La pérdida de un embarazo es una experiencia profundamente dolorosa que merece ser reconocida y validada. A menudo se considera «invisible», ya que la sociedad tiende a no reconocer la pérdida de un embarazo como equivalente a otras formas de duelo. Sin embargo, es una realidad que afecta a muchas personas.
Estudios indican que aproximadamente 1 de cada 4 embarazos termina en pérdida, lo que significa que muchas personas pasan por esta experiencia. Aceptar y validar el dolor que siente alguien que ha perdido un embarazo es fundamental para su proceso de sanación. Es importante entender que cada uno vive este proceso a su manera. Se trata de un proceso natural que necesita su tiempo y su espacio para elaborarse de una forma sana.
El Duelo Gestacional: Un Proceso Único
El duelo gestacional a menudo se acompaña de ansiedad sobre futuros embarazos o la salud emocional. Con el acompañamiento terapéutico, se ayuda a prevenir el desarrollo de un duelo complicado que puede manifestarse en síntomas de depresión o ansiedad a largo plazo. La pérdida perinatal constituye una experiencia emocionalmente devastadora para las madres, cuyo duelo se puede prolongar durante un largo periodo de tiempo y en muchas ocasiones de forma silenciosa.
En la actualidad, se está otorgando cada vez mayor importancia al reconocimiento del mismo y el sufrimiento que lleva aparejado, si bien aún queda bastante camino para otorgarle el lugar que merece a nivel sanitario y social. Con motivo de este avance, desde distintos hospitales, se están poniendo en marcha guías de actuación que pretenden atender las necesidades psicológicas derivadas de esta experiencia, así como de dotar de herramientas a los profesionales sanitarios, suponiendo un escalón más en la concienciación social.
Para poder comprender el duelo perinatal, además de conocer los aspectos específicos del mismo, se hace necesario conocer el lugar que ocupa el duelo en general en nuestra actual sociedad y también los aspectos comunes y sus procesos de elaboración, habiéndose producido diversas conceptualizaciones del mismo a lo largo del tiempo. Desencadenan respuestas que también se pueden considerar naturales y saludables y que nos afectan a nivel físico, emocional, intelectual, relacional, conductual y espiritual (Payás, 2014), siendo estas respuestas muy diferentes de unas personas a otras. Es decir, la universalidad de la pérdida no impide que las vivencias sean únicas a nivel personal, intersubjetivo e intercultural.
Podemos decir por tanto, que el duelo representa una experiencia única, que cada persona afrontará de forma particular con sus propios recursos y que produce un sufrimiento psicológico. Se asienta en una biografía y personalidad previas y se produce en unas circunstancias determinadas y en un momento social y cultural que condicionan el proceso y su expresión.
Se hace mucho más difícil aún la capacidad de entender y manejar la muerte de forma natural cuando la pérdida obedece a sucesos demasiado alejados de lo mínimamente predecible y que son ilógicos e injustos (Bayés, 2001). Encontramos así las muertes que contravienen las leyes entre generaciones, falleciendo los hijos antes que los padres, y mucho más cuando la muerte es de un recién nacido. Estos hechos, que forman parte de nuestra existencia, bajo la presión de la ocultación y el aislamiento, producen traumas y dolor y remueven los pilares del psiquismo.
La construcción de “muros de silencio” alrededor de la muerte (Payás, 2014, p.47), como estrategia de huida desesperada del dolor emocional, dificulta la elaboración natural y saludable de este inevitable proceso del ciclo vital. De hecho, algunos autores lo plantean en términos de llevar a cabo una serie de tareas, lo cual implica una actitud activa por parte de la persona en duelo, quien puede hacer algo para crecer en nuevas direcciones de forma positiva (Worden, 2004). Por ello, la elaboración no es sólo cuestión de tiempo, sino que exige un trabajo interior (Juri, 2006).
Etapas del Duelo: Un Modelo No Lineal
El modelo de las etapas del duelo propuesto por la Dra. Estas etapas -negación, ira, negociación, depresión y aceptación- no son lineales; las personas pueden moverse entre ellas de forma fluctuante. Es normal sentir que el dolor se presenta de manera inesperada y a veces difícil de manejar.
Desde los modelos psicodinámicos, la conceptualización del duelo y su resolución ha variado desde definiciones basadas primordialmente en mecanismos intrapsíquicos a otras entendidas desde modelos biopsicosociales. Freud (1917/1993) consideraba el duelo un proceso normal, no patológico, que la persona superaría pasado un tiempo. Para ello, tendría que aceptar el principio marcado desde la realidad de que lo perdido no existiría nunca más. Junto a esto, pasado un tiempo, el Yo se dejaría llevar por las satisfacciones narcisistas otorgadas por la vida, siendo ambos aspectos los que permitirían la desligazón con el objeto perdido y su desplazamiento a uno nuevo (Freud, 1917/1993).
M. Klein (1940/1989) trabaja con la hipótesis de que cualquier duelo reactiva otros duelos tempranos y, por ello, moviliza toda la estructura psíquica. Al igual que Freud, considera crucial el reconocimiento, la aceptación de la pérdida y el desplazamiento a otro objeto nuevo, pero añade que este proceso reavivaría la ambivalencia residual nunca elaborada respecto a nuestro objeto primigenio. Esto supondría alteraciones profundas en nuestra relación con los recuerdos inconscientes que nos vinculan a nuestras figuras significativas de cuidados (Cabodevilla, 2007). A través de la confianza progresiva en los objetos externos, puede también recuperarla y reconocer las buenas cualidades de la persona perdida.
Lindemann (1944) realiza observaciones de personas que perdieron trágicamente a sus familiares. Coincide con Freud en que la elaboración del duelo consistiría en retirar la energía del objeto significativo perdido para poder dedicarse a nuevas relaciones, siendo el desapego con el fallecido el trabajo central del duelo. En su descripción, aparece una conceptualización del trabajo de duelo como un proceso psicológico universal, relativamente pasivo, desencadenado por un acontecimiento que la persona no desea, produciéndose una serie de reacciones psicológicas que ella no elige, pero que serán las que permitirán la elaboración del duelo.
Kübler-Ross (1969) también describe un proceso con etapas relativamente universales, mencionando la negación, rabia, negociación, depresión y aceptación. Worden (1982) y Rando (1984) conciben el duelo como un proceso más activo y particular, introduciendo la idea de tareas a realizar en el trabajo de duelo. Worden describe las de aceptar la realidad de la pérdida, experimentar el dolor de la pérdida, adaptarse a un medio en el que ya falta el ser querido, y retirar la energía emocional de la persona que falta, reinvirtiéndola en otras relaciones.
Bowlby (1980, 1993), incorpora enfoques de la psicología cognitiva y la etología, apartándose de las conceptualizaciones estrictamente psicoanalíticas. Partió de observaciones realizadas sobre las reacciones de niños de entre uno y tres años, cuando se les apartaba de la figura materna y las reacciones derivadas para recuperar el apego. Si bien, inicialmente, la respuesta es de protesta y de gran esfuerzo por recuperar a la madre, más adelante y persistiendo la ausencia de la misma, se pierde la esperanza en recuperarla, aunque el deseo de ello sí permanece.
Para Tizón (2004), al igual que para Bowlby, los duelos se entienden como fenómenos biopsicosociales que involucran emociones, cambios en las cogniciones y en las relaciones y que modifican o rompen ciertas formas de vinculación establecidos con anterioridad. Considera que se alteran los recuerdos, la vivencia de relaciones interiorizadas y las capacidades y expresiones yoicas que configuran el mundo interno. Describe además otros procesos psicosociales, antropológicos e incluso económicos, que están también implicados, y que se expresan de forma diferente en las diversas culturas, como las expresiones de luto, rituales, etc.
Para Bleichmar (2010a), los acontecimientos traumáticos pueden predisponer a las personas a la reemergencia de un estado depresivo cuando las condiciones vitales actuales confrontan y evocan estados previos de impotencia/indefensión, dada la importancia de las etapas tempranas para determinar el mundo interno. Las experiencias previas traumáticas pueden haberse experimentado, entre otros, en el ámbito del bienestar personal, del sentimiento de valía, de ser agente de la propia vida, de eficacia o de proximidad con la figura de apego (Bleichmar, 2003, 2010a).
Pérdida Perinatal: Aspectos de Contextualización
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el período perinatal se extiende desde las 22 semanas de gestación hasta la primera semana de vida del neonato (World Health Organization [WHO], 2006). Sin embargo, en la práctica y en la literatura especializada se conceptualiza en términos más amplios, existiendo variabilidad entre países y organizaciones científicas.
La OMS, la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO) y la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) recomiendan considerar las siguientes definiciones y criterios cronológicos (Lombardía y Fernández, 2007; Pastor Montero, 2016):
- Muerte fetal: Es la muerte del producto de la concepción antes de la expulsión o su extracción completa del cuerpo de la madre, independientemente del tiempo de duración de embarazo. Cronológicamente se divide en:
- Muerte fetal temprana: Todas las muertes desde la concepción hasta las 22 semanas de gestación y/o peso de gestación <500 gr. Se refiere, por tanto, a los abortos.
- Muerte fetal intermedia: Las muertes fetales que tienen lugar en las 22-28 semanas de gestación y/o peso al nacer entre 500-999 gr.
- Muerte fetal tardía: Muertes fetales a partir de las 28 semanas de gestación y/o peso al nacer > o igual a 1000 gr.
- Muerte neonatal: Es la muerte del recién nacido en las primeras 4 semanas de vida (28 días). Se divide en:
- Muerte neonatal precoz: Muerte del recién nacido en los primeros 7 días de vida.
- Muerte neonatal tardía: Muerte del neonato desde los 7 días completos hasta los 28 días completos de vida.
La tasa de mortalidad perinatal es un indicador importante de la salud pública (Flennady et al., 2016; De Bernis et al., 2016; Cassidy, 2018). Evitar la muerte perinatal es importante porque tiene impactos psicológicos y sociales para las familias y los profesionales sanitarios, además de costes económicos sustanciales (Mistry, Heazell, Vincent y Roberts, 2013; Heazell et al., 2016; Campbell, Kurinczuk, Heazell, Leal y Rivero-Arias, 2018; Cassidy, 2018). A nivel epidemiológico, la tasa de mortalidad perinatal se ha reducido en España durante las últimas décadas, debido a las mejoras sanitarias y sociales (Pastor Montero, 2016).
Tabla de Mortalidad Perinatal en España (2004-2014)
| Año | Mortalidad Perinatal (‰) |
|---|---|
| 2004 | 4.87 |
| 2014 | 4.46 |
Fuente: Instituto Nacional de Estadística (INE)
Cómo AFRONTAR el DUELO tras la PÉRDIDA DE UN BEBÉ EN EL EMBARAZO 🖤🤰🏼- Diana Sánchez
Apoyo Psicológico y Terapia
En el Centro Mimando a Mamá, estamos comprometidos con tu bienestar y el de tu familia. La psicología perinatal se enfoca en el bienestar emocional y psicológico de las mujeres durante el embarazo, el parto y el postparto. Brindamos:
- Apoyo Emocional durante el Embarazo: Acompañamiento para manejar las emociones y los cambios psicológicos durante el embarazo.
- Terapia para el Miedo al Parto: Intervenciones específicas para reducir el miedo y la ansiedad relacionados con el parto.
- Manejo del Trauma de Parto: Apoyo para superar experiencias traumáticas relacionadas con el parto.
- Terapia Postparto: Apoyo para manejar la depresión postparto, ansiedad y otros desafíos emocionales después del nacimiento del bebé.
- Terapia de Vinculación: Fomentamos un vínculo saludable entre la madre y el bebé.
- Duelo Perinatal: Ofrecemos apoyo emocional para enfrentar la pérdida de un bebé durante el embarazo o después del parto.
Para parejas que atraviesan un duelo gestacional, la terapia puede ser un espacio para mejorar la comunicación y el entendimiento mutuo. Guiamos a las personas a encontrar maneras de honrar al bebé perdido, ya sea a través de rituales, escritura o expresiones creativas. Proporcionamos un entorno confidencial y sin juicios donde las personas pueden expresar sus sentimientos de tristeza, culpa, ira y confusión. Ofrecemos herramientas y estrategias para manejar la tristeza y la ansiedad. Guiamos a las personas a través de las etapas del duelo, ayudándolas a comprender que no hay una forma «correcta» de vivir esta experiencia. Ayudamos a las personas a descubrir más sobre sí mismas, sus valores y su capacidad para enfrentar adversidades.
La forma en que el equipo médico haya tratado la experiencia de la muerte influye en gran medida en la evolución posterior del duelo. La muerte perinatal se caracteriza porque la vida y la muerte están muy próximas y porque deja vacío de recuerdos el espacio de alguien tan importante para los padres como es el hijo que esperan, o que ha fallecido durante su primer año de vida. Una forma de ayudarles a validar esos recuerdos es darles una caja en la que puedan ir reuniendo cosas que evoquen a su hijo: desde ecografías, objetos de especial simbolismo (que haya podido utilizar el bebé, o no), etc.
Para muchas personas también es importante poder realizar un ritual de despedida. El problema es que, si la pérdida se produce durante el embarazo o el parto, no suele haber posibilidad de hacer funeral o entierro. Todo esto son ejemplos e ideas de actos que pueden orientar y resultar útiles para los padres en su afrontamiento de este proceso, pero que no son obligatorios para elaborar adecuadamente este tipo de duelo.
Si has tenido un aborto espontáneo, es probable que estés atravesando por una etapa de duelo, una experiencia difícil pero necesaria. Se trata de un período en el que experimentarás diferentes estados emocionales, desde la negación y la ira hasta la depresión leve. Aunque es una fase difícil, se trata de un paso ineludible para que más tarde puedas aceptar y superar tu pérdida. El duelo después de un aborto es un proceso natural que te ayudará a lidiar con tu pérdida, pero si no logras superar esa fase puede aparecer un duelo patológico que te provocará heridas emocionales aún más profundas.
La psicoterapia puede ofrecerte las herramientas que necesitas para aceptar la pérdida del bebé, activar tus recursos de afrontamiento y ayudarte a desarrollar la resiliencia, para que puedas salir fortalecida de esta experiencia. Aplicamos una psicoterapia breve en la que integramos diferentes herramientas para brindarte un tratamiento más personalizado. Utilizamos la reestructuración cognitiva, el mindfulness y técnicas como EMDR, un tipo de desensibilización que te ayudará a reprocesar la experiencia y minimizar su impacto emocional.
El Duelo en la Pareja
La pérdida de un embarazo puede afectar significativamente la relación de pareja. A menudo, cada persona puede experimentar el duelo de manera diferente, lo que puede generar incomunicación y malentendidos. Fomentar un espacio de diálogo abierto y sincero donde ambos miembros se sientan escuchados y comprendidos puede fortalecer la relación. Ten en cuenta que tu pareja también está atravesando por un momento difícil, por lo que la pérdida del bebé debe convertirse en un problema que os acerque, no que os separe.
Emociones Comunes durante el Duelo Perinatal
- Shock, incredulidad, insensibilidad o sensación de despersonalización: recibir la noticia de que un bebé ha muerto o que va a morir puede provocar un estado de shock, incredulidad e insensibilidad.
- Tristeza, vacío y anhelo: es muy frecuente que la muerte de un bebé cause una profunda sensación de tristeza y pérdida.
- Soledad y aislamiento: después de la muerte de un bebé, es posible sentir la necesidad de aislarse para darse tiempo de asimilar lo sucedido.
- Envidia: es una de las emociones más difíciles de gestionar en un duelo perinatal, un sentimiento de tristeza o enojo que experimenta la persona que desearía tener para sí misma algo que otra posee y en este caso, ver a otras mujeres embarazadas o disfrutando de la crianza de sus bebés remueve profundamente el posparto de la persona cuyo bebé ha muerto.
Preguntas Frecuentes sobre la Pérdida Gestacional
- ¿Qué es una pérdida gestacional? La pérdida gestacional se refiere a la interrupción involuntaria de un embarazo antes del nacimiento, ya sea por aborto espontáneo, embarazo ectópico o muerte fetal.
- ¿Cuáles son las causas más comunes de una pérdida gestacional? Las causas más comunes incluyen anomalías cromosómicas, problemas hormonales, infecciones, condiciones médicas subyacentes, malformaciones uterinas y, en algunos casos, causas desconocidas.
- ¿Qué tipo de apoyo emocional está disponible después de una pérdida gestacional? El apoyo emocional puede incluir terapia individual, grupos de apoyo, y consejería en clínicas especializadas. También es importante contar con el apoyo de amigos y familiares.
- ¿Cuándo es seguro intentar concebir nuevamente después de una pérdida gestacional? El momento adecuado para intentar concebir nuevamente depende de la salud física y emocional de la persona. Se recomienda consultar con un médico para obtener orientación personalizada.
- ¿Qué pruebas se pueden hacer después de una pérdida gestacional? Las pruebas genéticas, análisis hormonales y estudios anatómicos pueden ayudar a identificar posibles causas de la pérdida gestacional y guiar el tratamiento futuro.
- ¿Es común sentirse culpable después de una pérdida gestacional? Sí, es común experimentar sentimientos de culpa después de una pérdida gestacional, pero es importante recordar que la mayoría de las pérdidas no son culpa de la persona.
Superar la pérdida de un bebé durante el embarazo es un proceso que requiere tiempo, paciencia y apoyo. Recuerda que no estás sola y que buscar ayuda profesional es un paso valiente hacia la sanación.
