El Significado de Ser el Primer Amor de Tu Hijo Adolescente

Cuando tenías dos años, te preguntabas si algún día ese niño o niña sería capaz de alejarse cinco centímetros de ti, aunque solo fuera para dejarte ir al baño sola… Y ahora no se te acerca ni aunque le supliques y tienes más que prohibido cualquier tipo de contacto físico delante en público. Tu adolescente ya no es ese ser cariñoso y besucón que era en su infancia.

Esta es la situación de muchas familias con hijas y, especialmente, hijos adolescentes: parece que se volvieran hoscos de la noche a la mañana. Y claro, las madres y los padres se molestan, se frustran, se preguntan si habrán hecho algo mal.

Pero no. Esta conducta de rechazo físico es muy habitual en la adolescencia, pues se trata de un reflejo de los cambios cerebrales, de su necesidad de independizarse de la familia.

Que sea habitual no debe ser, sin embargo una razón para no hacer nada o esperar a que pase. Los adolescentes, no nos cansaremos de decirlo, nos necesitan a su lado, y por ello es necesario encontrar un equilibrio entre el respeto a su necesidad de alejarse de nosotros y una presencia constante y discreta.

Es difícil, pero es posible recuperar algo de intimidad y complicidad con un adolescente que ha dejado de ser cariñoso. El ser poco cariñoso se relaciona con el ciclo vital que el adolescente está viviendo.

V. Completa. Herramientas para comprender a tu hijo adolescente. Alejandro Rodrigo, educador

Por Qué los Adolescentes Dejan de Ser Cariñosos

Lo primero que hay que decirse, cuando un niño cariñoso se transforma en un adolescente arisco, es que no es culpa nuestra. Ni suya. Nadie ha hecho nada mal.

Si tu adolescente se ha vuelto arisco, piensa más bien que:

1. Es una fase más de su desarrollo.

El ser poco cariñoso se relaciona con el ciclo vital que el adolescente está viviendo, el descubrimiento de su individualidad. Mejor que lamentarte por el niño que ya se fue, céntrate en quien es ahora y busca otras maneras de demostrar cariño.

2. Forma parte de la necesidad de alejarse.

El cerebro adolescente está configurado para salir de casa. Ignorar nuestros consejos, buscar otros referentes, pasar tiempo con las amistades, separarse físicamente de nosotros: todo es uno.

3. En ocasiones está ligado a la imagen que quieren dar de sí mismos a sus iguales.

Algunos adolescentes, y sobre todo algunas adolescentes, se muestran muy cariñosas con sus amistades, pero no con su madre o su padre, para no parecer infantiles.

En cualquier caso, tanto en la infancia como en la adolescencia, debemos respetar estos límites físicos: en todo momento nuestros hijos deben saber que tienen la capacidad de decidir sobre su cuerpo.

4. A veces contribuimos a ello.

A nadie le sorprende que una madre o un padre bese a su hijo de siete años, pero ¿y cuando tiene diez? ¿Y cuando tiene quince? En ocasiones, cuando llega la adolescencia hay una cierta inhibición en las demostraciones físicas de afecto (sobre todo por parte de los padres) que hace que ninguna de las partes sepa cómo actuar.

Aunque a veces nos gustaría, no podemos como padres simplemente esconder la cabeza bajo tierra y dejar que la adolescencia pase. De hecho no debemos, pues los adolescentes necesitan a sus padres más que nunca.

El Contacto Físico es Muy Importante, También en la Adolescencia

Los seres humanos necesitamos tocarnos. Se sabe que el contacto físico es imprescindible para el correcto desarrollo de los bebés y niños muy pequeños (su ausencia en la primera infancia puede provocar una depresión y derivar en la muerte), pero cada vez son más los estudios (ya vimos cómo la pandemia, por desgracia, los confirmó) que confirman que los abrazos y las muestras físicas de afecto son necesarias en todas las etapas de la vida.

Algunos estudios han probado, además, que la falta de ternura y afecto por parte de los padres en la adolescencia es directamente proporcional a la inseguridad que sienten los adolescentes. En definitiva: independientemente de que te muestre su afecto o no, tu hija o hijo adolescente necesita pruebas de tu cariño para crecer de forma equilibrada.

Queda claro, por tanto: tu tarea, como madre o padre, es restablecer un mínimo de ternura y, a poder ser, de contacto físico. Y es que tu hijo o hija adolescente necesita marcharse, sí, pero necesita mucho más tener un lugar al que volver, saber que tú, que la familia, sois ese espacio seguro en el que va a poder recuperarse de sus decepciones, de sus errores…

Lo ideal es haber empezado en la infancia. Si has establecido una educación democrática en la que el amor se expresa, hay comunicación y autonomía y se estimula a los hijos hacia el pensamiento independiente, entonces todo será mucho más sencillo.

Nadie garantiza que los hijos educados en este modelo no se vayan a distanciar de ti, pero la educación democrática ayuda a que los hijos tengan un mejor autoconcepto y un mayor equilibro emocional. Esto hará que, si la relación se ha enfriado, sea más sencillo volver a una más cercana.

Si tu modelo parental era otro, o si sientes que tu adolescente te rechaza y no sabes cómo acercarte, prueba con estos consejos:

Cómo Relacionarse con un Adolescente Poco Cariñoso

No le hagas reproches.

Algunos adolescentes aceptan bien los “reproches” hechos desde el humor (algo así: “hijo mío, qué caros son tus besos”), pero otros no: tú sabes cómo es tu adolescente y hasta dónde puedes llegar.

En lo que no debes caer es en reprocharle de verdad su alejamiento, por mucho que te duela. Corres el riesgo de que se sienta desplazado.

Busca momentos de intimidad.

Los adolescentes necesitan ese contacto físico, como decíamos, pero si no lo quieren, estar presentes, compartir con ellos confidencias, preocupaciones, anécdotas de nuestro día a día… Puede ser un primer paso. La neurociencia nos dice, precisamente, que en el ser humano el lenguaje tiene la misma función que los abrazos: reforzar los vínculos entre individuos.

Interésate por él o ella.

A veces los adultos cometemos el error de preguntar solo por las cosas del colegio, y eso causa mucho rechazo en los adolescentes: interésate por tu hijo o hija, conoce sus gustos, sus canciones favoritas, lo que ve en la TV, los deportistas a quienes admira…

Que te preocupes por sus cosas, que le demuestres que le ves, es una muestra de afecto que tu adolescente sabrá apreciar.

Apoya sus iniciativas.

¿Tu hijo adolescente ha decidido hacer un mercadillo para una causa solidaria? ¿Tu hija quiere hacer el camino de Santiago? Apóyale, siempre, aunque lo veas difícil.

Cuando apoyas a tu adolescente, le haces sentir que te importa.

Hazle saber que tu amor es incondicional.

Lo puedes demostrar, pero viene bien que se lo digas de vez en cuando: que le quieres más que a nada y por encima de todo. Tu adolescente debe saber siempre que, aunque se haya distanciado de ti, ese hecho no tiene consecuencias sobre tu amor.

Busca el contacto físico.

Con delicadeza y respeto, si lo evita, hay algunas maneras en las que puedes buscar el contacto físico, aunque sea de baja intensidad, con tu hijo o hija adolescente:

  • Haz contacto visual. Mirar a los ojos aumenta el vínculo con una persona y genera simpatía. No es igual que un abrazo, pero es un buen comienzo.
  • Tócale suavemente. Algunos adolescentes que rechazan los besos y abrazos aceptan una palmadita en la espalda, que se les coja por los hombros en gesto cariñoso… Puede ser una buena manera de volver, a su ritmo, al afecto físico.
  • Haz de algunos momentos de besarse y abrazarse una rutina. No le beses en público, pero no renuncies, si puedes, al beso de buenas noches o de buenos días, al de despedirse y al de regresar a casa. Aprovecha para abrazarle cuando estéis a solas.

Algunos adolescentes echan de menos la infancia; por ello a veces es sencillo regresar, a solas, a muestras de cariño sencillas e infantiles, como las cosquillas o los abrazos. Si tu adolescente se deja, aprovecha: quizá te está diciendo que aún no sabe cómo relacionarse contigo.

Cuéntame, ¿tu adolescente se volvió hosco de repente?

Publicaciones populares: