La oferta de documentales en plataformas como Netflix es amplia y variada, abarcando desde historias inspiradoras hasta casos que invitan a la reflexión sobre la maternidad y la crianza. A continuación, exploraremos diferentes perspectivas y documentales que abordan este tema desde distintos ángulos.
Documentales Impactantes sobre Maternidad en la Era Digital
En el ámbito de la maternidad y la crianza, las redes sociales y plataformas como YouTube han dado lugar a la aparición de "influencers" que comparten sus experiencias y consejos. Sin embargo, no todo lo que se muestra en Internet es lo que parece. Un ejemplo de ello es el documental La influencer siniestra: La historia de Jodi Hildebrandt, que relata el caso de Jodi Hildebrandt, una terapeuta de Utah, y Ruby Franke, una youtuber famosa, quienes fueron arrestadas por maltrato infantil.
Jodi Hildebrandt y Ruby Franke eran dos amigas y creadoras de contenido que regentaban un potente canal de YouTube sobre maternidad y educación. Hildebrandt era terapeuta, y aportaba los consejos profesionales que Franke transmitía a la audiencia con más carisma en sus vídeos. Muchas veces aparecían juntas en pantalla, pero principalmente Franke era la cara visible del canal. Este documental explora cómo la influencia de Hildebrandt llevó a Franke a maltratar a sus hijos durante meses, encerrándolos en sus cuartos, amordazándolos y dejando de alimentarles durante días. La moraleja es clara: no te creas todo lo que veas en Internet, tras las cámaras habitualmente se esconde una realidad bien distinta.
Todo cambió en 2023, cuando ambas fueron detenidas acusadas de maltrato infantil. La verdad salió a la luz cuando el hijo de Ruby, desnutrido y en deplorable estado físico, acudió a los vecinos en busca de ayuda. La policía actuó rápidamente, entrando en el domicilio de la influencer donde encontraron, desnutrida y al borde de la muerte, también a su hija menor.
Es un documental duro, pero si eres fan del "true crime", es un planazo para despedir el año.
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Experiencias Personales y Retratos de la Maternidad
A través del testimonio de seis mujeres, de entre 30 y 50 años, este documental es un auténtico homenaje a la maternidad. En él, las protagonistas -la mayoría de ellas, madres de familia numerosa-, nos hablan de su experiencia personal.
El periodista Jesús García Colomer, después de hablar de la Virgen -a través de los documentales Medjugorje y Hospitalarios: las manos de la Virgen-, vuelve a tratar el mismo tema, pero desde una perspectiva distinta. Cabría achacarle haber querido abarcar demasiado: con tanto testimonio, el documental se hace un poco reiterativo.
Otro ejemplo es "Ahora tú", un programa exclusivo para mujeres madres que sigue el formato de una serie de Netflix (cada semana tendrás un vídeo y una propuesta práctica) y se puede combinar con sesiones grupales.
- Encontrar a su pareja ausente, con la sensación de estar viviendo realidades paralelas.
- Intentar una cena con amigos y bebé, imposible.
- Encontrar momentos de concentración en su trabajo, una utopía.
Lo mejor es que lo refleja con mucho humor. La ejecutiva-superwoman que quiere mantener su estatus en la empresa, creándole grandes conflictos en su recién estrenada faceta de madre y afectando también a su pareja. Y también a la que la maternidad no le llena para nada. Te ayudarán a sentirte arropada y a normalizar muchas de las cosas que estás viviendo con un toque de humor.
No sustituyen el hecho de compartir momentos con mujeres de carne y hueso, pero ayudan.
El Coraje de una Joven Madre: La Historia de Andrea B.
Una joven, un bebé inesperado, y el coraje para determinar su futuro. Andrea B. tiene 27 años. Nació en Ecuador, y se mudó con su madre a España cuando tenía un año y medio. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra, luego hizo un máster en investigación en ciencias sociales y trabajó en varias compañías hasta llegar a su empleo en una consultora en un puesto de Marketing y Comunicación, donde trabajó hasta el nacimiento de su hijo. Fue algo inesperado.
Mi pareja en ese entonces y yo siempre procuramos tener cuidado, pero en una ocasión no lo hicimos. Pensamos que la pastilla del día después resolvería cualquier “problema”, pero no fue así. Cuando mi regla no llegó, sospeché y me hice un test. Al ver las dos rayas positivas, no pude evitar reírme. Quizá era risa nerviosa, pero me parecía una consecuencia lógica de nuestros actos.
Al principio, consideramos la opción de abortar. Llamé a una clínica y nos dieron una cita para el día siguiente. Sin embargo, cuando llegué y vi el ambiente, con mujeres y parejas claramente tristes, algo cambió en mí. Me hicieron una ecografía, y al ver esa imagen, inmediatamente me nació el instinto protector de una madre. Después de ver la ecografía, supe que no podía abortar.
Pasé el fin de semana reflexionando y leyendo sobre las consecuencias psicológicas del aborto, ya que en la clínica todo parece muy secreto. No te cuentan nada en detalle, ni del procedimiento ni de las posibles consecuencias físicas como psicológicas. Por mi cuenta, busqué información, y leí que muchas mujeres que toman la decisión de interrumpir su embarazo sin estar seguras sufren depresión y ansiedad después, ya sea a corto como a largo plazo.
Eramos compañeros de piso en Madrid y luego comenzamos una relación. Estuvimos juntos un año y medio, pero teníamos valores muy distintos, lo que causaba problemas en nuestra relación. Yo soy cristiana y tengo claro lo que quiero para mi futuro, como formar una familia y criar a mis hijos de cierta manera. En su caso, habló con sus padres y, después de hablar con ellos, vino a verme y me dijo que tanto él como su familia estaban de acuerdo en que, si yo decidía tener al bebé, no podía obligarlo a hacerse cargo de nada.
Se puso a llorar, y en ese momento, sentí una gran rabia. Antes de hablar con sus padres, hubo un momento en el que incluso me dijo que le gustaría que fuera un niño. Fue extraño, porque parecía que se había emocionado con la idea. Cuando yo le conté lo que sentía,mi ilusión por tenerlo, él también pareció contagiarse un poco de esa emoción. Sin embargo, después de hablar con sus padres, cambió por completo.
Creo que esto tuvo mucho que ver con la forma en que siempre había vivido su relación con ellos: acostumbrado a seguir sus indicaciones sobre qué estudiar, qué hacer con su vida o qué decisiones tomar. Por eso, cuando sus padres aprobaron la postura de no hacerse responsable de sus propios actos, ya no tuvo dudas.
Me dijo que había considerado varias opciones, cinco en total. De esas, dos eran en las que no tenía al bebé y tres en las que sí lo tenía. Las opciones que me dio fueron: no tenerlo y seguir juntos, que para él era opción ideal; no tenerlo y separarnos; tenerlo y que él hiciera una contribución económica; tenerlo y criarlo juntos.
Yo le pregunté: «Si yo decido tenerlo, ¿qué puedes ofrecerme tú?» Y él me dijo que la única opción que veía realmente era que yo lo tuviera y él se desentendiera de todo. Entonces, yo le cuestioné si no había un rincón en su mente en el que pudiera pensar en hacerse cargo de su hijo, que al final es su hijo también, ¿no? En ese momento, le dije: «Si me pones en esa tesitura, no eres la persona que quiero tener a mi lado en ninguna de las situaciones».
La Importancia del Apoyo y la Reflexión Personal
¿Cómo fue el proceso de hablar con sus amigas sobre esto? Lo que realmente me asustaba no era el embarazo ni la maternidad en sí, sino enfrentarme a este reto sola. No quería ser madre soltera.
Durante ese tiempo, hablé con varias amigas que habían pasado por un aborto. Ella me contó su experiencia: había interrumpido su embarazo a las ocho semanas de gestación y tuvo que lidiar con las consecuencias. Me di cuenta de lo aterradora que puede ser esa decisión, lo arduo que fue para ella después del aborto. La opción de tener al bebé no me generaba la misma ansiedad que el aborto. Aunque sentía miedo, no era esa sensación de angustia total. Era una sensación más parecida a la incertidumbre. En cambio, la idea de pasar por un aborto provocado me generaba una ansiedad profunda, tristeza, oscuridad.
Hablé también con la mamá de unas amigas que fueron adoptadas de Perú. Ella no pudo tener hijos biológicos y me dijo algo que definitivamente me ayudó a tomar la decisión: «Te diría que lo tengas. Eres joven, estás preparada, tienes el apoyo necesario, y hay tantas mujeres de 40-50 años que quieren ser madres ahora y no pueden.
Mi madre siempre me ha dejado decidir por mí misma. Me dijo: «Te apoyaré en cualquiera de las dos opciones, pero la decisión tiene que ser tuya. No dejes que la decisión de un hombre influya en la tuya». Eso me ayudó mucho. Lo primero que me dijo es: «Decide tú». También me dijo: «Si decides tenerlo, te daré todo mi apoyo». Mi madre fue madre soltera, y aunque mi padre estuvo ausente, nunca me dio la impresión de que un niño pudiera arruinar la vida. Hoy en día, se escucha mucho esa idea, pero ella no lo veía así.
Justo esos días, escuché una entrevista sobre una familia que sobrevivió al tsunami de 2004 en Tailandia. La madre hablaba de cómo ser egoísta es tener miedo a la vida, pero que, a pesar de ese miedo, seguir adelante es un acto de valentía. Eso me hizo reflexionar mucho.
Si decidía no tener al bebé, esa decisión estaba claramente impulsada por el temor y el egoísmo. Me di cuenta de que si tomaba el camino fácil, estaría evitando enfrentar mis miedos. A largo plazo, ese camino solo me traería culpa y arrepentimiento. En cambio, si elegía el camino duro -seguir con el embarazo y asumir mi responsabilidad- aunque fuera duro en el momento, a largo plazo me traería paz interna.
Empecé a prepararme, leyendo muchos libros. Me parece un milagro cómo el cuerpo de la madre se adapta para que una vida crezca dentro. Disfruté mucho de mi embarazo. Al principio sentía mucha adrenalina por la situación y por mi decisión de salir adelante a pesar de las circunstancias. Los primeros meses fueron como un chute de energía: «Soy capaz de ser madre. Soy fuerte». Pero hacia el sexto mes, cuando me mudé a Pamplona, pasé por un fuerte agotamiento emocional. Lo bueno es que siempre he sido una persona activa, deportista, y a nivel físico no sufrí ninguno de los síntomas típicos del embarazo.
Hoy en día, muchas familias están desestructuradas. Ya no es como antes, cuando la mayoría de los niños tenían a sus padres juntos. Ser madre soltera ya no se ve tan mal, especialmente con mujeres que deciden serlo después de los 30 o 40 años. Necesitamos sentir que sí podemos hacerlo, aunque las circunstancias no sean las ideales. Y organizaciones como REDMADRE son cruciales para crear una red de apoyo que permita a las mujeres tomar decisiones sin presiones, en verdadera libertad.
Es importante que la sociedad vea a las madres solteras con respeto y admiración, no con lástima ni condescendencia. Ser madre es un acto de valentía y de amor profundo, y aunque a veces dé miedo, también te llena de fuerza y propósito.
