Frustración en Niños de 8 Años: Causas y Manejo

La frustración es una emoción común que todos experimentamos a lo largo de la vida, y los niños no son una excepción. Aprender a gestionarla puede ser un desafío para los niños y niñas.

Es un sentimiento de insatisfacción o fracaso que se produce cuando una persona no logra alcanzar aquello que desea. Está relacionada con la ira y la decepción.

En los últimos años, pediatras, psicólogos y psiquiatras infantiles han observado un fenómeno creciente: niños con una baja tolerancia a la frustración alarmantemente baja.

¿Qué es la Tolerancia a la Frustración?

La tolerancia a la frustración se trata de la amarga sensación de rabia, impotencia y tristeza por no poder tener aquello que deseábamos, puede ser algo material, algún plan, alguna ilusión, o un proyecto.

Tolerar la frustración significa ser capaz de afrontar los problemas y limitaciones que nos encontramos a lo largo de la vida, a pesar de las molestias o incomodidades que puedan causarnos. Por lo tanto, se trata de una actitud y, como tal, puede trabajarse y desarrollarse.

La realidad es que es una emoción tan frecuente en nuestro día a día, que para los adultos resulta crucial saber controlarla. La vida en general frustra, y no siempre se consigue lo que se quiere, aunque hayamos puesto mucho esfuerzo en ello.

Al día vivimos muchas situaciones que nos provocan frustración. Por ello, es imprescindible aprender a tolerar esta emoción desde niños.

La tolerancia a la frustración es una habilidad psicológica que necesita de un aprendizaje y práctica para poder desarrollarse. Pero, ¿de qué depende que seamos más o menos tolerantes a la frustración?

Causas Comunes de la Frustración en Niños de 8 Años

Existen diversas causas que pueden generar frustración en los niños de 8 años. A continuación, exploraremos algunas de las más comunes:

  • Falta de habilidades de comunicación: En muchos casos, las dificultades en niños y emociones están relacionadas con la falta de lenguaje para expresar lo que sienten. Esto se observa cuando un niño llora, grita o incluso llega a golpear porque no sabe expresar lo que siente, lo que le genera una elevada frustración.
  • Desobediencia: La desobediencia infantil es el rechazo a acatar la orden concreta de un adulto. Esto puede manifestarse de distintas maneras: rechazando acometer ciertas tareas, deteniendo una actividad ya iniciada o realizando conductas que se saben prohibidas.
  • Problemas de comunicación: En muchos casos, lo que vemos como “niños desobedientes” son niños que están intentando decir “mírame”, “no puedo más”, “necesito que me entiendas” o “quiero que tengas en cuenta lo que yo siento”.
  • Factores contextuales: El lenguaje es un gran aliado para prevenir explosiones emocionales, pero también influyen otras causas contextuales como el hambre, el sueño, el cansancio, los cambios de rutina, la sobrecarga sensorial o los modelos relacionales.
  • Impacto de la tecnología: Actualmente, existen estudios que analizan el impacto de las tecnologías en la conducta emocional de la infancia. Una investigación publicada recientemente en Jama Pediatrics concluye que “los niños con más problemas de frustración o de enfado, suelen estar asociados a un uso mayor de las tabletas”.

¿Cómo Podemos Ayudar a los Niños a Manejar la Frustración?

Comprender lo que hay detrás de la conducta nos permite acompañar mejor a los niños y ofrecerles herramientas para expresar lo que sienten de forma más adaptativa. Cuando un niño se siente comprendido, deja de necesitar explotar para ser escuchado.

Aquí hay algunas estrategias que los adultos pueden utilizar para ayudar a los niños a manejar la frustración:

  • Enseñar a nombrar emociones: Ayudar a identificar emociones como tristeza, enfado o cansancio facilita la expresión emocional. Podemos verbalizar lo que observamos: “Parece que estás enfadado porque no querías dejar ese juego.”
  • Validar sus emociones: Es importante que entiendan que sus emociones son legítimas; lo que debemos modificar son algunas conductas. Podemos usar frases como: “Está bien sentirse así” o “Entiendo que estés enfadado.”
  • Técnicas de regulación: Trabajar la respiración ayuda a hacer una pausa y favorece la regulación del enfado. Por ejemplo, soplar un molino o hacer juegos de soplo puede ayudar a relajar el sistema nervioso.
  • Modelar la regulación emocional: Los adultos somos el principal modelo. Mostrar la emoción que sentimos y cómo la regulamos enseña estrategias reales que los niños pueden imitar.
  • Utilizar el refuerzo positivo: Reforzar las conductas de aproximación que queremos fomentar es clave. Cuando el niño verbalice un sentimiento o una necesidad, es importante reconocerlo: “Muy bien, me has contado que estabas enfadado. Eso está genial.”
  • Establecer expectativas realistas: Es importante ajustar las expectativas según la edad o las capacidades del niño. Para ello:
    • Ayúdales a que conozcan claramente las metas y cómo pueden lograrlo.
    • Adapta las tareas según su nivel de desarrollo.
    • Explícales que a veces las cosas no salen como se esperan, y no es algo malo.
  • Fomentar un entorno en el que se acepte el error: Equivocarse es parte del aprendizaje.
  • Enseñar técnicas de resolución de problemas: En este caso, serás tú el que enseñes a los niños a buscar soluciones a aquello que les frustra. Puedes hacerlo, proponiéndoles lo siguiente:
    • Si a la hora de desempeñar una tarea algo les resulta difícil, esta puede dividirse en pasos e ir consiguiendo pequeños logros.
    • Para reflexionar sobre las futuras soluciones, pueden preguntarse: “¿qué podrías hacer diferente la próxima vez?”.
  • Repetición modelada: Repetir lo que el niño intenta decir de forma correcta y con palabras completas.
  • Juegos de roles: Practicar cómo expresar emociones con palabras en situaciones simuladas.

El Rol de los Padres y el Entorno Familiar

La interacción que se produce en el día a día entre los progenitores y sus hijos es crucial para conseguir que estos aprendan a tolerar la frustración. Es común que los niños con baja tolerancia a la frustración sean impacientes, impulsivos y exigentes, que necesiten satisfacer sus necesidades inmediatamente.

Es importante entender que la reacción de la figura social con la que se relaciona el niño es un factor determinante en la aparición o disminución de estas conductas.

Es frecuente encontrarse con padres que intentan evitar que su hijo sufra cualquier frustración, pues piensan que el no consentirles todo es hacerles sufrir. Esto no tiene que ser así, el evitar en los niños cualquier frustración es sobreprotección, y no permite que el niño se desarrolle emocionalmente de manera adecuada.

La vida va a traer consigo frustraciones, y esto es una realidad, no enseñar a los niños esto o evitarles las frustraciones, o incluso compensarlas, es debilitarles y menguarle los recursos de afrontamiento para futuras ocasiones.

Ante la frustración, hay que enseñar a los niños formas positivas de hacer frente a estos sentimientos adversos. Todos nos enfrentamos a las situaciones adversas de una forma más positiva si estamos relajados.

Los adultos somos el principal modelo. Mostrar la emoción que sentimos y cómo la regulamos enseña estrategias reales que los niños pueden imitar.

No ceder ante sus rabietas. Las situaciones frustrantes derivan, en muchos casos, en rabietas.

En la etapa infantil, los niños suelen pensar que el mundo gira a su alrededor, que lo merecen todo y que consiguen al momento lo que piden. Es entonces cuando hay que empezar a enseñar a los niños a tolerar la frustración.

Libros Recomendados para Trabajar la Frustración en Niños

  • El monstruo de colores (Anna Llenas, Flamboyant): Cuenta la historia de un monstruo que confunde sus emociones, cada una representada por un color. A través del relato, enseña a los niños a entender y clasificar sus sentimientos. Edad recomendada: a partir de los 3 años.
  • Cuando estoy enfadado (Trace Moroney, Ediciones SM): ¿Cómo te sientes cuando estás enfadado? A esta pregunta da respuesta un conejito, el protagonista de la historia. A través de ilustraciones y un lenguaje sencillo, se muestra cómo un niño experimenta el enfado y las distintas maneras en que puede gestionar esta emoción de forma saludable. Edad recomendada: a partir de los 3 años.
  • Tengo un volcán (Miriam Tirado, Carambuco Ediciones): A través de la historia de Alba, una niña que lleva un volcán dentro, los lectores aprenden cómo las emociones pueden acumularse hasta explotar si no se manejan correctamente. El libro ofrece herramientas prácticas para que los niños identifiquen y expresen sus sentimientos antes de que se conviertan en un problema.

¿Cuándo Buscar Ayuda Profesional?

Si sientes que la desobediencia de tu hijo está desbordando a la familia, pedir ayuda no significa que hayas fracasado como madre o como padre.

La detección temprana y el acompañamiento profesional pueden marcar una gran diferencia en el desarrollo emocional y comunicativo.

En la terapia psicológica se identificará el origen del problema, pues no es lo mismo que sea un problema neurológico o emocional del niño a que se deba a un inadecuado planteamiento de las reglas en casa.

La intervención psicológica no busca “apagar” la desobediencia sin más, sino transformar la relación, ayudar al niño a expresar de otra forma lo que siente y dotar a los padres de herramientas para sostener los límites con calma, coherencia y afecto.

Si tienes dudas o has observado dificultades en la comunicación de tu hijo, es recomendable buscar apoyo profesional.

Recuerda que cada niño es único, y las estrategias de manejo de la frustración deben adaptarse a sus necesidades individuales. Con paciencia, comprensión y las herramientas adecuadas, puedes ayudar a tu hijo a desarrollar la resiliencia emocional que necesita para enfrentar los desafíos de la vida.

BAJA TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN; A QUÉ SE DEBE Y CÓMO AYUDAR A MI NIÑO A SUPERARLA

Publicaciones populares: