El agua tiene un papel primordial en casi todas las tradiciones religiosas: es fuente de vida, de regeneración y purificación, de curación. Para los cristianos protagoniza la ceremonia del bautismo, en la que simboliza la liberación del pecado original y da paso a una existencia nueva. De un modo parecido, muchas culturas comparten el mito de un antiguo diluvio que, sin reparar en detalles ni matices, puso fin a un ciclo viejo y corrupto de la humanidad. La misma Atlántida desapareció engullida por las aguas, según la leyenda.
Ese protagonismo del agua tiene una relevancia especial en Galicia.
Mapa de Galicia
Pontevedra: Un Encuentro con la Tradición Gallega
La idea me consuela mientras paseo por el centro urbano de Pontevedra bajo un severo chaparrón. La plaza del Teucro está dedicada a aquel arquero griego, hermanastro de Ayax y supuesto fundador de esta ciudad. La tradición asegura que el aqueo llegó después de combatir en la guerra de Troya, atraído por una sirena llamada Leucoiña, a quien siguió hasta la ría local.
La plaza del Teucro se urbanizó durante el siglo XVIII y concentra varias casas señoriales, como los pazos de San Román y del Marqués de Aranda, y, sobre todo, el pazo de los Gago y Montenegro, considerado una joya del barroco gallego. La fachada exhibe un escudo enorme, fechado en 1716. En él aparecen grabadas una mano con unas llaves, y la silueta de un puente.
El centro pontevedrés acoge varias plazas preciosas. La de la Leña es otra de ellas. Debe su nombre a que antiguamente acogió el mercado de ese combustible vegetal. Llama la atención el provecto crucero en piedra que hay en el centro. Es del siglo XVI y se trasladó aquí en 1941 desde su emplazamiento original en Caldas de Reis. No teman, no es fruto de ningún expolio.
“Pontevedra da de beber a quen pasa”, asegura un dicho. Lo recuerdo mientras echo un trago en la fuente de la Ferrería, en la plaza con el mismo nombre. Saciar la sed solo es uno de los muchos placeres que esta ciudad brinda a sus visitantes. Por ejemplo, sus habitantes presumen de hacer la mejor tortilla de patatas de España. Dios me libre de hacer valoraciones, no quiero herir ninguna susceptibilidad, pero es cierto que los restauradores locales suelen ser muy competitivos en los principales concursos que se dedican a ese manjar en España. Algunos entendidos lo achacan a la calidad de las patatas locales.
El nombre de la plaza, Ferrerías, es una herencia de las forjas que antiguamente se guarecían de la lluvia bajo los soportales.
Acabo mi recorrido pontevedrés en la singular iglesia de la Peregrina. No pasa desapercibida porque su planta no es cuadrilátera, sino que reproduce la forma de una vieira. La concibieron los arquitectos Antonio de Souto y Bernardo José de Mier, y aúna rasgos del último barroco y neoclásico. La pila de agua bendita es una concha de molusco traída por Casto Méndez Núñez a raíz de su vuelta al mundo en la fragata acorazada Numancia. La portada del templo acoge la imagen de la Virgen Peregrina, patrona de la provincia de Pontevedra.
Ambos solían pasar por el vecindario de Lérez, en las afueras urbanas. Allí los recibía el monasterio de San Salvador, del siglo XVIII. Encaramado sobre un montículo, tiene unas vistas fantásticas de la capital provincial. Además, el recinto acoge la talla de san Benitiño de Lérez, una de las más milagreras de Galicia: sana las verrugas, el bocio y todo tipo de afecciones cutáneas. Algunos entendidos aseguran que, para obtener esos beneficios, hay que pasar de rodillas bajo su altar. Otros, que se debe untar la zona afectada con el aceite bendito que arde junto a la hornacina del santo. En cualquier caso, cada 21 de marzo y 11 de julio, multitud de devotos acuden en romería para mostrarle sus respetos a san Benitiño, en una fiesta que aúna religión, gastronomía y fiesta.
El Prodigio de Nosa Señora dos Milagres de Amil
Pocos kilómetros al norte están el municipio de Moraña y su parroquia de Amil, cuyos vecinos eran muy apreciados porque se dedicaban a la distribución de vino en la comarca con carros tirados por caballos o mulas. Los beneficios no debían de ser gran cosa, pero los carreteros de Moraña tenían fama de honrados y alegres, dos rasgos que facilitan el buen recibimiento.
Confiado en la benevolencia de la Virgen, le imploró que le echara una mano, a la vez que empezó a cavar un pozo cerca de su casa, donde Dios le dio a entender. Acertó, ya que la tierra “soltó un caño de agua con tanta abundancia, que no sólo era capaz de abundar para su surtido y el de la recua, sino que también alcanzaba para moler un molino que allí formó”. Eso sucedió el segundo domingo de septiembre de 1778, y el hecho se conoce como el prodigio de Nosa Señora dos Milagres de Amil.
El paraje se llama Rozavella, y en torno suyo se levantó un santuario, Nosa Señora dos Milagres de Amil, muy estimado en la comarca. Cada mes de septiembre, los caminos que conducen hasta él se llenan de peregrinos que acuden en cumplimiento de alguna promesa, o que solicitan o agradecen un deseo.
Santuarios y Curación: Nosa Señora das Cabezas de Armenteira
El parque natural Ría Barosa está en el municipio de Barro e hilvana una serie de rápidos y pequeñas cascadas que salvan casi 60 metros de desnivel en muy poca distancia. La mayor, la Fervenza da Barosa, tiene 30 m de caída. Diecisiete molinos de distintos tamaños aprovechan ese despliegue hidráulico. El estruendo del agua es considerable, sobre todo después de una temporada lluviosa. Puede provocar un poco de dolor de cabeza a las personas más sensibles, pero no se alarmen porque la siguiente visita garantiza su curación.
El santuario de Nosa Señora das Cabezas de Armenteira está en el municipio de Meis y es muy frecuentado por quienes sufren migrañas y por estudiantes con dificultades, quienes acuden para recabar una “ampliación” de la memoria. La tradición asegura que el fundador del convento fue cierto abad don Ero en el año 1149. El religioso era amigo de dar paseos por los alrededores del cenobio, garbeos que aprovechaba para conversar con la Virgen de manera informal. En una de esas excursiones le pidió una visión del paraíso a la madre de Dios. Justo entonces, un pajarillo empezó a trinar en las ramas de un árbol, cerca de un manantial. El buen religioso se sentó en el suelo a escucharlo, y la experiencia fue tan grata que perdió la noción del tiempo; se le fue el santo al cielo. Cuando se dio cuenta, emprendió el regreso hacia el cenobio, descubriendo que... La congregación, lógicamente, era otra, y los monjes solo lo conocían a través de las crónicas que mencionaban su desaparición. Después de la muerte de don Ero, los frailes lo rebautizaron como “el abad santo” y empezaron a representarlo con un pájaro encima de su hombro.
Monasterio de Armenteira
A Lanzada: Un Santuario de Fertilidad
Acabo mi ruta en una de las playas más poderosas de Galicia, A Lanzada, en el municipio pontevedrés de Sanxenxo. Hay que tenerle respeto, no solo por la fuerza del Atlántico, sino también porque la tradición señala A Lanzada como muy propiciadora de la fertilidad. Antiguamente, las mujeres que deseaban quedar encintas acudían para bañarse desnudas la noche más mágica del año, la del solsticio de verano. Los embarazos estaban poco menos que garantizados si se recibía el impacto de nueve olas. Incapaz de suprimir esa creencia, la Iglesia optó por cristianizar el paraje mediante la construcción de un templo, el santuario románico de Nosa Señora da Lanzada, a finales del siglo XII.
Mucho antes de que se descubriese la fecundidad in vitro y siglos antes de que se soñase siquiera con el ADN, la playa de A Lanzada era la referencia gallega para que las mujeres estériles lograsen quedarse embarazadas. En tres fechas del año -el 21 de junio, la noche de san Xoán y la madrugada de la fiesta de la Virgen de esta ermita- las mujeres que deseaban tener un hijo y no lo lograban, por la razón que fuese, se adentraban en el mar y dejaban que sus olas pasasen nueve veces por encima de su vientre. La leyenda dice que el poder benéfico de las ondas del mar provocaría que el deseo de las peticionarias se cumpliese y tuviesen ese bebé por el que se habían encomendado al poder del océano.
Nadie sabe cuándo comenzó a asociarse este enclave de la costa sanxenxina con los ritos de fertilidad. No hay documentación escrita que la ampare, pero la memoria de estas ceremonias, dignas de aparecer en un reportaje del National Geographic como uno de los símbolos más representativos de la Galicia magica, se hunde en la noche de los tiempos. Podría tratarse de un antiguo rito pagano, transformado y adaptado durante la cristianización. O bien podría ser consecuencia de la religiosidad popular de siglos no tan lejanos y que acabase gozando del visto bueno, o al menos de la tolerancia de la autoridad religiosa de turno.
A Lanzada estuvo poblada siglos antes de la llegada de los romanos a Gallaecia. Los arqueólogos han encontrado pruebas de la actividad minera o de una incipiente industria transformadora de mineral en la costa sanxenxina. Además, este enclave pronto se relevó como un punto esencial para arrancar sus tesoros, esta vez al mar, en forma de ánforas llenas de pescado en salazón.
En la playa se alza, paralelo al pequeño istmo donde se yergue la ermita, un islote entregado en la actualidad a los tojos y a las zarzas. Sin embargo, este área oculta, celosamente, un yacimiento arqueológico más antiguo que los poblados de épocas sucesivas excavados en el acceso a la ermita y la torre.
Arqueólogos como Rafael Rodríguez, director de la campaña del 206-2017 de la Diputación, explica que en ese islote hay indicios de un poblamiento de la Edad de Hierro mucho más antiguo. ¿Qué esconde? Mientras tanto, las leyendas se siguen acumulando en A Lanzada.
La playa de A Lanzada se extiende como un arco de arena blanca frente al Atlántico, custodiada por dunas doradas y la silueta de una antigua ermita solitaria. Al atardecer, el sol enciende el horizonte sobre el mar en calma, tiñendo de cobre las aguas y proyectando sombras largas sobre la fina arena. Una brisa salada acaricia los matorrales de la costa, susurrando historias antiguas en cada ráfaga.
En la lejanía se perfila la Isla de Ons flotando en el azul, mientras las gaviotas trazan círculos sobre el oleaje. El paisaje, salvaje y sereno al mismo tiempo, envuelve al visitante en una atmósfera mágica en la que la naturaleza y la leyenda caminan de la mano.
Porque A Lanzada no es sólo una playa, resulta también un enclave cargado de historia. Sus arenas y rocas han sido testigo de asentamientos humanos desde la antigüedad: bajo sus dunas se encontraron restos de un poblado castrexo prerromano y hasta una antigua factoría de salazón de pescado del siglo II a.C., señal de que estas costas fueron habitadas por celtas, fenicios y romanos.
Más tarde, en el siglo X, se alzó aquí una fortaleza costera como parte de la red defensiva contra incursiones vikingas, trabajando en conjunto con las torres de Oeste (Catoira) y San Sadurniño (Cambados). Fue el obispo Sisnando quien, hacia el año 960, ordenó levantar una torre vigía, preludio de lo que terminaría por ser una fortaleza ubicada en un istmo estratégico para proteger las tierras de Compostela de los temibles normandos.
De aquel antiguo bastión hoy sólo perduran los vestigios de una de sus torres, erosionada por la brisa marina, y la Ermita de Nuestra Señora de A Lanzada, un templo románico tardío levantado a finales del siglo XII sobre los cimientos de la primitiva iglesia.
CLAVE7 LIVE T4X46 A LANZADA: RITOS Y LEYENDAS, LAS 9 OLAS. LEYENDAS Y MISTERIOS CON ANTONIO CENIZA
Leyendas y Tradiciones de A Lanzada
La riqueza histórica de A Lanzada ha dado pie a numerosas leyendas y tradiciones que alimentan su aura de misterio. Cuentan que de esta punta partía por la noche la Santa Compaña, esa procesión de almas en pena en busca de un consuelo inasumible, para recorrer aldeas cercanas en lúgubres desfiles espectrales.
También se susurra la historia de una antigua ciudad llamada Lambriaca, que habría quedado sumergida bajo el mar frente a esta costa, y la de un supuesto túnel secreto que conectaría la ermita con la lejana isla de Ons, atravesando las aguas por debajo.
Entre los relatos populares aparece incluso un aquelarre de brujas: la leyenda de “O Aquelarre da Lanzada” habla de una meiga (bruja) llamada Catuxa que celebraba rituales demoníacos en estas arenas, confundiéndose entre la gente del lugar bajo apariencia de mujer enamorada.
Pero sin duda, la tradición más famosa asociada a esta playa es el ritual de fertilidad de las nueve olas. Desde tiempos antiguos se cree que las aguas de A Lanzada poseen propiedades fecundadoras, una creencia tal vez heredada de cultos paganos a la fertilidad.
Cada año, coincidiendo con la romería de la Virgen de A Lanzada a finales de agosto, decenas de mujeres acuden a cumplir con este rito. Según marca la costumbre, la mujer que desea concebir un hijo debe internarse en el mar durante la noche del último sábado de agosto, bajo la luz de la luna creciente, y dejar que nueve olas bañen su vientre. Sólo así el “baño de las nueve olas” surtirá efecto, especialmente si se realiza antes del amanecer, purificando simbólicamente el cuerpo y el alma.
Romería de A Lanzada
Después del baño, el ritual continúa detrás de la ermita, donde se encuentra la mítica “Cuna da Santa”: una roca natural con forma de lecho. Las mujeres se recuestan unos instantes sobre esta piedra, rezando a la Virgen y completando así el ciclo que, según la creencia, les ayudará a quedarse embarazadas.
El Baño de las Nueve Olas: Origen y Significado
En A Lanzada había tres cosas importantes. La primera es la relacionada con la infertilidad de las parejas, el baño de las nueve ondas. Y a mayores iba muchísima más gente a remediar un mal que a principios de siglo estaba totalmente enraizado en las creencias, que era la posesión, los meigallos, los demonios, los feitizos, de modo que multitudes de toda Galicia acudían sobre todo los días cercanos a la fecha de la Virgen, que es el último domingo de agosto, a su romería y hacían la novena para curarse. Venían de toda Galicia curanderos a hacer los ritos para curar a esa gente.
Toda A Lanzada es un puro sincretismo, una mezcla de paganismo y cristianismo, algo que todavía en cualquiera romería gallega sigue existiendo, porque se hace la parte ortodoxa de las misas, rezar etc, pero después siempre hay un rito, o se da vueltas a la capilla, o se coge una rama de toxo… Es decir, que es una mezcla de una tradición pagana en la que el pueblo gallego tuvo siempre una creencia muy fuerte y después se unió eso a las creencias cristianas.
El famoso baño se hace nueve veces si lo que se va a curar es la esterilidad, si la pareja no consigue tener hijos; pero si son otros males, como las meigas, se tomaban siete. Los dos números, nueve y siete, son números mágicos, cabalísticos, una creencia que viene desde la antigüedad. Por ejemplo, el número nueve es tres veces la tríada, que a su vez es el número mágico de la Trinidad de Dios, un número muy potente y por eso se tomaba ese número de ondas.
Se llamó en tiempos antiguos Virgen da Area y después Virgen de A Lanzada y juega un papel fundamental porque todo el territorio cercano a la capilla es un locus, un sitio, sagrado, un territorio de gracia de la Virgen. Si se va a curar la esterilidad, lo primero es dar vueltas a la capilla, rezar las oraciones y después vendría el baño. Se trata de un rito muy pautado, en el que cada cosa, cada aspecto, tiene un significado. Lo ideal era hacerlo en una noche de luna llena, porque la luna también juega un papel, los ciclos de la luna tienen su importancia. Y tenía que ser los meses en los que el sol tiene fuerza, en primavera y verano. Y a las doce de la noche que, recordemos, en los cuentos, en toda la tradición, es una hora mágica donde los prodigios y las cosas, digamos, milagrosas pueden lograrse.
Bajo la influencia de la Virgen, la pareja tomaba un baño, se levantaban la ropa hasta la altura del vientre para que las nueve ondas seguidas le diesen en los genitales.
El rito de las nueve ondas es una especie de cópula simbólica, creían que esa cópula simbólica más la acción de la Virgen le quitaba a la pareja la tacha, un impedimento no de tipo fisiológico, sino de otro tipo, que les impedía concebir. A partir de ese baño, de ese rezo y vueltas a la capilla, la pareja estaba en condiciones ya de realizar la cópula en las cercanías de la capilla, entre las rocas, y después de esa cópula se creía que la mujer estaba en condiciones ya de concebir. Como vemos, es un es un rito que tiene una pauta, una causa, se va haciendo por fases y donde se busca la acción de la Virgen, pero también de la naturaleza, del mar.
En A Lanzada hay restos de la Edad del Bronce y de un poblado castrexo. Se creía que estos castrexos tenían un culto a una diosa marina o de la fertilidad, y que por ahí remotamente vendría el origen del baño de las nueve ondas. Después se habló de un culto a Venus, una diosa relacionada con las aguas, y se fueron formando otras leyendas. Pero en realidad en el baño de las nueve ondas hay mucho que estudiar porque ni tiene que ver con la diosa marina ni con Venus. Sabemos que en toda Europa bañarse en las aguas del mar en ciertas fechas es una tradición que viene de tiempos remotos. Por ejemplo, en todas las costas de Galicia, y no solo de Galicia, la gente se bañaba en el solsticio de verano, en San Juan, porque esa noche las aguas de los ríos, de los lagos y del mar tienen propiedades para curar y preservar de enfermedades y males, son creencias remotas.
Ponte Arnelas: Un Bautismo Prenatal en el Río Umia
Entre el Concello de Ribadumia y el de Vilanova de Arousa se encuentra el lugar de Ponte Arnelas dividido a la mitad por el paso del Río Umia. Ponte Arnelas cuenta con un pequeño conjunto urbano rehabilitado que consigue unir las dos partes de la Comarca del Salnés -separadas por el cauce del río Umia- gracias al actual viaducto del s.XVI bajo el reinado de Felipe II. Une a los Concellos de Cambados, Vilanova de Arousa y Ribadumia.
El puente recibe este nombre para referirse a una leyenda que considera a este el lugar donde antiguamente se practicaba un rito de fertilidad y bautizo prenatal tan curioso como fascinante. Una vez allí, la mujer tenía que pedirle al primer hombre que cruzara que vertiera agua del río Umia sobre su vientre. Un “bautismo de la barriga” para llevar a cabo este rito de fertilidad.
A orillas del Umia y con las viandas llevadas hasta el río como parte del ritual, la leyenda cuenta que allí se celebraba una cena invitando al futuro padrino como si de una fiesta se tratara. Al acabar de disfrutar de los alimentos tanto la mujer como la comitiva y el futuro padrino debían arrojar desde el puente y por encima de sus cabezas la vajilla utilizada para la cena.
Ponte Arnelas
Tabla Resumen de Lugares y Ritos de Fertilidad en Galicia
| Lugar | Rito Principal | Propósito |
|---|---|---|
| A Lanzada | Baño de las Nueve Olas | Superar la infertilidad femenina |
| Nosa Señora dos Milagres de Amil | Peregrinación y ofrendas | Cumplimiento de promesas y agradecimiento de deseos |
| Nosa Señora das Cabezas de Armenteira | Visita al santuario | Alivio de migrañas y mejora de la memoria |
| Ponte Arnelas (Río Umia) | Bautismo de la Barriga | Rito de fertilidad y bautizo prenatal |
| San Benitiño de Lérez | Visita y ofrendas | Curación de verrugas, bocio y afecciones cutáneas |
