Colorantes Alimentarios y sus Efectos en Niños: ¿Un Peligro Oculto?

Muchos alimentos que se consumen hoy en día no podrían existir sin el uso de aditivos alimentarios. De hecho, más de dos terceras partes de los productos que consumimos los contienen. Estos añadidos son uno de los grandes descubrimientos que han hecho posible avanzar en el ámbito de la conservación alimentaria, así como conseguir mejoras en el proceso de elaboración de los alimentos y crear nuevos productos que de forma natural no podrían obtenerse. Algunos aditivos son naturales y otros de síntesis, elaborados en laboratorios.

El consumidor sólo puede comprobar el tipo de aditivo que lleva el producto si está embolsado y aparece indicado en la etiqueta, aunque el etiquetado no siempre es correcto, lo que no ocurre cuando se compran este tipo de productos a granel.

La Importancia del Color en los Alimentos

De todo el conjunto de aditivos alimentarios, el grupo de los colorantes es, probablemente, el que mayor polémica ha originado entre los consumidores.

Frecuentemente son considerados aditivos de dudosa utilidad por no mejorar la calidad del producto con respecto a su conservación o calidad higiénica. En consecuencia, y para que sean debidamente aceptados, el nivel de riesgo aceptable para un beneficio pequeño debe ser forzosamente muy bajo.

Los aditivos colorantes se añaden a los alimentos para mejorar su aspecto y hacerlos más apetecibles o para reemplazar pérdidas de color que se producen durante el proceso de elaboración. Diversos estudios han constatado que la aceptación de un producto por parte del consumidor depende, en buena medida, de su apariencia y, por tanto, también de su color.

Ésta es la principal justificación para el uso de colorantes en alimentos, en particular en alimentos dirigidos al público infantil, que es el colectivo que más se guía por la vista a la hora de comer. Los alimentos que no tienen color propio como las golosinas, algunos postres, los ‘snacks’ y las bebidas, entre otros, se colorean artificialmente para hacerlos más atractivos al consumidor.

El color es la primera sensación que se percibe y la que determina el primer juicio sobre su calidad. Es también un factor importante dentro del conjunto de sensaciones que aporta el alimento, y tiende a veces a modificar subjetivamente otras sensaciones como el sabor y el olor. El color artificial de los alimentos ayuda en muchos casos a definirlos.

La experiencia permite confirmar que la falta de color en los alimentos dificulta la identificación de los sabores.

Colorantes Naturales vs. Artificiales

Algunos aditivos colorantes son naturales, como los colorantes vegetales propios de ciertas frutas y verduras. Es el caso del aditivo E160 o beta-caroteno, colorante natural que confiere a frutas y verduras tonos entre amarillentos, anaranjados y rojizos. Es muy empleado en mantequillas, margarinas y batidos, entre otros alimentos.

Uno de los productos más consumidos por el público infantil y que está cargado de aditivos colorantes son las gominolas y los productos de aperitivo salados como gusanitos y similares. Este tipo de aditivos dan color a las materias primas incoloras.

En el caso de las gominolas colorean al azúcar y al jarabe de glucosa; en los aperitivos salados a la harina, la grasa y la sal, todos ellos ingredientes incoloros. La mayoría de los colorantes utilizados en la elaboración de estos productos son los colorantes artificiales, de uso autorizado.

Con la mezcla de estos aditivos se obtiene toda la gama de colores presente en las gominolas y otros productos artificiales como ‘snacks’ o bebidas. Los colorantes empleados con mayor frecuencia son tartracina (E102), amarillo de quinoleína (E104), amarillo anaranjado S o amarillo ocaso FCF (E110), azorrubina o carminosina (E122), rojo cochinilla A (E124), rojo allura AC (E129) y azul patente V (E131).

Alergia a Aditivos Colorantes

Entre los colorantes de síntesis o artificiales se incluyen los azoicos o azocolorantes, que se han relacionado con reacciones alérgicas (sobre todo en niños) por consumo excesivo de golosinas coloreadas (tartracina, amarillo anaranjado S, azorrubina, rojo cochinilla y rojo allura AC).

La tartracina (E102), por ejemplo, puede producir reacciones adversas (alergias no graves y manifestaciones cutáneas o respiratorias) en niños asmáticos y en el 10% de las personas alérgicas a la aspirina. No obstante, la frecuencia de las alergias a ciertos alimentos como la caseína o proteína de la leche, los huevos, el pescado y el marisco es sorprendentemente alta.

Llega a afectar a uno de cada cincuenta individuos, mientras que se ha constatado que la alergia a los aditivos es mucho menos frecuente. Uno de los estudios más recientes y fiables sobre alergia a los aditivos fue realizado por una administración regional del Reino Unido.

Este estudio mostró que, de una población de 18.000 individuos, tres presentaron intolerancia a ciertos aditivos alimentarios, cifra que coincide con un cálculo anterior realizado por expertos de la Comisión Europea.

Legislación y Regulación

Los aditivos alimentarios son un recurso más de la tecnología alimentaria, y hay que recurrir a ellos cuando su utilización es estrictamente necesaria. En nuestro país se admiten los aditivos aprobados por la Comunidad Europea, designados con números que comienzan por la letra E (Europa) y que se recogen en una lista aprobada en una Directiva europea actualizada con regularidad.

En total, están autorizados 345 aditivos, de los cuales sólo se emplea habitualmente un pequeño porcentaje (125) y el resto se usa sólo en casos muy concretos. La industria alimentaria puede usar únicamente los que han sido aprobados tras haber pasado por largos, detallados y exhaustivos estudios que verifiquen que, con las dosis autorizadas, no pueden causar ningún efecto dañino para la salud de las personas.

Los colorantes sintéticos (artificiales) existen únicamente para dar color a productos como alimentos, bebidas e incluso medicamentos. Estos colorantes no ayudan a conservar los alimentos ni aportan ningún beneficio nutricional.

Y las investigaciones sugieren que los colorantes están relacionados con problemas de salud, incluyendo cambios de comportamiento en los niños. Los colorantes sintéticos son un síntoma de un problema mayor con los alimentos y bebidas que consumen los niños hoy en día.

Muchos de los alimentos con estos colorantes artificiales también son ultraprocesados con azucares y carbohidratos altamente refinados. El pediatra Mark Miller en Estados Unidos, notó por primera vez las señales de alerta cuando estudiaba medicina hace medio siglo: los estudios demostraban que consumir alimentos coloreados con tintes sintéticos podía afectar el comportamiento de algunos niños.

La evidencia actual de estudios en humanos, principalmente estudios controlados en niños, respaldan una relación entre la exposición a colorantes alimentarios y resultados conductuales adversos en niños, concluyeron Miller y sus coautores en un artículo de revisión en la revista Environmental Health.

Estados Unidos es uno de los pocos países industrializados sin regulaciones estrictas sobre estos productos químicos nocivos. La Unión Europea exige una etiqueta de advertencia en los productos que contienen ciertos colorantes sintéticos. Están elaborados con productos químicos derivados del petróleo y están por todas partes. Sus colores hacen que la comida sea atractiva y aumentan nuestro apetito.

Los colorantes alimentarios se utilizan para crear los colores brillantes que suelen encontrarse en los productos comercializados para niños. Muchos alimentos ultraprocesados, o alimentos producidos industrialmente y elaborados con ingredientes que no se encuentran en casa, contienen al menos uno, mientras que otros pueden contener una mezcla de colorantes.

También lo hacen numerosos productos, incluyendo muchos tipos de cereales para el desayuno, helados y dulces.

Colorantes Alimentarios Rojo 40 y amarillo 6 en la mira

Cómo Reducir el Consumo de Colorantes Alimentarios

Dejar de usar colorantes alimentarios por completo es difícil, a menos que se deje de comer dulces y se cocines toda la comida desde cero. Aun así, es posible reducir considerablemente la cantidad de colorantes que consumes tú y tus hijos.

  • Lea las etiquetas: Los colorantes alimentarios pueden estar ocultos en lugares inesperados. Algunos panes de molde, por ejemplo, están coloreados artificialmente con un color caramelo para que parezcan más saludables. Afortunadamente, los colorantes alimentarios aparecen en la lista de ingredientes de las etiquetas. Los nombres suelen incluir un color, lo que facilita su identificación, siempre que revise la letra pequeña.
  • Reconsidere los alimentos envasados: Evite los ultraprocesados como las galletas, las galletas saladas y los refrescos comerciales.
  • Busque alternativas: Los alimentos con colores naturales, como las frutas y verduras, son ricos en antioxidantes.

Colorantes Azoicos y el TDAH

El trastorno de déficit de atención con o sin hiperactividad (TDA) es una causa importante de fracaso escolar y puede comprometer la salud mental del niño en un futuro. Su prevalencia se sitúa en torno al 5% de la población.

Muchos niños pueden presentar conductas hiperactivas (inatención, sobreactividad e impulsividad) a lo largo de su desarrollo normal, sin llegar al extremo de desarrollar el TDA, por eso todo factor que pueda agravar estas conductas hacia situaciones patológicas despierta interés científico.

Recientemente ha sido publicado en The Lancet (2007; 370:1560-7) un ensayo clínico cruzado, doble ciego, sobre un grupo de 153 niños de tres años y 144 niños de ocho a nueve años, sin diagnóstico clínico de hiperactividad, a los que se suministraba durante 6 semanas una bebida que contenía benzoato sódico como conservante y dos mezclas diferentes de colorantes habituales (A o B) o una bebida placebo.

Los colorantes utilizados incluían el colorante amarillo (E110), rojo cochinilla (E124), carmoisina (E122), tartazina (E102), quinolina amarilla (E104) y rojo allura (E129). El principal resultado medido fue un índice de hiperactividad global, expresado en z scores, cuyos datos se cumplimentaban con comportamientos recogidos por padres, profesores y un test informático en los niños mayores.

En los niños de 3 años el consumo de la mezcla A produjo un incremento de la puntación de la escala, comparada con placebo (0,20 [IC 95 %: 0,01 a 0,40]). El estudio, por su diseño, carece de la potencia suficiente para poder establecer recomendaciones generales para la alimentación infantil, ya que no permite establecer qué colorante o conservante es el responsable del efecto descrito, o si se trata de las mezclas del estudio la que produce los efectos adversos.

Las diferencias en los efectos, aunque muestran una clara tendencia hacia el prejuicio de los colorantes, no son homogéneas en los dos grupos de edad analizados. McCann D, Barrett A, Cooper A, Crumpler D, Dalen L, Grimshaw K, et al. Food additives and hyperactive behaviour in 3-year-old and 8/9-year-old children in the community: a randomised, double-blinded, placebo-controlled trial. Lancet. 2007; (2007; 370:1560-7). Erratum in: Lancet.

Etiquetado de Alimentos y Colorantes Azoicos

El etiquetado de los alimentos es una de las mejores herramientas para saber qué se está ingiriendo en cada momento. Algunas más llamativas que otras, entre las etiquetas que más ponen en alerta a las familias están las que hacen referencia a los colorantes azoicos.

¿Qué son los colorantes azoicos y por qué se usa con ellos este tipo de avisos? ¿Son un peligro real para los más pequeños?

E-102. Este es el colorante azoico más habitual en las tiendas de alimentación. Se trata de un colorante artificial que ayuda a mejorar el aspecto de decenas de alimentos que están en los stands del súper.

Sin embargo, diversos estudios y asociaciones como la Fundación de Alimentación Saludable consideran que este tipo de colorantes no son buenos para la salud. Además de ello, numerosos estudios relacionan el consumo de los pigmentos azoicos con el trastorno por déficit de atención por hiperactividad.

El uso de los colorantes azoicos en la alimentación, sobre todo en los productos dedicados a los niños, está expuesto a un continuo debate por parte tanto de los productores como de la comunidad médica y dietética.

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