La patología neurológica en el paciente pediátrico presenta un desafío clínico y emocional tanto para los profesionales de la salud como para las familias. Los trastornos neurológicos en niños abarcan una amplia gama de condiciones que van desde enfermedades congénitas y trastornos del desarrollo hasta lesiones traumáticas y enfermedades adquiridas. Estas condiciones pueden tener un impacto significativo en el desarrollo físico, cognitivo y emocional del niño, así como en su calidad de vida a largo plazo.
Cerca del 6% de todos los niños y entre el 15 y 30% de los niños hospitalizados enfrentan problemas neurológicos. Además, se estima que el 25% de los niños atendidos en consultas externas padecen trastornos crónicos del sistema nervioso. Dado el tamaño reducido de la mayoría de las UCIP, se opta por equipos multidisciplinares coordinados por intensivistas pediátricos y neuropediatras en lugar de unidades neurocríticas independientes.
El sistema nervioso central (SNC) está formado por células especializadas cuya función principal es captar estímulos sensoriales y transmitirlos a los órganos efectores, ya sean músculos o glándulas. Estos estímulos pueden originarse tanto dentro como fuera del cuerpo y son procesados en el sistema nervioso central, donde se coordinan los diferentes impulsos para que los órganos efectores trabajen en conjunto de manera armoniosa, promoviendo el bienestar del individuo. Además, este sistema tiene la capacidad de almacenar información sensorial recibida durante experiencias previas.
El sistema nervioso, desempeña un papel fundamental en la regulación y coordinación de las funciones corporales. Constituido por una extensa red de neuronas y células de soporte conocidas como células de neuroglia, este sistema se extiende por todo el cuerpo, desde el cerebro hasta los nervios periféricos, y es esencial para la percepción sensorial, la coordinación motora, el pensamiento, la memoria y una variedad de funciones.
El sistema nervioso central, compuesto por el encéfalo y la médula espinal, es el centro de control principal del cuerpo humano. El encéfalo, alojado dentro del cráneo y protegido por las meninges, es la sede del pensamiento, la memoria, las emociones y la coordinación de las funciones corporales. El cerebro, la parte más grande del encéfalo, se divide en dos hemisferios separados por la cisura interhemisférica y comunicados mediante el cuerpo calloso. La capa superficial del cerebro se conoce como corteza cerebral y está compuesta por pliegues llamados circunvoluciones, los cuales están formados principalmente por sustancia gris. Justo debajo de la corteza se encuentra la sustancia blanca.
Ilustración 1. Estructura del Encéfalo.
La médula espinal, una estructura alargada que se extiende desde la base del encéfalo hasta la región lumbar de la columna vertebral, actúa como un conducto de comunicación entre el encéfalo y el resto del cuerpo. Se encuentra ubicada dentro del canal vertebral y está envuelta por tres capas de membranas protectoras, las meninges (duramadre, aracnoides y piamadre). A lo largo de la médula espinal, se encuentran 31 pares de nervios espinales que se unen a través de raíces anteriores (motoras) y posteriores (sensitivas). Cada una de estas raíces está conectada a la médula mediante fibras radiculares, que se extienden a lo largo del segmento correspondiente de la médula. Además, cada raíz nerviosa posterior tiene un ganglio de raíz posterior, del cual se originan fibras nerviosas periféricas y centrales.
Dentro del sistema nervioso central, las neuronas son las células fundamentales responsables de transmitir señales eléctricas y químicas a lo largo de redes complejas. Estas células altamente especializadas están compuestas por un cuerpo celular, dendritas que reciben señales de otras neuronas, y un axón largo que transmite señales a otras células.
Ilustración 2. Estructura sistema nervioso periférico.
El sistema nervioso periférico se extiende fuera del encéfalo y la médula espinal y está compuesto por nervios y ganglios nerviosos que conectan el SNC con los órganos, tejidos y sistemas del cuerpo. Los nervios craneales, que se originan en el encéfalo, controlan funciones sensoriales y motoras en la cabeza y el cuello, mientras que los nervios raquídeos, que emergen de la médula espinal, inervan las extremidades y la mayoría del resto del cuerpo.
Una característica distintiva del sistema nervioso es su capacidad para adaptarse y cambiar en respuesta a estímulos externos e internos. Este fenómeno, conocido como plasticidad neuronal, permite al sistema nervioso aprender, recordar y ajustarse a nuevas experiencias y desafíos.
Además de sus funciones cognitivas y motoras, el sistema nervioso también desempeña un papel crucial en la regulación de las funciones corporales involuntarias a través del sistema nervioso autónomo. Este sistema, que se divide en las divisiones simpática y parasimpática, controla una variedad de procesos fisiológicos como la frecuencia cardíaca, la respiración, la digestión y la respuesta al estrés.
La segunda fase: proliferación y migración neuronal, donde las neuronas y células gliales se diferencian.
Médula espinal: inicialmente ocupa todo el canal medular hasta el cuarto mes de gestación, momento en el cual la columna vertebral crece más rápido y el extremo de la médula se desplaza hacia arriba.
Columna vertebral: se desarrollan curvaturas lumbar y torácica durante el proceso de ortostatismo y marcha.
Las peculiaridades anatómicas, como la posición de las apófisis espinosas, deben ser consideradas al realizar procedimientos como bloqueos epidurales, donde la distancia entre la piel y el espacio epidural es pequeña y conlleva un mayor riesgo de complicaciones iatrogénicas.
En los primeros años de vida, la mielinización no está completa, lo que resulta en una velocidad de conducción de las fibras nerviosas A y B a la mitad de la de los adultos, mientras que las fibras C tienen la misma velocidad.
En cuanto al sistema nervioso vegetativo, se destaca su funcionalidad desde etapas tempranas del desarrollo, con respuestas perceptibles a la adrenalina y atropina incluso en el embrión. Sin embargo, la respuesta completa del sistema nervioso vegetativo se alcanza alrededor de año y medio de vida.
- Respuesta a la atropina: Es importante tener en cuenta la sensibilidad de los recién nacidos, ya que dosis excesivas pueden provocar arritmias supraventriculares.
- Respuesta a catecolaminas: Durante el periodo neonatal, la respuesta vascular a estas puede ser deficiente, lo que puede llevar a una compensación inadecuada de pérdidas de volumen. Además, los mecanismos de autorregulación cerebral aún son inmaduros en este periodo, por lo que es importante evitar cambios bruscos en la presión arterial.
La fisiología del sistema nervioso abarca dos aspectos fundamentales: la transmisión simpática y la sinapsis. El sistema nervioso desencadena respuestas mediante la recepción, transmisión y ejecución de señales. La sinapsis facilita la transmisión de información de una neurona a otra. Las neuronas tienen una polaridad funcional, con dendritas y soma especializados en la recepción de información, mientras que el axón se encarga de transmitir señales. En la sinapsis, el axón de una neurona se conecta con las dendritas de otra mediante terminaciones nerviosas.
El cráneo alberga tres componentes principales: el tejido cerebral, el líquido cefalorraquídeo (LCR) y el volumen sanguíneo, que en conjunto constituyen la mayor parte del volumen craneal total. El tejido cerebral representa aproximadamente el 80% de este volumen, seguido por el LCR con alrededor del 10% y el volumen sanguíneo con el restante 10%. Cuando aumenta el volumen de cualquiera de estos componentes, el organismo compensa reduciendo el volumen de los otros para mantener la PIC constante, un fenómeno conocido como compliance intracraneal, asociado con la hipótesis modificada de Monroe-Kellie. Para manejar el aumento de los contenidos craneales y mantener la PIC dentro de límites seguros, el cuerpo tiene varios mecanismos de adaptación.
Ilustración 3. Compliance Intracraneal.
La doctrina asociada con este fenómeno se basa en el hecho de que el volumen del cráneo es fijo y que la presión en su interior está relacionada con volúmenes específicos de los compartimentos intracraneales, como el cerebro, la sangre y el LCR.
Una PPC inferior indica hipoperfusión cerebral, lo que puede resultar en hipoxia e isquemia cerebral. Por otro lado, una PPC superior puede conducir a hiperemia y edema cerebral, aumentando la PIC. Es importante mantener la PPC dentro del rango óptimo de 60-70 mmHg para garantizar una perfusión cerebral adecuada.
La "respuesta de Cushing" es un fenómeno asociado en el que, ante una disminución significativa del flujo sanguíneo cerebral, el centro vasomotor aumenta la presión arterial para contrarrestar la elevación de la PIC.
Ilustración 4. Cascada vasodilatadora. Modelo propuesto por Rosner.
El flujo sanguíneo cerebral (FSC) es esencial para proporcionar al cerebro un suministro constante de oxígeno y glucosa, siendo cualquier disminución en estos factores potencialmente perjudicial y pudiendo provocar daños cerebrales graves en cuestión de segundos o minutos. A pesar de que el cerebro representa solo el 2% del peso corporal total, recibe aproximadamente el 15% del gasto cardíaco, reflejando su alta demanda metabólica. Para asegurar que las necesidades metabólicas del cerebro se equiparen con un adecuado suministro sanguíneo, el sistema vascular cerebral puede autorregularse, logrando una estrecha adaptación entre la demanda metabólica y el flujo sanguíneo.
Un aumento en la presión intracraneal (PIC) puede disminuir significativamente el FSC, lo que potencialmente desencadena la isquemia cerebral. La autorregulación también previene situaciones como la hiperemia, que puede provocar edema cerebral y aumentar aún más la PIC, o la isquemia e infarto cerebral debido a un flujo sanguíneo insuficiente para las demandas metabólicas. Ciertos agentes químicos, como el ácido láctico y el dióxido de carbono, actúan como vasodilatadores cerebrales y contribuyen a la autorregulación. Sin embargo, la autorregulación puede perderse en circunstancias clínicas como lesiones traumáticas, sangrado intracraneal o accidentes cerebrovasculares isquémicos, así como cuando la PIC excede los 35 mmHg durante un período prolongado.
El modelo propuesto por Rosner describe cómo la reducción de la presión de perfusión cerebral desencadena una vasodilatación arteriolar para mantener el FSC, lo que a su vez aumenta el volumen sanguíneo cerebral y, secundariamente, la PIC.
El sistema vascular cerebral regula su flujo sanguíneo tanto a través de la presión como de funciones metabólicas.
El líquido cefalorraquídeo (LCR) es un líquido claro y transparente que circula en el espacio que rodea la médula espinal y el cerebro. Está compuesto por glucosa y proteínas; y es prácticamente acelular. Se produce en los plexos coroideos por un proceso de secreción activa (se recambia tres veces al día), circulando desde los ventrículos al espacio subaracnoideo y finalmente, al espacio subaracnoideo para ser absorbido en las vellosidades aracnoideas. Según la edad del niño, su volumen medio en el RNPT es de 30 - 40 ml, en el RNT de 50 ml, y aumenta hasta valores de 150 ml en adolescentes y adultos.
El examen neurológico en pediatría es un proceso dinámico que se adapta a la edad y maduración del niño, siendo diferente al examen realizado en adultos. En pacientes estuporosos, es importante evaluar el nivel de conciencia mediante la escala de coma de Glasgow para una rápida exploración. La transición hacia el coma puede manifestarse con un aumento o disminución de la excitabilidad neuronal. En el caso de una excitabilidad aumentada, los pacientes pueden experimentar cambios en la conducta, como agitación y confusión, antes de entrar en coma, lo que se conoce como delirio o estado confusional (vía rápida al coma).
Existen dos principales alteraciones del lenguaje: la disartria y la disfasia. En la exploración de los pares craneales, se omite la exploración rutinaria del I par o nervio olfatorio, aunque en otros pares se amplía la exploración según los datos de la anamnesis o hallazgos iniciales. La localización de los pares craneales afectados puede orientar hacia el lugar de la lesión, ya que cada par tiene su ubicación específica en el cerebro. El examen del fondo de ojo es esencial, buscando signos de edema o atrofia en la papila y evaluando la inervación de la pupila, la simetría y el reflejo fotomotor. La exploración del VII par incluye la observación de asimetrías faciales y la diferenciación entre parálisis central y periférica.
La exploración de la sensibilidad en niños presenta ciertas dificultades debido a la necesidad de colaboración y la subjetividad en la interpretación de los resultados.
- Sensibilidad vibratoria-posicional o profunda: importante en enfermedades desmielinizantes y neuropatías, mediante la vibración de un diapasón sobre una prominencia ósea y movimientos verticales de la última falange para reconocer la posición.
Durante la evaluación neurológica, es fundamental explorar la marcha del paciente, observando su forma de caminar al entrar y salir de la consulta. En niños mayores y colaboradores, se les puede solicitar que realicen diferentes variantes de la marcha, como caminar en puntillas, talones, correr o hacerlo en tándem (caminar con un pie detrás del otro para evaluar el equilibrio).
En el diagnóstico de anormalidades en lactantes, es crucial tener un conocimiento detallado del desarrollo psicomotor, reconociendo que la adquisición de habilidades no sigue un patrón rígido. La variabilidad en el desarrollo es una característica normal que debe entenderse.
El concepto más adecuado para la valoración funcional en niños es el de «salud funcional». Escala de estado funcional (FSS), que permite una valoración más desglosada, bien definida, adecuada en amplio rango de edad, y con la ventaja de aumentar la objetividad, comparada con el sistema CECP-CEGP.
Las enfermedades neurológicas en la infancia tienen un impacto significativo en la vida de los pacientes y sus familias, siendo algunas de las más disruptivas dentro del ámbito pediátrico.
Estado de alteración profunda de la conciencia, en la que el paciente es incapaz de despertar o reaccionar a estímulos externos (sens...
¿Cómo se manifiesta la ansiedad en los niños?
La ansiedad puede considerarse como un sentimiento de temor o inquietud que no desaparece o que puede empeorar con el tiempo. Un niño que sufre este tipo de afección puede ver afectado su comportamiento, bien encerrándose en su mundo, o bien estallando en un momento de ira.
¿Cuáles son los síntomas comunes de ansiedad en los niños? La ansiedad se define como un estado de tensión interna, inquietud y perturbación del ánimo. Implica también angustia y sensación de pérdida de control. Todos podemos padecer, y padecemos, ansiedad en algún momento de nuestra vida: niños, adultos y personas mayores.
En el caso de los niños, ¿cómo se manifiesta esta ansiedad? ¿Por qué surge? Vamos a descubrirlo.
Según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, CDC (USA), cuando los niños no superan los miedos y las preocupaciones típicas de su edad podemos encontrarnos ante un trastorno de ansiedad. También, cuando esos miedos y preocupaciones interfieren en sus actividades diarias o en su bienestar.
Sin embargo, no es lo mismo tener un trastorno de ansiedad que tener síntomas de ansiedad o ansiedad en general. En el primer caso, hablamos de un conjunto de síntomas predeterminados, que siguen un patrón y que causan malestar significativo. Los trastornos, además, tienen criterios de duración y requieren una intervención específica.
En cambio, la ansiedad es un término más genérico que puede tener origen en una causa concreta, en circunstancias específicas o en elementos normativos característicos de una determinada etapa vital (en este caso, los niños; por ejemplo, el inicio de la escolaridad). Un trastorno de ansiedad suele ser más grave que padecer ansiedad en general.
En realidad, los síntomas comunes de ansiedad en los niños son similares a los de los adultos. Lo que puede variar más es la forma de manifestación de los síntomas o cómo los viven. Por ejemplo, esta ansiedad puede traducirse en un llanto descontrolado porque no saben gestionarla, en retrocesos en el desarrollo, disminución del rendimiento escolar, miedos “nuevos”, etc.
Pero, ¿cuáles son los síntomas más comunes y cómo los niños pueden manifestarlos?
Síntomas Comunes de Ansiedad en Niños
A continuación, describimos los síntomas más comunes, tanto físicos, como psicológicos y cognitivos:
- Dificultad para respirar: El niño puede manifestar dificultades a la hora de respirar. Así, le cuesta más respirar de forma pausada o lenta. De esta forma la respiración se acelera y se vuelve más torpe. Hay niños que pueden llegar a hiperventilar, o incluso a marearse.
- Dolor de estómago: Otro de los síntomas comunes de ansiedad en los niños es el dolor de estómago. Ten en cuenta que el estómago es el receptor de un buen número de terminaciones nerviosas y que, si sufrimos nervios, este puede resentirse. El estómago es un órgano con muchas terminaciones nerviosas, de ahí que muchas veces cuando estamos nerviosos sintamos como dolor de estómago.
- Dificultades de concentración: La ansiedad no solo afecta al área física de nuestro cuerpo, sino también a la cognitiva. Los niños con ansiedad pueden manifestar alteraciones en la concentración: les cueste más concentrarse, terminando por lastrar su capacidad para asimilar nuevos contenidos, lo que a su vez se manifestará en el rendimiento escolar. El nerviosismo y el estrés que produce la ansiedad, suele causar un desequilibrio en los sentidos.
- Preocupación excesiva: Otro síntoma de la ansiedad en niños es la preocupación excesiva. Esta surge, especialmente, en niños muy exigentes consigo mismos, muy perfeccionistas.
- Alteraciones en la autoestima: Debido a la ansiedad, o más bien, a su mala gestión, también pueden surgir alteraciones en la autoestima (autoestima pobre o baja). Por ejemplo, un niño que sufre ataques de pánico y que no entiende por qué, puede pensar que le ocurre algo extraño, que es “raro” o diferente, que algo no está bien en él…
- Tensión muscular: La tensión muscular es otro de los síntomas de ansiedad en los niños. Así, los músculos se agarrotan y se tensan. El cuerpo del niño, al igual que en adultos, reacciona a la ansiedad como si tuviera que enfrentarse cuerpo a cuerpo con un enemigo.
- Mareos: Los mareos también son síntomas de ansiedad en la infancia. Así, el niño, al no poder respirar bien, esto hace que su cerebro sufra un déficit de oxígeno, lo que causaría el mareo.
- Sensibilidad o irritabilidad: La mayor sensibilidad (que puede llegar a la irritabilidad) puede ser también otro de los síntomas comunes de ansiedad en los niños. Así, pueden enfadarse o llorar por cualquier cosa, con un descontrol en sus emociones.
- Pérdida de los nervios: En pleno ataque de ansiedad es la pérdida de los nervios. El corazón pierde ese ritmo pausado de latido y se descontrola, comenzando a latir con fuerza o sufriendo arritmias. Este síntoma es derivado del anterior. También relacionado con los anteriores síntomas.
- Presentar ciertos tics: Presentar ciertos tics también puede ser un síntoma derivado de este trastorno.
Las causas de la ansiedad en los niños, como ocurre con los adultos, pueden ser múltiples.
Ansiedad en niños: cómo calmar a un niño ansioso
La importancia de ayudar al niño a expresarse
Como hemos visto, los síntomas comunes de ansiedad en los niños incluyen aquellos que se sitúan en el plano físico (por ejemplo, tensión muscular), psicológico (baja autoestima) y cognitivo (dificultades de concentración). Es importante ayudar a los niños a expresar estos síntomas porque, en la infancia, esto a veces no es tan fácil de detectar.
Es muy importante estar atento a los posibles cambios que pueda sufrir el niño, y acudir a un especialista en el caso de que fuera necesario, para intentar solventar este problema.
Consultar con un psicólogo infantil es la mejor medida que podemos tomar en estos casos.
Si has notado algún cambio en tu hijo, ponte en contacto con un profesional.
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| Fuente | Descripción |
|---|---|
| American Psychiatric Association -APA- (2014). DSM-5. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Madrid. | Manual de referencia para el diagnóstico de trastornos mentales. |
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