El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por la alteración de la interacción social y de la comunicación, tanto verbal como no verbal, y por el comportamiento restringido y repetitivo. Es decir, son trastornos neurológicos que afectan de por vida a la persona en distintas áreas del desarrollo, en la percepción del medio y de sí misma.
El autismo se manifiesta en alteraciones en tres áreas:
- Alteraciones de las relaciones sociales.
- Alteraciones de la comunicación y el lenguaje.
- Existencia de un patrón de conductas estereotipadas y restricción de intereses.
Señales de Autismo en Bebés que NADIE te Cuenta!
¿A quién afecta el TEA?
En los últimos cuarenta años se han multiplicado los casos de TEA detectados y diagnosticados en todo el mundo. Como demuestran los datos, su prevalencia no ha dejado de incrementarse, y en la actualidad, solo en Europa afecta a más de 3,3 millones de personas.
Datos sobre la prevalencia del TEA:
- En 1975 se daba un caso de autismo por cada 5.000 nacimientos.
- En 2008, se daba un caso de TEA por cada 150 nacimientos.
- En 2012, se daba un caso de TEA por cada 88 nacimientos.
Según los datos facilitados por el Centro de Control de Enfermedades de Atlanta (CDC, 2014) se estima que 1 de cada 68 niños que nacen podría presentar un trastorno de este tipo.
¿Qué caracteriza a las personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA)?
Tres son los ámbitos donde podemos identificar las principales características de una persona con TEA:
1. Alteración Social
- Dificultad para interactuar con otros.
- Dificultad para expresar emociones.
- Dificultad para responder a las emociones de los demás.
- Dificultad en el uso de los signos sociales.
- Dificultad para mantener el contacto ocular.
- Lentitud o dificultad para responder a las personas (sospecha de sordera).
2. Alteración en el lenguaje y en la comunicación
- Retraso en la aparición y desarrollo del habla.
- Dificultades para iniciar y mantener una conversación.
- Pueden presentar un habla monótona, sin entonación y repetitiva, y en la que abundan las ecolalias, que son repeticiones involuntarias de una palabra o frase que acaba de pronunciar otra persona en su presencia, a modo de eco.
- Confusión entre los pronombres ‘yo’ y ‘tú’.
- Dificultades en las conductas que expresan empatía.
- El nivel de comprensión suele resultar afectado.
- Dificultad para entender términos abstractos.
3. Alteraciones en sus intereses o actividades
- Cierta rigidez en las actividades que realizan.
- Manifiestan gran ansiedad frente a los cambios.
- Muestran apego a objetos extraños y un trato inusual.
- Presentan déficits en procesos simbólicos.
¿Cómo se puede detectar y diagnosticar?
Podemos identificar algunas señales de alarma en el desarrollo del niño que nos alerten de que puede sufrir este trastorno. Las dividimos en varias áreas:
1. En el área de la comunicación
- No mira a los padres a la cara.
- No responde al abrazo.
- Casi nunca atiende cuando se le llama por su nombre.
- Unas veces parece oír y otras no.
- No señala.
- No dice lo que quiere.
- No saluda.
- No ha desarrollado el lenguaje oral.
- Cuando tiene lenguaje, lo usa de manera peculiar, repetitiva.
- Se ríe o llora sin motivo aparente.
- No emplea el lenguaje para pedir algo.
2. En el área social
- No presenta sonrisa social.
- Prefiere jugar solo/a.
- Es muy independiente.
- Busca las cosas por sí mismo/a.
- No reacciona casi nunca a lo que ocurre a su alrededor.
- Tiene poco contacto ocular.
- No suele mirar hacia donde se le señala.
- No presta atención.
- Parece no interesarse por los demás.
- Generalmente no se relaciona con los demás niños, no los imita.
- A veces se ríe, pero fuera de contexto.
3. En el área conductual
- Sufre rabietas sin causa aparente.
- Es hiperactivo y no colabora.
- No sabe cómo jugar con los juguetes.
- Repite las actividades una y otra vez.
- Camina de puntillas.
- Está muy unido a ciertos objetos.
- Pone las cosas en fila.
- Es hipersensible a ciertas texturas o sonidos.
- Hace movimientos raros.
4. En el área del juego y exploración del entorno
- Es muy sensible a ciertas texturas, sonidos, olores y sabores.
- Busca siempre los mismos objetos.
- Hace movimientos repetitivos.
- Presenta o se resiste a cambios ambientales.
- Tiene apego inusual a algunos objetos o a estímulos concretos.
- Usa los juguetes de manera peculiar.
- Sus juegos suelen ser repetitivos.
La Sonrisa Social en Bebés con Autismo
¿Te has preguntado alguna vez cómo es la sonrisa de un niño con autismo? Este tema puede generar mucha inquietud y ser una fuente de preocupación para muchas familias. En este artículo, abordaremos todo lo relacionado con la sonrisa en niños autistas, ofreciéndote datos, ejemplos y una guía didáctica que te brinde confianza y claridad.
El autismo es un espectro, lo que significa que cada niño es único y sus manifestaciones pueden variar. Sin embargo, hay ciertos indicadores relacionados con la sonrisa y la interacción social que pueden ser señales de alerta en diferentes etapas del desarrollo infantil.
En los primeros seis meses de vida, la sonrisa de un niño que sigue un desarrollo típico es un indicador de bienestar emocional y de su capacidad para conectar con el mundo que le rodea. Esta etapa inicial, a menudo llamada de «sonrisa social», comienza a emerger alrededor de las 6 semanas de vida.
Es una respuesta directa a las interacciones con las personas más cercanas, especialmente los padres y cuidadores. Cuando hablas, cantas o juegas cariñosamente con tu bebé, es probable que recibas como regalo una sonrisa. Este intercambio no solo fortalece el vínculo emocional entre tú y tu hijo, sino que también es fundamental para su desarrollo social y emocional.
A medida que el bebé crece durante estos primeros meses, notarás cómo su sonrisa se vuelve más frecuente y expresiva. No solo sonreirá en respuesta a tus gestos y muestras de afecto, sino que también comenzará a sonreír espontáneamente, una señal de su creciente disfrute y curiosidad por el mundo que le rodea.
Antes de los seis meses de edad, identificar características específicas del autismo puede ser realmente complejo, ya que los signos tempranos a menudo son sutiles y pueden variar ampliamente entre los niños. Sin embargo, en niños con autismo o aquellos que más tarde serán diagnosticados con trastornos del espectro autista (TEA), la respuesta de sonrisa puede diferir de las expectativas típicas de desarrollo. Aunque algunos bebés con autismo pueden sonreír en respuesta a estímulos sociales durante sus primeros meses, es posible que estas sonrisas sean menos frecuentes, menos intensas o más difíciles de evocar.
Los padres y cuidadores pueden notar que el bebé parece más interesado en objetos o en el ambiente que en las interacciones faciales y sonrisas dirigidas hacia ellos. Además, la «sonrisa social», ese intercambio de sonrisas que ocurre en respuesta a la interacción humana y que es fundamental en el desarrollo de las relaciones y la comunicación, puede manifestarse de manera diferente o tardía en bebés con autismo.
Puede ser que estos niños muestren una menor tendencia a iniciar sonrisas o a responder con una sonrisa a la sonrisa de alguien más, algo que típicamente se desarrolla entre las 6 y las 12 semanas de vida en niños con desarrollo típico. Esto no significa que no puedan o no quieran conectar, sino que su expresión de placer o alegría puede no manifestarse a través de la sonrisa de la misma manera que en otros niños.
Es importante recordar, sin embargo, que la variabilidad individual es grande, y no todos los niños con autismo mostrarán estas características exactas. Algunos pueden sonreír y reír con frecuencia, pero aún así tener dificultades con otros aspectos del desarrollo social y de comunicación. Por lo tanto, la observación de la sonrisa debe considerarse dentro de un contexto más amplio de signos y comportamientos.
Observar cómo un bebé interactúa con el mundo que le rodea, cómo responde a la atención y cómo se comunica a través de gestos y expresiones faciales puede ofrecer pistas más claras sobre su desarrollo. Los padres y cuidadores que tienen inquietudes sobre el desarrollo de su hijo, incluidas las respuestas sonrientes, deben consultar a profesionales para una evaluación y orientación tempranas.
Indicadores a Observar en la Sonrisa
Hay ciertas claves que pueden suscitar preocupación y justificar una consulta con un profesional. Te recomendamos que contactes con nosotros si observas que tu bebé, antes de los 6 meses, presenta algunas de las siguientes siete claves relacionadas con la sonrisa y la interacción social que pueden ser indicativas de una necesidad de llevar a cabo un proceso de evaluación:
- Escasa o nula sonrisa social: La falta de sonrisas sociales en respuesta a las caras o las voces familiares, especialmente de los padres o cuidadores, puede ser una señal de alerta.
- Dificultad para evocar sonrisas: Si se requiere un esfuerzo considerable para evocar una sonrisa de tu bebé, incluso en situaciones que típicamente provocarían una respuesta sonriente, esto podría indicar una dificultad en la interacción social.
- Poca o ninguna reciprocidad en las interacciones: La falta de reciprocidad, como no devolver la sonrisa cuando sonríes o no mostrar alegría cuando interactúas con ellos, puede ser una señal temprana a considerar.
- Interés limitado en las caras: Los bebés suelen estar fascinados por las caras humanas, pero si tu hijo muestra poco interés en mirar caras o seguir con la mirada, esto podría ser indicativo de diferencias en el desarrollo social.
- Preferencia por objetos sobre personas: Aunque es normal que los bebés muestren interés por el mundo que les rodea, una preferencia marcada por mirar objetos o puntos fijos en lugar de interactuar con personas puede ser motivo de preocupación.
- Respuestas emocionales atípicas: Observar respuestas emocionales inusuales o atípicas, como no sonreír ante el juego o el contacto visual, podría ser un indicio de diferencias en el desarrollo emocional y social.
- Retrasos en el desarrollo de sonrisas: Si tu bebé muestra retrasos significativos en el inicio de la sonrisa social en comparación con los hitos del desarrollo típico, esto puede ser una señal de que es necesario realizar una evaluación más profunda.
Si notas alguno de los indicadores mencionados y sientes que necesitas orientación, estamos aquí para ayudarte. Nuestros servicios de orientación y evaluación del autismo están diseñados para proporcionarte claridad y guía en este proceso.
| Señal de Alerta | Descripción |
|---|---|
| Escasa o nula sonrisa social | Falta de respuesta sonriente a caras o voces familiares. |
| Dificultad para evocar sonrisas | Requiere esfuerzo considerable para provocar una sonrisa. |
| Poca reciprocidad | No devuelve la sonrisa ni muestra alegría en interacciones. |
| Interés limitado en las caras | Poco interés en mirar o seguir rostros con la mirada. |
| Preferencia por objetos | Prefiere mirar objetos en lugar de interactuar con personas. |
| Respuestas emocionales atípicas | No sonríe ante el juego o el contacto visual. |
| Retrasos en el desarrollo de sonrisas | Retraso en el inicio de la sonrisa social en comparación con hitos típicos. |
¿Tiene tratamiento?
En la mayoría de los casos, la sintomatología del autismo presenta una buena evolución con el diagnóstico y el tratamiento precoces. Por lo general, cuanto antes se inicie la intervención terapéutica, mejor es el pronóstico de la persona con TEA.
Existe un porcentaje considerable de personas con TEA que son capaces de desarrollar una vida personal y laboral independiente o con un grado de apoyo bajo, aunque a su vez también hay casos en que las personas con TEA precisan servicios externos a lo largo de toda la vida.
La intervención terapéutica temprana, con los métodos DENVER y TEACCH es vital. El trabajo temprano en contacto ocular, intención comunicativa, atención conjunta, desarrollo verbal y, posteriormente, lectoescritura, habilidades sociales, comunicación pragmática… junto con el grado de afectación y si existe o no discapacidad intelectual, marcarán el futuro del niño.
Diez consejos para convivir con el autismo
- Conocimiento del trastorno. Cuando el niño y la familia han recibido el diagnóstico, es necesario un trabajo de formación sobre el TEA para que, especialmente los padres, sean conscientes de qué es y qué implica convivir con ello.
- Establece una rutina. Los niños con este trastorno necesitan mantener unos horarios regulares y muy estructurados en todo momento. De hecho, muchos de ellos no llevan bien que se interrumpan esas rutinas o se produzcan cambios, lo que puede ocasionarles disgustos, confusión o ansiedad.
- La anticipación es muy importante. En línea con los horarios y la rutina, el niño debe saber con antelación qué es lo que va a hacer ese día o qué va a pasar cuando vaya a un sitio. Por eso, prepara agendas visuales de los próximos planes o actividades y enseña con tiempo al niño a gestionar situaciones sociales nuevas y, si es necesario, de forma visual.
- Busca su contacto ocular. Siempre que haya que decirle algo, debemos intentar que nos mire a los ojos. Para asegurarte de que te escucha, siempre agáchate y ponte a su altura para hablarle. Los niños con autismo tiene dificultad en mirar y oír a la vez, por eso es tan importante que establezcan contacto contigo de alguna manera.
- Usa siempre apoyos visuales. Ellos no aprenden como el resto de niños, sino que precisan apoyos visuales, incluso en los juegos. Utilízalos para pautar sus tareas o para afianzar ideas.
- Gestiona las rabietas. Los momentos de enfado o disgusto pueden ocurrir en cualquier momento, y cuando esto suceda, debes tener preparado en casa un espacio tranquilo, con algún juguete preferido y cojines, para gestionar y sobrellevar adecuadamente las rabietas.
- Ten muchísima paciencia. Las personas con autismo tardan en responder a cualquier pregunta. Es mejor darles tiempo y no insistir, porque esto puede llevarnos a la frustración, tanto del niño como del adulto. Además, recuerda que este trastorno es una carrera a largo plazo y que puede resultar muy cansada para todos.
- Realiza un trabajo constante. Todo este trabajo y la intervención terapéutica que se realice desde la familia, centro terapéutico, centro escolar u otros profesionales, debe ser diaria y muy regular. Como padre, céntrate en lo que queréis mejorar y no dejes de formarte en cómo hacerlo.
- No pongas límites a su evolución. Este trastorno evoluciona de muy diferente manera en cada niño. Mantén una actitud abierta.
- Prepara a tu entorno. Informa a las personas cercanas del trastorno que sufre tu hijo, de cómo y qué puede ocurrirle en reuniones sociales con demasiada estimulación sensorial para que su reacción no suponga más dificultades.
