La Viña del Andaluz, ubicada en Paterna, es un lugar con una rica historia y un profundo arraigo en la comunidad. Este espacio ha sido testigo de importantes eventos y tradiciones a lo largo de los años, desde la producción de vino hasta su papel en el desarrollo del fútbol local.
Ubicación de Paterna en la Comunidad Valenciana
Orígenes y Tradición Vinícola
Para Carlos Cobos, en este afán de reencuentro con lo nuestro, la recuperación de El Parador de Riobóo conlleva un alto valor emocional. Este singular edificio con sus tres elegantes arcos de medio punto (el central más estrecho y elevado que los laterales), la señorial galería acristalada en la planta alta orientada a Montilla, la viña del Carrerón y el cercano restaurante Las Camachas pertenecieron a su familia paterna. Haberlo restaurado, siguiendo sus directrices, le da condición de un acto de justicia poética.
“Se ha terminado una primera fase de la restauración y ahora se va a acometer la siguiente. Lo primero ha sido consolidar el edificio que estaba en muy malas condiciones. Se ha respetado y mantenido tal como se creó a mediados del siglo XIX, preservándose la estructura principal como era en su origen con muros de carga que estaban hechos con piedras de la cantera de Rótiles, de muy buena cohesión”.
“Nos ha ayudado que este antiguo lagar tiene buenos cimientos y ejecución, lo que ha ayudado a que haya aguantado sin caerse. Está construido alrededor de un patio central con su característico molino de viento que se ve desde el exterior. Cuenta con dos naves laterales, una de cuadras, cocina de caseros y servicios adicionales”.
“Y la otra nave, a la izquierda, destinada a lagareta, es la que se va recuperar para crear allí un museo del vino, con objetos, enseres y maquinaria. También se han dejado una docena de tinajas para recrear su primitiva atmósfera de bodega. El acceso se realiza por la puerta principal, donde había varias dependencias y arriba sigue la casa principal”.
“Este segundo proyecto contempla el museo y el centro de visitantes. Es una labor en la que estoy muy implicado porque estoy muy ligado por familia a este lugar, lo que me trae muchos recuerdos de otros tiempos.
Carlos Cobos Ortiz también está vivamente implicado en esta necesaria faena de subrayar la identidad vinatera de Montilla. De unos años a esta parte proliferan diferentes iniciativas que acentúan esta condición, nuestro hecho diferencial. Es una tendencia en la que las empresas también se han implicado, patrocinando alguna que otra rotonda.
“El Ayuntamiento actual -nos comenta- quiere resaltar el carácter que ha tenido Montilla con la industria vinícola, a pesar de que en los últimos años se están sacando viñas y parece que no hay tanto interés, ni el negocio es tan seguro. Pero está claro que, como seña de identidad de Montilla, es muy potente. Es una simbología muy recurrente todo lo que está relacionado con la vid y el vino. Por eso estamos usando como ornamentos urbanos botellas, tinajas, barriles, prensas... O sea, toda una estética común que es la que tenemos como más reconocible en el municipio”.
“Tiene una carga histórica y emocional con una estética muy definida y reconocible. Y por eso la tenemos presente en cada actuación, arreglo y mejora de calles y monumentos que abordamos con este revestimiento estético. El Parador ha sobrevivido. Es un hecho excepcional, porque en el casco histórico de Montilla hace tiempo que no hay lagares, ni lagaretas. A mediados del siglo pasado llegaron a funcionar en plena recolección casi dos centenares de ellas. Rara era la calle en la que no se hacía vendimia. Pero los cambios en el negocio del vino, la presión urbanística y la aparición de las cooperativas condujeron a su extinción, los hicieron innecesarios. Y al final terminaron por desaparecer. Los echaron abajo o, en el mejor de los casos, fueron sometidos a una radical reforma para darle otro uso. Muchos han derivado en cocheras. Casa Palop resiste, mantiene su antigua fisonomía, aunque también está inactiva desde hace décadas.
La imagen de Andalucía se suele asociar a lo barroco y voluptuoso. Sin embargo, en lagares y bodegas parece predominar la contención y el orden. Casa Palop puede ser la quintaesencia de este modelo. Es el paradigma de un mundo sin adornos superfluos.
“En efecto, Casa Palop, sus patios y lagareta, conservan la esencia de la arquitectura tradicional”, agrega Juan Portero. “En la escritura de propiedad ya consta su condición de vivienda bodega. Es un tercio de la superficie del primitivo colegio jesuita”.
“En el XIX aquí estuvo una de las mayores bodegas de Montilla cuando era de la familia Navarro después de la desamortización. La primera lagareta estaba conectada con la bodega de tinajas para facilitar el trasiego del mosto, sin intervención de maquinaria. Aquí la armonía, la funcionalidad y el equilibrio son el resultado de la falta de pretensiones. Es una casa de labor que también fue añorada taberna. Y que como una madre receptiva y tolerante le dio cabida, en su momento, a gente de toda clase y condición ideológica, a jóvenes y ancianos, a cazadores y flamencos. Amamantó con sus legendarios biberones a una clientela que la echa de menos, justamente cuando se cumplen cien años de su primera apertura al público. Tanto tiempo después, permanece en pie, con su estructura de sabia eficiencia rustica intacta. Casa Palop es un prodigio arquitectónico. Al recorrerla tienes ante la vista la evolución de la industria vinícola. Y dispone de todo lo necesario, la maquinaria, la bomba, el pretil, el pozo, el pilón, el aljibe para, en cualquier instante, reactivar las prensas con el incontenible chorro de mosto.
Es esto, precisamente, lo que nos hace tener en cuenta la dura faena de la pisa. Juan Portero Laguna refiere que todo está preparado, ya que se conserva casi todo, hasta los anclajes para fijar el instrumental necesario. “Es cuestión de apañar una prensa y una moledora, algo de mobiliario y se pondría montar de nuevo, como en los años cincuenta y sesenta. Están los enchufes y las tomas de corriente para poner la maquinaria en marcha”.
“La lagareta se conserva perfectamente, incluso permanecen las carruchas para subir el piso a la azotea. Vamos, que te pones y, este año, haces vendimia otra vez.
El Campo de Fútbol de la Viña del Andaluz
In extremis, con la liga ya empezada, el club consiguió un hueco en el campo de La Viña del Andaluz, en Paterna. Por supuesto, también previo pago de un alquiler. Los horarios de entrenamiento comienzan a las 10 de la noche puesto que no hay disponibilidad de terreno de juego a otra hora, los jugadores vuelven ya pasada la medianoche a sus casas, y para más inri... no disponen de un vestuario.
Solo lo pueden utilizar para cambiarse y ducharse, deben dejar sus mochilas y pertenencias en la banda del campo, para luego, al finalizar la sesión volver a recogerlas. Es más, los coches del presidente y algunos jugadores se convierten en improvisados almacenes del material. De balones, equipajes, conos, petos...
Tras un verano intenso en busca de unas condiciones mejores, parecía que todo tenía una solución en Massanassa. El Cuenca jugaría y entrenaría allí. Pero pronto comenzaron los problemas de espacio, y tuvieron que volver a entrenar a Paterna. Esa es la situación actual: el Cuenca juega como local en Massanassa... pero entrena en Paterna. De Horta Sur a Horta Norte... y el germen, en la ciudad.
Compromís per Paterna ha propuesto hoy mejoras para diferentes instalaciones deportivas de la localidad, instalaciones que diariamente utilizan un gran número de usuarios, mayoritariamente niños y niñas de la localidad.
“Tenemos claro que la propuesta que realizamos se tiene que acometer con carácter de urgencia, no es aceptable que nuestros deportistas más jóvenes sufran las carencias que sufren hoy en día en un pueblo como Paterna”, señala el concejal de la formación Carles Martí.
Informan desde la formación que “en concreto esta propuesta hace referencia a la adecuación de los vestuarios, oficinas y urinarios en el campo de fútbol municipal Gerardo Salvador, la construcción de vestuarios y urinarios en los pabellones azul y naranja de la ciudad deportiva municipal y el cambio de la iluminación en los campos de fútbol de la Viña del Andaluz.
Campo de Futbol Gerardo Salvador en Paterna
El C.D. Cuenca y su Odisea
Allá por el año 1944 nacería el C.D. Mestalla, el filial del Valencia del que han salido numerosos baluartes blanquinegros como Claramunt, Saura, Fernando, Arias... u otros más recientes como Albelda o Silva (aunque estos con el nombre de Valencia B). Sin embargo, muy pocos son los que saben de dónde surgió aquel Mestalla. La respuesta la da el C.D. Cuenca, cuya estructura aprovechó el Valencia para crear su filial. Y aquel C.D. Cuenca, llamado así por la calle Cuenca, sigue vivo.
Milita en el grupo octavo de la segunda regional valenciana, aunque prácticamente proscrito de la capital. Y es que ni ser el club amateur más antiguo de la capital (fue fundado el 22 de mayo de 1925) le ha valido para conseguir la gestión de alguno de los campos municipales.
Desde hace tres temporadas, un grupo de jóvenes encabezados por el actual presidente, que además es jugador, Daniel Benlloch, consiguió que el club rebrotara. Estaba a punto de desaparecer tras la temporada 2006/2007, y junto a varios jugadores tomó las riendas, e hizo frente a la deuda. Pero el principal problema es encontrar un hogar.
Ya casi por tradición, se trata de un club itinerante. A imagen y semejanza del Bolton Wanderers inglés a principios de siglo cuando no tenía un estadio propio (wanderers en inglés significa trotamundos), el Cuenca ha pasado por el Mercado de Abastos, el cauce del Turia, Catarroja, el campo del Gimnástico, las Vías, Serranos, San Isidro, Mislata, Paterna y Massanassa.
La Fundación Deportiva Municipal no le ha otorgado la gestión de ninguno de los nuevos campos de césped artificial y tampoco ha recibido el derecho a horas de disponibilidad para entrenamiento y jugar como locales. La única solución que permite es alquilar el campo.
“Somos un club que sobrevive de lo que aportan jugadores, directivos y algún que otro patrocinador. Los precios que hay para alquilar algún campo en Valencia son prohibitivos para nosotros", asegura Benlloch. "Cuando nos hemos acercado a pedir la gestión del campo lo primero que nos dicen es 'cuántos niños tenéis', pero sin campo no podemos hacer una escuela", explica Diego Molina, actual entrenador.
