Antonio Palacios Ramilo (O Porriño, 1874 - Madrid, 1945) fue un arquitecto y urbanista nacido en O Porriño. Considerado uno de los arquitectos más destacados e influyentes en España, desarrolló su actividad durante la primera mitad del siglo XX.
Antonio Palacios Ramilo
Primeros Años e Influencias
El menor de siete hermanos, Antonio Palacios nació en la localidad pontevedresa de O Porriño el 8 de enero de 1876. Su infancia cerca de las canteras de Atios y Budiño, que pertenecían a la familia de su madre, y la influencia del trabajo de su padre como ayudante de Obras Públicas en el ferrocarril, impactaron directamente en su vocación. Familiarizado con la piedra desde su infancia -su familia tenía canteras de granito en Atios y Budiño-, formó su gusto artístico contemplando las catedrales-fortaleza de Galicia y del Norte de Portugal, donde vivió también por los trabajos que realizaba su padre en el ferrocarril luso.
Así, decidió trasladarse a Madrid en 1892 para estudiar arquitectura. Tras estudiar el Bachillerato en Pontevedra, en 1892 inicia los estudios de ingeniería en Madrid. Poco después abandona la carrera para centrarse de lleno en su auténtica pasión: la arquitectura. En 1900 obtuvo el título y complementó su formación con diversos viajes por algunos países de Europa como Francia, Alemania, Austria, Suiza, Inglaterra, donde empezó a asimilar la influencia de arquitectos como Viollet le Duc o Otto Wagner.
Después llegarían otras influencias artísticas que fueron forjando su peculiar estilo, marcado por el expresionismo, el modernismo y el monumentalismo. Con gran facilidad para el dibujo y la improvisación, el joven Palacios destaca también por su creatividad e interés cultural. Además de estudiar en la Escuela de Arquitectura de Madrid, participa en las tertulias de la capital, asiste a clases de pintura, visita Grecia y Egipto en viajes de estudio, se interesa por el arte italiano…
En su formación en la Escuela de Arquitectos recibe influencias del Neo-Barroco francés, del Rund bongestil alemán y del Art Nouveau de la Escuela de Viena. Movimientos que marcarán su predilección por la ornamentación, el colosalismo y el simbolismo, junto con el minucioso estudio del entorno urbanístico.
Su imaginación y entusiasmo eran contagiosos, y tras obtener el título de arquitecto en diciembre de 1900, se asocia con su compañero Joaquín Otamendi Machimbarrena, con el que se presenta a varios concursos en Madrid. Palacios dibuja con rapidez los croquis, pero en no pocas ocasiones los va corrigiendo sobre la marcha, hasta el punto completar sus proyectos a pie de obra, dando incluso él mismo instrucciones a los obreros. Algunos de sus colaboradores definían su estudio como "una caldera en ebullición".
La familia Otamendi estaba bien posicionada socialmente, eran conocidos por ocupar puestos de relevancia como ingenieros y financieros. Otamendi y Palacios decidieron presentarse a concursos para impulsar su carrera. Su primer trabajo conjunto fue la decoración del Puente de la Princesa de Asturias, en Madrid.
Trayectoria Profesional en Madrid
La trayectoria de Palacios se caracteriza por la enorme cantidad de obras que realizó en Madrid (por ejemplo, el Palacio de Comunicaciones, el Banco Español del Río de la Plata o el Círculo de Bellas Artes de Madrid), pero también es importante destacar su trabajo en Galicia.
Una de sus construcciones más emblemáticas la afrontó el arquitecto porriñés en 1904, cuando gana el concurso junto con Otamendi para realizar el Palacio de Comunicaciones de Madrid, en la Plaza de La Cibeles. Cuentan que cuando Leon Trotsky visitó Madrid en los años 30, al contemplar el edificio del Palacio de Comunicaciones, sede de Correos y Telégrafos, quedó tan impresionado por su belleza que lo denominó "catedral de Nuestra Señora de las Comunicaciones". Alguien podría pensar que se trata de la obra de un arquitecto consagrado, pero en realidad fue la primera obra que firmó -con menos de 30 años- Antonio Palacios, un genio de la arquitectura que falleció el 27 de octubre de 1945, hace ahora 70 años.
El Palacio de Comunicaciones es el edificio más conocido de Antonio Palacios en Madrid, pero no el único. En palabras de uno de los estudiosos de su obra, Mario Sánchez, "el inicio de la calle de Alcalá bien podría llevar el nombre de Antonio Palacios: sólo entre la Puerta del Sol y la plaza de la Independencia pueden admirarse cinco edificios surgidos del talento y la imaginación del arquitecto gallego", que participó además en la construcción del Metro de la capital española y diseñó el logotipo que todavía le distingue.
El acceso y gran parte de la estética de las primeras estaciones suburbanas de Madrid fueron diseñadas por Palacios, así como los templetes de acceso en la Puerta del Sol y en la Red de San Luis; este último se desmontó en 1970 y ahora se encuentra en su localidad natal de O Porriño.
El 17 de octubre de 1919 se inauguraba la primera línea de la Compañía Metropolitana Alfonso XIII, el futuro Metro de Madrid. Se trataba del tramo Sol-Cuatro Caminos, con 3,48 km de longitud y 8 estaciones, que se cubría en tan solo 10 minutos y que fue usada por más de 14 millones de usuarios durante su primer año. En la actualidad, Metro de Madrid tiene una extensión de 300 km y es la tercera red de metro de Europa, solo por detrás de Londres y Moscú.
El arquitecto gallego diseñó los interiores de las primeras estaciones del Metro de Madrid, organizó sus accesos y definió la estética de las primeras líneas. Palacios también diseñó la Estación Eléctrica de Pacífico, conocida actualmente como Nave de Motores, la estación eléctrica de mayor potencia instalada en España en su época, usada para alimentar a los trenes del Metro de Madrid, y que llegó a proporcionar energía a la ciudad durante la Guerra Civil.
Con su excepcional trabajo, Palacios fue capaz de atenuar el miedo del público a viajar bajo tierra. Palacios también fue el diseñador del primer ascensor de la red, que se instaló en 1920 en la estación de Gran Vía. Pero Palacios hizo otra contribución histórica tanto a Madrid como a su Metro, porque a él le debemos la creación de un legendario icono urbano conocido en todo el mundo, el logotipo del Metro de Madrid. Palacios se inspiró en el logo del Metro de Londres, cambiando el círculo por un rombo y manteniendo los colores rojo, blanco y azul. También se basó en sus características de claridad y sencillez.
Tan solo un año después los arquitectos recibieron la noticia de que su propuesta para el Palacio de Comunicaciones había sido la ganadora. Desde ese momento, los jóvenes arquitectos experimentaron un auge que los llevó a realizar diferentes proyectos en Madrid, pero también en la Galicia natal de Palacios. Mientras Antonio era elegido miembro del jurado de la Sección de Arquitectura de la Exposición Nacional de Bellas Artes, Otamendi y él recibían varios encargos, algunos tan emblemáticos como el Hospital de Maudes o los talleres del Instituto Católico de Artes e Industrias, ambos en Madrid.
Desde 1904 Antonio había trabajado como profesor interino en la Escuela de Arquitectura de Madrid, dando clase en las asignaturas de Modelado, Detalles Arquitectónicos y Detalles Decorativos. Gracias a esta actividad, viajó en 1911 a Egipto, destino que tuvo un gran impacto en su actividad profesional. El Banco del Río de la Plata aprobó en 1910 el proyecto de Palacios y Otamendi para su sucursal de Madrid, en la calle Alcalá. Ese mismo año, Palacios y Otamendi fueron nombrados funcionarios del nuevo negociado de Arquitectura y Urbanismo del Ministerio de Fomento y Antonio se convirtió en presidente de la Sección de Arquitectos del Círculo de Bellas Artes; desde este cargo participó en la búsqueda y elección de una nueva ubicación para la sede de la institución y también en la organización de la Primera Exposición Nacional de Arte Decorativo, en el Parque del Retiro, para la que diseñó una fuente que se colocó en el interior del pabellón.
Unos años más tarde, arrancaron las obras del Metropolitano de Alfonso XIII, hoy conocido como “Metro Madrid”, y Palacios y Otamendi fueron nombrados arquitectos de la compañía. Con la inauguración del Palacio de Comunicaciones, en 1919, llegó a su fin la relación profesional entre Antonio Palacios y Joaquín Otamendi. Este último aceptó un puesto de arquitecto para Correos y desarrolló su carrera en el sector público. Ambos mantuvieron siempre una fuerte amistad.
Ese mismo año, Antonio presentó su propuesta para la nueva sede del Círculo de Bellas Artes que, a pesar de la polémica surgida con el jurado, que desechó su propuesta, consiguió el apoyo masivo de los socios. El 26 de junio de 1926, Antonio Palacios ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Tras la Guerra Civil, se ocupó del diseño de su propia casa, que se construiría en el solar que su mujer y él habían adquirido en El Plantío justo antes de que estallara el conflicto bélico.
Con el paso de los años fue aumentando el prestigio del arquitecto porriñés, que imparte clases en la Escuela de Arquitectura de Madrid y empieza a destacar por su colosalismo expresionista. Trabaja en Madrid pero no olvida su Galicia natal, donde suele pasar las vacaciones junto con Málaga. En sus viajes veraniegos por las aldeas y poblaciones de Galicia recoge notas que le sirven para publicar en Faro de Vigo y "Vida Gallega" artículos sobre la arquitectura popular gallega y sus monumentos característicos. En Faro fue colaborador habitual, con artículos que abordaban diversos temas, en ocasiones ilustrados por él mismo.
Obras Destacadas en Madrid
- Palacio de Comunicaciones (Palacio de Cibeles): 1904-1919, con Joaquín Otamendi.
- Hospital de Jornaleros de Maudes: 1908-1916, con Joaquín Otamendi.
- Banco Español del Río de la Plata: 1908-1918, con Joaquín Otamendi.
- Casa Palazuelo: 1919-1921.
- Círculo de Bellas Artes: 1919-1926.
- Banco Mercantil e Industrial: 1933-1945.
Palacio de Comunicaciones (Palacio de Cibeles)
Hospital de Jornaleros de Maudes
Banco Español del Río de la Plata (Instituto Cervantes)
Casa Palazuelo
Círculo de Bellas Artes
Banco Mercantil e Industrial
Trabajos en Galicia
Pero también es importante destacar su trabajo en Galicia. En Galicia realizó Palacios la colosal imagen de la Virgen de la Roca (Baiona), cuya primera piedra se colocó el 18 de septiembre de 1910; el "Nuevo Hotel" del Balneario de Mondariz, que quedaría incompleto, y el edificio del Ayuntamiento de O Porriño (1918).
Años más tarde, en 1925, construye su obra más emblemática en la ciudad de Vigo, el Teatro García Barbón, y diseña el Plan de Reforma Interior de la ciudad. De estilo neobarroco con influencias modernistas, el Teatro García Barbón se convirtió en todo un símbolo de la cultura en la ciudad olívica. La licencia de cimentación se solicitó en 1911 y los trabajos, que se iniciaron en 1913, fueron dirigidos por Jenaro de la Fuente. Los planos se expusieron en el Salón de Faro de Vigo en mayo de 1914, con un gran éxito de público. Las obras se prolongaron hasta finales de 1926.
Algunas de sus obras más destacadas son el edificio del ayuntamiento de O Porriño, el Templo Votivo del Mar en Panxón o el pabellón de la Fuente de la Gándara en Mondariz-Balneario. En la ciudad de Vigo proyectó edificios importantes como la Banca Viñas-Aranda, el Teatro García Barbón o el Monasterio de la Visitación de las Salesas Reales, pero además realizó un plan de arquitectura y urbanismo que nunca se llevó a cabo. En este proyecto, el arquitecto dividía la ciudad mediante dos grandes vías: la Atlántica, que iba paralela al mar, y la Cornisa, que descendía por la ladera del Castro hasta las playas.
Aunque nunca se implicó en la esfera política, Palacios mantuvo una vinculación sentimental con el galleguismo, lo que influyó en la búsqueda de una arquitectura de raíces gallegas. En ese contexto cabría incluir obras como la Iglesia de la Veracruz en O Carballiño o el Templo Votivo del Mar en Panxón (1932-1937). Esta iglesia de Nigrán destaca en el interior por el juego cromático de los mosaicos y la bóveda estrellada. En Vigo diseñó también la ermita de la playa de O Vao.
Templo Votivo del Mar en Panxón
Estilo Arquitectónico
Antonio Palacios, muestra en la creación de sus obras en Galiza, el interés por los materiales propios del lugar, en los que el granito ocupa un lugar prioritario. Fue el descubridor y primer defensor de las variedades de granito de las canteras de O Porriño: rosa Porriño y gris Mondariz. Esta piedra de grano grueso y dureza notable no permitía la mano de obra virtuosa por lo que no era apta para los ornamentos del eclecticismo, modernismo, etc., por lo que solo se utilizaba en el cierre de fincas, postes de viñedos y arquitectura popular humilde.
Palacios sentía auténtica fascinación por el granito y por todo el proceso de trabajo que conlleva extraerlo y someterlo al labrado. Hay quien afirma que, durante sus estancias en O Porriño, el arquitecto se acercaba hasta las explotaciones de granito para ver trabajar a los canteros o para elegir él mismo la piedra para alguna de sus obras. Hoy, la explotación de granito es una de las actividades económicas más importantes y fructíferas de las que se desarrollan en esta villa pontevedresa. El granito de O Porriño, en sus variedades rosa y gris, está presente en todo el mundo e importantes arquitectos contemporáneos lo utilizan para sus obras.
Coincidiendo con el cambio de siglo, lo que en Occidente se conoce como la Belle Epoque, la ciudad de Madrid se encuentra en plena efervescencia renovadora, pues desde todas las instancias se la pretende sacar de su ostracismo y su condición provinciana para convertirla en una metrópoli a la europea. Precisamente Antonio Palacios iba a resultar el profesional y artista idóneo para transformar la imagen arquitectónica de la ciudad, pues a sus sueños e ideales de monumentalización urbana se unen su carácter y personalidad, conceptualmente barroco, clasicista y ecléctico a la vez, si bien ajeno a todo convencionalismo, sin estilo y sin escuela.
Esta actitud hizo que Palacios recibiera muchas críticas, sobre todo de los círculos intelectuales, que le tachaban de monumentalista y de quedarse anclado en el siglo XIX, pero la fuerte personalidad de Antonio y la confianza en sí mismo y en los beneficios de su arquitectura para la ciudad lograron que siguiese adelante con sus proyectos.
El uso de una arquitectura regionalista alimentaba las críticas al arquitecto, sin embargo, Palacios utilizaba con valentía y agilidad soluciones historicistas cuya combinación derivaba en un estilo novedoso pero familiar; no obstante Antonio no era ajeno a lo que ocurría en ese momento en el resto del mundo.
Así, podemos entender la versatilidad del arquitecto al encontrar una imponente monumentalidad en edificios como el Palacio de Cibeles o el Banco del Río de la Plata; modernidad y presencia urbana en el Círculo de Bellas Artes o en la Casa Comercial Palazuelo; elegancia y funcionalidad en los edificios de viviendas para alquilar o sencillez y organización en sus arquitecturas industriales. En este sentido, el arquitecto afirmaba en una entrevista en 1943, casi al final de su vida: «Cada edificio requiere formas adecuadas y procedimientos constructivos propios. Sin embargo, una mirada no muy torpe descubrirá fácilmente en edificios muy distintos la mano del mismo arquitecto; lo que yo, gráficamente, llamo las huellas dactilares».
Por otro lado, la decoración interior y exterior en los proyectos de Palacios es una perfecta banda sonora que acompaña discretamente sus arquitecturas y las subraya sin restarles protagonismo. La distribución y organización de espacios de forma racional es una constante en sus obras, así como la iluminación natural, la facilidad de ventilación y circulación de las personas, incluso en el Metro, donde aún bajo tierra, se aprecia la importancia que la luz poseía para el arquitecto.
La genialidad de Palacios fue construir edificios para sus semejantes. Viviendas habitables que facilitasen la vida, espacios comerciales que favorecieran el contacto con la clientela, edificios institucionales en los que los visitantes se pudieran orientar rápidamente. Y, a la vez, que estas construcciones no solo se integraran en la ciudad, sino que contribuyeran a hacerla más bella, monumental y cosmopolita.
A lo largo de sus cuarenta años de trayectoria profesional, Antonio Palacios trabajó con la firme convicción de que su arquitectura tenía el poder de mejorar las vidas de quienes habitaban, trabajaban o transitaban sus edificios.
Reconocimientos y Legado
Su obra se concentra en Madrid y en Galicia, aunque también ejecutó proyectos en Andalucía, Ávila y Zaragoza. Entre los proyectos que nunca llegaron a ver la luz se incluye el Plan urbanístico para Vigo y su comarca, una Aldea Gallega con viviendas unifamiliares o unos nuevos accesos a la catedral compostelana.
Académico de Número de San Fernando, Palacios era Hijo Predilecto de O Porriño y Adoptivo de Vilagarcía, Málaga y Vigo; por la reforma de la catedral de Ourense recibió el nombramiento de canónigo honorario de esa seo. Fue asimismo miembro del patronato del Museo de Castrelos y arquitecto honorífico de Vigo.
Antonio Palacios murió en su modesta casa de El Plantío (Madrid) el 27 de octubre del año 1945. Tenía 71 años de edad. El 30 de octubre de 1976 sus restos fueron trasladados al cementerio municipal de O Porriño donde reposan, como quería, "baixo unha lousa de granito das canteiras de Vila Fría", en la que se puede leer: Antonio Palacios - Arquitecto, palabras labradas a pico por un cantero.
Sobre la puerta de entrada del Palacio de Comunicaciones de Madrid figura un escudo de España, pero tiene una peculiaridad: en el centro del mismo, donde deberían figurar las tres flores de lis rodeadas de una bordura roja, símbolo de la casa de Borbón, Antonio Palacios incluyó el cáliz y las cruces del escudo de Galicia. Al parecer, fue Valentín Paz Andrade quien le dio la idea. Así al menos lo ha comentado su hijo Alfonso Paz Andrade: "Meu pai acostumaba ir a Madrid por traballo e, nunha desas viaxes, decidiu ir visitar o seu amigo. Palacios estaba preparando sobre unha mesa e a tamaño natural o bosquexo do escudo de España para Correos e o meu pai díxolle ´plántalle aí o de Galicia". Palacios aceptou o reto. Así foi, sen máis. O arquitecto debuxou no centro do escudo imperial un círculo no que inseriu o cáliz e as sete cruces. Ao día seguinte, o capataz dos canteiros foi recoller os patróns, levounos ao seu lugar de traballo e os artesáns executaron en pedra o debuxo.
Con su fallecimiento desaparecía la figura más poderosa de nuestra arquitectura en el primer tercio del siglo XX. Pocas personalidades han tenido semejante importancia para la imagen de una ciudad como Antonio Palacios la tiene para Madrid. Él fue el constructor de Madrid y su extraordinario legado forma parte la historia de la capital.
Aunque casi nadie conoce su nombre, Antonio Palacios Ramilo (Porriño, Pontevedra, 1874-El Plantío, Madrid, 1945) significó para Madrid tanto o más de lo que el archifamoso Gaudí representa para Barcelona. Los espectros nacidos de su cerebro, un conjunto fabuloso de diseños, proyectos y edificaciones, han ido forjando la conciencia de sus habitantes, delineando nuestros pensamientos, marcando el paso -fingido o renqueante- de nuestra personalidad.
