La adolescencia es una etapa complicada, tanto para los jóvenes como para sus padres. Es común que durante este periodo de desarrollo y maduración aparezcan peleas, discusiones o incluso conflictos en la relación entre padres e hijos, o entre adolescentes y los adultos en general. Una gran mayoría de personas ha tenido en algún momento algún tipo de fase rebelde y desafiante para con lo establecido, siendo algo no sólo frecuente sino también sano para el desarrollo de la propia identidad.
La rebeldía en la adolescencia no debe verse únicamente como un problema, sino como una señal. Una alerta que nos dice que algo necesita ser escuchado, comprendido y acompañado. Puede ser la expresión de un conflicto interno, de un dolor no verbalizado o de una búsqueda desesperada de identidad y pertenencia.
¿Por Qué Surge la Rebeldía en la Adolescencia?
Observando el punto anterior, podemos identificar y tener en cuenta algunos de los motivos por los cuales puede llegar a aparecer la rebeldía en el adolescente. Parte del carácter rebelde presente en el adolescente tiene un origen biológico. Otra de las principales causas de la rebeldía es la búsqueda de autonomía y de la creación de la identidad personal.
Búsqueda de identidad y autonomía: Necesitan diferenciarse del entorno adulto y tomar decisiones propias.
Cambios físicos y emocionales: Las cambios hormonales generan inestabilidad emocional, impulsividad y una mayor sensibilidad ante la crítica o la frustración.
Influencia del entorno social: El grupo de amigos cobra un peso decisivo. En ocasiones, para sentirse aceptados o pertenecer, adoptan actitudes que desafían las normas familiares o escolares.
Estilo de crianza y estructura familiar: Una educación excesivamente autoritaria o, por el contrario, demasiado permisiva, puede alimentar la rebeldía.
La rebeldía también puede ser una búsqueda de autonomía e independencia, un intento de que las figuras de autoridad le reconozcan no como a un niño o con un papel sumiso sino como un agente activo e independiente. También es habitual que estén desorientados y no sepan hacia dónde dirigir sus esfuerzos, algo que les puede generar gran frustración y malestar. Asimismo, el adolescente tiende a sentirse incomprendido, no siendo para él su experiencia compartida por otros del mismo modo o con la misma intensidad.
Etapas de la Adolescencia y la Rebeldía
La adolescencia se divide en varias etapas, cada una con sus propias características y desafíos:
- Adolescencia temprana: Va de los 11 a los 14 años y está marcada por la pubertad, con el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios.
- Adolescencia media: Entre los 15 y los 17 años, aparecen conflictos por el antagonismo entre las normas de la familia y la libertad que el adolescente desea.
- Adolescencia tardía: De los 18 a los 21 años, se van aceptando progresivamente los valores y límites.
Es importante recordar que estas etapas no se desarrollan siempre igual en cada familia.
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¿Cómo Manejar la Rebeldía en Casa? Consejos Prácticos
Puede ser muy complicado relacionarse con un adolescente rebelde, pero lo primero que tenemos que tener en cuenta es que salvo excepciones la rebeldía es en realidad positiva ya que a la larga les va a ayudar a encontrar su identidad como persona y su propio camino de manera independiente.
Aquí compartimos algunos consejos prácticos que pueden ayudar:
- Escucha activa: Los niños, jóvenes y adolescentes a menudo actúan de forma rebelde porque sienten que no son escuchados. Dedicar tiempo a entender sus sentimientos y escuchar activamente lo que tienen que decir puede marcar una gran diferencia. Durante una conversación, evita interrumpirlos o juzgarlos.
- Establecer límites claros: La rebeldía a veces surge cuando no hay claridad sobre las normas. Establecer límites claros y explicarles de forma comprensible el porqué de cada norma ayuda a que los niños entiendan la lógica detrás de estas.
- Refuerzo positivo: Premia y reconoce las conductas positivas para fomentar el buen comportamiento. Los niños responden bien a las recompensas y al reconocimiento, ya que los hace sentir valorados.
- Fomentar la autonomía: Permitir que el niño tome pequeñas decisiones y tenga cierta autonomía le ayudará a sentirse con más control y menos deseos de rebelarse. Por ejemplo, déjale elegir su ropa o decidir a qué hora realizará sus deberes.
- Comunicación positiva: La forma en que nos dirigimos a nuestros hijos influye mucho en su comportamiento. Intenta siempre hablar en positivo, en lugar de señalar sus errores constantemente.
También hemos de procurar no ser autoritarios y respetar la libertad y autonomía del adolescente: en caso de desacuerdo la negociación puede ser una vía óptima de encontrar una postura que guste a ambas partes. La prohibición o el castigo injustificado solo generarán reactancia y una posible desobediencia más marcada.
Es fundamental replantear la actitud de padres y madres y valorar el refuerzo positivo en vez del castigo. Los extremos, ser demasiado permisivo o extremadamente autoritario, no son las mejores posiciones para las madres y los padres. Hay que insistir en las normas realmente importantes de forma consistente, pero priorizando para dejar más libertad en otros asuntos.
¿Cuándo Buscar Ayuda Profesional?
Si bien estos consejos pueden ayudar a reconducir la situación en casa, algunos casos requieren la intervención de un especialista, sobre todo cuando los padres notan que la situación no mejora o empeora con el tiempo.
Puede resultar difícil para las familias saber en qué momento es necesario pedir ayuda. En Espai Cognoos entendemos que cuando un niño o adolescente presenta conductas desafiantes, toda la familia puede verse afectada. Antes de iniciar cualquier intervención, realizamos una evaluación completa que nos permite entender no solo la conducta, sino también los factores emocionales, familiares y escolares que pueden estar influyéndola.
Reñir o castigar con enfado puede hacer que impongas un escarmiento excesivo o digas algo de lo que te arrepentirás luego. Además, si pierdes el control, tu autoridad sufre un menoscabo. Espera a que el enfado se te pase y toma las decisiones con tranquilidad.
Si se actúa con comprensión, límites sanos y apoyo profesional cuando sea necesario, esta etapa puede transformarse en una experiencia de crecimiento para todos los miembros de la familia.
