La implantación embrionaria es un momento clave en el embarazo, como lo es la fecundación. Si la implantación no se produce, es imposible que el embrión pueda crecer.
Etapas de la implantación embrionaria. Fuente: reproduccionasistida.org
Este gran acontecimiento es muy probable que no lo notes. Es un momento mágico porque para que se produzca es necesario la perfecta sincronización de dos componentes esenciales.
“Por un lado, la calidad del embrión y por otro, un endometrio receptivo, con el aporte hormonal adecuado para que ese embrión le invada”, explica la Dra. Izquierdo. Ten presente que el endometrio no siempre se encuentra preparado para la implantación.
¿Cuándo ocurre la implantación?
Como ya hemos dicho, la anidación del embrión únicamente tendrá lugar cuando el endometrio sea receptivo. Este momento del ciclo menstrual se conoce como ventana de implantación y tiene una duración aproximada de 4 días.
En la mayoría de mujeres, la ventana de implantación comprende desde el día 19 hasta el día 21 del ciclo menstrual. En este momento, si ha habido fecundación, el blastocisto tendrá unos 6 o 7 días y estará preparado para implantar.
No obstante, hay mujeres con la ventana de implantación desplazada, lo cual puede dar lugar a fallos de implantación y esterilidad.
En definitiva, la implantación se produce en un momento concreto del ciclo menstrual, cuando el endometrio pasa de un estado no receptivo a receptivo bajo la influencia hormonal y existe una sincronía entre embrión y endometrio.
Fases de la implantación
Una vez establecido el diálogo entre el embrión y el endometrio materno, da comiendo la implantación o anidación embrionaria, que suele tener lugar en el tercio medio de la cara posterior del útero.
El proceso de implantación embrionaria no resulta doloroso para la mujer. Sin embargo, es posible que la mujer sienta molestias similares a la de la menstruación durante la implantación del embrión en el útero.
A continuación, vamos a describir cada una de las fases en las que se divide este periodo de implantación.
Eclosión y precontacto
Sobre los días 5 y 6 de desarrollo, el embrión comienza a eclosionar hasta que se desprende de su zona pelúcida, la membrana externa proteica que lo protege en sus primeros días tras la fecundación.
A medida que el embrión va aumentando su tamaño, la zona pelúcida se va adelgazando hasta que finalmente se rompe. Finalmente, el embrión logra salir de ella a través de una serie de contracciones y comienza a interactuar con el endometrio.
En las pacientes que se encuentren en tratamiento de FIV, es posible transferir al útero blastocistos ya eclosionados, bien porque la eclosión ha sucedido en cultivo o bien porque se ha realizado una eclosión asistida. El hatching o eclosión asistida puede favorecer la implantación embrionaria.
Aposición
Durante esta fase, el embrión busca su posición sobre el tejido endometrial y permanece inmóvil mientras se orienta, de manera que su masa celular interna apunte hacia el endometrio para permitir más adelante la adecuada formación de la placenta.
Aquí juegan un papel muy importante los llamados pinópodos: unas proyecciones citoplasmáticas de las células epiteliales endometriales que ayudan al blastocisto a entrar en contacto.
Está comprobado que estos pinópodos son claros marcadores morfológicos de la receptividad endometrial y sólo aparecen durante la ventana de implantación, desapareciendo alrededor del día 24 del ciclo.
Adhesión
El trofoectodermo del blastocisto se adhiere al epitelio endometrial y queda unido gracias a la acción de las moléculas de adhesión: integrinas β1, β3 y β4, L-selectinas, proteoglucanos, fibronectinas, etc.
Esto sucede unos 7 días tras la fecundación, cuando el blastocisto ya tiene un diámetro de 300-400 µm.
Invasión
El blastocisto, más concretamente el trofoblasto o trofoectodermo embrionario, prolifera hacia el endometrio, desplaza a las células epiteliales y finalmente invade el estroma endometrial, haciendo contacto con la sangre materna.
Todo este mecanismo de invasión está controlado por las citoquinas, unas moléculas que actúan como mediadores de la implantación y permiten el diálogo entre el embrión y el endometrio.
En respuesta a este diálogo, el blastocisto se activa e inicia la diferenciación del trofoblasto en citotrofoblasto y sincitiotrofoblasto.
Concretamente, el sincitiotrofoblasto es el que adquiere la capacidad invasiva. Sintetiza enzimas proteolíticas como las serinproteasas, metaloproteasas y colagenasas que rompen la membrana basal del epitelio endometrial y permiten la entrada completa del blastocisto.
Esta destrucción del endometrio durante la penetración del sincitiotrofoblasto es la causante del ligero sangrado vaginal que sufren algunas mujeres y que puede confundirse con una menstruación anormal. Es el conocido sangrado de implantación.
Aunque a simple vista puede parecer sencillo que un blastocisto se implante en el endometrio materno, este proceso es de gran complejidad y todavía no se conoce por completo.
Cuando el embrión llega al útero, hace un primer acercamiento al endometrio, la mucosa que recubre el interior del útero. Es la primera toma de contacto. Y a partir de entonces, el embrión primero invade las capas del endometrio y si todo le es favorable se hunde en él. Esto puede provocar un pequeño sangrado.
“El embrión no se queda pegado al útero, sino que lo invade y rompe la pared uterina y el endometrio. Puede producirse un pequeño sangrado de implantación. Suele ser autolimitado en el tiempo y de escasa cantidad”, nos comenta la Dra. Esta pequeña hemorragia a veces la mujer la confunde con la regla, ya que se produce más o menos cuando debería menstruar.
Es cierto que se trata de un sangrado mucho menor que la regla, pero hay mujeres que tienen reglas muy escasas.
El sangrado de implantación y la regla son pérdidas diferentes.
Esta pequeña hemorragia a veces la mujer la confunde con la regla, ya que se produce más o menos cuando debería menstruar.
Es cierto que se trata de un sangrado mucho menor que la regla, pero hay mujeres que tienen reglas muy escasas.
¿Cómo es el sangrado de implantación?
El sangrado de implantación consiste en un ligero sangrado vaginal que tiene lugar unos pocos días después de la implantación. A veces, es tan escaso que se llama manchado de implantación.
La duración del sangrado de implantación depende de cada mujer. Generalmente, es algo puntual, aunque puede llegar a durar varios días o una semana con pequeños manchados intermitentes.
El sangrado de implantación es un síntoma de embarazo, ya que se produce cuando el embrión penetra y se adhiere al endometrio, dando lugar a una gestación evolutiva.
Cabe destacar que el sangrado de implantación no siempre ocurre en todos los embarazos. Lo más habitual es que la mujer no tenga ningún tipo de sangrado al quedarse embarazada.
Si tenemos en cuenta un ciclo menstrual de 28 días, donde la ovulación se produce a mitad del ciclo, es frecuente que el sangrado de implantación tenga lugar unos 7 o 10 días después de la ovulación.
Dicho de otra manera, el sangrado de implantación suele aparecer sobre los días 21-24 del ciclo menstrual, justo antes de que venga la regla. Por tanto, es fácil confundirlo con un adelanto de la propia menstruación, sobre todo en aquellas personas de ciclos irregulares.
Solamente aquellas mujeres que se encuentran en búsqueda del embarazo y que llevan un estricto control de su ciclo menstrual son capaces de identificar este sangrado de implantación como un signo del embarazo.
Por otra parte, para aquellas mujeres que se encuentran en el periodo de la betaespera después de un tratamiento de reproducción asistida, es importante puntualizar que el sangrado de la implantación no se produce en la mayoría de ocasiones.
Por tanto, el hecho de no tener un manchado durante la betaespera no significa necesariamente que el tratamiento no haya funcionado.
Para comprobar de manera fiable si la mujer ha conseguido el embarazo, es necesario hacer un test de orina o la prueba de la beta-hCG en sangre en el momento adecuado.
Menstruación vs. Sangrado de Implantación
Puesto que el sangrado de implantación es una hemorragia vaginal que se produce al final del ciclo menstrual, resulta fácil de confundir con la menstruación tal y como hemos explicado en el apartado anterior.
Sin embargo, el sangrado de implantación tiene algunas características que nos permiten reconocerlo:
- Es un manchado algo más ligero que la regla y de textura más fina.
- Su color puede ser rosado, marrón o tirando a rojo, aunque no suele ser un color tan intenso como la sangre de la menstruación.
- Su duración puede ser de unas pocas horas o, por otra parte, prolongarse durante varios días como un manchado leve e intermitente.
Teniendo en cuenta estas características, es posible diferenciar el sangrado de implantación de un adelanto en la menstruación.
Diferencias entre sangrado de implantación y menstruación. Fuente: reproduccionasistida.org
Otros síntomas de implantación
Además del sangrado de implantación que hemos comentado, existen otros síntomas de embarazo que pueden aparecer junto a este manchado. Estos síntomas también ayudan a determinar si realmente se trata de la implantación embrionaria o de la menstruación.
No obstante, es importante tener en cuenta que algunos síntomas de embarazo son similares a los síntomas premenstruales y, por tanto, pueden causar más dudas y confusión.
A continuación, vamos a indicar algunos síntomas propios del embarazo:
- Retraso menstrual.
- Cólicos, de uno o dos días de duración, similares al dolor que se siente durante la menstruación.
- Ligero hinchazón de los senos, sobre todo de la aureola y el pezón.
- Molestias por diarrea o estreñimiento, así como acidez de estómago.
- Frecuentes ganas de orinar.
- Somnolencia y cansancio.
- Náuseas e incluso vómitos, especialmente al despertarse.
- Aborrecimiento de la comida, tabaco y ciertos olores.
- Primeros antojos, mayor número de comidas con menor cantidad de alimentos.
También es posible que la mujer tenga estos síntomas de implantación sin el sangrado característico que hemos descrito en este post. Cada mujer es diferente y existe una gran variabilidad en cuanto a los síntomas que se notan a lo largo de una gestación.
La hormona gonadotropina coriónica humana (HCG) es la que detectan los test de embarazo y sus niveles aumenta de forma abrupta tras la implantación. Pero al mismo tiempo, tu organismo empieza a segregar otras hormonas, como la progesterona o los estrógenos para que el embarazo pueda seguir adelante. Y lo más importante: ausencia de regla.
Además de estos síntomas tempranos de embarazo, hay otros más. “Tener o no tener síntomas cuando se produce la implantación es muy variable. Cuando una mujer busca un embarazo, se suele observar mucho y las hay que notan síntomas y otras que no. Pero percibirlos no es ni mejor ni peor para el embarazo. Solo significa que cada cuerpo funciona de una forma.
Sí que es verdad que la mayoría de los síntomas de la implantación se produce por una elevación de una hormona gonadotropina coriónica humana (HCG), que ocurre en el momento de la implantación. Este incremento de la HCH genera varios síntomas: más cansancio, náuseas y el malestar que notan algunas mujeres. Pero no es generalizado. Si no aparecen no significa que el embarazo vaya mal. En absoluto.
La observación excesiva de cualquier tipo de signo o cambio en el cuerpo, unido al enorme deseo de ser madre y al miedo de no conseguirlo, puede hacer que la propia mujer se provoque los síntomas de embarazo sin estarlo.
Por tanto, lo más recomendable durante la búsqueda y planificación del embarazo es estar tranquilas, intentar relajarse con alguna actividad placentera y evitar analizar cada síntoma de forma obsesiva.
