Benjamín Prado (Madrid, 1961) es un escritor, poeta, novelista, ensayista, tertuliano y colaborador en diversos medios de comunicación. Su trayectoria abarca múltiples disciplinas, desde la literatura hasta la música y el periodismo, consolidándose como una de las voces más interesantes y sensatas de la cultura española.
Prado ha sido galardonado con el Premio Hiperión de Poesía, el Premio de Andalucía de Novela, el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla, el Premio de Ensayo y Humanidades José Ortega y Gasset, y el Premio Internacional Generación del 27, entre otros.
Inicios y Trayectoria Literaria
Benjamín Prado comenzó a escribir a los dieciocho o diecinueve años, intentando imitar las canciones-poema de Dylan. Después pasó a Alberti y después ha intentado ser sólo él. Desde que te leí por primera vez, tus versos se han quedado rodeándome las córneas. Cuando leí tu prosa, igual, pero de otra manera.
En la poesía de Benjamín Prado, cuando escribo un poema intento no olvidarme de contar una historia. He titulado mi poesía completa "Ecuador" porque acabo de cumplir cuarenta años y no creo que pueda aguantarme más de ochenta. En el libro, con todo, hay un poema nuevo llamado así, "Ecuador", que da una visión muy optimista de la edad. "Ecuador" es, en gran parte, un libro nuevo: el primer libro que publiqué, "Un caso sencillo", está reescrito completamente, de la mayor parte de los poemas sólo queda el título; otros libros han sido también reescritos en parte y hay bastantes poemas nuevos. De manera que "Ecuador" es más nuevo que antiguo. En octubre, de todos modos, publicaré un libro nuevo que se titula "Iceberg".
En cuanto a sus influencias, Prado ha mencionado a Dylan, Sabina, "El guardián entre el centeno" y Haro Tecglen como sus principales "cobijos contra la tormenta". El título "Cobijo contra la tormenta" le pedí permiso para usarlo al propio Dylan, una de las dos veces que he estado con él. Me dio el permiso, aunque me preguntó primero: "¿Y por qué quieres usar el título de mi canción?" Le contesté que porque me parecía una definición maravillosa de la poesía: un cobijo contra la tormenta. Me dijo: "Ah, nunca lo había pensado de ese modo, pero me gusta.
La Saga de Juan Urbano
Desde 2006, Prado ha cautivado a los lectores con los casos de su famoso profesor y detective Juan Urbano. Entramos ya de lleno en las nuevas aventuras de este justiciero que, como su autor, aunque filólogo, no puede desengancharse del vicio del periodismo que supone investigar los sucesos más oscuros que arrastra nuestra sociedad.
Las novelas no hay que buscarlas, sino que tienen que venir. No me veo sentado en el escritorio pensando a ver qué se me ocurre ahora. Escribo sobre cosas que por la razón que sea me han obsesionado durante años. En el caso de El anillo del general lo que me ha llevado a su escritura es la historia de dos edificios, lo que contarían dos edificios si las paredes hablasen. Uno es la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol. La otra historia es la casa de Juan Domingo Perón en Madrid, La Quinta 17 de octubre, que estaba en Puerta de Hierro, donde yo fui vecino durante 20 años.
De alguna manera esta es la historia de estos dos edificios y la de unos criminales de ida y vuelta. Porque hubo algunos de los terroristas y policías del Estado argentino que formaron parte de la famosa Triple A (Alianza Apostólica Anticomunista) presentes en algunos episodios de la Transición española, como los sucesos de Montejurra, el 23 F… Yo he imaginado que por qué no podía haber sucedido lo contrario, o sea, que algunos torturadores franquistas cruzaran el Atlántico. Ese viaje de idea y vuelta que relata Benjamín Prado arranca con una historia tremenda y real: el momento en el que unos hombres entran en el Cementerio de la Chacarita, en Buenos Aires, profanan la tumba del general Perón, le cortan las manos y se las llevan sin que hasta la fecha hayan aparecido.
Efectivamente, Juan Urbano se topa con la Triple A, con el 23 F, con ese supuesto anillo, con la sombra de su tercera mujer… El anillo del general es novela policiaca en toda regla, pero también una clase espléndida de historia. Dedico mucho tiempo y esfuerzo a la parte documental.
Yo antes de escribir pienso mucho, quiero estar muy seguro de lo que quiero contar, de lo que quiero que le pase a quien lo lee y de cómo voy a conseguir lo más importante en una novela: la verosimilitud. Porque en estas novelas de Juan Urbano hay una parte de verdad y mucha parte de ficción, hechos que ocurrieron y hechos que podrían haber ocurrido. El objetivo es que todo suene igual de creíble. Al final son novelas de misterio, novelas de aventuras, novela negra, y todo eso tienes que encajarlo sin olvidar que estás en el territorio de la ficción aunque haya un sustrato de realidad. Yo no sé dónde están las manos de Perón, pero Juan Urbano sí. Es cierto que es una de las grandes incógnitas de la Historia, pero el que lea El anillo del general las encontrará.
| Título | Año de Publicación |
|---|---|
| Malas gentes que caminan | 2006 |
| Operación Gladio | 2011 |
| El anillo del general | Reciente |
Esa era la idea de la serie de Juan Urbano, volver a hablar de cosas de las que no se hablan porque se dan por sabidas y también rescatar algunas que estaban en el olvido: por ejemplo, la historia de los niños robados. Cuando publiqué en 2006 la primera entrega, Malas gentes que caminan (2006), muchos, algunos de ellos periodistas, me dijeron que me lo estaba inventando, que esto en España nunca había sucedido, que eso solo ocurría en las dictaduras del cono sur de los años 70. Cuando publiqué Operación Gladio (2011) hubo algún ex presidente del Grupo Prisa que me dijo que me lo había inventado todo, que aquello había sido una confabulación. Y fíjate si existió que hasta el Estado italiano confirmó que la OTAN se estaba armando ante una posible invasión.
Nace como homenaje a Rafael Alberti, que fue mi maestro y tuvo un personaje que se llamaba Juan Panadero, su alter ego con el que firmaba sus poemas políticos cuando hacía campaña. También nace con vocación de ser un Juan Nadie como el de Frank Capra, alguien que se pareciera por lo menos tanto a los lectores de las novelas como a los héroes de las novelas. Una especia de justiciero como bien dices que cuando descubre tareas nobles incluso pone en riesgo su vida. Nació de una idea de rendir homenaje y de unas columnas que escribía en la sección de Madrid de El País que están protagonizadas también por un tal Juan Urbano. Me aburría tanto escribir columnas expresando mis opiniones, que pensé que desde la ficción y con la ayuda de Juan Urbano las podía expresar de otra manera. De ahí saltó a las novelas.
Mala gente que camina (Los casos de Juan Urbano 1) - Benjamín Prado
Compromiso Social y Cultural
Benjamín Prado ha recibido el Premio de la Cultura Comprometida, un reconocimiento a su labor en la que la literatura se une a la responsabilidad civil. Mi obra tiene un cierto sentido de responsabilidad civil. Mi serie de novela negra revisa episodios de nuestra historia, recupera personajes olvidados, y cuestiona verdades oficiales. Tuve la suerte de hacerme amigo de Rafael Alberti cuando tenía 17 años, y él me enseñó que la cultura también puede tener una misión civil.
Cuestionar es necesario. Pensábamos que con Internet tendríamos acceso libre a la información, pero ha sido todo lo contrario: se ha vuelto más difícil distinguir la verdad entre tanto ruido. Ahora te hablan cincuenta a la vez.
Incursión en la Actuación
Además de su exitosa carrera literaria, Benjamín Prado ha incursionado en la actuación, participando en la serie "Los años nuevos" del director Rodrigo Sorogoyen. Estaba en Rota y me llamaron de una productora para hablar con Rodrigo Sorogoyen y me puse firme porque le admiro un montón. Pensé que quería que colaborara en un guion y le dije que no podía, que estaba terminando una novela. Me respondió: “No, no, que te quiero como actor”. Pensé que estaba loco, así que dije que sí.
Fue duro porque eran rodajes nocturnos, de seis de la tarde a seis de la mañana, pero muy emocionante. Tuve un par de escenas en las que dejé de ser yo. Sentí que el personaje frente a mí era mi hijo, de verdad. Viví esa transformación que debe de ser maravillosa cuando uno es actor de verdad. Se mete en otra piel y al salir de ahí es como despertarse de una anestesia. Me emocionó mucho. Pero, al final, escribir también es eso, ser otros. Como decía Balzac, un libro tiene que ser un espejo que atraviesa una multitud. Refleja a quienes lo leen, no solo a quien lo escribe.
La Poesía y la Música
Prado ha colaborado con músicos como Coque Malla y Joaquín Sabina, llevando la poesía a escenarios más amplios. Cuando empecé a hacer giras con músicos como Coque Malla o Sabina, me criticaban. Decían “eso no es poesía, es rock and roll”. Ahora todo el mundo lo hace. Y me parece bien. Es una prueba de que las redes no han acabado con la poesía, la han rejuvenecido. Ahora hay poetas con miles de seguidores y eso es una buena noticia. Luego, claro, hay quien escribe bien y quien no. Siempre fue así. Ni todos los que están son, ni todos los que son están. El tiempo se encargará de destilar. A ser buena persona. A ser leal. Joaquín es generoso, respetuoso, inteligente. Y es muy difícil pasar tiempo con él sin estar riéndose el 100% del tiempo.
Estoy en programas de radio donde hablo de música, así que me mantengo al día. Hay cosas que me gustan y otras que no. A veces pienso que lo que no me gusta no es malo, simplemente está más allá de mí. A lo mejor si el reguetón me hubiera pillado con 20 años, me gustaría más.
Reflexiones sobre la Edad y la Experiencia
Benjamín Prado comparte sus reflexiones sobre la edad y la experiencia, destacando la importancia de aprender y adaptarse a los cambios. La edad tiene desventajas evidentes, pero también ventajas. Una de ellas es que uno se hace más atrevido. A partir de los 50, quien conserve la vanidad es un bobo. Ya no tiene uno miedo al ridículo, y sabe que el tiempo ya no va hacia adelante, sino hacia atrás. Así que aprovechas más las oportunidades. Para mí, una gran revolución de la sociedad moderna es el ocio para adultos.
Creo que lo que pasa es que esta época glorifica lo nuevo, lo inmediato, lo joven, como si la experiencia fuera una carga. Pero la memoria es fundamental para entender quiénes somos y hacia dónde vamos. Y eso solo lo dan los años. Por eso me parece importante que en la cultura, en los medios, en la política incluso, haya espacio para quienes ya han vivido y tienen algo que decir desde esa perspectiva. No para dar lecciones, sino para aportar. Porque la vida no se acaba a los 60, ni a los 70.
