Ritual de Despedida en el Aborto: Significado y Proceso de Duelo

En los últimos años, se ha observado una creciente visibilidad y espacio dedicado a temas que antes eran tabú en relación con la maternidad. Nos permitimos hablar más abiertamente sobre las dificultades del posparto, la lactancia, los retos de la conciliación familiar, el rol activo del padre, la reproducción asistida y las diversas formas de vivir y experimentar la maternidad, reconociendo que todas son válidas.

Sin embargo, existe una realidad vinculada a la maternidad que aún recibe escasa atención pública, lo que condena a las mujeres afectadas a vivirla en silencio, soledad e incomprensión. Esta realidad es la muerte gestacional y perinatal, cuyo día mundial se conmemora el 15 de octubre.

Las estadísticas en España revelan que entre el 10% y el 25% de los embarazos terminan en aborto espontáneo. La mayoría de estos abortos ocurren antes de la octava semana, y más del 80% se producen durante las primeras 13 semanas de gestación. A partir del segundo trimestre, uno de cada 50 embarazos concluye con la muerte intrauterina. Además, 4 de cada 1000 nacidos en España fallecen durante el parto o en los primeros días de vida.

Cuando una mujer anhela ser madre, su afecto hacia el hijo existe mucho antes de su nacimiento, incluso antes de la concepción. Se puede decir que una mujer que desea ser madre está enamorada de la criatura mucho antes de quedar embarazada. Antiguamente, la expresión "estar en el estado de buena esperanza" se asociaba con describir el embarazo como un estado en el que se espera un buen final, a pesar de las múltiples y a menudo contradictorias emociones que la mujer pueda experimentar durante este período.

Cuando este proyecto termina de forma brusca e inesperada, es frecuente que surja en la mujer una sensación de entumecimiento, así como un profundo shock. La mujer pasa en muy poco tiempo de sentir alegría, ilusión y felicidad enorme, a vivir emociones de las más difíciles y desesperanzadoras. Para la mayoría de las mujeres (sobre todo si fue un embarazo buscado y deseado) lo que muere no es un embrión o un feto, es un hijo al que ya amaban.

Son muy habituales los sentimientos de culpa irracional, a los que acompañan las ideas de que podíamos haber hecho algo para prevenirlo, enfado con nuestro propio cuerpo por no haber realizado la tarea para la que se supone que está desarrollado y preparado. Todos estos procesos son complejos, subjetivos y personales. En la mayoría de los casos esta experiencia deja cicatrices y requiere elaboración consciente.

Sin embargo, cuando una de las primeras informaciones que recibe la mujer del médico que la atiende es que puede intentarlo de nuevo, y su entorno la “consuela” con la famosa frase “mujer legrada mujer embarazada”, esto añadido a la desorientación y desequilibrio hormonal que vive, hace que pueda empezar a creer que ahora hay que mirar hacia el futuro y “no dar más vueltas o lo ocurrido”. El siguiente embarazo nunca puede ser el remedio para curar el dolor del embarazo perdido. El siguiente hijo no puede sustituir al niño no nacido.

En el caso de cualquier duelo, poder realizar un ritual de despedida (como el funeral) permite nombrar y aceptar la realidad. En el proceso de duelo gestacional, cuando el funeral no es posible, puede ser de gran ayuda realizar un acto simbólico como escribirle una carta al no nacido en la que expresamos lo que sentimos, encender una vela, plantar un árbol en su honor, preparar una cajita con algunos objetos que nos hagan recordar al niño. Ayuda ponerle un nombre, incluso cuando la pérdida se produce en las etapas muy tempranas y no conocemos el sexo. En este sentido, es importante no poner el mismo nombre al siguiente hijo.

El duelo es un proceso natural, es el periodo de recogimiento durante el cual la persona doliente a su ritmo se adapta a la nueva realidad, vuelve al equilibrio, y elabora la manera de darle un lugar interior a lo que ya no va a existir en la realidad exterior. Es muy importante no excluir al padre y a los hermanos mayores (si los hay) de este proceso, y entender que para ellos también es un periodo difícil. El rol fundamental de padre consiste en ser apoyo para la mujer, pero es conveniente que él también encuentre su propio espacio para compartir sus sentimientos y necesidades. Muchas veces los hermanos mayores intuyen la pérdida incluso cuando no se nombra, manifestando síntomas somáticos o cambios comportamentales.

Una de las pacientes que vivió varios abortos espontáneos me habló de que su hijo mayor después de cada pérdida a la hora de acostarse llevaba a su cama un peluche más. Cuando nombramos lo ocurrido con palabras sencillas y comprensibles, explicando nuestras emociones y evitando las metáforas sofisticadas, el niño suele aceptar la realidad de forma saludable y sin sufrimiento.

En el proceso de duelo el rol del entorno es fundamental. Escucha a la persona. Dale espacio y tiempo para hablar. No insistas si no quiere hablar. No juzgues ni racionalices sus emociones, reflexiones, creencias. Reconoce su derecho de vivir y manifestar el dolor a su manera. No minimices la perdida comparándola con tus propias experiencias o experiencias de otras personas. No cambies de tema intentando distraerla del dolor. Acepta que no puedes hacer nada para que la persona se sienta mejor. Su dolor va a durar lo que tiene que durar. No adivines, pregunta a la persona que siente y necesita. No aproveches su dolor para hablar sobre el tuyo. Es su dolor él que necesita ser expresado y atendido. No intentes tranquilizar o calmar a la persona si llora. Si llora es porque es lo que necesita en este momento. No hables sobre el futuro. En las primeras etapas de duelo el futuro es irrelevante para la persona doliente. Más que esperanza necesita reconocimiento del dolor presente. No des consejos. No sabes lo que es bueno para otra persona. El acompañamiento empático no tiene nada que ver con ofrecer consejos. Incluso si has pasado por una experiencia parecida tus recursos o herramientas no tienen porque ser válidos para los demás. No utilices frases hechas tipo “mujer legrada mujer embarazada”, “eres joven, vas a tener más hijos”, “mejor ahora que más tarde”. Hacen mucho daño. Ofrece ayuda concreta (como sacar al perro, preparar la comida, prestar un libro), evita propuestas vagas tipo “llámame si necesitas algo”. No intentes consolar a la persona dándole explicaciones basadas en tus creencias religiosas, estadísticas o frases de sabiduría popular. No busques el lado positivo de las cosas. Dar sentido a la experiencia o encontrar algún regalo colateral en el sufrimiento es la última etapa del duelo y no hay que forzarla. Está bien que no sepas qué hacer o decir. No te sientas culpable por comentarios desafortunados que puedas hacer. Hemos recibido poca educación e información que nos ayude a gestionar bien estas situaciones. Se han edificado muros de silencio alrededor de la muerte, para huir de la experiencia vital del dolor emocional.

¿Qué es la pérdida gestacional?

Los profesionales de la salud hablamos de aborto cuando la pérdida del bebé sucede antes de la semana 20 de gestación; de muerte fetal cuando la pérdida es a partir de la semana 20 de gestación y hasta el parto; y le llamamos muerte neonatal a la pérdida del bebé nacido y hasta 28 días después del parto.

Esta muerte inesperada causa un impacto emocional brutal. Hay muchas mamás, muchos papás, y muchas familias que han visto desvanecerse uno de los proyectos más deseados de sus vidas y una interrupción brusca de su proyección. En el momento de la muerte, el bebé ya tenía identidad en forma, por ejemplo, de nombre; el vínculo ya estaba establecido como mínimo con la madre gestante; y muy a menudo y aún sin haber nacido, tú ya formas parte de la familia, de mi historia y de anhelo. Y en cuestión de nada todo se desvanece. neonatal, es trágico. Un evento, por cierto, nada infrecuente.

¿Qué aprendemos de la pérdida de un bebé? | Ana Almansa | TEDxPuertadePurchena

Infografía sobre la muerte fetal.

Sentimientos comunes tras la pérdida

Muchas veces aparecen sentimientos de culpa por parte de la mamá por algo que no ha hecho o ha hecho mal, según cree, y que hubiera podido participar en la causa de la muerte. Causa que a menudo no se encuentra, al menos, en nada evitable. La pregunta ronda las mentes, una y otra vez ¿Por qué? Sin resolverse acaban en bucles obsesivos.

En todas las situaciones de pérdida gestacional, incluso en los casos de abortos espontáneos ocurridos en las pocas semanas de gestación, se hace necesario un proceso de elaboración de la pérdida.

Lo que ocurre en un duelo perinatal es que las personas se mueven en dos planos: uno real y otro simbólico. Este segundo no se contempla, razón por la que muchas veces se piensa que si no se ha conocido o convivido con el bebé, la pérdida es menos dolorosa o incluso inexistente. Esto se ve claro en los casos de abortos, donde la pérdida de lo que no pudo ser no es comprendida.

Creo que somos torpes ante el sufrimiento ajeno y desde nuestras mejores intenciones, buscamos palabras de consuelo que dejan perplejos a los afectados. ¿Qué tal si permitimos que ellos sientan lo que necesitan sentir? ¿Qué tal si hacemos de soporte de su dolor sin necesidad de hablar o de dar consejos?

Por suerte hoy en día existen muchas instituciones, asociaciones y personas que sí ofrecen un apoyo y un acompañamiento excelente en los casos de pérdida gestacional. Pero ¿qué pasa cuando no hemos podido hacer un buen cierre, un ritual de despedida? ¿Qué pasa cuando tu recuerdo no cuadra en mi biografía y me produce mucho dolor? No podemos dejar que “el tiempo lo cure”, no.

La importancia de un ritual de despedida

Un ritual en sí mismo es sanador. Es como una ayuda extra para superar las emociones que acompañan a la pérdida. Cuando estás embarazada y de repente dejas de estarlo, te queda una sensación de confusión enorme; ¿ya está?, ¿ya no estoy embarazada?, ¿qué le pasaba a mi bebé?, ¿por qué ha ocurrido esto?, ¿y ahora qué?, ¿he hecho algo mal?… Son muchas las preguntas, los miedos, la culpa que se amontonan en tu cabeza como una bola de nieve que no para de crecer.

De repente todo ese mapa dibujado de un futuro próximo (bordado con ilusiones, emociones, deseos), se borra de un plumazo, como si nada. Y eso hay que encajarlo, y digerirlo. Los expertos dicen que cuando se produce una pérdida, nuestro cerebro debe procesar mucha información en muy poco tiempo, lo que suele provocar un bloqueo emocional, en el que se sufre mucho. Yo diría que es devastador.

Por eso, los rituales de despedida sirven. La evidencia científica (no es magia, ni misticismo) ha demostrado que los rituales son una herramienta que ayuda al cerebro a reprocesar toda la información, y facilitan que a nivel neuronal se realicen las conexiones necesarias. Por eso, son utilizados habitualmente en terapia desde los años 70.

¿Para qué sirve un ritual de despedida en la pérdida gestacional?

  • Para despedir al bebé, ya que en nuestra sociedad no hay un lugar ni un momento para esta despedida trágica.
  • Para otorgar al bebé una identidad y un lugar en la familia y en la sociedad.
  • Para ayudar a digerir emocionalmente la situación.
  • Para elaborar el duelo, y esto me parece especialmente importante pues si la madre no se permite vivir el duelo y la pérdida (haciendo quizás como si no hubiese ocurrido nada), quedará como en un limbo, con la sensación de que algo quedó a medias, sin acabar, sin cumplir, con todas las repercusiones que esto puede tener para su forma de ser y de estar en el mundo.

Ritual de plantar un árbol.

¿Cómo debe ser un ritual de despedida?

En un ritual de despedida no hay nada preestablecido, aunque lo mejor es que sea algo sencillo. Cada uno/a puede elegir lo que más le nazca: velas, incienso, aceites aromáticos, música para el ambiente, un lugar al aire libre, o en la intimidad del hogar, con más familiares y amigos, o en soledad, preparar un ritual religioso, o algo simbólico como plantar un árbol,…

Y no importa hacer sólo una cosa, pueden ser varias en diferentes días, o varias a la vez. Cada persona debe encontrar aquello que realmente le ayude a despedirse, poner en su sitio el pasado y las emociones y pensamientos que le acompañan, para poder así vivir el presente y poder apreciar el regalo que ese bebé no nacido ha traído.

Creando una caja de recuerdos

Cuando muere un familiar, solemos tener fotografías y recuerdos con esa persona, cuando muere un bebé en el seno materno no hay recuerdos ni fotografías. Queda quizás el test de embarazo, las ecografías, algo de ropita que nos han regalado o hemos comprado,… Para mí ha sido importante guardar todas estas pruebas de su existencia y crear una caja de recuerdos.

Compré una caja de madera de pino para guardar sus cosas antes de nuestro viaje a Oslo. Sin embargo no ha sido hasta septiembre que he podido crearla. He necesitado un tiempo para atreverme a hacerlo. Me apetecía mucho decorarla yo misma. Así que un día especial en el que pude dedicarme a ello, primero la pinté de blanco, luego sentí que quería ponerle más color y le di algunos brochazos de tonos cálidos, y después me dejé llevar con el rotulador en la mano (los que uso para pintar en piedras), y esto es lo que salió… La verdad es que el proceso de crear esta caja de los recuerdos ha sido algo casi celestial, lo he hecho en soledad y en absoluto silencio y he podido conectar con el amor que Leo me ha traído.

Y en ella he metido además de las cosas que tenía de él, un dibujo que le hizo Sunflower un día espontáneamente, una colcha de ganchillo que empecé para él, y que ha quedado en un trocito pequeño pero suficiente para cubrir su pequeño cuerpecito, y una carta, escrita desde el corazón de su madre.

Ejemplo de una caja de recuerdos.

¿Qué hacer con la caja de recuerdos?

Esto es algo muy personal, pero creo que no importa que sea una caja cerrada, podemos tenerla guardada, y de vez en cuando abrirla y recordar con cariño a ese ser que estuvo un tiempo en la familia, como hacemos con los álbumes familiares de fotos.

El ritual de la carta

Escribir una carta al bebé a través de la que despedirnos, agradecerle el tiempo que pasó entre nosotros, darle permiso para marcharse, expresarle el enfado por no haberse quedado más tiempo, comunicarle lo que se le ha amado y amará… La verbalización de los sentimientos facilita la toma de consciencia de la situación y dejar las emociones en el pasado.

Para mí escribir la carta de despedida a mi hijo ha sido una de las cosas que más me ha servido, las palabras que le he escrito han salido de lo más profundo de mi alma.

¿Y después de escribirla qué hacer con ella?

Lo que quieras, puedes guardarla y releerla tantas veces como necesites, quemarla y esparcir las cenizas, lanzarla al aire con un globo de helio, o en una botella al mar,… Una de las propuestas que me gusta especialmente es hacerla trocitos, meterlo todo en una bolsa bonita que vaya contigo en el día a día, e ir tirándolos poco a poco en diferentes lugares especiales hasta que no quede nada. Es un acto simbólico pero me parece muy significativo.

De momento la tengo guardada en su caja de los recuerdos y quizás lo haga más adelante, aunque seguramente la quemaré (al menos una parte) y la esparciré donde enterramos su cuerpo.

Apoyo psicológico

Muchas familias no precisan una ayuda más allá de la que les pueden proporcionar los profesionales, sus familiares y amistades que les acompañan en estos momentos tan duros. Sin embargo, la psicoterapia puede ser un espacio buscado por muchas personas para las que encajar esta experiencia no está siendo fácil. Buscar ayuda significa querer cuidar y cuidarse haciéndolo lo mejor posible.

Si te interesa profundizar más sobre tipos de rituales, hay libros publicados que hablan de ello, aquí te mencioné dos que me han gustado especialmente y que me han servido también para este post, pero ahora te contaré de qué manera me he despedido yo de mi segundo hijo, de Leo.

Aspectos médicos y recomendaciones

El momento de mayor riesgo para sufrir un aborto es durante el primer trimestre del embarazo, ya que durante esta fase es cuando se forman la mayor parte de los órganos del embrión. El síntoma más frecuente de un aborto es la metrorragia, que consiste en el sangrado vaginal.

Existen circunstancias en torno a algunos fallecimientos que impiden a los dolientes celebrar un ritual de despedida como un funeral o un entierro. Los rituales de despedida tienen una gran importancia en el proceso de elaboración y aceptación de una pérdida. En nuestra cultura, debido a la tendencia que existe a encubrir todo lo relacionado con la muerte, solemos minusvalorar la importancia de estos ritos. Por un lado, estos ritos dan la oportunidad al doliente de hacer más real la pérdida y, por otro, cumplen una función social, permitiendo compartir el dolor. Es como si la mente necesitara ver y participar de esta experiencia para marcar el inicio del duelo.

En la lucha por que todo se mantenga igual, necesitamos evidencias que, aunque son dolorosas, también son necesarias y nos permiten poner en marcha procesos. Hay otros casos en los que directamente no hay posibilidad de hacer un entierro o un funeral, o en los que el doliente no puede acudir por la circunstancia que sea. También hay momentos del proceso de duelo que requieren ser marcados con un hito. La despedida no es un acto que implique olvido, ni que deba ser impuesto ni por uno mismo o por los demás. Implica un acto de profunda aceptación de lo que ha ocurrido. Por todos estos motivos, además de las necesidades personales concretas de cada doliente, plantear algún tipo de rito de despedida simbólico, puede suponer un avance en la elaboración del duelo. Por supuesto, no es obligatorio ni necesario para elaborar el duelo, pero sí es interesante que el doliente lo tenga en cuenta y se pare a mirar cómo encaja en su proceso, porque puede que en su caso concreto suponga una ayuda. Esta valoración de idoneidad sólo la puede hacer el doliente.

Elaborar una despedida simbólica no tiene un guión o unas pautas prefijadas, pero sí es conveniente elegirlo y planificarlo desde el corazón. No puede ser algo forzado, debe surgir desde la autenticidad de quien lo organiza y, si es entre toda la familia, que sea consensuado. Puede ser útil hacerse un par de preguntas antes de planificarlo si no tenemos claro qué hacer: ¿Qué es lo que quiero simbolizar/despedir/marcar? ¿De qué manera podría plasmarlo? Muchas veces no tiene por qué ser algo complicado o enrevesado, puede ser algo más sencillo, del día a día. Lo fundamental es que tenga un significado sentido para quien lo realiza.

Con el avance de la tecnología, ha habido cambios en todo lo que rodea a la concepción, el embarazo y el parto. Por ejemplo, las ecografías con imágenes cada vez más nítidas y reales, que ofrecen la posibilidad de conocer al bebé desde el principio del embarazo y toda la gestación. Esto permite saber precozmente si hay alguna dificultad en el desarrollo, lo cual ayuda a prevenir muchas situaciones que hace años eran incompatibles con la vida. Y, además, facilitan el apego de los progenitores con el hijo o hija que esperan.

Cuando se produce un aborto o una muerte temprana, ésta tiende a ser una pérdida socialmente invisible, mientras que para los padres y madres significa la pérdida de un hijo o hija al que, con muchísimo dolor, no siempre llegan a conocer. Aquí es cuando aparece el duelo perinatal, aquel que surge de la pérdida del bebé durante el embarazo, el parto o los primeros días de vida. El 15 de octubre se conmemoró el Día Internacional del duelo gestacional y neonatal , un día especial donde la concienciación y sensibilización es muy necesaria, ya que es un duelo que todavía está muy silenciado en nuestra sociedad.

Como decía Bowlby, psicólogo pionero en estudiar el apego, el duelo es el proceso psicológico que se pone en marcha debido a la pérdida de una persona querida, pero hay ciertos aspectos del duelo perinatal que lo diferencia de otros:

  • Por un lado, ocurre algo incongruente, se juntan el inicio y el final de la vida, el nacimiento y la muerte a la vez.
  • Suceden de forma inesperada y la mayoría de las veces muy acelerada, teniendo que tomar decisiones difíciles que generan un alto nivel de estrés y sufrimiento.
  • Los sentimientos de vacío son muy intensos en un momento de espera donde los planes eran otros totalmente distintos, quedando un hueco en la familia en el lugar que ocupaba ese bebé, casi sin poder conocerle se plantea una despedida que no siempre se llega a dar.
  • Los familiares muchas veces tampoco llegan a conocerle, lo cual crea más distancia con la realidad de la situación que viven los padres, sufren un aislamiento.
  • La sociedad no da espacio para este hijo o hija fallecido, produciendo mucho silencio y soledad.

Algo que dificulta el afrontar la pérdida es que no siempre se llegan a saber las causas que lo producen. Los progenitores sufren un inmenso dolor, siendo una vivencia desgarradora para la familia. Como cualquier otro duelo que se produce por un ser querido, necesita su espacio y tiempo. Es natural que sientan tristeza, rabia, culpa, miedo y otras emociones intensamente dolorosas.

En otras pérdidas que ocurren en la vida, existen muchas formas de vivir el afecto con la persona que muere: aparece en una foto, en un regalo, en un lugar donde solían ir o en cualquier tipo de recuerdo del tiempo vivido a su lado. Con la pérdida tan temprana se hace más difícil encontrar y sentir este afecto que ha quedado tan vacío, con un intenso futuro sin vivir. Esto hace muy necesario que los padres tengan la posibilidad de nombrar a ese bebé, visualizarlo y hacer los rituales de despedida o funerarios que deseen.

En el corazón de su madre y padre este bebé existeía, son padres, aunque no les haya dado tiempo de ejercer su función. Por esto, es importante un tiempo de reconstrucción y de aprender a vivir con su recuerdo. Una forma puede ser recopilar todo tipo de objetos que tengan algo de él, como: una ecografía, aquellas cosas compradas de ropa u otras cosas especiales, una foto si ha sido posible hacerla al nacer, la pinza del cordón, una huella… y guardarlo en una caja de los recuerdos.

En general la gente no sabe reaccionar delante de alguien que ha sufrido una pérdida de este tipo y, por lo tanto, se tiende a no hablar de ello. A este difícil momento se suma una falta de escucha del dolor y de apoyo por parte de las personas de su entorno. No hay un significante universal para esta pérdida, ni tampoco un ritual específico que seguir para expresar el duelo. Es por esto que la mayoría de las personas sufren en silencio, como si fuera un secreto, y esto les hace más difícil afrontar la situación.

La realidad del duelo perinatal es que desencadena un sufrimiento psicológico, que puede complicarse por distintas razones, principalmente porque el hecho de vivir la muerte de un hijo es una experiencia devastadora. Otra razón es la falta de reconocimiento y apoyo social, que acompañe el sufrimiento de los padres y madres. Por lo tanto, es muy importante visibilizar y normalizar el duelo perinatal y situarlo a nivel de otros duelos. Aprendamos a acompañar a las familias que lo sufren.

Algunos recursos de ayuda:

Foros:

www.umamanita.es

www.tengounaestrella.com

Algunos libros:

Pellizcos al alma. Raquel Sánchez de Benito. Editorial Círculo Rojo.

La cuna vacía. Ángeles Claramunt y cols. La Esfera de los libros.

Para Luna, de mamá. Escritos de amor y muerte. Cheli Blasco. Publicado de forma independiente.

Morir cuando la vida empieza. Conocer y despedir al hijo al mismo tiempo. López García, y cols.

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