La celiaquía es una enfermedad autoinmune, crónica, causada por una reacción anormal al gluten en individuos con una predisposición genética. La celiaquía y la intolerancia a la lactosa son dos enfermedades relacionadas con la alimentación, y que cada vez se observan con mayor frecuencia.
En este artículo explicaremos los principales síntomas de la celiaquía y la intolerancia a la lactosa, para que puedas actuar y acudir al pediatra si sospechas que tu hijo puede sufrirlas. Recuerda que, a no ser que el niño sea celíaco o intolerante a la lactosa, no hay motivo para eliminar alimentos de su dieta habitual. Ni el gluten, ni la lactosa, son nutrientes a evitar en una alimentación saludable sin que lo haya recomendado un profesional de la salud.
¿Qué es la Celiaquía?
La celiaquía o enfermedad celíaca (EC) es una enfermedad autoinmune, sistémica y crónica, producida por el consumo de gluten, que se da en individuos predispuestos genéticamente. La prevalencia de la EC en el mundo se calcula que es de 1%. Es tres veces más frecuente en las mujeres que los hombres. Es importante recordar que la EC es una enfermedad autoinmune y no una alergia ni tampoco una intolerancia.
La enfermedad celíaca es una condición en la que el cuerpo reacciona negativamente al gluten, una proteína encontrada en trigo, cebada y centeno. Cuando alguien con la enfermedad celíaca come gluten, su sistema inmune ataca erróneamente sus propios intestinos, causando daños. Estos daños dificultan que el cuerpo absorba nutrientes importantes de los alimentos.
Por su carácter genético, los niños con padres o hermanos celíacos tienen más probabilidades de serlo. La enfermedad celíaca puede manifestarse en cualquier momento de la vida, incluyendo los bebés, una vez están expuestos al gluten a través de la alimentación complementaria.
Cuando alguien con la enfermedad celíaca come gluten, su sistema inmune (células de la defensa) se activa para luchar contra éste como si de un virus o bacteria se tratara. Este daño dificulta que el cuerpo absorba importantes nutrientes de los alimentos. Como resultado, las personas con enfermedad celíaca pueden experimentar síntomas como dolor hinchazón, diarrea y cansancio. Con el tiempo, de no tratarse, puede causar problemas más graves como malnutrición y problemas de crecimiento en los niños. La buena noticia es si se deja de comer el gluten no se produce la inflamación y, por tanto, la enfermedad queda como dormida.
Síntomas de la Celiaquía en Niños
La enfermedad celíaca en niños se manifiesta de manera distinta a los adultos. Cuando hablamos de niños en los primeros años de vida, se suelen ver síntomas digestivos y un retraso en el crecimiento, derivados de la malabsorción de nutrientes.
Si se observan algunos de estos síntomas, el pediatra probablemente querrá iniciar un estudio para poder establecer un diagnóstico de celiaquía en el niño, o descartarlo.
Los síntomas clásicos, los más fáciles de diagnosticar, varían en función de la edad de presentación, y son más frecuentes en los menores de dos años. En la infancia predomina diarrea, dolor abdominal, vómitos, irritabilidad o hipotonía.
Además de estos síntomas, existen otros extraintestinales (como la anemia ferropénica o la dermatitis herpetiforme) que merece la pena conocer. Los síntomas más frecuentes en niños celíacos en edad escolar son los típicos de las intolerancias alimenticias. El cuadro constituye la forma “clásica” de la enfermedad, es decir, con manifestaciones intestinales predominantes. De todas maneras, en edades más alejadas del nacimiento (a partir de los 2 años) también pueden aparecer signos extraintestinales de la patología.
Por motivos prácticos, podemos agrupar los síntomas más frecuentes en función de la edad de presentación: infancia, adolescencia y edad adulta. Cada vez es más habitual encontrar formas asintomáticas a pesar de estar activa la enfermedad, especialmente durante la adolescencia y en adultos jóvenes. La presencia de otros casos en la familia ayuda a orientar y acelerar el diagnóstico.
A continuación, se presenta una tabla con los síntomas digestivos y extradigestivos de la EC:
Enfermedad celíaca: cómo se diagnostica y cuáles son sus síntomas
| Síntomas Digestivos | Síntomas Extradigestivos |
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Diagnóstico de la Celiaquía
El diagnóstico temprano de la celiaquía en niños es importante porque podría evitarse así complicaciones a largo plazo. La prueba inicial para la detección de la celiaquía es un test rápido de sangre que busca la presencia de anticuerpos específicos, como la transglutaminasa tisular de tipo IgA y los anticuerpos antiendomisio (EMA). Si los resultados son positivos, para confirmar el diagnóstico se realizará una biopsia intestinal, una prueba invasiva pero no dolorosa.
Para el estudio inicial más preciso y coste-efectivo, se recomienda la medición total de IgA y de anticuerpos IgA anti-transglutaminasa 2 (IgA-TGA). Un nivel mayor de anticuerpos se ha asociado con mayor daño histopatológico. No es necesario medir inicialmente IgA anti-endomisio (IgA-EMA) ni anticuerpos IgG anti-péptidos de gliadina desamidada (IgG-DGP).
Actualmente, las guías aconsejan reservar el estudio genético para el cribado de la EC. Presentar HLA-DQ2 ± HLA-DQ8 negativo indica muy bajo riesgo de padecer EC. No obstante, un resultado positivo no confirma la enfermedad.
¿Qué pueden comer los niños y niñas celíacos?
El tratamiento de la celiaquía, tanto en niños como adultos, es una dieta libre de gluten durante toda la vida. Como hemos comentado, el gluten se encuentra de forma natural en cereales como el trigo, la espelta (un tipo de trigo), la cebada o el centeno. Lógicamente, todos sus derivados tendrán gluten (pasta, pan...), y deberán evitarse.
Su alimentación debe contener alimentos libres de gluten por naturaleza, como arroz, maíz, verduras, hortalizas, tubérculos, frutas, carne, pescado o huevos, por ejemplo. Hay otros cereales sin gluten, aptos para bebés, como el arroz, el trigo sarraceno, la quinua, el maíz, el amaranto o el mijo.
Debemos ser conscientes que el gluten puede encontrarse en muchos otros productos elaborados, ya sea por contaminación cruzada o trazas (por ejemplo, unas lentejas cocidas sin certificado sin gluten) o porque incorporan trigo o gluten como ingrediente (productos preparados como salsas, fruta desecada recubierta con harina, verduras precocinadas...). Para ello, hay que revisar la etiqueta y asegurarse de que no lleva gluten.
La dieta sin gluten para niños con celiaquía debe respetar las proporciones de grupos de alimentos indicadas en el Método Nutriplato, excluyendo los alimentos que contienen gluten. En casa, y también en el resto de los lugares donde el niño coma, deben tomarse una serie de precauciones para asegurar que todas las comidas sean sin gluten. La más pequeña cantidad de gluten (una miga) ya contiene suficiente cantidad para causar daños, incluso cuando no ocasione síntomas. No son muy distintas de las de cualquier otro niño, ¿verdad?
Una vez diagnosticados, es esencial que los niños comprendan el tratamiento, qué alimentos pueden consumir y cuáles deben evitar. En este sentido, las asociaciones de pacientes y el centro de salud pueden ofrecer apoyo e información para afrontar este cambio de manera positiva. Además, si estás buscando una guía completa y confiable para ayudar a tu hijo celiaco a llevar una dieta saludable y libre de gluten, te recomendamos la Guía Nutriplato.
Intolerancia a la Lactosa en Niños
La intolerancia a lactosa es una situación en la que la lactosa, un disacárido (azúcar formado por 2 componentes) presente de forma natural en la leche, no se absorbe correctamente. Esto ocurre por la ausencia o la baja actividad de la enzima lactasa, que se encuentra en nuestro sistema digestivo, y es la encargada de “romper” la lactosa en los 2 componentes que la forman para que pueda absorberse correctamente.
Si esto no ocurre, la lactosa no puede absorberse y aparecen síntomas digestivos, de mayor o menor importancia según el caso. En los niños, la intolerancia a lactosa puede deberse a distintas causas, pero en este artículo nos centraremos en la intolerancia a la lactosa primaria. Este tipo está causada por una baja actividad de la enzima lactasa, lo que ocasiona que toda la lactosa que se ingiere con la alimentación no pueda ser eficazmente digerida. Se trata de una intolerancia como la que sufren los adultos, aparece a la edad de 5-7 años y dura de por vida.
Existe otro tipo de intolerancia a la lactosa, llamada “secundaria”, que es transitoria y ocurre, por ejemplo, durante y después de una gastroenteritis debido a las lesiones que se producen en la mucosa intestinal.
Síntomas de la Intolerancia a la Lactosa
Si te preguntas cómo saber si tu hijo es intolerante a la lactosa, debes conocer los signos y síntomas que pueden ponerte en alerta. Son todos síntomas digestivos, y suelen aparecer poco después de haber consumido leche u otros alimentos con lactosa. La intensidad de los síntomas depende del niño (si tiene un tránsito intestinal rápido, de su microbiota, el nivel de lactasa que tenga...), y de la cantidad de lactosa que haya ingerido.
Tratamiento de la Intolerancia a la Lactosa
El tratamiento de la intolerancia a la lactosa es una dieta baja en lactosa. ¿Qué alimentos la contienen? La lactosa está presente en mayor o menor cantidad en los lácteos y derivados. Pero esto no significa que se deba renunciar a la leche y sus derivados, ya que son alimentos de gran interés nutricional por el calcio y la vitamina D que contienen, entre otros nutrientes.
Otros lácteos, como los quesos duros o curados y la mantequilla, contienen pequeñas cantidades de lactosa, por lo que consumidos en cantidades pequeñas y ocasionalmente, no deberían causar demasiados problemas. La leche es un alimento básico en la alimentación infantil, por su contenido en proteínas de alto valor biológico, calcio y vitaminas liposolubles.
En esta intolerancia, se puede optar por leche sin lactosa, a la que se le ha añadido la cantidad justa de lactasa para “romper” la lactosa y evitar así las molestias digestivas tras su consumo.
Ahora que ya conoces los síntomas de la enfermedad celíaca y la intolerancia a la lactosa en niños, podrás estar atento o atenta y observar cómo le sientan a tu hijo los alimentos. Consulta con tu pediatra ante cualquier duda.
