Camilo Sesto: El Ícono de la Canción Melódica Española y su Adaptación de "Canción de Cuna"

Hoy, recordamos a Camilo Sesto, quien dejó una huella imborrable en la música española. Entre el barroquismo escénico de Raphael y las maneras de “cantante de todalavida” de Nino Bravo, los primeros setenta trajeron la opción de Camilo Sesto que aportó a la canción melódica un cierto aire de renovación.

Camilo Sesto, cuyo nombre real era Camilo Blanes, nació en Alcoy (Alicante) en 1946. La pasión por la música se le despertó a muy corta edad -algo que suele ser habitual en la región levantina-, casi al mismo tiempo que su afición por la pintura que le sirvió para poder sobrevivir recién llegado a Madrid, donde recaló en el otoño del 65 buscando una oportunidad en el mundo de la música que se le resistió más de lo previsto. Iba cargado de ilusiones y vivió los primeros sinsabores del mundo del espectáculo. Cada dos por tres cambiaba de domicilio y tenía que aceptar trabajos muy por debajo de sus cualidades. Haciendo de tripas corazón, llegó incluso a actuar en los garitos más tronados -hoy se diría cutres- bailar como chico “go-go”.

Sus primeros pasos como cantante fueron como integrante de conjuntos pop como los Dayson -unos “versioneros” que apenas tuvieron eco- y Los Botines, un grupo que gozó de cierta popularidad y del que salió en 1968 para cumplir el Servicio Militar.

La irrupción en el panorama musical de Camilo Sesto como solista no tendría lugar hasta principios de los setenta cuando Juan Pardo le tomó bajo su tutela y le produjo su primer disco, un single de escasa repercusión que incluía “Llegará el verano” y “Sin dirección”. El primero de los títulos era del propio Juan Pardo.

Primeros Éxitos y Reconocimiento

Mejor le fueron las cosas con su segunda entrega discográfica donde encontramos una adaptación pop de la popular “Canción de cuna”, de Brahms -la que se escucha inevitablemente en las cajitas de música de los bebés- y que se tituló “Buenas noches”.

Poco después participó en el espacio televisivo “Canción 71”, aunque su pasó por el programa no le reportó grandes satisfacciones, en cambio pocos meses después gozaría del reconocimiento de la crítica que le premió en el Festival de la Canción del Atlántico, celebrado en Tenerife. Antes de cerrar el año cosechó su primer impacto discográfico con el comercial “Ay, ay, Rosseta”.

Pero su primer gran éxito llegó al año siguiente con un tema de su propia inspiración, “Algo de mí”, que dio título a su primer disco de larga duración y le abrió las puertas del mercado sudamericano. El camino ya estaba allanado y Camilo no tardó en alumbrar un segundo álbum, “Sólo un hombre”, que albergaba otro tema a tener en cuenta, “Amor, amar”, cuya letra escribió su amiga -y según la prensa rosa de entonces, “algo más”- Lucía Bosé que además de su faceta de actriz tenía inclinaciones poéticas.

La consagración definitiva le llegó en 1973 con la canción “Todo por nada” y “Algo más” que dio título a su tercer álbum. Poco después editó “Camilo” y “Amor libre”, en 1974 y 1975 respectivamente. Los éxitos más importantes de esta etapa son “Ayudadme” “Jamás” y “Melina”, esta última dedicada a la actriz griega Melina Mercouri.

Camilo Sesto era por entonces un ídolo de jovencitas que le asediaban a todas horas, pero aún no había conseguido el aplauso unánime del público adulto y de la crítica. Lo obtuvo a raíz del estreno de la adaptación española de la ópera rock de Tim Rice y Andrew Lloy Webber, Jesucristo Superstar que él estrenó como protagonista a finales de 1975, al poco de morir Franco. Realmente bordó el personaje de Jesucristo exhibiendo unas cualidades vocales y escénicas muy considerables. Compartía escenario con Ángela Carrasco que también destacó por su interpretación en el papel de María Magdalena.

En 1976 obtuvo el premio “al cantante más popular” y volvió a alcanzar los primeros puestos de las listas con “Mi buen amor”. En esta época los discos se sucedieron con suma regularidad: “Memorias”, “Rasgos”, “Entre amigos” y “Sentimientos”… En el último de los citados, de 1978, encontramos la balada “El amor de mi vida” y “Vivir así es morir de amor”, un impetuoso tema que con el tiempo sería su número más recordado. De este disco de vendieron 200.000 copias, una cifra altísima entonces.

Del 78 al 83 fue encadenando un disco con otro con buena aceptación aunque sin generar la misma pasión entre sus fans, que fueron creciendo con él, mientras que la nueva generación de adolescentes mostraban sus preferencias por Miguel Bosé que, paradójicamente, fue durante un tiempo su protegido. Sin embargo aún le llegaban reconocimientos como el Premio Disco Latino por los diez millones de discos vendidos en todo el mundo a lo largo de su carrera.

La prensa del corazón empezó a preocuparse más por su vida personal que por sus éxitos artísticos y eso fue contraproducente para su carrera. Mucho se habló entonces del hijo que tuvo, fruto sus relaciones con una mejicana, al que Camilo dedicaría su atención, hasta el punto de afirmar en 1986 que se retiraba de la canción para poderle dedicar todo el tiempo al pequeño. “De continuar estaría mintiéndome una vez más y ya no quiero más mentiras en mi vida”, afirmó entonces.

La verdad es que sus últimos discos no habían tenido en España la repercusión deseada y esto también influyó en que el intérprete trasladara su residencia a Miami, sin que en España se tuvieran noticias de él, sólo circulaban rumores malintencionados que hacían conjeturas sobre su voluntario aislamiento.

Volveríamos a saber de sus andanzas en 1991 cuando regresó a su país para presentar un nuevo álbum, “A voluntad del cielo”, en el que se incluían como temas destacables “Amor mío ¿qué me has hecho?” y “Bienvenido amor”. Según afirmó el propio artista el motivo de su vuelta no era sólo divino, lo hacía también por su hijo que deseaba ver a su padre en activo.

Su vástago apareció fotografiado con su famoso progenitor en la contraportada del siguiente álbum que editó el intérprete tres años después, “Héroes de amor”. Ni este ni el anterior L.P. sirvieron al cantante para reverdecer laureles.

Sin embargo, poco después volvió al primer plano de la actualidad, pero no por razones artísticas sino por sus apariciones en programas de humor de dudoso gusto en los que él se prestaba a participar, aunque fuera ofreciendo una imagen algo patética, para escarnio de algunos irrespetuosos presentadores. Es lamentable que artistas que han vivido días de gloria sean utilizados cuando llegan a sus momentos más bajos para llenar programas de entretenimiento banal. Sin embargo, a él no parecía preocuparle el tema: “Sé que hay quien piensa que soy víctima de mi personaje, pero se equivocan…”.

De todas formas, quien tuvo retuvo y es difícil ensombrecer del todo la carrera artística de alguien como Camilo que en sus mejores momentos arrastró un público numeroso y entusiasta. Prueba de ello es que a finales de los noventa muchos jóvenes aceptaron con placer -y como nuevos- temas como”Vivir así es morir de amor” que se escuchó mucho -incluso en las discotecas- a raíz de la publicación del antológico “Camilo superstar”.

Fue su primer L.P., no tuvo de entrada muy buena acogida pero cuando parecía destinado al olvido empezó a alzar el vuelo y en el verano de 1972 llegó al número uno de las listas de éxito. Esta adaptación española de la famosa ópera-rock no desmerece en nada a la original. La interpretación de Camilo Sesto convenció a un público adulto que de otra manera no se hubiera fijado en el intérprete. También participa Ángela Carrasco que estuvo muy bien en el papel de María Magdalena.

Puede considerarse su último álbum de éxito. A destacar los temas “El amor de mi vida” y “Vivir así es morir de amor”. Esta recopilación, en la que encontramos lo más brillante del repertorio del artista, fue objeto de un importante lanzamiento que se saldó con unas ventas sorprendentes.

VIVIR ASÍ ES MORIR DE AMOR (COVER) - HOMENAJE A CAMILO SESTO - ADIÓS LEYENDA

Se nos están haciendo mayores aquellos cantantes que en nuestra infancia y adolescencia vimos gozando del éxito en plena juventud. Hoy le toca el turno a Camilo Sesto que entra en el club de los septuagenarios el 16 de septiembre de 2016.

En Norteamérica se le bautizó como el Sinatra Español, en Sudamérica como Camilo Superstar. Lo cierto es que ha sido el Rey Midas de la música española y todo lo que ha tocado, lo ha convertido en oro. Se le calculan unas cifras de ventas globales de 120 millones de discos. Un nombre fundamental para la música española y uno de los principales culpables del auge del pop latino.

Las primeras notas musicales las da en el coro de una de las parroquias de su localidad y en 1962 pasa a formar parte del conjunto Los Dayson. Un grupo que actúa en la BBC (bodas, bautizos y comuniones) de su comarca, cantando las canciones de moda en ese momento. Los Dayson al completo viajan a Madrid en 1965. Participan en el concurso televisivo “Salto a la Fama”, de donde tantas figuras de la canción se dieron a conocer. Pero ellos pasaron por allí sin obtener el ansiado triunfo. Sus compañeros deciden volverse pronto para Alcoy; sin embargo, Camilo no quiere regresar con la ilusión muerta y decide quedarse en la capital.

Canta una semana en Cefe y Los Gigantes y de ahí salta a Los Botines, un grupo pop que había comenzado con mucha fuerza, pero que estaba ya de bajada. Camilo es un chico guapo y su estancia en Los Botines le sirve para que el cine se fije en él. Hace uno de los papeles principales de la película coral “Los Chicos del Preu” (Pedro Lazaga, 1967) en la que también participó Karina.

Liberado del uniforme caqui, una idea le ronda la cabeza. No quiere seguir pintando, ni tocando la guitarra y cantando en conjuntos; quiere ser cantante solista. Su primer padrino va a ser Juan Pardo, que le va a componer y producir las dos canciones de su primer single: “Llegará el Verano / Sin Dirección” (Movieplay, 1970). Un disco por cierto en el que aparece como Camilo Sexto. El fracaso es importante. Movieplay tenía registrado el nombre. Para evitar problemas judiciales, el cantante cambia la “x” por la “s”. Con falta de ortografía y todo, ha nacido Camilo Sesto.

Pardo seguirá produciendo sus próximos discos. Participa en el concurso televisivo «Canción 71» con su nuevo disco “Buenas Noches / Esa Paloma” (Ariola, 1970). La primera es una adaptación hecha por él mismo de la Canción de Cuna, de Brahms, que seguía la estela de la adaptación del “Himno de la Alegría” por parte de Miguel Ríos. La segunda es la inicial de las muchas canciones propias que grabará a lo largo de su carrera.

Sigue editando sencillos con desigual fortuna, asomándose de nuevo a los primeros puestos de las listas de ventas con el alegre “Ay, Ay, Rosetta” (Ariola, 1971), dedicado a una de sus primeras novias, Rosetta Arbex, hermana del batería y líder entonces de Los Brincos. Junto a estimables aciertos que aceleran su carrera, se producen también algunos frenazos, como el ocurrido con su participación en el Festival del Atlántico, donde no pasa del séptimo puesto con su canción “Mendigo de amor”.

En esos momentos es un cantante emergente cuya carrera avanza con cierta lentitud. Pero lo tiene todo: una cara aniñada que las vuelve locas, unos ojos que las hipnotiza, una voz de casi tres octavas de extensión, un timbre inconfundible que lo distingue a la primera escucha de otros solistas del momento que pugnan por el trono de la canción melódica: Nino Bravo, Tony Landa, Daniel Velázquez, Tony Ronald, Julio Iglesias, José Vélez, Lorenzo Santamaría…

Pero, además, posee un valor añadido del que carece la mayoría. No depende de la inspiración de otros compositores. Él compone, y compone muy bien. Estaba claro que pronto o tarde el despegue estaba asegurado y ese despegue va a llegar con “Amor, Amar” (Ariola, 1972) compuesto por Camilo y Lucía Bosé, con quien también se le relacionó. El disco va a subir lentamente. Su ascensión va a durar meses, pero justo en la primera semana de 1973 va a ocupar el nº 1 absoluto de ventas en España, sucediendo en el puesto a uno de los cantantes preferidos de Camilo, Andy Williams y su “Tema de amor de El Padrino”.

Dos semanas más va a ocupar la cabecera de ventas y nada menos que once semanas el primer puesto de Los 40 Principales. Dos meses después aparecerá el segundo largo, “Solo un Hombre” (Ariola, 1972), que incluye su primer hit y canciones tan importantes como “Fresas salvajes”. A partir de ahí la camilitis se desata. Se ha convertido en el cantante español que más vende aquí y fuera.

En 1972 hace su primera gira por Argentina y logra en aquel continente sus primeros éxitos. Unos éxitos que iban a venir confirmados en 1973, cuando representa a España en el Festival de la OTI con “Algo más”. Se queda en quinta posición según el jurado, pero con esa canción vuelve a ocupar el primer puesto de ventas en varios países según el público comprador de discos. En España también alcanzará el puesto de honor justo en Navidad, lo que supuso un número de ventas impresionante.

Por primera vez es nominado para un premio Grammy. En España, siempre muy aficionada al concurseo, arrasa. Al año siguiente pondrá a la venta “Camilo Sesto” (Ariola, 1973), un excelente trabajo del que saldrían dos números uno absolutos de ventas en nuestro país en los dos sencillos que se extrajeron de él. Camilo Sesto es un gran trabajador y no hay día que no grabe, cante en directo o haga televisión. Ni un minuto de descanso que le permita compaginar el dulzor del éxito con el duro trabajo. Un trabajo en el que lo hace todo: compone, canta, produce y cuida personalmente cada detalle de sus discos y galas de forma casi obsesiva.

En 1974 publica uno de sus grandes long plays, “Camilo” (Ariola, 1974). Vive su punto culminante en España. Servidor recuerda una actuación ese año en el auditorio del Parque de Atracciones a rebosar con Alcatraz como banda de acompañamiento, apoyados por otros músicos. Una banda que incluía timbales sinfónicos, vientos, etc. La verdad es que sonaba con una calidad y profesionalidad pocas veces vistas en nuestra historia de antes y de después. Pues bien, a Camilo se le ocurrió en plena actuación lanzar una fina cazadora de nylon negro al público, pero como estaba lejos, cayó en pleno foso de agua.

Más de treinta chicas rompieron el cordón de seguridad y se metieron de patas en el foso y con el agua hasta las rodillas pelearon con todo para conseguir la codiciada presa. A principio de 1975 recoge discos de oro por las ventas del año anterior en cuatro países, entre ellos España, y por primera vez gira durante varias semanas por Estados Unidos. De vuelta del trajín dorado, graba “Amor Libre” (Ariola, 1975), del que se extraerán los sencillos “Jamás” (Ariola, 1975) y “Melina” (Ariola, 1975), que será su particular hit del año, volviendo a ocupar el primer puesto de ventas al que estaba abonado. En EE.UU.

Año Álbum Canciones Destacadas
1972 Algo de mí Algo de mí, Amor amar
1973 Camilo Sesto Todo por nada, Algo más
1978 Sentimientos El amor de mi vida, Vivir así es morir de amor

Entonces Camilo Sesto va a hacer algo inesperado. Podía haber seguido fabricando números uno, pero va a soltar doce millones de pesetas de las de entonces para poner en escena en Madrid “Jesucrito Superstar” (Tim Rice y Andrew Lloyd Weber, 1970). Para entender lo que era aquello, es necesario precisar que la tradición de comedia musical en España era nula y que lo más parecido existente entonces eran las revistas de Lina Morgan. Camilo va a ser el productor y va a encarnar el personaje principal. Junto a él, la cantante dominicana Ángela Carrasco, Teddy Bautista escapado de la jaula de los Canarios, Dick Zappala, cantante de Araxes y un largo elenco. Todos lo ven una locura, pero el 6 de noviembre de 1975 se alza el telón con un éxito arrollador. El propio Lloyd Weber asistió a varias representaciones y declaró que Londres y Madrid habían sido los dos mejores espectáculos de su opera rock. La leyenda Camilo alcanza ya cotas religiosas.

No todo es así de bonito. Un grupo de ultras apedrea el teatro y agrede a los asistentes en varias ocasiones, acusando al espectáculo de blasfemia contra el Evangelio. En plena vorágine de representaciones teatrales y coproducido por Teddy Bautista aparece “Memorias” (Ariola, 1976), menos brillante de lo que nos tenía acostumbrados, lo que no impide que su canción “Solo tú” encabece la lista de Los 40 Principales una vez más. Aún tiene tiempo para componer y lanzar a un chaval, hijo de una vieja amiga suya.

Para 1977, ya superada la etapa del musical, sigue trabajando a destajo y pone a dar vueltas dos nuevos long plays. Uno de ellos, “Entre Amigos” (Ariola, 1977) sirve para que el cantante rinda tributo a sus amigos músicos, interpretando sus canciones. Temas de Juan Carlos Calderón, Rafael Pérez Botija (ex de La Compañía), Honorio Herrero y Luis Gómez-Escolar (ambos ex de Aguaviva), el gibraltareño internacional Albert Hammond y el propio Camilo configuran el álbum.

Pero lo que a él se le da especialmente bien es vender singles por palés y “Mi Buen Amor” (Ariola, 1977) y, sobre todo, “Vivir Así es Morir de Amor” (Ariola, 1978) vuelven a ponerle en los primeros puestos de las listas de ventas españolas. En varios países sudamericanos no son los primeros puestos, sino casi un abono perpetuo al número uno. Recibe aquí, en su país, el primer disco de platino por vender medio millón de ejemplares.

El año 79 lo pasa casi por completo en el extranjero, llenando el Madison Square Garden el 6 de noviembre con 45.000 personas al lado de Ángela Carrasco con quien mantiene una larga relación de algo más que compañerismo. En el verano español actúa menos que otros años, aunque el 7 de julio convoca a través de El Gran Musical a 25.000 espectadores.

La veta Camilo parece irse agotando poco a poco y sus últimos long plays defraudan un tanto; sin embargo, el de Alcoy posee la varita mágica para que en todos ellos haya una de esas inolvidables canciones. Algo de esto ocurre con “Perdóname” (Ariola, 1980) que vende nada más que diez millones de singles en todo el mundo, incluida en un casi desapercibido LP, “Amaneciendo” (Ariola, 1980).

Iniciada la década de los 80, el cantante se afinca en Los Ángeles para centrarse en su carrera en el continente americano, olvidándose un tanto de su país, pero triunfando a modo en Argentina, Chile y actuando de nuevo en el Madison de Nueva York el 12 de octubre, día de la Hispanidad. Ese mismo año fallece su padre, lo que hace al cantante replantearse muchas cosas y pisar un poco el freno de una vida absolutamente frenética.

Por supuesto, sus discos siguen editándose aquí y vendiéndose mucho, pero ya no llegan a esas cifras estratosféricas de la anterior década. Cercanos los 40 años, aún tiene arrestos para conquistar el nº 1 de la lista juvenil por excelencia, Los 40 Principales, con temas como “Devuélveme la Libertad” (Ariola, 1982) y “Mi mundo, tú”.

En noviembre de 1983 nacerá su hijo. La madre es la mexicana Lourdes Ornellas, con quien mantuvo una relación esporádica. Camilo deja todo para luchar por un inesperado hijo y tras juicios legales, juicios paralelos y polémicas aireadas a los cuatro vientos, un tribunal le otorga la patria potestad. Desde entonces, será la principal razón de su vida. Y aquí hay que hacer un paréntesis para explicar que Camilo Sesto siempre ha tenido una preocupación por la infancia, especialmente por la más desfavorecida.

Multitud de donativos a entidades y ONG dedicadas a la infancia, embajador de UNICEF. Puede asegurarse que jamás ha dicho no a cantar gratuitamente en cualquier parte del mundo si los chicos más pobres o enfermos iban a ser los destinatarios de su esfuerzo. Sigue su carrera en el extranjero. El 15 de octubre de 1984, no obstante, se sube de nuevo a un escenario español, en el Florida Park, en pleno Retiro madrileño para recibir un disco de platino y otro de oro por sus ventas en años anteriores. Alarga su estancia y en diciembre da una serie de recitales en el Scala Melia Castilla.

Al año siguiente, pondrá a sus pies al mercado nipón con una memorable gira por el país del sol naciente. Aprovecha haber bajado el pistón de su actividad musical para escribir su autobiografía: “Biografía y Memorias” (Ed. Entre su producción de aquellos años, brillan con luz propia “Agenda de Baile” (Ariola, 1986) y “A Voluntad del Cielo” (Ariola, 1991).

En 1994 decide poner fin a su carrera musical como intérprete y se retira en su mansión de Miami, dice él que para descansar y cuidar y educar a su único hijo. Pero si a los toreros les pica la muleta, a Camilo le hace cosquillas el micrófono y su retiro dura poco más de tres años, regresando a la actividad con actuaciones en todo el mundo, incluida España y editando varios recopilatorios de su obra. Han pasado veinticinco años desde que ponía su voz en bodas y bailes con aquellos Dayson de su pueblo.

Camilo ha vendido más de cien millones de discos en todo el mundo y es una de las principales -en algún momento fue la principal- estrella de la música latina. Tras una nueva semiretirada en 1999, se va a embarcar al año siguiente en otra de esas locas quimeras presuntamente imposibles. Él quiere un nuevo “Jesucristo Superstar” y va a recurrir de nuevo a Andrew Lloyd Weber para poner en los escenarios españoles “El Fantasma de la Ópera” (1986).

Su hígado dice basta y la hepatitis que arrastra cerca de veinte años hace crisis. El cantante es sometido a una operación de trasplante de hígado. Siguen y seguirán las reediciones de sus discos, los recopilatorios vendidos por decenas de miles. Llueven los reconocimientos a una vida entregada a la música: En el programa “Sé lo que Hicisteis” se le declara por votación cantante español más famoso de la historia, seguido por este orden de Julio Iglesias, Raphael, Miguel Bosé y Nino Bravo.

El 6 de julio de 2010 anuncia su retirada definitiva de la música. Se despide de los escenarios españoles en el Palacio de Congresos de Madrid el 2 de octubre de ese año. Una vida que deja exhausto solo con repasarla someramente. Sin ninguna duda, uno de los más, más grandes de la historia de la música española de todos los tiempos y de todos los estilos.

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