Melatonina y Lactancia: Riesgos y Consideraciones

El sueño infantil es una de las mayores preocupaciones para las familias con recién nacidos y bebés. Es crucial abordar la falta de sueño en los niños, ya que puede afectar su alimentación, actividad física, bienestar emocional y rendimiento escolar. Dormir es tan importante como comer, y proporcionar un entorno adecuado para el sueño es fundamental.

Evolución del Sueño Infantil

Cuando hablamos de sueño infantil, es esencial considerar que se trata de un proceso en constante cambio a medida que el niño madura. En los primeros cuatro meses de vida, solo distinguimos dos fases diferenciadas del sueño. A los tres meses, el 70% de los niños duermen hasta cinco horas seguidas y duermen una media de entre 14 y 20 horas diarias.

No es hasta el cuarto mes de vida donde se pueden identificar las cinco (o cuatro, dependiendo de los autores) fases del sueño similares a las del adulto. En dicho periodo, aumentan los intervalos de sueño ligero y les cuesta mantenerse dormidos entre ciclo y ciclo de sueño, por lo que vemos un cambio comportamental en el niño aumentando los despertares nocturnos. Las madres se sorprenden de que ahora duerman menos que antes y en muchos casos lo achacan a una ingesta inadecuada y a la lactancia.

De media, a los seis meses, más de la mitad de los niños se despierta como mínimo tres veces durante la noche. Es importante explicárselo a las madres puesto que en muchas situaciones pasamos de niños que incluso duermen practicamente toda la noche del tirón a volver a despertarse continuamente.

Lo mismo sucede aproximadamente a los ocho meses, que es cuando los niños empiezan a ser conscientes de que mamá y bebé son dos entes diferentes. Esto provoca una situación de miedo en el niño, sabiendo que en cualquier momento puede perder a su madre. Es la llamada angustia por separación. Además, empiezan a ser conscientes también que al quedarse dormidos la vida continua, que pueden dormirse en un lugar y despertarse en otro diferente.

Estos dos factores juntos provocan que sobre todo las noches sean momentos muy complicados. El bebé pasa de estar dormido plácidamente a despertarse con llantos desesperados. Hablamos de que a los ocho meses un 75% de los niños se despiertan al menos tres veces durante la noche. Nada tiene que ver con que se queden con hambre, ni que tengan el ritmo cambiado, ni que tengan que aprender a dormir. Se trata de una situación angustiante para el niño que lo único que requiere es que mamá le reconforte y lo acompañe.

Es muy común que durante toda la noche lo único que quieran es mantenerse mamando del pecho ya que les da confort y seguridad, y a su vez, asegura la presencia materna, si no se separa del pecho, mamá tampoco podrá marcharse.

Melatonina y Lactancia Materna

La melatonina es la hormona producida por la glándula pineal que juega un papel importante en la regulación del sueño y el ritmo circadiano. En los adultos se secreta durante la noche, pero no pasa lo mismo en bebés, que inicialmente no son capaces de producirla. Su aporte viene dado a través de la leche materna.

Parece que los niveles disponibles de la misma varían durante el día aumentando en la noche y llegando a sus picos más elevados alrededor de las 3 de la madrugada. Recientemente, se ha reconocido que la administración de antioxidantes podría ser útil en pacientes sépticos. Entre todos los antioxidantes, la melatonina tiene un papel característico como agente antioxidante, antiinflamatorio y antiapoptótico. El estrés oxidativo, derivado de un desequilibrio entre los factores prooxidantes y antioxidantes, está involucrado en la patogenia de varias enfermedades neonatales, incluida la sepsis, y desempeña un papel particular en la insuficiencia orgánica sistémica. En combinación con otras intervenciones, la melatonina puede contribuir a mejorar la lesión de órganos sépticos.

Prolactina y Producción de Leche

La producción de leche viene íntimamente ligada a la respuesta hormonal. Durante la noche, a partir de las 20 h, los niveles de prolactina van elevándose hasta llegar a sus picos más altos de madrugada (entre las 2 y las 6 aproximadamente). Fisiológicamente, sobre todo en edades tempranas, la demanda de los niños aumenta durante este periodo, con el fin de incrementar aún más dichos niveles a través de la succión. Con ello se consiguen valores más altos de prolactina con el consecuente incremento de la producción de leche.

Además, la propia elevación de la prolactina en sangre parece estar asociada a una mejoría en el sueño materno, no específicamente en la duración de este, pero sí en la calidad de este. Las madres que amamantan reflejan un aumento de la duración de las fases de sueño de ondas lentas donde, entre otras cosas, se establece la recuperación del cerebro tras la actividad diaria y se consolida la memoria.

Si el bebé no mama durante la noche por el uso continuado de chupetes o la introducción de biberones, no solo no aprovechamos los picos de prolactina, sino que además dejamos que se vaya acumulando el FIL (factor inhibidor de la lactancia) en el pecho.

Colecho y Lactancia Materna

Existe cierta controversia respecto a la promoción del colecho con respecto a la lactancia materna en las etapas más tempranas. Por un lado, la Asociación Española de Pediatría entre otras entidades no recomienda la práctica del colecho en menores de 3 meses. Por otra, nos encontramos que la realidad es otra muy diferente, la mayoría de las madres lactantes, aunque no hayan planificado previamente compartir la cama con su hijo, lo hace en algún momento, puesto que ofrece mayor comodidad para ofrecer las tomas nocturnas e incrementa los periodos de descanso maternos.

Esto se ve aún más acentuado en función del contexto sociocultural de las madres. La práctica del colecho se asocia a tasas mayores de lactancia materna al año y favorece un incremento de tomas nocturnas (tanto si la madre comparte la cama con el recién nacido como si se utiliza la cuna sidecar).

Pese a que son varios los estudios que afirman un aumento del riesgo de muerte súbita en lactantes que colechan, la metodología llevada a cabo parece ser poco robusta. La actuación primordial debería ir encaminada a fomentar el uso del colecho seguro. Por ello cabe remarcar que sería necesario incidir en mejorar las investigaciones con una metodología adecuada para profundizar en las tasas reales de muertes infantiles, prestando mucha atención a las definiciones de muertes, las circunstancias de las muertes y los factores de confusión. La mayoría de las revisiones llegan a esta misma conclusión.

Es importante ofrecer información de manera sistemática sobre las condiciones que favorecen un colecho seguro para reducir al máximo posibles riesgos de la práctica y mejorar la calidad del sueño. Ya que se ha visto la existencia de una correlación entre la calidad del sueño materno con la autoeficacia respecto a la lactancia materna.

Es fundamental no dejar pasar mucho tiempo sin tomar medidas para controlar y mejorar estos despertares. Si los despertares nocturnos del bebé son muy frecuentes, afectan la salud o el bienestar de tu pequeño y de toda la familia, o si ya has probado varias soluciones sin éxito, es momento de contar con ayuda profesional. No esperes más para recuperar noches tranquilas y un descanso reparador para todos.

5 CONSEJOS para hacer COLECHO SEGURO

Alimentación Complementaria y Sueño

No existe evidencia de que facilitar un biberón de fórmula artificial o uno mezclado con cereales mejore la calidad u horas de sueño del bebé. La administración rutinaria de biberones con cereales, ricos en azúcares, previos al acostarse se asocia con un incremento de caries y mayores tasas de obesidad infantil.

Lo mismo ocurre con los alimentos sólidos. En muchas situaciones las madres intentan propiciar un incremento de la ingesta de alimentos sólidos durante el trascurso del día para que duerman más por la noche. En la realidad, pese a que la demanda de alimento si parece reducirse durante la noche, el número de despertares nocturnos se mantiene igual por lo que no resulta una práctica efectiva.

Tras revisar varios estudios, no existe un consenso pleno referente a si el tipo de alimentación repercute con seguridad en las horas totales de sueño de la díada. Aun así, cabe remarcar que lo más importante es incidir en los padres que los patrones de sueño-vigilia de los bebés son diferentes a los de los adultos y deben tener expectativas realistas respecto a las horas de sueño nocturnas. Sus rutinas deberán reajustarse con el fin de poder manejar sus propias necesidades de descanso ya que los requisitos para la alimentación nocturna varían en cada caso.

Consideraciones Finales

Existen estudios que sugieren que los bebés alimentados con lactancia materna tienden a despertarse más durante la noche en comparación con los bebés alimentados con fórmula. No obstante, es muy importante entender que estos despertares no equivalen a un sueño de menor calidad.

Durante los primeros meses de vida, las tomas nocturnas son esenciales. No solo promueven una producción de leche adecuada, sino que también son momentos de confort y seguridad para el bebé. Cualquier padre o madre sabe con una certeza absoluta de que la frase hecha «dormir como un bebé» es mentira. Los recién nacidos duermen profundamente y muchos ratos es su estado, pero los despertares nocturnos son también muy habituales.

En el caso de los recién nacidos, no existe secreción de melatonina por la glándula pineal hasta los 2-3 meses después del nacimiento. La OMS recomienda la lactancia materna por un desarrollo neonatal e infantil óptimo. La composición de la leche materna se estudia para intentar imitarla y poder desarrollar una leche de fórmula que se asimile al máximo, pero no se consigue.

Una de las moléculas que va cambiando es la cantidad de melatonina. Se ha observado que durante la noche la concentración de melatonina puede alcanzar niveles muy altos y, en cambio, durante el día las cantidades son indetectables. Esto sugiere que la fluctuación de la melatonina en la leche materna es la forma para indicar a los bebés la hora del día e ir creando poco a poco un ritmo sueño-víspera, el ritmo cricadiano tan necesario en la vida adulta.

A pesar de esta maravilla biológica, se reconoce que existen factores de riesgo que pueden alterar esta concentración de melatonina en la leche materna y que afecten al bebé. Ya sabemos que la leche materna es fantástica, pero lo más admirable es cómo el cuerpo de la mujer es capaz de crear una sustancia así y que, además, vaya variando en función de las necesidades del bebé.

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