La relación entre una madre e hija es una de las más importantes y poderosas de todas las relaciones humanas. Sin embargo, no todas las relaciones entre madres e hijas son saludables. De hecho, muchas son tóxicas y pueden dejar una huella profunda en la vida de una persona.
La herida materna es un término que se utiliza para describir las experiencias negativas y traumáticas que una persona puede tener con su madre y que pueden afectar su vida de manera significativa. Esta herida puede tomar muchas formas diferentes, incluyendo:
- Rechazo
- Negligencia
- Abuso
- Comparación constante
- Ausencia emocional
Estos traumas pueden ser especialmente difíciles de superar cuando la relación entre la madre e hija es tóxica y la hija no ha tenido la oportunidad de sanar o resolver estas heridas emocionales. La herida materna puede afectar la autoestima, las relaciones futuras y la forma en que una persona se percibe a sí misma y a su madre.
Es normal que no podamos reconocer el impacto de la herida materna porque este es un tema tabú. Muchas veces, además, tenemos borrados momentos de nuestra infancia y mantenemos solo accesibles los recuerdos que concuerdan con la versión del discurso materno, en términos de Laura Gutman.
A veces estas heridas las han originado mujeres “normales” que simplemente no supieron o pudieron dar a sus hijos lo que necesitaban porque ellas mismas no lo recibieron cuando fueron niñas y no tenían referentes. No se trata de buscar culpables, ni tampoco de invalidar nuestro dolor por justificar a quien lo causó.
De hecho, el contacto con nuestra madre es el más íntimo que tenemos de inicio ya que venimos de ser alimentados a través de ella en el útero y de ser “porteados” también durante nueve meses en su vientre.
SANANDO LA HERIDA MATERNA: cómo liberarte (paso a paso) según CARL JUNG - EL PENSADOR MODERNO
El Impacto de la Herida Materna en la Adultez
El hecho de sufrir algún tipo de abandono en la infancia es algo muy determinante. Tanto, que los expertos comentan que es como un segundo nacimiento. Pero, hay un aspecto que debemos tener en cuenta: el abandono no solo se produce por una ausencia física. El abandono más común es aquel donde deja de existir una autenticidad emocional, ahí donde aparece el desinterés, la apatía y la frialdad. La idea de este vacío no tiene edad, es algo que todo niño va a percibir y que, por supuesto, llega a devastar a cualquier adulto.
El sentimiento de abandono puede originarse de muchas formas. Por ejemplo, nos trasformamos en barcos a la deriva cuando perdemos nuestro trabajo y no encontramos forma de reintegrarnos al mercado laboral. Suele decirse que para entender lo que supone ser abandonado, “uno tiene que ser abandonado”.
Las implicaciones psicológicas que se derivan de una vivencia temprana ligada al abandono suelen ser, por lo general, bastante graves. A la hora de hablar de consecuencias asociadas a una dimensión psicológica traumática, es importante tener en cuenta que existe mucha variabilidad. No todas las personas asumen y expresan el dolor de la misma manera.
Algunas de las consecuencias más comunes incluyen:
- Dificultades para establecer relaciones estables en la edad adulta.
- Problemas de codependencia o necesidad de aprobación y reconocimiento.
- Tendencia a dar demasiado de sí mismos a los demás, sintiendo que lo recibido no es igual a lo invertido.
- Sufrir ciertas “reminiscencias emocionales”.
- Estado constante de hipervigilancia.
- Parentificación: cuando el niño se convierte en el «apoyo emocional» para su madre, asume responsabilidades emocionales que son inapropiadas para su edad. Esto les convierte muchas veces en adultos volcados hacia los demás.
Si suena el móvil, la que llama es tu madre y empiezas a hiperventilar, atiende a esas señales en ti antes de responder. «Como dice la psicoanalista Alice Miller, ‘‘el cuerpo nunca miente’’. Si cuando tu madre te llama, sientes ansiedad y se te corta la respiración, algo importante está pasando.
Pasos para Sanar la Herida Materna
Sanar la herida materna es un viaje único para cada persona. Es un proceso que puede ser desafiante, pero también profundamente transformador. El primer paso es reconocer que la herida existe y aceptar las emociones asociadas, como el dolor, la tristeza o la rabia, que muchas veces tenemos silenciada, sobre todo las mujeres.
Sanar la herida materna es un proceso profundo que requiere tiempo, paciencia y compromiso. Aquí hay algunos pasos que puedes seguir para comenzar tu proceso de sanación:
- Reconocer y aceptar la herida: Admitir que existe una herida y permitirte sentir las emociones asociadas es fundamental.
- Comprender el contexto: Comprender el contexto en el que se desarrolló nuestra relación con nuestra madre puede ayudarnos a ver con mayor claridad.
- Practicar el autocuidado: Y, al mismo tiempo, es de lo más sanador que podemos empezar a entregarnos: momentos de autocuidado.
- Establecer límites saludables: Aprender a establecer límites saludables con nuestra madre, si la relación es conflictiva, es fundamental.
- Buscar apoyo profesional: O asistir a talleres específicos de la herida materna como el que he preparado yo después de trabajar durante años esta herida en mí misma.
- Perdonar: La herida del abandono debe curarse prestando una especial atención a la autoestima y, por encima de todo, siendo capaces de perdonar, de liberarnos de ese pasado como quien corta el hilo de un globo muy oscuro y lo deja ir. Aunque obviamente, ese es un paso muy difícil de llevar a cabo.
La terapia de desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares (EMDR), es muy eficaz para detectar y transformar recuerdos traumáticos de infancia. Permite a la persona liberar la mente, el cuerpo y abrir su corazón para ofrecerle un adecuado alivio emocional.
A su vez, los expertos en experiencias traumáticas sugieren la importancia de aprender a comunicar necesidades emocionales. Por otro lado, trabajar en el fortalecimiento de la autoestima también es fundamental para sanar esta herida. Por último, es importante persistir en el desarrollo de la autoconfianza y la confianza en otros. Permitirnos establecer nuevos lazos con otras personas hará que reconozcamos que las heridas por abandono pueden sanarse gracias al amor que vamos recibiendo a lo largo de la vida.
Algo tan básico y primordial como aprender a cuidar de nosotros mismos, de priorizarnos cada día para desconectarnos poco a poco de la ira y del resentimiento, nos permitirá dejar de ser cautivos de las heridas del ayer. La memoria no puede borrar las tristezas del pasado, pero puede darles calma y sosiego. Todo pasa, aunque haya nubarrones en un determinado espacio de tiempo, el sol vuelve a aparecer.
La Importancia del Autoconocimiento y la Autoaceptación
La clave para sanar la relación tóxica con la madre es el autoconocimiento y la autoaceptación. Es importante que una mujer se tome el tiempo para explorar sus propios sentimientos y emociones, y para aprender a aceptarse a sí misma incondicionalmente. Esto puede incluir buscar terapia o acompañamiento profesional, leer libros sobre el tema, participar en grupos de apoyo y hacer cualquier otra cosa que la ayude a sanar y a crecer emocionalmente.
Además, es importante que una mujer aprenda a dar amor incondicional a su hijo/a, incluso si ella misma no recibió ese amor de su propia madre. Esto puede requerir una gran cantidad de trabajo emocional y puede ser difícil, pero es esencial para sanar la herida materna y evitar perpetuar patrones tóxicos en la relación con tu progenie. Esto puede incluir aprender a dar y recibir amor sin condiciones, perdonarse a sí misma y a su madre, y aprender a establecer límites saludables.
También es importante que una mujer trabaje en su relación con su madre, siempre y cuando sea posible y seguro hacerlo. Esto puede incluir hablar abiertamente y honestamente con su madre sobre sus sentimientos y necesidades, establecer límites claros y respetuosos y trabajar juntas para resolver cualquier conflicto o malentendido. Aunque puede ser difícil, establecer una relación más saludable con la madre puede ser un paso importante en el camino hacia la sanación.
Rompiendo el Ciclo Transgeneracional
Somos unas de las primeras generaciones privilegiadas que podemos dedicar nuestra energía a revisar y sanar nuestras heridas para romper el ciclo transgeneracional de dolor y desatención.
Todo lo que escuchamos de niñas en casa, sobre todo lo que venía de mamá, esa voz y ese discurso materno, lo interiorizo como algo mío. Cuando eres adulta, piensas que las cosas las estás haciendo desde lo que quieres realmente, pero si indagas entiendes que no es tu voz, es el discurso de lo que se decía en casa. Hay un libro muy bueno de Laura Gutman, El poder del discurso materno, que habla del poder de la madre sobre los hijos. El discurso de mamá te va a gobernar hasta el final de tus días a no ser que de adulto hagas algo por cambiarlo.
Y esas cualidades etiquetadas de femeninas (complacencia, sumisión, cuidado...) plantean un falso diálogo, son una herencia.
Si quieres entrar en la crianza respetuosa, sánate tú, sana a tu niño interior. Si no, vas a seguir proyectando tu dolor en tus hijos.
Pensar que parte de tu dolor y tus conflictos parten de tu madre es muy doloroso. La persona en la que más has confiado, tu primer amor, la que te ha nutrido desde el minuto cero, ver que ha sido una persona ausente para ti... eso duele mucho. A mí me costó años verlo. Me costó mucho más ver la herida de mi madre que la de mi padre. Todo lo que me pasaba era culpa de mi padre. Cuando me di cuenta de que mi madre había participado en las heridas que yo llevaba, pensé: «Me muero». Me di cuenta de que mi madre no estaba, de que había estado desprotegida ante los malos tratos y el abuso que mi padre cometía conmigo. No es que fuera culpa de mi madre... Yo siempre especifico: «No es culpa de tu madre, pero sí fue su responsabilidad estar presente para ti».
En resumen, la herida materna es una experiencia común y difícil que puede afectar la vida de una persona de muchas maneras. Sin embargo, hay esperanza para las mujeres que han experimentado esta herida. A través del autoconocimiento, la autoaceptación, el amor incondicional y la resolución de conflictos, se puede sanar la relación tóxica con la madre y alcanzar una vida más plena y satisfactoria.
Recuerda que eres digna de amor y respeto, y que mereces tener relaciones saludables y significativas con todas las personas importantes en tu vida, incluyendo a tu madre.
