Síndrome del Niño que No Quiere Comer: Causas y Soluciones

Uno de los asuntos que más suele preocupar a los padres y madres tiene que ver con la alimentación de los hijos. Que coman bien y de todo es uno de los mayores placeres de cualquier progenitor. Sin embargo, no siempre es así. Muchos niños son muy selectivos a la hora de decidir qué quieren comer e incluso se niegan a probar nuevos alimentos.

Este fenómeno está condicionado por diversos factores sociales, ambientales y conductuales:

  • Preferencias individuales.
  • Aspectos neurológicos y de salud mental individual.
  • Experiencias pasadas.
  • Comportamiento de los progenitores.
  • Influencia del entorno.
  • Disponibilidad de los alimentos.

La neofobia alimentaria en niños entre los 2 y los 3 años es un proceso natural dentro de la maduración y el crecimiento. En estas edades, el modo de relacionarse con la comida es diferente, pues para los niños es una forma de “descubrir el mundo que les rodea”. La neofobia alimentaria en adolescentes responde a mecanismos diferentes.

Diversos estudios desde una perspectiva evolutiva relacionan esa actitud negativa frente a lo nuevo con una protección intuitiva ante lo desconocido. “Ese miedo a probar nuevos alimentos estaría relacionado con un miedo a que sean peligrosos para la vida de quien los ingiere”, declara Escobar. Esa herencia evolutiva explicaría en parte la neofobia alimentaria infantil que lleva a rechazar las judías verdes o un filete de pescado y que tanto desconcierta a los padres.

Algunos entornos relacionan la neofobia alimentaria con la lactancia materna. Los alimentos que ingiere la madre modifican el sabor de la leche materna. Además, los aromas de la cocina llegan también al niño, que los acaba percibiendo como seguros y agradables. “Existe evidencia clara entre las experiencias tempranas en torno al momento perinatal (antes del nacimiento y un mes postparto) y su relación con las elecciones alimentarias del niño.

¿Rechazan más alimentos aquellos niños con un mayor coeficiente intelectual? Daniel Escobar expone que, la evidencia que relaciona ambas circunstancias es muy escasa. Señala un único estudio que contempla una revisión sistemática sobre la superdotación y la posible correlación de trastornos del neurodesarrollo en niños y adolescentes. Los niños son personas, más pequeños que los adultos, pero con sus gustos y aversiones.

La anorexia se define como la disminución del deseo fisiológico de comer tras un período de ayuno más o menos prolongado. El rechazo del alimento puede consistir en una reacción de oposición al alimento en sí o de rechazo a las circunstancias en que le es ofrecida la comida. En los niños menores de 2 años este problema se manifiesta de distintas formas no excluyentes: constante ausencia de hambre a la hora de las comidas (52%), o dar por finalizada la comida tras haber comido escasa cantidad (42%), o mostrarse caprichosos y selectivos en la ingesta de alimentos (35%).

El rechazo del alimento del niño pequeño es un problema muy frecuente. Junto con la fiebre y la tos constituye uno de los motivos de consulta más frecuentes en la práctica pediátrica. Según algunos autores hasta el 25% de todos los niños, el 40-70% de los prematuros y hasta el 80% de los niños con alguna discapacidad del desarrollo, padecen en algún momento dificultades para alimentarse. En España supone el 12% de las consultas pediátricas en atención primaria, y el grupo de edad que más consulta por disminución del apetito es el comprendido entre 1 y 4 años.

Causas y Clasificación de la Anorexia en Niños Pequeños

Fuera del período neonatal (en el cual ante una anorexia la presencia de una causa orgánica es la norma), en la etiología de la anorexia del niño pequeño se ven siempre implicados distintos factores: médicos, nutricionales, conductuales, psicológicos y ambientales. Raramente estos factores actuarán de forma aislada o independiente. Una larga lista de enfermedades infecciosas y sistémicas (endocrinometabólicas, gastrointestinales, cardiopulmonares, neurológicas o tumorales), tanto agudas como crónicas, puede cursar con rechazo del alimento como síntoma inespecífico. Pero la anorexia conductual o anorexia simple, sin causa orgánica que la justifique, es probablemente la causa más frecuente de anorexia en los países desarrollados.

Algunos autores clasifican la anorexias del niño pequeño según la presencia o no de proceso patológico subyacente, en orgánicas e inorgánicas.

Anorexia Orgánica

Son anorexias secundarias a distintas enfermedades. Según la duración y evolución de la enfermedad responsable de la anorexia, pueden ser agudas y transitorias (la más habitual es la anorexia que acompaña a los procesos infecciosos) o crónicas. Característicamente son anorexias globales, en las que el niño rechaza todo tipo de alimento y en las que se suele constatar un estancamiento o descarrilamiento del desarrollo ponderal. El diagnóstico diferencial de la anorexia orgánica es muy difícil de establecer dado el gran número de enfermedades que pueden producirla. Para ello, es necesaria una exhaustiva valoración de otros síntomas acompañantes, de la exploración física y de los datos aportados por las pruebas complementarias.

Dentro de este grupo de anorexias orgánicas cabe destacar la patología de la deglución, que en los niños pequeños puede manifestarse únicamente con rechazo del alimento, por lo que el diagnóstico puede resultar complejo.

Mención especial merecen los trastornos de alimentación originados por medicamentos. Los fármacos pueden causar anorexia como efecto secundario a través de diversos mecanismos: produciendo lesiones digestivas que originan náuseas y vómitos; deprimiendo el apetito; alterando el sentido del gusto, o desencadenando una discinesia que se traduce en disfagia. Así, no es infrecuente observar rechazo del alimento en niños tratados con antiinflamatorios, psicotropos, tranquilizantes, antihistamínicos o anticolinérgicos.

Anorexia No Orgánica

Hasta en el 52% de los niños con problemas de alimentación en los países desarrollados se reconocen los trastornos de conducta como la causa primaria de éstos. La anorexia conductual es un proceso multicausal en el que intervienen sobre todo factores psicológicos y psicosociales, como la excesiva ansiedad de los padres por la ganancia ponderal del niño (coincidiendo con frecuencia con una etapa fisiológica de menor crecimiento), estrés familiar, descoordinación de los padres a la hora de educar al niño en los hábitos alimentarios y la mala técnica alimentaria.

Dentro de las anorexias no orgánicas se incluyen también las formas psicógenas en las que el niño rechaza el alimento como respuesta a conflictos que le rodean, ya sean sociales, familiares y escolares. Es el caso de los niños con madres angustiadas u obsesivas, sobreprotegidos, de familias desestructuradas, maltratados o con hospitalizaciones prolongadas. En estas anorexias, el conflicto madre-hijo durante la comida es el problema principal, favorecido por la asociación de un temperamento difícil del niño y de ciertas características de la madre. Algunos paidopsiquiatras las han denominado anorexias mentales de la primera edad, pero en las últimas décadas se prefiere evitar este término, ya que no guardan ninguna relación con la anorexia nerviosa del adolescente.

Se ha descrito una entidad específica, la "fobia a la comida", en niños que rechazan toda ingesta después de un episodio de atragantamiento. Se trata de un trastorno por estrés postraumático que ocurre en niños sin ningún antecedente previo, ni de psicopatología ni de trastornos alimentarios, que viven con ansiedad extrema un episodio de atragantamiento. Desarrollan un miedo intenso a ingerir sólidos y reaccionan con pánico si se les fuerza a comer. Generalmente evolucionan bien con psicoterapia y técnicas de relajación.

Esta clasificación resulta clara y sencilla, pero puede ser artificial. Lo habitual es que ambos tipos de anorexia se solapen, y muchos niños con una enfermedad causante de anorexia, pueden acabar haciendo una alteración conductual con rechazo del alimento que incluso persistirá una vez solventado el problema médico. La mayoría de los problemas de alimentación en el niño son atribuibles a dos o más factores, y con frecuencia intervienen la biología y el entorno.

Factores que Influyen en el Desarrollo de la Conducta Alimentaria

Para lograr la adquisición de una adecuada conducta alimentaria es necesario reconocer y respetar el ritmo de maduración y los hitos del desarrollo del niño en cuanto a alimentación se refiere. Forzar a comer al niño, pasando por alto de forma continuada este proceso de maduración, puede desembocar en una anorexia conductual.

  1. Durante las primeras semanas de vida, el lactante tiene un patrón rítmico de hambre, y solicita comida cada 2-4h. La madre debe aprender a reconocer cuándo el niño reclama su alimento. Este succionará hasta que se vea saciado. La alimentación a demanda de los primeros meses de vida permite que el lactante aprenda a asociar el comienzo de la toma con la sensación de hambre y su fin con la saciedad.
  2. Desarrollo de la percepción y la preferencia por los sabores. Los recién nacidos muestran una fuerte aceptación de los sabores dulces. A través de la leche materna el lactante experimenta los sabores de los alimentos que la madre consume en su dieta, y esto influirá en las preferencias del niño: la familiaridad del sabor hará que el niño prefiera un alimento frente a otro desconocido. A partir del cuarto mes comienza a mostrar preferencias también por el sabor salado.
  3. Con la introducción de la alimentación complementaria, el niño debe aprender a aceptar los nuevos alimentos que se le ofrecen. Los lactantes alimentados al pecho se adaptan más fácilmente a la diversificación de alimentos que aquellos que fueron alimentados con una fórmula para lactantes. La reticencia a consumir alimentos que no le son familiares se conoce como "neofobia". La exposición repetida a un alimento lleva a una aceptación progresiva del nuevo alimento, aunque puede ocurrir con cierta lentitud y precisar de 10 a 15 exposiciones al alimento antes de lograr modificaciones en su aceptación. Si estas etapas de diversificación alimentaria no se cumplen o no existe un ofrecimiento de alimentos constante y coherente, pueden originarse trastornos de la conducta alimentaria en el niño pequeño, haciendo que éste consuma un número limitado de alimentos en su dieta y se niegue a probar nuevos alimentos.
  4. Los lactantes y niños pequeños poseen capacidad para ajustar el aporte alimentario en función del contenido energético de los alimentos que se le ofrecen. Esta capacidad de regulación desparece cuando entra en juego el control parental. Así, los aportes de los niños en las comidas individuales es muy cambiante, y varía alrededor de un 40%. Pero el aporte energético total en un día es relativamente constante, y únicamente oscila alrededor de un 10%. Los padres tienen la responsabilidad de dar a su hijo una variedad de alimentos sanos, mientras es el niño el que asume la responsabilidad de la cantidad que puede consumir. Es importante también saber que a los 15 meses empieza una etapa de "anorexia fisiológica" coincidiendo con un período de crecimiento lento y que dura durante la época preescolar.
  5. Capacidad de comer solo. Desde los 5 meses en que el niño empieza a coger el biberón hasta los 24-36 meses, cuando ya tiene destreza para comer de forma independiente la mayoría de los alimentos, va adquiriendo habilidades en cuanto a la comida que hay que facilitarle que practique. Aunque ensucie todo, aprenderá a comer cada vez mejor y la comida se convertirá en un momento lúdico y satisfactorio.
  6. Aspecto social de la comida. La alimentación ocurre en un contexto social y cuando éste choca con el carácter del niño aparecerán dificultades en su alimentación. Si los padres reconocen el carácter de su hijo, su nivel de desarrollo y sus preferencias a la hora de la comida, se reforzará la relación padres-hijo y las comidas serán un momento satisfactorio para ambas partes. Así, hay niños que se distraen muy fácilmente en un entorno lleno de estímulos; mientras que otros comerán perfectamente en la misma situación. El niño evoluciona desde la dependencia total de sus padres para comer hasta el ejercicio de un total control de lo que come, cuándo y cómo lo come, y los padres deben de adaptarse a esta evolución. Algunos padres no toleran el desorden y suciedad que se produce cuando un niño empieza a comer solo, o no lo estimulan a que coma solo por prisas o por miedo a que no coma lo adecuado. Un excesivo control o una actitud demasiado permisiva por parte de los padres respecto al comportamiento del niño a la hora de la comida pueden influir negativamente y entorpecer el desarrollo del autocontrol del niño.
  7. La técnica de alimentación empleada. Una mala técnica alimentaria (como forzar a comer, horarios excesivamente rígidos, distracciones frecuentes durante la comida, ambiente inadecuado o impedir que el niño utilice sus habilidades para comer) puede influir de manera negativa en el desarrollo de la conducta alimentaria del niño. Illingworth describe diversas estrategias erróneas empleadas a menudo por los padres para conseguir que el niño ingiera el alimento: la persuasión, la distracción, el soborno, las amenazas, la fuerza, el castigo, dar alimento entre comidas o permitir que el niño escoja el menú. Cuando se usan métodos de alimentación forzada, la hora de la comida se convierte en una situación de malestar y se crea un condicionamiento en el niño que desemboca en rechazo del alimento.

Consecuencias de la Anorexia Conductual

En el niño por lo demás sano, la falta de apetito suele ser un motivo de preocupación solamente temporal. Las dificultades de alimentación más comúnmente encontradas son: escasa ingesta de alimento, apetitos selectivos en cuanto a alimentos o texturas de éstos, conductas anómalas a la hora de la comida o excesiva duración de las comidas. Pero en algunos casos el problema se vuelve crónico y se convierte en una inapropiada alimentación de forma prolongada, por lo general en forma de problemas menores. Se ha observado una persistencia de conductas alimentarias caprichosas y selectivas hasta los 18 años en niños en los que se detectó dicho problema antes de los 10 años de edad y algunos autores han identificado los trastornos de la alimentación en el niño pequeño como factores de riesgo para el desarrollo de anorexia y bulimia del adolescente.

Muy raramente aparecen déficit nutricionales significativos y sólo en el caso en que estas alteraciones se desatiendan durante mucho tiempo o en los que la ingesta de comida sea tan selectiva que el niño no reciba los nutrientes apropiados, comprometiendo su crecimiento físico y desarrollo. Aunque una menor ganancia ponderal es más común en los niños cuyos padres refieren problemas de alimentación, la mayoría de estos niños tiene un crecimiento físico adecuado.

Neofobia Alimentaria

La neofobia alimentaria es el trastorno restrictivo de la alimentación que se caracteriza por el miedo irracional a probar nuevos alimentos. Este trastorno se ha incluido en la última edición del DSM-5 (el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales editado por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría). Este cuadro habitualmente se presenta en la primera infancia y no se considera patológico durante esta etapa, aunque el problema aparece si este comportamiento se alarga mucho más de los 6-7 años porque puede provocar cuadros de desnutrición si el niño evita sobre todo verduras y frutas.

Los niños tienden a rechazar algunos alimentos por su olor, textura, color, sabor o simplemente por haber presentado una situación negativa anterior durante la ingesta. Es típico que rehúsen la ingestión de alimentos que les hayan producido un trauma al bloquearles la garganta y hayan producido una sintomatología aguda. Esta es la razón por la que no debemos obligarles a comer a la fuerza, porque podemos agravar todavía más la situación y que el niño rechace una lista de alimentos cada vez más extensa.

¿Por Qué se Produce la Neofobia Alimentaria?

Posiblemente la neofobia alimentaria se deba a una cuestión de supervivencia, que forme parte de un instinto primitivo que presentamos los animales omnívoros. Todos los seres vivos son recelosos a lo desconocido porque pueden suponer una amenaza para su vida. Este comportamiento podría significar un mecanismo de defensa para evitar las intoxicaciones alimentarias y aquellos alimentos potencialmente venenosos que causen la muerte. Incluso a día de hoy, utilizamos este mecanismo inconscientemente para evitar enfermar. ¿Acaso no dudamos si un alimento está en mal estado y mediante una inspección visual, su olor o sabor podemos determinar si nos va a sentar bien?

La neofobia alimentaria no solamente la sufren niños y niñas, sino que se convierte en un quebradero de cabeza para sus progenitores.

Recomendaciones para Abordar la Neofobia Alimentaria

  • No obligar nunca a comer al niño.
  • No utilizar el soborno o el castigo para que el niño coma. Tampoco hay que obligar a comer a la fuerza porque puede agravar todavía más su aversión.
  • No premiar al niño por comer bien.
  • Preparar los alimentos de una forma atractiva para el niño, mezclando colores, texturas y presentándolos en platos divertidos.
  • Ofrecer raciones pequeñas en un plato grande que permitan la opción de repetir si el niño lo desea.
  • Evitar la distracción durante las comidas. Apagar la televisión, móviles y videojuegos mientras se está en la mesa.
  • Que toda la familia coma junta.
  • No mostrar ansiedad si el niño rechaza la comida. Si no quiere comer, se retira el plato y se levanta al niño de la mesa. No ofrecer ningún alimento hasta la siguiente comida.
  • Respetar los gustos y preferencias del niño de una forma razonable sin evitar que controle el menú diario.
  • No ofrecer alimentos entre horas.
  • Si el niño ha adquirido la capacidad de alimentarse solo, permitir que lo haga y no infantilizarle dándole de comer a la fuerza.
  • Hay niños más lentos a la hora de comer, por eso es necesario respetar su tiempo, pero estableciendo un límite: si en media hora no ha concluido con su plato, retirar y dar por finalizada la comida.
  • Si el niño está enfermo es totalmente normal que presente falta de apetito. Respetar los cuadros de inapetencia en enfermedad aguda.
  • Los niños actúan mayormente por imitación. Comportarse en la mesa de la misma manera que desea que lo haga su hijo.
  • El aprendizaje de los sabores se consigue mediante una exposición repetida y positiva de los mismos. El niño se habitúa a ellos si conseguimos que forme parte de su selección a la hora de la compra o ayude a cocinar.

Esta condición tiende a desaparecer con la edad, pero debemos ayudarle a ello. Igualmente, debemos saber diferenciar al niño que presenta rechazo a los alimentos nuevos del que es simplemente selectivo o quisquilloso y rechaza también los alimentos ya familiares. En este último caso, no estaríamos ante un niño con neofobia alimentaria.

Si hablamos de neofobia alimentaria en los adultos nos encontramos ante una situación más complicada y menos habitual. En estos casos se recomiendan fundamentalmente las terapias de desensibilización donde paulatinamente se les introduce nuevos alimentos, que se familiaricen con ellos y los acepte sin ansiedad ni miedo. Aquí se debería realizar un diagnóstico clínico con otros trastornos de la conducta alimentaria tales como la anorexia nerviosa.

Cómo mejorar la selectividad alimentaria en niños autistas

Uno de los motivos más frecuentes en la consulta del pediatra es el tema de la alimentación. Es frecuente que los niños/as pierdan el hambre en el contexto de una infección como un resfriado, una gastroenteritis, amigdalitis, otitis u otro. Suele ser una perdida de hambre reciente y transitoria, y cuando se resuelva el episodio, el hambre vuelve. Ante un peque que no tiene hambre, lo primero que siempre tenemos que descartar es que no haya ningún signo de alarma que haga sospechar una enfermedad.

Cualquier cambio en la rutina habitual de un niño/a puede provocar alteraciones puntuales en la alimentación o también en el sueño. Esto lo podemos ver en el contexto de viajes, si ha habido el nacimiento de un hermanito o hermanita, con el inicio de la escuela o de la escuela infantil… Los niños son muy sensibles a los cambios así que es normal que hasta que no se adapten a la nueva situación puedan comer menos.

Hay peques sanos con un desarrollo normal y un crecimiento correcto que comen poco pero lo suficiente para ir creciendo dentro de sus gráficas de crecimiento. En estos casos es habitual que coman menos de lo que la familia espera de ellos. Debemos revisar qué expectativas en relación a la alimentación tienen los padres para ajustarlas a la realidad y hacer un registro dietético para comprobar que la ingesta sea la adecuada tanto en relación a la energía como en los nutrientes.

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