El ingreso de un recién nacido en una Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN) es una situación que requiere características asistenciales específicas. Estas deben facilitar la atención de las necesidades físicas y afectivas del niño, y proporcionar asistencia a los padres con la finalidad de preservar y favorecer el vínculo entre ellos y su hijo.
Estas situaciones tienen una carga emocional muy importante. Por su gran trascendencia ponen al equipo asistencial en una posición muy delicada, en la cual las cualidades de rigor médico, calidez, contención, sensibilidad y humanidad tienen que ser primordiales.
El Vínculo Madre-Bebé: Un Lazo Esencial
El vínculo es el lazo afectivo más importante que establece el ser humano durante la primera infancia; el vínculo con el cuidador principal le garantiza sentirse aceptado y protegido de manera incondicional. Cuando el bebé nace prematuramente, la interacción precoz entre él y su madre se interrumpe de forma dramática.
La empatía cenestésica descrita por Spitz, que implica la comunicación profunda entre el inconsciente materno y el cuerpo del bebé, queda bloqueada por la puesta en marcha de mecanismos de disociación y negación masivas. En esta relación entran en juego sensaciones de equilibrio, tensiones, posturas, vibraciones, contacto, ritmo… que, si se interfieren, van a dificultar a la madre la posibilidad de constituirse en una barrera contra los estímulos excesivos y ayudar a su bebé a establecer sus ritmos endógenos.
Por otro lado, la interrupción de la gestación provoca en los padres un golpe catastrófico por el cambio brusco, por lo inesperado. Paralelamente a estas circunstancias sabemos que la visión de Aristóteles del lactante como un ser desprovisto de cualquier conocimiento, al que describió como “la pizarra virgen”, debe ser reemplazada, en la actualidad, por la de un niño capaz de entrar en relación, de reconocer la lengua materna, la voz de su madre o de su padre, el olor de la madre, el tono corporal, su estado anímico.
Brazelton y Cramer (1990), desde un modelo biológico relacionado con la teoría de la evolución, describe al niño con unas capacidades comunicativas mediante sus vocalizaciones, expresión facial etc., favorecedoras de la vinculación con los objetos primarios y la posibilidad de reconocimiento afectivo. Lebovici (2013) considera que el estudio de la dinámica madre-bebé debe hacerse a partir de la teoría de las interacciones y plantea que la madre recibe acciones de su bebé a partir de las cuales se hará madre porque el bebé ha actuado sobre ella.
El niño inviste a su madre, pero también la crea, la hace madre. Bion (2006) introduce en su teoría sobre el desarrollo de la mente, la idea de un elemento pre-conceptual. Entendiendo que el desarrollo de la mente humana no se da únicamente por la introyección de los elementos externos, sino que la mente humana tiene un desarrollo propio basado en la pre-concepción. Si estamos de acuerdo con esta idea podemos decir que el bebé no es exactamente aquello que se pone dentro de él, sino que tiene una constitución y una personalidad determinadas, tiene unas preconcepciones que deberán desarrollarse.
Cuando hablamos de los niños prematuros, hemos de saber que los receptores sensoriales y las vías de conducción aparecen muy al inicio de la gestación (a partir de la 7ª semana de gestación), después se activan sucesivamente los sistemas olfativo, gustativo, auditivo y visual. Estos sistemas operan normalmente en el 6º mes de gestación. La organización del cerebro humano está vinculada a la utilización que el bebé haga de sus experiencias en relación con los aportes del mundo exterior.
Durante la vida fetal el bebé es sensible a la palabra, a la voz y al afecto que el lenguaje vehiculiza; estos conocimientos se confirman a través de experiencias que se han realizado por distintos profesionales. En la observación del recién nacido en contacto con el cuerpo de la madre, vemos como se ponen en marcha esquemas de acción y reflejos posturales arcaicos que le llevarán a la implantación de su boca en el pezón, hecho que desencadenará la succión.
Las madres son excelentes lectoras del estado emocional de sus hijos y nos muestran una buena capacidad adaptativa de su propio estado afectivo con el del recién nacido. No obstante, Estos descubrimientos son bastante recientes y sorprenden a la comunidad científica; desde hace ya mucho tiempo, se consideraba al bebé depositario de un saber inmenso y en ocasiones inquietante.
Expectativas y Realidad: El Impacto del Parto Prematuro
Actualmente, debido a los avances médicos, existe la fantasía de que todos los problemas que pueden aparecer durante el embarazo son detectables y, ésta refuerza la idea de que los hijos deben ser perfectos. Todas estas expectativas van alimentándose y creciendo a medida que avanza la gestación, pero en los casos en los que se da la aparición inesperada del parto prematuro, se rompe todo este proceso, provocando una ruptura entre los padres y el imaginario de su bebé que parece irreparable.
Estos sentimientos interfieren en las funciones maternas, siendo este bebé decepcionante; la madre se siente frustrada por no haber podido llevar a cabo un embarazo normal y no haber traído al mundo un niño sano y hermoso. ¿Cómo va a sentirse madre de un bebé que no da señales, al que no puede tener en sus brazos, que no mira, que, al no ser tranquilizador, no crea madre?
El duelo se manifiesta en el bebé en el primer momento de su nacimiento, mostrando la primera carencia: la separación. En el nacimiento a término, el reencuentro con la madre neutraliza y calma las primeras sensaciones de inseguridad y desprotección, mientras que, casi nunca, el bebé prematuro ha podido disfrutar de este reencuentro corporal inmediato al parto y recuperar la relación cuerpo a cuerpo. Esta situación provoca una gran fractura inicial del vínculo entre la madre y el bebé.
Cuando nos encontramos frente a un niño prematuro, los padres se sienten desorientados, no saben reconocer las respuestas de su hijo y nos encontramos muy a menudo con preguntas como ¿sufre?, ¿qué siente? El bebé que nace prematuro no es un ser insensible o inmaduro al que su sistema sensorial no le permite sentir el mundo que le rodea. Hoy conocemos que el desarrollo fisiológico y neurosensorial tiene lugar en relación con el desarrollo psicológico del bebé.
No podemos confundir estos cambios con la idea de reproducir en la incubadora el medio más parecido al intrauterino, para conseguir el mayor bienestar del bebé, con la fantasía de “hacer como si no hubiese nacido”. Es evidente que esta actitud correspondería a una negación defensiva frente al sufrimiento que supone la duda, la fragilidad y la impotencia. Debemos enfrentarnos a la realidad que supone la prematuridad, el bebé ya no está en el vientre de su madre y no es posible hacer como si nada sucediese.
Está allí, vulnerable, a menudo suspendido entre la vida y la muerte, pudiendo perder el equilibrio en cualquier momento. En el momento del nacimiento nos encontramos en la mayoría de las madres un fuerte sentimiento de culpabilidad, se ven incapaces de dar a su hijo una vida saludable. El hijo se les vuelve perseguidor, es un bebé que ha provocado una gran herida narcisista, un hijo que les hace sentir el fracaso.
¿Qué sucede cuando el impulso vital hacia la relación, la simbolización y la concienciación se rompen? Durante décadas, con la tecnificación de la asistencia, se fue separando paralelamente a los padres de sus hijos, con la errónea convicción de que así se protegía a los recién nacidos de las infecciones o, a los padres del padecimiento intenso que provoca la proximidad con el sufrimiento del hijo. Al mismo tiempo, se consideró a los recién nacidos seres físicamente débiles y demasiado inmaduros para poder percibir la calidez de una atención humanizada.
Este modelo de atención al recién nacido se mantiene hasta 1970, en que el Dr. Barnett de la Universidad de Stanford, valora el sufrimiento de los padres y los niños y se cuestiona esta práctica. Él y muchos otros neonatólogos, después de él, se han encontrado con la paradoja de tener que demostrar o justificar por qué es bueno que los niños y los padres estén juntos, cuando nadie previamente había demostrado que fuese bueno que estuviesen separados.
La inmadurez fisiológica del recién nacido prematuro hace necesaria una larga hospitalización y, por tanto, una intervención de alta tecnología médica. Actualmente, un diez por ciento de los nacimientos requieren atención en una unidad de cuidados intensivos neonatales. Es un proceso que viene del duelo que siente la pareja de no poder procrear a partir del acto sexual.
La evidencia física del embarazo, alrededor de los cuatro o cinco meses de gestación, coincide con la percepción innegable de la vida del feto, que se mueve y manifiesta, haciéndose notar como realidad independiente tanto para la madre como para el padre, que ya pueden advertir sus movimientos. La presencia notoria de este ser que se está desarrollando desencadenará los más variados sentimientos, desde la fantasía de completud hasta la vivencia de amenaza a la continuidad de la pareja o al cuerpo de la mujer y, por lo tanto, de rechazo.
Muy a menudo los padres manifiestan un sentimiento de irrealidad y, a su vez, cuando se enfrentan a su realidad, ésta les hace experimentar los fantasmas de anormalidad presentes durante el embarazo. El bebé que ha nacido no se parece en nada al bebé esperado. Cuando el niño prematuro nace se hacen realmente difíciles las identificaciones parentales. Freud (1915) nos habla de las identificaciones como el descubrimiento en sí de un rasgo común con otra persona que no es objeto de sus instintos sexuales.
A veces las madres nos comentan que no han tenido plena conciencia de su embarazo, hasta que se encuentran ya con su hijo recién nacido. Nos encontramos ante una situación en la que existe un elevado grado de sufrimiento, tanto en el bebé como en los padres y tendremos que plantearnos qué resistencia al sufrimiento tienen cada uno de ellos para plantearnos nuestra intervención.
Los padres sienten un impacto emocional que modifica el proceso de crianza. El hijo no llega cuando se le esperaba, tampoco es como se lo habían imaginado, y existen problemas médicos que hacen peligrar su vida. Actualmente, en las UCIN se han implantado los Cuidados Centrados en el Desarrollo y la Familia. Siendo la vinculación uno de los objetivos primordiales, es evidente que no existe una técnica que pueda conseguir dichos objetivos.
Sin embargo, sí existe una actitud observadora que nos ayudará a comprender al bebé prematuro y una visión respetuosa del estado mental y de la funcionalidad de los padres. La participación de los padres en el cuidado de sus hijos es uno de los ejes básicos de atención en neonatología. Los padres son el pilar fundamental del desarrollo de los niños, especialmente durante los primeros años de vida, y su implicación precoz en el cuidado de los recién nacidos mejora su pronóstico.
El recién nacido nace con la imperiosa necesidad de encontrarse con su madre, ella es el entorno más seguro para él. Actualmente, existe suficiente evidencia clínica sobre la importancia de atender al bebé desde el desarrollo neurosensorial y emocional. No se trata solo de tratar las enfermedades que puede presentar el recién nacido, sino también de aprovechar este período único en su vida caracterizado por sus particularidades biológicas y emocionales, para favorecer la normalización de ciertos aspectos que, con el ingreso hospitalario, sufren una gran distorsión.
Las actuales investigaciones confirman la intuición de muchos de nosotros que trabajamos desde hace años con estos bebés. Trevarthen (2011), investigador de la comunicación del bebé desde su nacimiento, llama «motivo” a la demanda de comunicación, es decir, la pulsión del niño que lo lleva a querer comunicarse.
En las UCIN se han implantado los Cuidados Centrados en el Desarrollo y la Familia. A continuación, se muestra una tabla con los elementos clave de estos cuidados:
| Elemento Clave | Descripción |
|---|---|
| Vinculación | Fomentar el vínculo entre padres e hijos. |
| Observación | Comprender al bebé prematuro a través de la observación. |
| Respeto | Visión respetuosa del estado mental y la funcionalidad de los padres. |
| Participación | Involucrar a los padres en el cuidado de sus hijos. |
Levantas los ojos: ajetreo y silencio en medio de un mar de sonidos y algún quejido lejano acompañado del susurro incesante de las enfermeras. De repente oyes una voz que te dice con dulzura: «Hola, papá. Soy la enfermera de tu hijo». «Bien -te contesta-, en un rato podrás entrar a verle». Le agradeces el gesto, le sonríes de nuevo y te vuelves a sentar. Ya más despierto piensas otra vez en tu mujer, en cómo estará́. Piensas en que tardará en conocer a vuestro hijo al menos un día más, 24 horas de larga espera, y eso te aterra. «Qué injusticia», murmuras. Piensas que no deberíais estar ahí́, sino en casa, con tu mujer, embarazada de 31 semanas y vuestra hija de 3 años.
Cierras los ojos un momento y sientes un ligero ardor. Tardas unos segundos en darte cuenta de que estás llorando, pero te da tiempo a enjugarte las lágrimas antes de que la enfermera vuelva para decirte: «Ya puedes pasar. Ya está́ listo». Te lavas las manos, aturdido, emocionado, cansado y contrariado. Te pones la bata, la mascarilla y entras. La sala de neonatos está oscura, todo el mundo te mira y te sonríe con esa sonrisa cómplice que deja entrever compasión y algo de pena, aderezadas con gotas de un cariño que te penetra el alma.
Mientras caminas hacia la incubadora, miras a tu alrededor y te sorprende la cantidad de gente que hay a las 04:25 h de la madrugada. De repente sientes una mano que te agarra el hombro con cariñosa firmeza, te das la vuelta y te encuentras a la enfermera, al ángel de la guarda de tu hijo, a la chica que con vocación de heroína le está salvando la vida. Ella te acompaña los últimos metros mientras te tiembla la barbilla y luchas por controlar unos repentinos e incontrolables deseos de gritar, chillar y berrear «¡¿por qué?!», pero de repente lo ves, y los bips, los tic-tac, los susurros de las enfermeras, los pasos…, incluso las miradas de todos los presentes desaparecen y se hace el silencio.
«Por Dios, pero si es un ángel», te dices. «Puedes tocarle si quieres, papá», te dice la enfermera. Tímidamente, abres la puertecita de la incubadora, acaricias tus dedos entre sí -puro nerviosismo- y acercas tu mano temblorosa hacia él. Le tocas la mano y la samba vuelve a tu estómago. «Estás vivo», le susurras. Y te das cuenta de que si lo que hacía cinco segundos eran ganas de chillar, ahora son ganas de agradecer....
PSICOLIFE - DRA MARIUXI CADENA TEMA APOYO EMOCIONAL A FAMILIAS DE NIÑOS PREMATUROS
Reflexiones Finales
La experiencia de un parto prematuro y el cuidado de un bebé en la UCIN son eventos que transforman profundamente a los padres. Es crucial que reciban apoyo integral para fortalecer el vínculo con sus hijos y superar las dificultades emocionales que surgen en este proceso.
