Ruptura de la Bolsa Amniótica: Riesgos y Beneficios de la Amniotomía para Inducir el Parto

Muchas veces, las mujeres embarazadas ingresan a la sala de urgencias del paritorio con dudas sobre si han roto aguas o no. Este detalle es importante porque la rotura de la bolsa amniótica indica que el parto ha comenzado o está a punto de hacerlo.

Pero existen diferentes formas en que puede producirse la rotura de la bolsa:

  • Rotura Intempestiva: La mujer nota repentinamente una salida abundante de líquido amniótico de forma descontrolada, que puede mojar la ropa interior, los pantalones o los zapatos.
  • Fisuras de la Bolsa: Se generan pequeñas pérdidas continuas de líquido, que pueden ser tan leves que solo se notan con los movimientos o cambios de postura.

Si experimentas cualquiera de estas situaciones y el líquido amniótico que expulsas es de color claro, debes acudir a urgencias, pero con calma. No es necesario llamar a una ambulancia ni conducir a toda prisa.

Lo más probable es que, tras la rotura de la bolsa, comiencen a aparecer contracciones en las siguientes horas. A veces, las contracciones se inician antes de la rotura de la bolsa.

Los protocolos de actuación ante una mujer que ha roto la bolsa pueden variar de un hospital a otro. Habitualmente, se deja un período de espera, ya que en las primeras horas la posibilidad de que el parto se inicie de forma espontánea es mucho mayor. Si no comienza en las primeras horas, la probabilidad de que comience posteriormente disminuye.

A veces, se inyecta a la embarazada un tratamiento antibiótico profiláctico, dependiendo de las características de cada mujer. Si se ha realizado una toma del exudado vaginal rectal y un cultivo del estreptococo del grupo B y este resultado es positivo, se recomienda profilaxis antibiótica ante cualquier sospecha de bolsa rota o con el trabajo de parto establecido.

Existe la posibilidad de que, ante una mujer con bolsa rota, sin contracciones y con una exploración del cuello del útero muy desfavorable (sin apenas dilatación), o si el agua no es clara y está teñida de meconio, se recomiende comenzar directamente con una inducción al parto.

No existe un tope máximo de horas con la bolsa rota para finalizar el parto. Esta es una pregunta muy frecuente entre las familias. Si, a medida que pasan las horas, el parto no avanza o no se ha producido el nacimiento del bebé, aparecen el estrés y los nervios. Los miedos a que pueda ocurrir algo o a una infección del bebé comienzan a afectar.

Una bolsa rota de forma prematura, por debajo de las 37 semanas de parto, tiene un tratamiento completamente diferente. Las bolsas amnióticas que se rompen de forma muy prematura suelen acarrear más patología tanto para la madre como para el bebé, es decir, muchas complicaciones para ambos.

En la recta final del embarazo, a 1 de cada 5 mujeres se le recomienda una inducción al parto. Este procedimiento médico tan común permite desencadenar el parto. Pero, ¿cuándo es necesario?, ¿duele más?, ¿hay más riesgo de cesárea? Sobre él corren muchos mitos y prejuicios.

La inducción al parto es un procedimiento obstétrico muy frecuente que permite avanzar el parto al provocar modificaciones del cuello del útero -lo que conocemos como maduración cervical- y el inicio de las contracciones.

Los sentimientos de las mujeres cuando se les informa de que es necesario realizar una inducción al parto son a menudo de miedo y desconfianza. Miedo a que este procedimiento implique más riesgo de acabar en una cesárea. Desconfianza hacia los profesionales, pensando que se hace para que el parto se produzca en el momento más adecuado para la comodidad de los turnos de trabajo.

La gestación es una situación única en la salud humana, ya que dos personas (madre y feto) dependen una de la otra, y a veces lo que es más beneficioso para una no lo es tanto para la otra. En obstetricia, nos encontramos siempre con el dilema de proteger al máximo la salud de las dos personas, madre e hijo.

Motivos para la Inducción al Parto

Existen varias razones por las cuales se puede considerar la inducción al parto:

  • Ruptura de membranas antes del parto: Este es el motivo del 50% de las inducciones, ya que a partir de la rotura de la bolsa amniótica, aumenta el riesgo de infección. Normalmente se tiende a realizar una conducta expectante las primeras 12 horas, si pasado este tiempo no se ha iniciado el proceso del parto, se recomienda iniciar la inducción.
  • Gestación prolongada: A partir de las 41 semanas de gestación empieza a aumentar el riesgo de complicaciones de la madre y del bebé. En algunas circunstancias este riesgo aumenta antes, como cuando la madre tiene más 40 años y/u obesidad.
  • Complicaciones de la mamá y/o el bebé: Como alteraciones del crecimiento del bebé, hipertensión o preeclampsia. Son situaciones que presentan mayor susceptibilidad a sufrimiento fetal y riesgo de complicaciones durante y después del parto.

La inducción al parto puede realizarse de diferentes maneras:

  • Farmacológicos: Mediante la colocación vaginal de prostaglandinas, que es la que se libera de forma natural antes del inicio del parto.
  • Mecánicos: Mediante la colocación de una sonda en el cuello del útero que se hincha como un globito actuando mediante la separación de membranas amnióticas y provocando de forma natural la liberación de las prostaglandinas.

Tanto si se induce el parto farmacológicamente o por métodos mecánicos, el proceso dura unas 12 horas, y el parto suele acontecer a las 24 horas de media tras el inicio del proceso. En estas 12 horas, es posible moverse, comer, estar con la familia, utilizar el lavabo y la ducha. De hecho es lo mismo que haría en casa si se estuviera poniendo de parto -lo que conocemos como pródromos de parto o preparto- pero en un hospital, para poder supervisar el bienestar de madre y bebé.

En la mayoría de casos solo es necesario realizar un control de frecuencia fetal de forma intermitente y por tanto, si se inicia por la noche, muchas mujeres consiguen descansar.

Inducción de parto: cuándo y por qué debe hacerse | Maternar.co

Una vez el trabajo del parto está instaurado, el parto puede transcurrir de forma natural, sin otra necesidad de intervención, a no ser que haya algún problema para madre o hijo.

En un reciente estudio realizado a más de 6.000 mujeres con embarazos de bajo riesgo se comparó los resultados entre aquellas a las que se esperó que iniciaran el parto de forma espontánea, y aquellas a las que se le provocó el parto a las 39 semanas. Las mujeres a las que se las indujo el parto, presentaron menos complicaciones (preeclampsia) y menos porcentaje de cesárea comparadas con las que desencadenaron el parto de forma natural (3).

En mujeres sin cesárea anterior, con el balón de inducción, la tasa global de parto vaginal es del 79%, y en aquellos casos que el motivo de la inducción fue la gestación cronológicamente prolongada, del 85%.

En definitiva, la inducción al parto es un método utilizado para empezar el parto que permite evitar complicaciones de la mamá o del bebé. Con los métodos actuales, es posible conseguir una mínima intervención y unos resultados equiparables a un parto no inducido. Aún así, cada caso siempre debe personalizarse y la decisión del profesional debe ser compartida con los padres.

La amniorexis es la rotura de la bolsa de las aguas. Puede ser espontánea o artificial (es decir, cuando te la rompen).

La amniorrexis artificial rutinaria, acompañada o no de perfusión de oxitocina es uno de los procedimientos más comunes en obstetricia. Se practica con el propósito principal de aumentar las contracciones y, por tanto, de disminuir la duración del parto.

Según la “Estrategia de Atención al Parto Normal”, el resumen de la evidencia constata que NO existen pruebas de diferencias en el tipo de nacimiento, uso de epidural, duración del parto o resultados neonatales entre la amniorrexis rutinaria y uso de oxitocina frente a un manejo más conservador de la primera etapa del parto.

Cuando la bolsa de aguas se rompe, el niño se queda con un poco menos de líquido amniótico, pero como se va regenerando, no pasa nada. El peligro viene porque los microbios normales que viven en la vagina y que no pueden hacer ningún daño allí, tienen ya la puerta abierta y pueden entrar a la matriz y provocar una infección en las aguas y las membranas.

En un hospital, una vez rota la bolsa, ya no hay marcha atrás: en 24 horas debe haber nacido el bebé, de la forma que sea.

La OMS sostiene que un enfoque conservador, apoyado por la evidencia, aconseja una política de observación, sin práctica de exámenes vaginales ni antibióticos, durante las primeras 48 horas después de la ruptura de membranas. Si la mujer no se ha puesto de parto durante este período de tiempo (cerca del 20% de las mujeres), se podría considerar la utilización de oxitocina. Sin embargo, estos resultados han sido obtenidos en poblaciones de mujeres sanas de países desarrollados y en hospitales donde era posible mantener altos niveles de higiene. En poblaciones diferentes puede ser necesario un manejo más activo, con el uso de antibióticos y una inducción más rápida del parto.

En el único caso en el que está justificada la rotura artificial de membranas es para extraer sangre al feto y medir el pH del bebé. En caso de grave sospecha de bienestar fetal si es necesario romper la bolsa para hacer una prueba de pH, que consiste en sacar unas gotitas de sangre del cuero cabelludo y medir el pH. Pero solo se justifica en ese caso para confirmar el sufrimiento fetal y ver si se trata de un falso registro o de un verdadero sufrimiento. Esta medida se ha comprobado que reduce el número de cesáreas innecesareas.

También se suele justificar la rotura para obtener el registro de la actividad cardiaca del feto adhiriéndole unos electrodos en el cuero cabelludo. Para poner el monitor interno si es preciso romper la bolsa. La cuestión es ¿por que es necesario usar el monitor interno si existe el externo?

La mayoría de mujeres iniciarán el trabajo de parto con la bolsa del líquido amniótico intacto. Básicamente se empuja a las mujeres a aceptar la única y aceptable vía, la inducción. ¿Pero cuáles son los riesgos?

Principalmente aumenta el riesgo de infección neonatal del 0,5% (bebés nacidos de bolsa íntegra) al 1%.

La evidencia científica ha mostrado que inducir no reduce el riesgo de muertes perinatales.

Otra razón que argumentan los hospitales Españoles para el ingreso ante una rotura de la bolsa del líquido amniótico a término es la supuesta necesidad de administrar antibióticos profilácticos.

La rotura de la bolsa del líquido amniótico no debía ser motivo de inducción sistemática.

Informar que si se elige la conducta expectante, la mayoría de mujeres (79%) iniciarán el trabajo de parto en las siguientes 12h y el 95% entre las 24h siguientes a la rotura de la bolsa.

Ante una conducta expectante es clave evitar los tactos vaginales, fuente que ha demostrado repetidamente con evidencia contundente, aumentar el riesgo de infección. En caso de sospecha o dudas se puede realizar una exploración con especulo pero nunca hacer un tacto vaginal en ausencia de contracciones.

También se recomendará a la mujer evitar sexo con penetración y controlar la temperatura materna cada 4 horas así como el olor y color del líquido amniótico y los movimientos fetales.

Una vez nacido el bebé, no están justificadas las pruebas invasivas cómo analíticas en sangre o la administración profiláctica de antibióticos al recién nacido. La observación junto a la madre es suficiente para detectar cualquier signo de infección.

La evidencia científica sobre la rotura de la bolsa del líquido amniótico es pobre y de baja calidad.

La amniotomía o rotura artificial de membranas (RAM) es una intervención habitual durante el parto.

Sin embargo, una RAM no debería ser efectuada sin comprender bien cómo funciona la bolsa durante el trabajo de parto. Las mujeres deberían ser informadas de los riesgos asociados con esta intervención antes de acceder a esa modificación (desviación, alteración) en su trabajo de parto. En este artículo se habla de cómo el líquido amniótico actúa durante el trabajo de parto y las implicaciones de romper la bolsa que lo contiene.

Al final de la gestación el bebé está rodeado de entre 500 y 1000 mls de fluido. Éste está compuesto principalmente por orina y secreciones del tracto respiratorio producidos y excretados por el bebé.

El líquido amniótico se produce y renueva constantemente, el bebé traga el fluido, es absorbido en su intestino e ingresa a su circulación y después es expulsado a través del cordón umbilical a la placenta. Este proceso continúa incluso cuando la bolsa está rota. De manera que, aunque el líquido amniótico se haya perdido, todavía hay algo de líquido presente, de modo que no existe el “parto seco”.

La membrana amniótica está adherida al corion -la otra membrana adherida a la placenta que está entre la membrana amniótica y el útero.

Funciones de la bolsa amniótica:

  • Protegiendo de infecciones -las membranas actúan como barrera-.
  • Gusto y olfato -se ha observado que el perfume del líquido amniótico tiene un efecto calmante en los recién nacidos (Varendia et al.

A partir de las 40 semanas de gestación alrededor del 20% de los bebés pasan meconio al líquido amniótico a medida que sus intestinos alcanzan la madurez. Esto es perfectamente normal y no es signo de sufrimiento fetal.

Alrededor del 80-90% de las mujeres comienzan el trabajo de parto con las membranas íntegras. Probablemente esto sea debido a que la bolsa de líquido amniótico juega un rol importante en la fisiología de un parto natural.

Durante la contracción la presión se distribuye a través del fluido en lugar de comprimir directamente al bebé, la placenta y el cordón umbilical. Eso resguarda al bebé y a su fuente de oxígeno de los efectos de las fuertes contracciones.

Cuando el líquido se reduce (a través de una fisura de membrana) la placenta y el bebé se comprimen durante la contracción. La mayoría de los bebés pueden afrontarlo, pero la experiencia de un nacimiento así probablemente no sea de lo más agradable.

Cuando la placenta es comprimida, la circulación sanguínea se interrumpe reduciendo el suministro de oxígeno al bebé. Además, el cordón umbilical puede estar en una posición en la cual quede aplastado entre el bebé y el útero con las contracciones. Cuando eso ocurre, la frecuencia cardíaca del bebé desciende en respuesta a la disminución del flujo sanguíneo. Un bebé saludable puede aguantar esa reducción intermitente del oxígeno durante horas (equivalente a aguantar la respiración por 30 segundos cada algunos minutos).

La bolsa de líquido amniótico se describe como compuesta de dos partes, las aguas delanteras (adelante de la cabeza del bebé) y las aguas traseras (detrás de la su cabeza). Una fuga trasera de aguas se refiere a una fisura en las membranas amnióticas detrás de la cabeza del bebé.

Durante el trabajo de parto, las aguas delanteras se modelan a medida que el segmento inferior del útero se dilata y el corion (la membrana externa) se despega de él. La cabeza del bebé bien flexionada encaja en el cérvix y separa el fluido de delante de la cabeza (aguas delanteras) del fluido de detrás (aguas traseras).

La presión de las contracciones causa que las aguas delanteras protruyan hacia abajo contribuyendo a dilatar el cervix y eventualmente a través de la vagina incluso. Esto protege a las aguas delanteras de la alta presión aplicada a las aguas traseras por cada contracción y mantiene la membrana entera.

Las aguas delanteras transmiten presión pareja sobre el cérvix lo que colabora en la dilatación. Cuando el bebé está en posición OP la cabeza quizás no flexiona tan bien como para bloquear las aguas traseras; por ende la presión puede transmitirse a las aguas delanteras y romper las membranas.

Las aguas delanteras usualmente se rompen cuando el cérvix está abierto casi por completo y las membranas están tan abultadas en la vagina que revientan. Es bastante común que el bebé nazca con su bolsa de líquido amniótico íntegra cuando el trabajo de parto se desarrolla sin interferencia.

Eventualmente la fuerza de la contracción y el movimiento del bebé rompen la bolsa mientras el cuerpo del bebé sale. No hay que preocuparse por la posibilidad de que la bolsa retenga al bebé. El bebé y el útero son más resistentes que las membranas.

La rotura de la bolsa puede ser dramática y aparatosa, esa es una buena razón extra para que la partera no ande manoseando el periné durante el nacimiento.

Antiguamente, nacer enmantillado era considerado de buena suerte para el bebé. También se creía que un bebé que nace enmantillado está protegido contra morir ahogado.

Las parteras solían desecar las membranas y venderlas a los marineros como talismán para protegerlos de esa muerte.

Durante el parto, el bebé es colonizado por los microorganismos en su paso por la vagina. Esto plantea la pregunta de qué ocurre si el bebé no se pone en contacto con los microorganismos vaginales porque la bolsa permanece sana.

Romper las membranas con un perforador de membranas es una intervención común durante el trabajo de parto. Suele ser el segundo paso en el proceso de inducción y también se realiza en un intento de acelerar el trabajo de parto espontáneo.

En un trabajo de parto inducido, las membranas sanas pueden impedir que las contracciones artificialmente causadas se ordenen en una frecuencia efectiva. También existe en teoría el riesgo de que la fuerza excesiva de una contracción inducida fuerce al líquido amniótico a través de la placenta hacia el torrente sanguíneo causando embolia amniótica y la muerte de la madre.

En un trabajo de parto espontáneo el argumento para hacer amniotomía es que, una vez que las aguas frontales no están, la cabeza del bebé aplicará presión directamente al cérvix y lo abrirá más rápido. Sin embargo, esta revisión Cochrane de la evidencia determina que “no hay evidencia que muestre que abrevie la longitud de la primera fase del trabajo de parto y posiblemente incremente la posibilidad de una cesárea.

Riesgos de la amniotomía:

  • El cordón umbilical puede ser arrastrado hacia afuera por el flujo del agua al romperse la bolsa y, o pasar la cabeza del bebé o quedar pinzado por la cabeza del bebé. Eso se llama prolapso de cordón y es una situación de emergencia. La compresión del cordón interrumpe o corta el suplemento de oxígeno del bebé y éste debe nacer lo antes posible a través de cesárea.
  • Hay un leve incremento del riesgo de infección para la madre.

La rotura artificial de membranas suele ser realizada sin consentimiento durante el trabajo de parto. La solicitud de consentimiento requiere la provisión de información adecuada acerca del procedimiento para ser válida.

La bolsa y el líquido amnióticos juegan un rol importante en facilitar el nacimiento y proteger al bebé. No hay evidencia de que romper la bolsa reduzca la extensión del trabajo de parto. Aunque cada intervención tiene una indicación, incluyendo la RAM, las parteras y matronas necesitan valorar cuidadosamente los riesgos antes de ofrecérsela a la mujer.

Publicaciones populares: