículo explora este interrogante a través de diversas perspectivas, incluyendo la de la reconocida artista Mala Rodríguez, y analiza los factores que influyen en la formación del estilo personal.
Para ser totalmente honesto, la elegancia requiere de predisposición y la predisposición requiere de algo innato llamado voluntad. Es posible llegar a aprender a vestir bien siguiendo el consejo de los mejores, pero hay algo que es imposible de adquirir a través del aprendizaje: el estilo.
La Perspectiva de Mala Rodríguez: Autenticidad y Evolución
En una entrevista con motivo de la publicación de su autobiografía, ‘Cómo ser Mala’, Mala Rodríguez comparte reflexiones sobre su vida, su carrera y la construcción de su identidad. Nos encontramos con ella en el centro de Madrid donde nos recibe llena de energía, cercana. Ella misma reflexiona sobre la dualidad entre la persona y el personaje, y cómo la creación de "La Mala" ha ayudado a María a entenderse y cuidarse a sí misma.
No sabría cómo llamarlas, pero desde luego que ha habido muchos momentos en los que he tenido que entender que existía una persona y un personaje. Entonces cuidar de esa persona me ha llevado mi tiempo. A eso me refiero con que La Mala, eso que yo he creado, con la que me he bautizado, ha ayudado a María.
Mala Rodríguez también aborda el tema del feminismo, describiendo el suyo como "cinético": "mi feminismo, como el movimiento, se demuestra andando". Es que hay tantísimo debate, se habla de feminismos y me encanta que por fin se hable de eso. Es muy intenso. Ella destaca la importancia de la acción y el apoyo mutuo entre mujeres, más allá de las etiquetas y los debates teóricos. Si ves a alguien que le pasa algo hay que ayudar.
Pero ser un referente para algunas cosas está guay porque a mi me obliga también a ser más responsable, es como tener hijos en ese sentido. Es cuando dicen: yo no soy un role model.
En el libro, sobre todo en la sinopsis, hablan mucho de fiestas, sexo, drogas, ¿qué opinas que te relacionen con eso? Yo creo que este es un libro de autoayuda, Cómo ser mala, esto es lo que he hecho yo y a ver si a ti te puede funcionar. Esas cosas se resaltan porque bueno, es cierto que yo siempre he hablado claramente de muchas cosas de lo que he probado, me atrevo con todo y no pasa nada. Yo creo que tú tienes que pulirlo. Es como cuando Miguel Ángel ve una piedra y ve una imagen y lo pule y crea algo.
En el libro mencionas un par de veces una alegoría sobre esperar el autobús, vives esperándolo para que te lleve más lejos. No. Yo creo que ahora mismo estoy en un momento en el que entiendo perfectamente lo que sucede porque he vivido crisis, entiendo la depresión que pueden sentir las generaciones más jóvenes, entiendo como la historia se repite con muchos artistas que veo, o incluso en mi propio barrio, veo todo desde un punto de vista que entiendo mejor las cosas y me da ternura porque siento mucha conexión con el momento en el que estamos.
Mala Rodríguez - Quien Manda
La Elegancia: ¿Innata o Adquirida?
La elegancia es una actitud, un comportamiento concreto frente una situación determinada, la naturalidad con la que andamos, la facilidad con la que hablamos e incluso la destreza con la que escribimos. Es una forma de vida asimilada y no forzada, una manera de afrontar el día a día sin tener que parar a pensar qué corbata escoger o cuál es el zapato que mejor combina con nuestro traje.
Parece que, siendo la elegancia un modo de vida, es decir, un ejercicio o un conjunto de acciones, no puede decirse que sea innata, sino más bien un producto del hombre que vive en una determinada sociedad. Este punto de vista viene a explicar el porqué del cambio que muy brillantemente aprecia el Aristócrata.
A este respecto matizar que elegancia,clase y estilo son tres aspectos absolutamente distintos que a veces aparecen imbricados entre si,algo que muchos confunden. La clase es distinción,la elegancia es equilibrio y el estilo es personalidad.
No es necesario portar ni traje ni un exceso de complementos para demostrarle al mundo tus aptitudes y tus actitudes frente a la vida. Lo importante, es saber ajustarse a cada momento, lugar y circunstancia.
Hablar de elegancia es hablar de expresión, de ademanes, de gestos, de palabras. Se puede ser elegante en pijama, en bañador y por encima de todo, en vaqueros.
La verdadera elegancia, esa virtud tan escasa en nuestros días, es, por el contrario, un código de normas no escritas que han pasado de padres a hijos. Normas que se han aprendido en casa o que se han llegado a dominar observando a esos caballeros que las tenían interiorizadas desde su infancia.
Mitos sobre la elegancia masculina
- La elegancia la aporta el traje.
- Los hombres no se cuidan.
- Todos los hombres son iguales.
Al hombre de hoy le preocupa su aspecto, le gusta seducir y le gusta sentirse bien con su cuerpo. No es únicamente una herramienta de atracción física lo que nos impulsa a ello, sino a sentirnos bien con nosotros mismos. Y atrás quedaron los cosméticos sólo para mujeres y los centros de estética exclusivamente femeninos.
El Estilo Personal: Un Reflejo de la Identidad
Tener estilo genera debate. Hay quien dice que se nace estilosa. Sin embargo, yo os puedo asegurar que si bien se puede tener estilo de manera innata (ese tipo de gente que aunque lleve una bolsa en la cabeza lo hará con clase), también se puede aprender. Y aprehender. Solo es cuestión de analizarse, de estudiarse y fundamentalmente de no querer parecerse a nadie ni emular a nadie. Porque cuando se hace un copia-pega lo que sale es un pegote. De todo menos estiloso.
La clave del estilo es la mesura. Si no sabes por dónde empezar, hazlo siempre poco a poco. Sin recargar, sin exagerar. Para deconstruir e inventar primero hay que controlar lo básico. Así que empieza por ahí. Por remangar ligeramente tu jersey, por meter por dentro el piquito centra de la camisa o por arreglar tu pelo o maquillarte ligeramente. Dedícate tiempo. Todo lo que ves en la calle tan ideal y tan fácil no es más que el fruto de dedicarle tiempo. Es la única magia potagia que existe.
Con tiempo y con honestidad. El estilo no es un disfraz ni una identidad instantánea. Es el resultado de conocerte, de entender qué te representa y qué no. Las tendencias pueden servir de inspiración, pero cuando se vuelven una imposición te desconectan de ti misma. Construir estilo es un trabajo de introspección, de observar qué te hace sentir cómoda, qué te hace sentir segura. Una vez que encuentras eso, dejas de tener miedo a “quedarte atrás”, porque ya no estás compitiendo con nadie.
La palabra estilo esconde mucho de lo que somos en este tiempo. ¿Hay algo más democrático que el estilo? Para empezar, ¿qué es? Nadie lo sabe, pero desde luego es una mercancía que se vende con mucho rendimiento. Ya nadie habla de elegancia. Elegancia suena antiguo, elitista, fuera del alcance de los mortales. Y la moda (alta, baja o media) pretende vender otra cosa.
El estilo es hijo de la elegancia, pero está en movimiento, no tiene modales, va rápido y no lento. Es algo parecido a “lo cool”, esa otra palabra que parece definirlo todo, pero es menos misterioso y elitista. El estilo modula la voz, coloca la sonrisa, ilumina el gesto.
El Origen de las Tendencias y su Impacto
Cuando una tendencia nace no siempre es la reina del baile. A veces nos cuesta asimilarla y son las it girls más atrevidas las que, a golpe de lucirlas y bombardearnos con ellas, terminan convenciéndonos. Todos conocemos lo que triunfa esta temporada, desde el color marrón chocolate a los abrigos de pelo. Pero ¿de dónde sacan su poder para ser tendencia estas prendas o complementos?
"Desde la pasarela, desde el street style, desde las celebrities, desde las influencers y desde las diferentes capitales del mundo. Puesto en otras palabras, el dilema del nacimiento de las tendencias es el mismo que el del huevo y la gallina. Es imposible marcar un comienzo determinado. Porque el diseñador ha trabajado con coolhunters para saber qué triunfa en las calles. Porque el street style y las influencers beben su inspiración de lo que ven en las pasarelas, en Instagram y en otras it girls internacionales.
No importa la época, siempre ha habido hombres y mujeres con una capacidad innata para influenciar a los demás, con un estilo muy pulido y conscientes de su poder. No lo decimos nosotros, lo dice el estudio Sociology: Your Compass for a New World. El proceso es viejo como la vida misma: se lo vemos a alguien que admiramos e, "instintivamente, nos gusta y lo queremos".
Cuando una tendencia se dispara desde las altas esferas de la moda (las grandes it girls internacionales), las búsquedas en Internet por encontrar sus prendas o versiones low-cost de las mismas se disparan. Con ello podremos lucir como las mujeres a las que admiramos. Y, con un poco de suerte, hacerlo rápido para ser las primeras y triunfar todavía más.
Como ya hemos visto, no se puede determinar el momento exacto en el que nace una tendencia. Tampoco qué será de ella pasada unas temporadas. Algunas se quedan con nosotros, como las deportivas. Otras vuelven de vez en cuando, como el estampado de leopardo. Sea como fuere, lo que esta avalancha de información sí nos permite hacer (si tenemos un buen ojo observador) es entender qué triunfará la próxima temporada: colores, diseños y estilos al completo.
Hacia un Consumo Responsable y Consciente
Patricia Waltz, estilista y consultora creativa, aboga por romper con la lógica del consumo rápido y construir un armario basado en la permanencia, la identidad y la responsabilidad personal. Hace siete años dejó de comprar moda rápida. Redujo su armario a prendas de segunda mano y piezas especiales adquiridas en viajes o en marcas con una filosofía ajustada a sus valores. No fue un gesto estético, sino una consecuencia natural de un pensamiento crítico que empezó a desarrollarse cuando entendió lo que hay detrás de cada prenda: procesos de fabricación opacos, impactos ambientales invisibles y un sistema que produce a un ritmo que el planeta no puede sostener.
Hoy, Patricia no habla de moda como tendencia, sino como lenguaje. Defiende que vestirse es un acto íntimo, político y cultural. Que el estilo no se construye siguiendo lo que dicta la industria, sino desaprendiendo los hábitos que nos hicieron creer que siempre necesitamos más.
Durante mucho tiempo vivimos esa adrenalina que genera estrenar algo nuevo, y no nos damos cuenta de que ese placer es efímero. En mi caso, empecé a observar mis hábitos: cuándo compraba, por qué lo hacía, y si realmente lo necesitaba. Implementé algo muy simple: cuando algo me gusta, espero dos o tres días antes de decidir. Si pasado ese tiempo sigo pensando en ello, lo compro; si no, lo dejo ir. Es increíble la cantidad de cosas que dejamos de comprar con ese pequeño ejercicio.
Creo que es una responsabilidad compartida. Las marcas deben ser las primeras en ponerlo fácil, porque tienen el poder y los recursos para hacerlo. Si estás produciendo, también puedes hacerte cargo de lo que generas. Me refiero a proyectos de recogida, reciclaje o reventa que ya están apareciendo, pero que aún son una excepción. También creo que los gobiernos tienen un papel clave: regular los procesos, establecer leyes que limiten la producción masiva e incentiven el uso de materiales sostenibles. Pero el consumidor también tiene poder. Cada compra es un voto. Elegir con criterio no es elitista, es una forma de participar activamente en el cambio.
Recomiendo que se lean "La Moda Justa", de Marta Riezo. Es breve, directo y muy claro. Explica cómo funciona realmente la industria -desde la producción hasta la logística- y te da herramientas para entender el impacto de cada decisión. A mí me ayudó a reforzar mi visión y a entender que el cambio empieza por algo muy sencillo: la conciencia.
