La cerda moderna ha experimentado una serie de cambios fisiológicos y anatómicos en comparación con las cerdas de hace 20-30 años, lo que exige el diseño de nuevas estrategias nutritivas para cumplir con los objetivos de la mejora genética actual. Hoy en día, la mejora genética porcina ha traído como consecuencia un aumento de la prolificidad de las camadas; sin embargo, no se ha llevado a cabo una actualización de los requerimientos nutritivos de las actuales cerdas reproductoras a lo largo del ciclo, teniendo en cuenta, además, que se han seleccionado cerdas cada vez más magras y de rápido crecimiento, pero con una menor capacidad de ingesta voluntaria. Todo ello está obligando a los nutrólogos a diseñar nuevas estrategias para alimentar a estas cerdas de gran potencial, ajustando sus necesidades en cada una de las fases del ciclo, logrando una mejora de la productividad (mayor número de lechones destetados por cerda y año) y un aumento de la vida reproductiva útil.
Ello implica que el nutricionista debe conocer todas las características de la cerda en cuestión, así como el régimen de manejo, condiciones ambientales, tipo de instalaciones, etc. Es vital tener en cuenta cómo las cerdas utilizan los nutrientes para la reproducción. Por tanto, estrategias de alimentación adecuadas permiten una mejor nutrición y una menor excreción de nutrientes. Los aportes nutricionales deben adaptarse para mantener las reservas corporales en óptimas condiciones durante toda su vida productiva y, así, optimizar su desempeño reproductivo, lo que requiere un ajuste preciso del nivel de alimentación, de la composición nutricional del alimento, de las condiciones ambientales y de alojamiento, etc.
La selección genética ha mejorado la prolificidad de las cerdas, lo que se refleja en un aumento en el tamaño de la camada, y la nutrición adecuada de las primerizas y las cerdas ha cambiado simultáneamente debido a la mejora de la productividad. Debido a esta intensa selección genética, se ha producido una disminución muy notable de las reservas de grasa de las primerizas acompañada de cambios en el metabolismo basal de los cerdos. La mayoría de las recomendaciones de nutrientes se basan en investigaciones con cerdas que eran mucho menos prolíficas y productivas que las que se encuentran en las granjas actuales.
Por lo tanto, las necesidades de nutrientes de las cerdas modernas son muy poco conocidas en comparación con nuestro conocimiento sobre los cerdos en crecimiento. Los cambios en el rendimiento de las cerdas han tenido efectos importantes en sus requerimientos nutricionales debido a la mayor prolificidad, producción de leche y mayor tamaño corporal que implica mayores requerimientos. Por lo tanto, los datos fundamentales que subyacen a los modelos actuales de alimentación de cerdas deben ser actualizados.
¿Cómo mejorar la eficiencia de la nutrición de las cerdas? por Claudio Faúndez
Importancia del Control de Enfermedades
Uno de los principales riesgos que enfrentan las cerdas gestantes es la presencia de enfermedades que afecten su fertilidad, su estado corporal, su producción de leche y la salud de sus lechones. Por eso, es fundamental establecer un plan sanitario que incluya las siguientes medidas:
Medidas Clave en el Plan Sanitario
- Vacunación: Se debe vacunar a las cerdas contra las enfermedades más comunes y relevantes en cada zona, como la peste porcina clásica, la parvovirosis, la leptospirosis, el síndrome reproductivo y respiratorio porcino (PRRS), la influenza porcina, etc. La vacunación en cerdos debe realizarse según el calendario establecido por el veterinario y siguiendo las instrucciones del fabricante.
- Desparasitación: Hay que desparasitar a las cerdas de manera periódica para eliminar los parásitos internos y externos que causen anemia, diarrea, pérdida de peso, abortos, etc. La desparasitación se efectúa con productos adecuados y siguiendo las dosis y los intervalos recomendados.
- Bioseguridad: Se debe aplicar un protocolo de bioseguridad que prevenga la entrada y la salida de agentes infecciosos en la granja. La mejora de la sanidad porcina solo se hará efectiva si se diseña, se planifica y se lleva a la práctica un programa de Bioseguridad integral, en donde la profilaxis vacunal sea un punto clave pero no el único.
En efecto, solamente con vacunas no se puede prevenir, controlar y erradicar ninguna enfermedad, ya que la vacunación forma parte de un todo y es solo una medida complementaria para combatir las epidemias. La vacunación consiste en la producción artificial e intencionada de una resistencia específica o insensibilidad de los animales frente a un determinado patógeno. Frente a esta inmunidad artificial, nos encontramos con una inmunidad natural resultante de superar un contagio aparente o latente (inmunidad natural activa) o cuando los lechones reciben los anticuerpos a través del calostro de la cerda (inmunidad natural pasiva), para lo cual la cerda ha debido de estar previamente en contacto con el patógeno correspondiente.
Ahora bien, ha de tenerse en cuenta que el lechón en el momento del nacimiento se encuentra desprotegido de la estimulación antigénica externa, debido al tipo de placenta de la cerda - placentación de tipo epiteliocorial especializada − que no permite el paso de anticuerpos maternales al feto; por consiguiente, el lechón nace sin la correspondiente protección inmune pasiva. Los anticuerpos maternales que se encuentran en el suero no son capaces de atravesar la barrera placentaria, concentrándose al final de la gestación en las glándulas mamarias, para ser aportados en el calostro. Por lo tanto, el lechón, a diferencia de otras especies, en el momento del nacimiento es inmunológicamente inactivo, dependiendo, totalmente, de la transmisión de inmunidad pasiva de la cerda, a través de la ingestión y absorción de las inmunoglobulinas calostrales.
Sin embargo, cantidades importantes o significantes de anticuerpos calostrales pueden interferir o inhibir el desarrollo de la inmunidad activa de determinadas vacunas, siendo éste uno de los aspectos a tener en cuenta cuando se planifica el programa vacunal en una explotación porcina. Mediante la vacunación se consigue estimular la inmunidad adquirida, para ello se utilizan antígenos de los agentes patógenos frente a los cuales queremos proteger a los cerdos, y que de esta forma no se presente la enfermedad en cuestión. Esta inmunidad adquirida tiene memoria, es específica y es transferible.
Actualmente, contamos en nuestro país con una vacuna viva atenuada que se administra por vía oral en el agua de bebida. Esta cepa atenuada se ha obtenido mediante la modificación in vitro de cepas de Lawsonia intracellularis por el cultivo en pases sucesivos, gracias a los cuales se pierden los genes responsables de la patogenicidad, pero no así los genes que garantizan la infectividad. La vacunación de cerdos en crecimiento y de cerdas nulíparas, durante el periodo de adaptación sanitaria, es capaz de reducir o eliminar los síntomas clínicos de la enfermedad. El momento de realizar esta vacunación dependerá del sistema de manejo de la granja, ya que ello influye en el momento de la aparición de los brotes infecciosos.
Así por ejemplo, en granjas con presentación precoz de los brotes entre las 6 y las 12 semanas, se puede vacunar a los lechones tras el destete (21-28 días); mientras que en granjas con sistemas en múltiples sitios, donde la aparición de los brotes es más tardía (12-24 semanas) se vacunan a las cerdos unas 6 semanas antes de la seroconversión. La vacuna frente a Mycoplasma hyopneumoniae reduce e, incluso, elimina las lesiones pulmonares, mejorando el índice de conversión y la ganancia media diaria en los lechones vacunados. Generalmente se suelen emplear dos dosis, la primera se aplica en la primera semana de vida del lechón y posteriormente una segunda dosis hacia la semana 3ª de vida.
En explotaciones con un elevado estatus sanitario y cuando las cerdas reproductoras y los lechones en transición son negativos para el virus del Síndrome Respiratorio y Reproductivo Porcino (PRRS), se puede emplear una dosis única a partir de la 3ª semana. Independientemente del programa elegido (monodosis o dos dosis) la protección de los lechones debe ser sólida y durar toda la vida productiva del cerdo, alrededor de los 6 meses, ya que no se puede predecir en que momento se puede infectar el animal. Se ha comprobado que los cerdos vacunados que han sido expuestos a M. La eficacia de la vacunación puede verse alterada ante la presencia de virus del PRRS o del circovirus porcino tipo 2 (PCV2) y por la presencia de una elevada tasa de anticuerpos maternales derivados del calostro.
La presencia del virus del PRRS resta eficacia a la vacuna de micoplasma, por lo que ésta debería efectuarse antes de que los lechones se infecten con el virus del PRRS. Por otra parte, más que la edad del lechón en la primera dosis, habría que tener en cuenta el nivel de anticuerpos maternales presénciales, lo que depende de la edad y del nivel de infección de las madres. El programa va a depender del nivel de títulos séricos que las cerdas sean capaces de transmitir a sus lechones, de manera que la presencia de un nivel alto de anticuerpos maternales en el momento de la vacunación obligaría a retrasar la primera dosis.
Un buen plan vacunal frente a M. hyopneumoniae debería conseguir unos adecuados niveles de protección antes de los 60 días de vida del lechón. Por tanto, la aplicación de las dosis vacunales debe ser temprana pero evitando que coincidan con altas concentraciones de anticuerpos maternales. Se elegirá uno u otro protocolo dependiendo de una serie de factores. Para el resto de las situaciones emplearemos el protocolo de dos dosis. Se emplea una vacuna con patógeno inactivado. No obstante, se están desarrollando vacunas vivas atenuadas con resultados bastante aceptables.
La inmunidad de las madres es fundamental para proteger adecuadamente a los lechones desde el momento del nacimiento. La mejor forma de conseguir esto es facilitar la aclimatación de las cerdas, antes de su primera cubrición, a los patógenos autóctonos de la granja, para que puedan desarrollar anticuerpos frente a ellos y puedan transmitir la inmunidad pasiva a sus lechones. La vacunación de las cerdas frente a E. coli es mucho más rentable que el tratamiento de los lechones infectados, al margen de la dificultad que conlleva al tratarse de animales tan pequeños. Para ello vacunaremos a las cerdas multíparas 2.-3 semanas antes de la fecha prevista de parto.
Las vacunas están constituidas a base de patógenos inactivados, determinantes patógenos de E. coli, antígenos específicos de enterotoxinas o una combinación de ellos. En este sentido, la utilización de las fimbrias constituye un importante factor de virulencia, al tiempo que poseen importantes propiedades inmunológicas. A la hora de elegir un tipo u otro de vacuna hemos de tener en cuenta que la vacuna posea antígenos contra toxinas y componentes estructurales de E. Al margen de la inmunidad que puede trasmitirles la cerda a través del calostro podemos vacunar a los lechones durante la lactancia para prevenir la Colibacilosis post-destete.
La inmunización mediante la vacunación es el método más rápido y fácil para estabilizar una granja. La gran dificultad de la vacunación estriba en la gran variabilidad intrínseca del virus, además de que el propio virus del PRRS no desarrolla una respuesta rápida protectora. Por ello el control de la enfermedad mediante el empleo de vacunas no es del todo efectivo, pero sí que la vacunación de los animales reduce la susceptibilidad. La efectividad de la vacunación dependerá, fundamentalmente, de la proximidad genética entre el virus infectante de la granja y el utilizado en la vacuna.
Lo ideal sería producir la vacuna con la misma cepa específica que ha aparecido en la granja en particular. Se pueden emplear tanto vacunas atenuadas como vacunas inactivadas e, incluso, en algunos países se utilizan vacunas autógenas. Las vacunas vivas atenuadas tienen el inconveniente de que tienen capacidad infectante, pueden pasar a cerdas seronegativas o al feto, en el caso de cerdas no inmunes gestantes en el último tercio de la gestación, desarrollando la enfermedad. Así mismo, los verracos pueden transferir el virus a través del semen, aunque siempre en menor medida y duración que el virus de campo. Por su parte, las vacunas inactivadas no producen viremia ni se transmite entre los animales.
En general, la bibliografía científica consultada ofrece mejores resultados cuando se utilizan vacunas vivas atenuadas que cuando se utilizan inactivadas. Algunos autores recomiendan el uso de vacunas vivas atenuadas en granjas con brotes agudos o durante los procesos de estabilización. En cerdas multíparas se puede aplicar el programa de vacunación en cualquier fase del ciclo, normalmente se acude a una vacunación en sabana al inicio del programa (2 dosis con un intervalo de 3-4 semanas). Puede hacerse con vacuna viva o inactivada.
Las cerdas nulíparas se ha de intentar que estén inmunizadas antes de su primera gestación, de ahí que se las vacune antes de su primera cubrición (2 dosis con un intervalo de 3-4 semanas, la segunda dosis al menos 3 semanas antes de la primera inseminación). Si las nulíparas son serológicamente positivas a PRRS una dosis única sería suficiente. Esta vacunación llevada a cabo durante el periodo de adaptación sanitaria y/o cuarentena es una buena opción, porque disminuye la susceptibilidad aunque no ofrece una garantía absoluta, por ello sería necesario realizar serologías a los 14 días para ver si han sido correctamente vacunadas.
Los lechones también se pueden vacunar pero teniendo en cuenta que necesitan al menos 3-4 semanas para el desarrollo de la inmunidad. Las vacunas comerciales presentes en nuestro país se basan en cepas de PCV2a, aunque han demostrado una evidente protección cruzada frente a PCV2b, siendo aplicadas tanto en lechones como en cerdas reproductoras. Las vacunas en lechones se muestran eficaces en presencia de anticuerpos maternales debido al hecho de que la eficacia de la vacuna frente a PCV2 no solo depende del desarrollo de la respuesta humoral sino también celular, no obstante hay que evitar vacunar cerdas y lechones al mismo tiempo.
En líneas generales, la primovacunación en nulíparas se hará al menos dos semanas antes de la inseminación con dos dosis de vacuna con un intervalo de 3-4 semanas. La revacunación se hará 2-4 semanas antes del parto con una dosis. Por su parte, los lechones se vacunarán con una edad mínima de 3 semanas, utilizando una segunda dosis tres semanas más tarde. En cualquier caso la vacunación de los animales y que tipo de animales se han de vacunar va a depender un poco de las características de la infección en la granja.
En este sentido, la existencia de seroperfiles puede determinar la presencia de anticuerpos maternales y si la infección por PCV2 es temprana o tardía, en cuyo caso si es temprana se debe vacunar a las madres para controlar la enfermedad y si es tardía se puede plantear la opción de vacunar a los lechones. La vacunación utilizando vacunas marcadas con gE negativa es de obligado cumplimiento en nuestro país. El empleo de vacunas vivas atenuadas induce los mayores niveles de protección. No obstante, ninguna vacuna viva o inactivada produce una inmunidad permanente y son necesarias dosis de recuerdo.
Durante la recría de futuras reproductoras es imprescindible detener la circulación del virus durante la fase de cebo. Para ello se aplicarán dosis: a las 10ª-12ª semanas y a las 13ª-16ª semanas. Cuando se adquieran nulíparas del exterior éstas deben ser negativas, comprobando su estado sanitario mediante serología durante el periodo de cuarentena. En este caso las nulíparas deben vacunarse antes de la primera cubrición (dos dosis, con un intervalo de 3 semanas).
Los animales de cebo se vacunaran con dos dosis a las 10-12 semanas de vida y una 2ª dosis a las 3-4 semanas de la primera. Si no se lleva a cabo un sistema de todo dentro/todo fuera sino un sistema continuo es aconsejable efectuar una tercera dosis a las 3-4 semanas de la segunda. A la hora de efectuar la primovacunación es conveniente conocer la cinética de los anticuerpos maternales mediante la realización de seroperfiles, ya que éstos pueden impedir la multiplicación de la cepa vacunal. Los verracos se vacunarán durante su etapa de crecimiento de forma similar a los animales de cebo.
La vacunación de los animales disminuirá el porcentaje de mortalidad y la extensión de las lesiones pulmonares; sin embargo, no impide la infección ni la elimina de los animales ya infectados. Debido a la presencia de 15 serotipos de A. Se pueden emplear vacunas simples, es decir, solo frente a la Parvovirosis, o bien, polivalentes, efectivas frente a parvovirus y otro patógeno bacteriano, generalmente Erysipelotrix rhusiopathiae y/o Leptospira spp. Las nulíparas deberán ser vacunadas por primera vez a partir de los 6 meses, para impedir la interferencia entre la inmunidad pasiva y el programa vacunal. El programa vacunal básico tiene que estar completado por lo menos dos semanas antes de la primera cubrición, para que de tiempo a que se produzca la respuesta inmune.
Pautas de Vacunación:
- Nulíparas: 2 dosis con intervalo de 3-4 semanas durante el periodo de recría cuarentena/adaptación sanitaria antes de su entrada en la explotación.
- Verracos: primovacunación a partir de los 6 meses de edad y, al menos, 1-2 semanas antes de su primera monta.
La vacunación se puede plantear en función del momento de la infección de la granja: vacunación preparto, post.parto o, incluso, en sabana. La vacunación durante la gestación proporcionará inmunidad pasiva al lechón a través del calostro, la cual suele durar hasta el inicio del cebo (semana 12ª-13ª de vida); si bien es verdad que algunos lechones pueden infectarse durante el periodo de transición, esta infección es inversamente proporcional a la cantidad de anticuerpos calostrales recibidos de la cerda.
Recomendaciones Adicionales:
- Serología de las cerdas nulíparas durante la cuarentena/adaptación sanitaria.
- Cuando aparezca un brote de Influenza se recomienda la vacunación en sabana de las cerdas reproductoras, aplicando una segunda dosis a las 3 semanas. En estos casos también se puede optar por la vacunación de los cerdos en crecimiento, tanto en transición como en cebo, de manera que se reduzca la presión de la infección.
- Verracos: 2 dosis (intervalo de 3 semanas).
Para controlar la enfermedad y evitar la muerte de los lechones en transición se puede utilizar tanto vacunas comerciales como autovacunas. Cuando se observe la infección sistémica en la 1ª-3ª semanas post-destete, se debe vacunar a las cerdas 2-4 semanas antes del parto. Actualmente se pretende identificar factores de virulencia de H. Vacunación de las cerdas reproductoras transfiriendo la inmunidad...
