En el Evangelio de Juan, nos encontramos con un diálogo trascendental entre Jesús y Nicodemo, un fariseo y miembro del Sanedrín. Este encuentro revela la esencia de la transformación espiritual y el significado profundo de "nacer de nuevo".
En este pasaje bíblico nos encontramos con Nicodemo. Era una persona importante en Jerusalén y seguramente pertenecía al concilio político - religioso del pueblo judío. No sabemos si Nicodemo estaba buscando un aliado en la persona de Jesús.
Nicodemo es un discípulo un tanto peculiar. De algún modo, como dice el padre Valentín Aparicio, Nicodemo sigue a Jesús un poco «desde el postureo», de noche, cuando no puede ser visto por otros judíos, por miedo al qué dirán o para no quedar mal.
¿Qué significa nacer de nuevo? – Dr. Charles Stanley
El Encuentro con Jesús: Un Desafío a la Percepción
Nicodemo le expresó a Jesús que lo reconocía como “un maestro que ha venido de parte de Dios, porque nadie podría hacer las señales que tú haces si Dios no estuviera con él”. ¿Por qué el Señor lo recibió de esta manera? Nicodemo basaba su afirmación sobre las señales que hacía.
La escritura dice que “Jesús no se fiaba de los que creían en él por las señales, porque conocía el interior del ser humano” (Jn 2:23-25). Nicodemo no podía avanzar con solo el hecho de reconocer señales o bien basarse en lo bueno que hacen otros, ya sean instituciones o personas. Este no era el punto.
Si Jesús iba a compartir con Nicodemo el verdadero significado de su venida entonces tenía que romper sus esquemas y el marco de referencia de aquel. Nicodemo tenía que eliminar su manera de ver las cosas.
Implicaba ir al Señor con una actitud de humildad y reconocer que nuestros marcos referenciales (trasfondo, experiencia, tradición y vivencia) no son suficientes. Nuestro trasfondo cualquiera que sea no garantiza que vivimos en una correcta relación con Dios y con nuestro prójimo. Su identidad como judío y fariseo fue cuestionada.
Jesús y Nicodemo, pintura de Carl Heinrich Bloch.
La Necesidad de un Nuevo Comienzo
El evangelio de Juán nos presenta a un Jesucristo que nos desafía. ¿Por qué Jesús procede así? Porque somos pecadores y es por eso que el Reino de Dios no puede venir como algo más para agregar. No es adicionar algo a la vida. Surge como confrontación y desafío.
Si queremos entrar en el Reino no podemos dar un paso más en la vida como la hemos llevado. Jesús busca una transformación que va más allá de ser religioso o de asistir a los cultos. Es una invitación a ir al principio, comenzar de nuevo, un proceso de crecimiento y transformación. Es nacer de nuevo, “desde arriba” o “de lo alto”.
Le costará a Nicodemo entender esto, y también cuando Jesús le dice «tienes que nacer de nuevo, porque si no naces de nuevo, no tienes vida». El evangelio de san Juan relata los episodios de la vida pública de Jesús con una dimensión diferente, con una intencionada ambigüedad en el uso de las palabras. Nacer de nuevo y nacer de lo alto es nacer del agua y del Espíritu’ (Santo), y también de la Cruz. Es muy importante desgranar el sentido pleno de todas las palabras escritas por el evangelista.
Nicodemo estaba respondiendo como lo hacían las autoridades del Templo y tomó las palabras de Jesús de manera literal. Tenía la oportunidad de entender bien lo que Jesús había dicho, pero escogió hacerse el tonto.
Un maestro como Nicodemo debía reconocer en estas palabras una referencia al profeta Ezequiel qu en su descripción de la salvación hablo de la necesidad de ser transformado: “Los rociaré con agua pura, y quedarán purificados. Los limpiaré de todas sus impurezas e idolatrías. Les daré un nuevo corazón, y les infundiré un espíritu nuevo; les quitaré ese corazón de piedra que ahora tienen, y les pondré un corazón de carne.
El Rol del Espíritu Santo
Nacer del Espíritu representa el poder divino. “El ser humano tiene que pasar por una transformación que uno mismo es incapaz de lograr y que debe venir como don de Dios. Esta fuera de nuestro poder y control”. Jesús hablo del Espíritu como el viento (Jn 3:8) y ambos están fuera del poder humano: van donde quieren sin poder entender desde donde se mueven o a donde van.
Nicodemo había comenzado la conversación con una pretensión de control diciendo “sabemos” y tenía que ser cambiado en cuanto a su concepto de pertenecer a los entendidos para recibir la nueva vida de Jesús.
Junto con el lema que nos ocupa, hemos querido resaltar con una imagen otra de las palabras de Jesús en su diálogo con Nicodemo: el que no nazca del agua y del espíritu no puede ver el Reino de Dios (Jn 3, 5). Con esta afirmación se nos está mostrando cómo el crecimiento y el destino feliz de nuestra vida es pura gracia, pero necesita también de la aceptación libre de la persona que ha de acoger la propuesta de Dios. Se une nuestro presente histórico con la meta definitiva de nuestra existencia.
El bautismo, al que hace referencia Jesús en sus palabras, es la puerta de entrada al encuentro con el Señor, a injertarnos en su misericordia, en su plan de salvación. Al quedar incorporados a Cristo, el Sol que nace de lo alto, quedamos orientados, es decir, mirando al Oriente, lugar del nacimiento del Sol. Nuestra vida, por tanto, como hemos indicado, está orientada, tiene un sentido.
Implicaciones Prácticas del Nuevo Nacimiento
El Reino de Dios nos confronta y a su vez nos invita a todos. Nos invita a nacer de nuevo y a participar en la misión de Dios. “Nicodemo no se tenía que ver como un maestro de Israel sino como alguien herido con necesidad de curarse por el poder de Dios” (Jn 3:14). Es un llamado a reconocer nuestra limitación, renunciar a nuestras pretensiones y dejar que Jesús nos salve.
La venida de Jesucristo sigue generando una crisis en el mundo de hoy. La crisis es esta: hay que definirse. El nuevo nacimiento viene de lo alto o desde arriba pero sucede aquí en la tierra. Si Nicodemo quería entrar a la vida celestial tenía que arreglar sus cuentas aquí y ahora. En estas escenas hay un llamado de Jesús para todas las autoridades religiosas.
Jesús también invita a su iglesia a ver el Reino de Dios. Si alguien cree también lo sigue confrontando y desafiando (Jn 4:48). Nos invita a iniciar un proceso (Jn 4:46-54).
Nicodemo empezó a salir de la oscuridad para encontrarse con la luz y aparece más adelante arriesgándose a favor de Jesús (Jn 7:50-51). Los dirigentes querían arrestar a Jesús y menospreciaban al pueblo (Jn 7:32, 48-49). Las autoridades pretendían realizar un proceso legal sin escuchar al acusado.
“La contradicción entre la actitud de las autoridades y la de Jesús no puede ser más radical: vivir la fe como medio de promoción propia es lo opuesto a vivirla como servicio de amor a los demás”. Nicodemo se transformó en discípulo. Lo encontramos finalmente junto a José de Arimatea. Ellos tomaron el cuerpo de Jesús para darle sepultura (Jn 19:38-42). Esto requería valor y fue parte de un proceso que lo transformó en seguidor de Jesús. En el momento de la crucifixión vio la gloria de Dios encarnada en la persona de Jesucristo (Jn 12:32).
No podemos domesticar el Reino de Dios a nuestra forma de pensar y ser. Su Reino viene para todos, incluso para nuestros enemigos y somos llamados a ser testigos. Jesús pretende dirigir el Reino Universal por lo tanto Jesús nos confronta. Su Reino es una invitación abierta para aceptar sus prioridades.
El diálogo entre Jesús y Nicodemo podría ser nuestro diálogo con cualquier persona que se relacionara con nosotros, por una cuestión de fe, o por cualquier otro motivo. De fondo partimos de una certeza: Jesús, el fundador de la Iglesia (no es, entonces, un proyecto humano) ha querido identificarse para siempre con ella, y, por tanto, es ésta la que permite el acceso seguro a su persona, para que su figura no quede desdibujada por modas o acercamientos parciales que quisieran apropiárselo.
Necesitamos la determinación del fariseo amigo de Jesús y acudir a él con confianza y desahogar ante él nuestro corazón porque él se interesa por nosotros (cf. Las palabras de Jesús nos interrogan y puede que ya las hayamos empezado a responder.
Se lo ha dicho el Papa León XIV en el reciente Jubileo de los jóvenes, en sus distintas intervenciones: construir relaciones humanas auténticas, saber que la amistad es camino de la paz; buscar la verdad con pasión; dar la vida por los demás; tener la valentía de tomar decisiones según Dios; comprometerse con la justicia y la suerte de los pobres; etc. En la homilía de clausura del Jubileo lo recogía todo con una expresión: “aspiren a cosas grandes, a la santidad allí donde estén.
En cualquier caso, todo comienza con la experiencia personal de un encuentro con Cristo, como el que hemos escogido para nuestro comentario. De la constancia en nuestro trato personal con el Señor se van a dar el resto de dedicaciones posteriores y habremos dado con la fórmula de diálogo íntimo con Jesús para descubrir los tesoros que tiene preparados para cada uno.
Jesús nos ha dejado varios de estos encuentros personales en los que los personajes que han intervenido se han visto descubiertos, acogidos, transformados y enviados a mostrar a otros lo que con ellos ha sucedido, para repetir de nuevo el ciclo de salvación que quiere difundirse y llegar a cuantos más mejor, según el plan de Dios. Seguro que recordamos, por ejemplo, la conversación con la mujer samaritana (cf. Jn 4, 5-42), y el diálogo con Zaqueo (cf.
Los Sacramentos y la Vida Cristiana
Lo mismo ocurre con el sacramento de la Reconciliación. ¿Acaso no vuelve a nacer quien ha reconocido su pecado, lo verbaliza con humildad al confesor, recupera con la absolución la amistad perdida con el Señor, y se esfuerza con la gracia en mantener la fidelidad que Dios reclama para nuestra felicidad?
Qué decir de la Eucaristía, fuente y culmen de la vida cristiana (Lumen Gentium 11). Cabría preguntarse si la vivimos así. Debemos insistir en la Diócesis en cuidar la liturgia, sus gestos, palabras, cantos, etc., para que podamos celebrar con gozo lo que la Iglesia quiere transmitir, lejos de toda arbitrariedad ajena al sentir eclesial.
El sacramento de la Confirmación es otro encuentro de gracia que se ofrece en la Diócesis en distintos momentos, según los procesos de cada lugar, pero vemos conveniente unificar criterios y adelantar en general la edad del sacramento.
Queremos que los sacramentos y la vida de fe en general lleguen igualmente a las personas con discapacidad, para lo que hemos creado un Servicio Diocesano para Personas con Discapacidad (SERDIS), encargado de acompañar la realidad de estas personas y de sus familias.
Si bien es verdad que los sacramentos son signos visibles de una realidad invisible que transmiten la gracia de Dios, nuestra actividad eclesial debe contar con otros signos que todos entiendan y que ayuden a reconocer que Dios está en medio de nosotros a través de esas acciones directas, de tal manera que, si no las pudiéramos encontrar, nuestro mensaje de esperanza quedaría puesto en entredicho.
No podemos predicar nacer de nuevo, sin todas las implicaciones que tiene secundar las palabras de Jesús. De ahí la importancia de la convocatoria que todos los años hacemos en el Paseo del Espolón de Logroño, este año, Dm, el sábado 21 de marzo, fecha próxima al día 25, Solemnidad de la Anunciación, porque para nacer de nuevo primero hay que nacer, aunque bien sabemos que los que no han llegado a nacer ya han nacido a la vida verdadera, lo cual no nos exime de seguir reclamando justicia para los más débiles e indefensos.
Reflexiones Finales
¿Qué significa creer? ¿En qué casos Jesús nos confronta? ¿Qué cosas nuevas tiene que hacer el Espíritu de Dios en nuestras propias vidas y la vida de la iglesia?
Cuando comprendí el significado de lo que la Iglesia hizo conmigo entendí la respuesta que tu Señor diste al sorprendido Nicodemo. ¿Cómo puede uno nacer de nuevo? Volver a entrar en el útero materno siendo adulto es del todo imposible. Aún si volviera a tener el tamaño del recién nacido la tarea seria harto imposible.
Sin embargo, la única manera de nacer a esa vida nueva que tú quieres que se de en mi Señor pasa por hacerme pequeño, muy pequeño, humilde muy humilde, para que aparezcas en mí, Tú, para que ya no sea yo si no Tú. Que ese espíritu que recibí en mi bautismo me transforme en una persona nueva que camine siempre de tu mano, que no me suelte de ella.
