La amoxicilina es un antibiótico derivado de la penicilina, activo contra una amplia gama de bacterias. Actúa destruyendo las bacterias al impedir la formación de su pared celular, lo que provoca su muerte.
Es importante destacar que la amoxicilina no es efectiva contra los virus, por lo que no se utiliza en infecciones de origen viral. Sin embargo, es muy eficaz contra la mayoría de las infecciones bacterianas que afectan a los niños sanos.
¿Para qué infecciones sirve la amoxicilina?
La amoxicilina es efectiva para tratar diversas infecciones bacterianas, incluyendo:
- Infecciones de las vías respiratorias: Amigdalitis, otitis, sinusitis, neumonías.
- Infecciones de la piel.
- Infecciones de orina.
- Infecciones de la boca y dientes.
- Infecciones graves del aparato digestivo.
¿Cómo se administra la amoxicilina?
La amoxicilina se administra por vía oral, ya sea en forma de jarabe, sobres para disolver en agua o comprimidos/cápsulas. Puede tomarse con alimentos o en ayunas, ya que los alimentos no afectan su absorción en el intestino.
Después de tomar una dosis, la amoxicilina pasa rápidamente a la sangre y se distribuye por todo el cuerpo. Sin embargo, no entra en el sistema nervioso central y no es eficaz en las meningitis. Se elimina por la orina, por lo que es importante que los niños beban mucho líquido durante el tratamiento.
La amoxicilina es segura para la administración en lactantes y en mujeres embarazadas.
Generalmente, la amoxicilina se administra dos o tres veces al día, cada 12 o cada 8 horas, durante 7 a 10 días. En algunas infecciones de orina, la duración del tratamiento es menor. Estudios recientes han demostrado que la amoxicilina es igual de eficaz cuando se toma dos veces al día que cuando se toma tres veces al día, lo que facilita el cumplimiento del tratamiento.
Es fundamental que el pediatra valore cada caso individualmente para determinar la dosis diaria, el intervalo de dosis y la duración del tratamiento.
Dosis de amoxicilina para bebés:
Para la preparación de los antibióticos en jarabe, se utilizará el mismo agua que se le da para beber o preparar su biberón. Es muy importante administrar la dosis pautadas por el médico, y la duda de cuchara o jeringuilla siempre la resuelvo con jeringuilla. La cuchara es muy inexacta para pautar el jarabe y puede llevar a sobredosificaciones o dosis insuficientes.
Hoy día las bacterias son muy resistentes a los antibióticos precisamente por el uso indiscriminado y por eso las cantidades que se recetan actualmente son mucho mayores que las que ponen en el prospecto llegando a doblarlas. Es normal y no hay nada de malo SIEMPRE QUE REALMENTE EL ANTIBIÓTICO SEA NECESARIO.
¿Cuándo no se debe administrar amoxicilina?
La única contraindicación absoluta es la alergia comprobada a la amoxicilina o a otras penicilinas. En estos casos, el niño podría experimentar una reacción alérgica grave que requiera hospitalización.
Si un niño está tomando amoxicilina y le aparece una erupción, debe acudir al médico para que evalúe la situación y determine si es necesario suspender el tratamiento. No todas las erupciones son causadas por alergia a la amoxicilina. En caso de sospecha de reacción alérgica, es fundamental confirmarla mediante pruebas de alergia.
Efectos no deseables
Los efectos no deseables son poco frecuentes y no graves, y generalmente no obligan a suspender el tratamiento. Algunos niños pueden experimentar vómitos y deposiciones blandas, y en algunos casos pueden aparecer infecciones por hongos en la boca o en la zona del pañal.
El peor efecto no deseable es que las bacterias desarrollen resistencia al antibiótico. El uso indiscriminado de antibióticos, tanto en humanos como en animales, contribuye a este problema a nivel mundial.
Consejos para la administración de medicamentos a niños
Si además de estar enfermo, el niño se niega a tomar la medicación que le ha recetado su médico, los padres se encuentran con un doble problema. Muchos niños rechazan de forma sistemática las medicinas, ya sea porque no les gusta su sabor o porque simplemente se muestran aprensivos ante la ingesta de algo que desconocen. Para evitar las peleas, pataletas e incluso vómitos que tienen en jaque a tantos padres, se puede optar por mezclar el medicamento con alimentos, recurrir a los medicamentos concentrados o los supositorios o utilizar algunos “inventos” como los chupetes y biberones especiales para dar medicinas.
- Mezclar el medicamento con alimentos: Preguntar al pediatra si la medicina puede mezclarse con la leche o con otro alimento. Para asegurarse de que el niño ingiere toda la medicina es recomendable no mezclarla con grandes cantidades y verificar que toma todo el alimento.
- ¿Jeringa, cuchara o vasito?: Es recomendable calcular la dosis con estos medidores, pero no es obligatorio administrarle la medicina con él. Para que sea más fácil, es mejor decantarse por el modo preferido por el pequeño o el que sea menos traumático para todos.
- Medicamentos concentrados: Algunos medicamentos están disponibles en las farmacias en su versión concentrada; es decir, el principio activo (paracetamol, ibuprofeno, etc.) es el mismo, pero al estar concentrado permite que la dosis que hay que administrar sea menor y, por tanto, presente menos problemas en su toma cuando el pequeño se niega a tomar la medicina.
- Optar por los supositorios: Su administración es recomendable solo para los pequeños que tienden a vomitar la medicina y es imposible dársela por vía oral. Para colocarlos de forma correcta y evitar que el niño lo expulse, el supositorio debe introducirse en el recto por la punta roma o plana, no por la puntiaguda.
- Chupetes y biberones especiales: Otra opción para los padres es hacer uso de algunos de los inventos que están disponibles en el mercado para ayudar a administrar los medicamentos a los más pequeños, como el chupete medicinal, que permite introducir en un compartimento anexo al chupete el preparado, para que este pase poco a poco a través de la tetina al niño. Otro instrumento de utilidad pueden ser los biberones a los que se le puede insertar una jeringuilla con el medicamento para dar la dosis al pequeño mientras bebe el contenido del biberón y poder, de esta manera, adaptar la cantidad que se le administra a la respuesta del pequeño a su sabor.
No se deben administrar medicamentos a los niños si no han sido prescritos por su médico. Es recomendable que los padres hagan partícipe al especialista de los problemas que tiene el pequeño para tomar las medicinas y aclaren en la visita todas las dudas que puedan tener respecto a los preparados recetados.
Estos son algunos de los aspectos fundamentales que se deben consultar con el pediatra:
- Cantidad exacta de la dosis y periodicidad de las tomas.
- Administración del medicamento antes o después de las comidas.
- Posibilidad de mezclar las medicinas con leche, zumos u otros alimentos.
- Qué hacer en caso de que se olvide administrar una dosis.
- Cómo actuar si el niño vomita parte o todo el preparado.
- Consultar si existe la opción de darle el medicamento concentrado o en forma de supositorios.
- Preguntar sobre los posibles efectos adversos o secundarios.
